Lux de Luna - Capítulo 114
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Capítulo 114: El nombre de las bestias
El amanecer se filtraba suavemente entre las cortinas de la Manada de la Escarcha Feroz, tiñendo la habitación de tonos dorados y cálidos. Todo parecía en calma… pero bajo esa calma latía algo mucho más intenso.
Lux abrió los ojos lentamente.
Su cuerpo aún conservaba el eco de la noche anterior, no como un recuerdo físico, sino como una vibración profunda, casi mágica, que seguía uniendo su esencia con la de sus dos compañeros.
Sonrió apenas.
—Cada vez que estamos juntos… —susurró para sí— siento la fortaleza en nuestro vínculo.
No era solo una sensación.
Era una certeza.
Pero cuando intentó moverse, se dio cuenta de su realidad inmediata.
Estaba completamente atrapada.
La pierna de Zeta descansaba sobre las suyas, pesada y firme, como si incluso en el sueño no quisiera dejarla escapar. Su presencia era un ancla física, un recordatorio palpable de la seguridad que le ofrecía. Por otro lado, el brazo de Conall la rodeaba con una posesividad inconsciente, apretándola suavemente contra su pecho, con esa mezcla de protección y cariño que solo los más cercanos pueden expresar.
Lux dejó escapar una pequeña risa, suave e indefinible, llena de complicidad.
—Definitivamente… necesito negociar esto —murmuró sin perder la sonrisa—. O usar otras vías.
Cerró los ojos un instante y se concentró, buscando esa conexión sutil y profunda que los unía a ella y a las bestias interiores de sus compañeros. Ese hilo invisible, ese eco ancestral, respondió casi al instante, como si fueran parte de un mismo latido, esperando su llamado. Fue entonces cuando tomó una decisión que sabía que cambiaría algo esencial en su relación.
—Necesito poneros nombre… —murmuró en su mente, con voz apenas audible—. Así será más fácil llamaros cuando os necesite.
Primero, sintió la presencia de uno. Fuerte. Densa. Imponente. Era el lobo de Conall, esa criatura salvaje y poderosa que habitaba en su interior, un ser lleno de fiereza y sabiduría acumulada en siglos.
—Eres un metiche malhumorado… —pensó con una sonrisa divertida—, pero también eres poderoso, inteligente… y el más grande que he visto jamás.
El nombre llegó a ella con una naturalidad absoluta. No hubo duda, no hubo vacilación.
—Titán.
El eco del nombre resonó en su mente y, como respuesta, algo antiguo despertó, una presencia cargada de historia, un espíritu que había vivido durante eras sin un nombre que lo definiera.
—A partir de hoy —declaró Lux con suavidad, pero con autoridad— te nombro Titán hasta tu último aliento.
Un silencio breve, casi reverente, inundó la conexión. Y luego, una voz profunda, cargada de siglos y experiencia, emergió en su mente.
—Nunca nadie me había dado un nombre… —respondió Titán—. Y llevo demasiado tiempo existiendo. Creo que quiero llorar…
Lux sintió un nudo en el pecho, una emoción que oscurecía su garganta y encendía sus ojos.
—Gracias, mi Luna —murmuró Titán, y sonrió con ternura aunque ella no pudiera verle, dejando que aquel compromiso sellara su vínculo para siempre.
Luego giró su atención hacia la otra presencia, distinta pero igualmente poderosa. Más calculadora, más afilada, como un filo que corta con precisión. Era el lobo de Zeta, tan lleno de estrategia y ambición contenida, de orden y exactitud en cada paso.
—Tú eres… estratega —pensó—. Ambicioso, sí… pero también ordenado, preciso.
Otra pausa silenciosa, y el nombre apareció, suave y firme, como un regalo destinado a darle identidad.
—Virtus… no. Vito.
El vínculo se cerró como si hubiese sido así desde siempre.
—A partir de hoy, te nombro Vito hasta tu último aliento.
La respuesta fue inmediata y elegante, llena de respeto y gratitud.
—Es un honor, mi lady.
Lux respiró hondo y sostuvo aquella energía renovada entre ellos.
—¿Os gustan vuestro nombres?
—Me siento… más fuerte —respondió Titán, con un orgullo indisimulado en su voz—. Como si este nombre me vistiera con un poder nuevo.
—Más claro —añadió Vito—. Como si ahora supiera exactamente quién soy y el lugar que ocupo.
Ella abrió los ojos lentamente, sintiendo que todo a su alrededor vibraba con una armonía nueva, una sincronía perfecta entre humanos y bestias, entre alma y esencia.
—Perfecto… porque ahora necesito un pequeño favor.
Y con eso dijo todo. Sin necesidad de palabras, ambos entendieron que la magia de aquellos nombres iba más allá de la simple etiqueta: era un pacto, un faro en la oscuridad, un escudo indestructible que los uniría para siempre. Aquella mañana, en ese abrazo detenido por el peso y la ternura, Lux supo que nunca estaría sola. Que, dondequiera que fueran, el vínculo sería un faro, un hogar, una fortaleza invencible.
Minutos después, el plan dio resultado.
Conall fue el primero en reaccionar.
Se incorporó bruscamente, con el ceño fruncido, claramente irritado.
—Voy a matar a ese maldito lobo…
Zeta tardó un poco más, pero su reacción fue similar, llevándose una mano a la cabeza.
