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Luna Rechazada: Unida a mi hermano el Alfa - Capítulo 89

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89: Capítulo 89 89: Capítulo 89 EVANGELINA
Nicholas llamó a mi puerta exactamente a las nueve de la mañana.

Me quedé quieta unos segundos, sin querer dar a entender que llevaba un rato sentada allí, esperando a que apareciera.

Me alisé el vestidito negro antes de abrir la puerta.

—¿Dónde está tu traje?

—pregunté.

Me tapé la boca con la mano cuando me di cuenta de lo que había soltado.

—Lo siento, es que… es la primera vez en años que te veo sin traje.

Se encogió de hombros.

—Supuse que era hora de un cambio.

Estás guapa.

Sonreí suavemente.

Había elegido uno de mis vestidos negros más bonitos pero informales.

No me quedaba como un guante, pero era lo suficientemente entallado como para lucir mis curvas.

Lo combiné con unos tacones y me ricé el pelo esmeradamente.

Conocía el tipo de sitios en los que compraba Nicholas y sabía que no eran lugares a los que se podía entrar en chándal.

—¿Estás lista?

—preguntó.

Asentí.

—Espera, cojo el bolso.

Los dependientes de la tienda nos reconocieron de inmediato y nos condujeron a la sala VIP del fondo.

—¿Buscamos vestidos o…?

—Trajes —la interrumpí—.

Son para Nicholas.

—Por supuesto, por aquí, por favor.

Nicholas caminaba delante de mí.

Apenas había dado un paso cuando otra dependienta me agarró del brazo, deteniéndome en seco.

La reconocí al instante.

Trabajaba en otra tienda calle abajo donde yo compraba ropa a menudo.

—¡Eva!

—exclamó—.

No esperaba verte aquí.

—Podría decir lo mismo.

¿Tú también trabajas aquí?

Asintió.

—Este es mi segundo trabajo.

¿Acabas de llegar?

—Sí, ¿por qué?

Dudó un momento.

—Tu marido está aquí con la otra.

Al principio no quería decirte nada, pero no quería que te toparas con ellos.

Sé que no debería leer la prensa rosa, pero vi un artículo y…
—No pasa nada —la interrumpí—.

Gracias por decírmelo, pero he venido con otra persona.

Debería volver con él.

Sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa.

Por un momento, se quedó mirándome y enarcó las cejas de forma sugerente.

Mis mejillas se sonrojaron al darme cuenta de lo que estaba pensando.

—No es esa clase de hombre.

Solo he venido con alguien.

Debería irme, con permiso.

No le di la oportunidad de hablar y me marché a toda prisa en busca de Nicholas.

Debía de haberse metido en otra sala, porque miré a mi alrededor y no lo encontré.

En lugar de quedarme allí sola, me dirigí hacia los baños, pero me detuve en seco al reconocer una familiar mata de pelo castaño.

—¿William?

—lo llamé.

Se giró de inmediato, con los ojos muy abiertos.

—¡Eva!

¿Qué haces aquí?

Lo abracé.

—Aprovechando mi día libre.

Quiero disfrutar de todos los que pueda antes de que empiece el ensayo clínico.

Gimió.

—Ni me lo digas.

He oído que el lunes vamos a tener un puto montón de trabajo.

No me apetece nada.

Me reí entre dientes.

—Ni a mí.

¿Has…?

Alguien carraspeó a mi espalda.

Olí a Alex incluso antes de girarme para encararlo.

Estaba allí de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho y la mandíbula apretada con fuerza.

Margarita estaba de pie detrás de él, con una mano perfectamente cuidada apoyada en su hombro.

—¿Qué haces aquí, Evangelina?

—preguntó Alex, pero lo ignoré.

Centré mi atención en William.

—Deberíamos ir a un sitio más tranquilo.

Empecé a marcharme cuando, por el rabillo del ojo, vi a Margarita susurrarle algo a Alex.

Fuera lo que fuese que le dijo, debió de provocar algo en él, porque lo siguiente que supe fue que Alex me agarró del brazo con brusquedad.

—¡Te vas!

PUNTO DE VISTA DE ALEXANDER
Ya era bastante malo que estuviera por ahí con ese chico, pero oír a Margarita susurrar lo mal que quedaría para la manada me hizo estallar.

Eva luchó contra mi agarre, pero lo mantuve firme.

—¿No sé qué coño piensas, paseándote con él en público?

¿Te das cuenta de lo inapropiado que es?

—Mira quién fue a hablar —siseó ella—.

Te estás paseando con tu puta amante por todas partes.

¿Qué más te da si salgo con otra persona?

Cuando dijo que quería abrir el matrimonio, pensé que estaba bromeando.

Eva era demasiado buena para hacer algo así.

Si hubiera querido engañarme, tuvo los tres años que llevábamos juntos para hacerlo.

Algo había cambiado recientemente y necesitaba saber qué coño era.

—Te dije que lo arreglaría todo pronto —espeté—.

No puedes ir por ahí haciendo lo que te dé la puta gana con quien sea.

Te vas a casa y vas a…
En un segundo, me la arrancaron del agarre.

Un gruñido feral burbujeó en mi pecho, pero me detuve de inmediato al ver quién la había agarrado.

La expresión de Nicholas parecía aburrida, pero pude ver la molestia en sus ojos y la cuidadosa precisión con la que me evaluaba.

Fuimos amigos durante años antes de que me casara con Eva, había aprendido a leerlo.

—¿Hay alguna razón por la que la zarandeas como si fuera una muñeca de trapo?

—preguntó, con la voz mortalmente fría—.

Me voy cinco segundos y ya la estás agrediendo.

—¡No la estaba agrediendo!

—dije rápidamente.

Nuestra relación ya era difícil porque él desaprobaba mi relación con Margarita.

Si pensaba que estaba haciendo daño a Eva, entonces podía despedirme del tratado.

—Pensé que estaba aquí con ese chico —continué—.

No me di cuenta de que estaba contigo.

Si lo hubiera sabido, nunca habría dicho nada.

Nicholas se limitó a mirarme sin inmutarse antes de volverse hacia Eva.

—¿Estás bien?

Ella asintió lentamente.

Se volvió de nuevo hacia mí.

—Deberías saber que a las mujeres no se las agarra así.

—Solo estaba protegiendo a mi Luna y el nombre de mi manada —dije, alisándome la ropa—.

Pero ya que estás aquí, sé que está en buenas manos.

Cuídala bien, Nicholas.

Dicho esto, agarré a Margarita y me alejé de ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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