—Esto no ha sido un despertar normal…
Aprovechando el momento, Lux logró liberarse del enredo de piernas y brazos, incorporándose con una sonrisa satisfecha.
—Buenos días, mis amores.
Se inclinó primero hacia Zeta, besándolo con suavidad. Él respondió de inmediato, atrapando ese instante como si fuera lo más valioso del mundo.
—Daría todo lo que tengo por despertarme así cada mañana —murmuró.
Lux se giró entonces hacia Conall.
El beso con él fue distinto.
Más intenso.
Más profundo.
Más… suyo.
Cuando se separaron, ambos respiraban con dificultad.
—Buenos días para ti también —gruñó él, aunque su mirada era todo menos dura.
—¿Aún estás enfadado conmigo?
Conall la mantuvo unos segundos en silencio… y luego negó suavemente.
—Es muy difícil estar enfadado contigo, mi Luna.
Zeta intervino, curioso.
—Entonces… ¿ya no quieres romper el vínculo?
Conall bufó suavemente.
—Nunca lo he querido. Solo… no estaba preparado.
Miró a ambos.
—Pero ahora…
No terminó la frase.
No hacía falta.
Lux los observó con atención, sintiendo cómo el vínculo entre los tres se asentaba… se fortalecía.
Pero entonces, ambos se tensaron.
—¿Por qué mi lobo está tan inquieto? —preguntó Conall.
—El mío también —añadió Zeta.
Lux sonrío.
—Porque quieren presentarse.
Ambos fruncieron el ceño.
—Cerrad los ojos.
Obedecieron.
Y entonces…
Lo vieron.
Titán apareció ante Conall como una montaña de oscuridad y poder.
—Alfa —retomó su voz—. Desde hoy, soy Titán. Asique nada de llamarme bestia o simplemente, lobo.
Conall se quedó sin palabras.
Por otro lado, Vito inclinó la cabeza ante Zeta.
—Príncipe… soy Vito.
Cuando ambos abrieron los ojos, el silencio en la habitación era absoluto.
—Vaya… —murmuraron casi al unísono.
Lux asintió con calma.
—Vuestros lobos han sido fortalecidos. Es ahí donde reside vuestro nuevo poder.
—¿Solo en forma animal? —preguntó Conall.
—Si.
Zeta suspiró.
—Pensé que seríamos como tú…
—No lo sois —respondió Lux con suavidad—. Pero eso no os hace menos importantes.
Hubo un instante de aceptación.
Y luego…
Lux cambió.
Su expresión se volvió más seria.
Más decidida.
—Antes de nada… tengo que contaros algo.
Ambos la miraron con atención.
—Ayer encontré ese otro portal.
Conall se tensó al instante.
—Lux…
—No empieces —lo cortó ella con suavidad—. Esta vez quiero a hacerlo bien.
Zeta asintió.
—Te escuchamos.
Lux se acomodó en la cama, haciéndoles un gesto para que se acercaran.
Cuando ambos estaban a su lado, respiró hondo.
—El colgante de mi madre… no es solo un objeto. Es una piedra obsidiana con un hechizo de localización.
Sus miradas se afilaron.
—Mi madre lo dejó para mí.
Zeta frunció el fruncido.
—¿Cómo sabía…?
—Porque ella también tiene visiones.
Silencio.
Conall fue el primero en reaccionar.
—Has dicho tiene .
Lux no pudo evitar sonrojarse.
Y entonces…
Sonrió.
Una sonrisa luminosa.
—Ayer crucé el portal.
Ambos se inclinaron hacia ella.
—Y la encontré.
El mundo pareció detenerse.
—Está viva.
Zeta soltó el aire.
—Eso es… increíble.
— ¿Dónde está? —preguntó Conall, ya pensando en soluciones.
Lux dudó un segundo.
—En el Reino Humano.
Ambos intercambiaron una mirada.
—Dicen que es peligroso —murmuró Zeta.
Lux soltó una pequeña risa.
—También dicen muchas tonterías. Vive bien… tiene una casa preciosa… y un televisor enorme.
—¿Un qué? —preguntó Conall, confundido.
Lux negocio con la cabeza, divertida.
—Eso luego.
Su expresión volvió a volverse seria.
—Tengo una hermana. Ella tiene un año menos que yo.
El impacto fue inmediato.
—Y quiero volver a verlas.
El silencio que siguió fue distinto.
Más denso.
Más importante.
—Pero mi madre no quiere que regrese —continuó—. Dice que ella vendrá… cuando mi padre se vaya.
Conall alzó las manos.
—No podemos echar a tu padre, Lux.
Zeta asintió.
—Eso acabaría muy mal.
Lux los miró.
Y entonces…
Sonrió.
Esa sonrisa.
La que siempre traía problemas.
—No quiero que se vaya.
Ambos fruncieron el fruncido.
—Pero tengo un plan.
—Sueña a peligro —dijo Zeta.
—Sueña a locura —añadió Conall.
Lux se inclinó hacia ellos, con los ojos brillando de emoción.
—No.
Hizo una pausa.
—Suena a aventura.
Y en ese instante…
los tres supieron que, quisieran o no… sus vidas estaban a punto de cambiarlo todo.
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La imagen del capítulo de hoy, os la comparto en comentarios. 🐺💞😉
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