Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lux de Luna - Capítulo 12

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lux de Luna
  4. Capítulo 12 - 12 El calvario de Electra
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

12: El calvario de Electra 12: El calvario de Electra Electra temblaba.

No solo por el frío que se colaba entre las paredes de piedra, sino por la certeza de que había cruzado un límite del que no habría retorno.

Su corazón latía desbocado mientras las sombras danzaban a su alrededor, recordándole lo que estaba en juego.

Nunca había estado con un hombre, pero aquella noche no importaba.

El peso de su familia recaía sobre sus pequeños hombros, y cumplir con su propósito era su única salida.

Atraer al Alfa del Norte significaba salvar a los suyos, pero el miedo a lo desconocido la acechaba.

¿Podría convertirse realmente en la llave que necesitaban?

Conall la observaba como se mira a una presa: sin ternura, sin curiosidad, sin promesas.

Sus garras rasgaron la tela que la protegía, no con urgencia, sino con deliberación.

Electra contuvo el aliento.

El miedo le cerró la garganta.

—Alfa…

murmuró ella con un terror en sus ojos que no pasaba desapercibido para él.

—Esta noche —dijo él, con una voz tan baja que parecía un juramento— aprenderás quién soy.

Te ordeno que me llames “amo” Ella asintió, obediente, aunque el pánico le nublaba la vista.

Había crecido escuchando historias sobre aquel alfa: cruel, implacable, incapaz de amar.

Y ahora estaba allí, reclamando algo que ella no sabía si podía entregar sin romperse.

—Te voy a romper y, después de que te toque, no podrás estar con nadie más.

Las palabras pesaron más que cualquier contacto.

Electra sintió cómo se le humedecían los ojos, pero no retrocedió.

No podía.

Pero algo más primitivo rugió dentro de ella.

Una señal de su loba, una llamada de supervivencia.

Electra tenía que salir de allí, ahora mismo.

—Amo…

yo no quiero…— ella intenó soltarse del fuerte agarre del alfa despiadado que amenazaba con romperla en mil pedazos.

—No puedo hacerlo…

—Es tarde, Electra.

Hoy aprenderás porque soy el alfa más temido del reino de los lobos.— Conall se excitó al ver el pánico reflejado en la suave cara de Electra y, sin más preámbulos, le acercó su hombría a su delicada e inocente boca.

—¡Quiero ver cómo me das placer!

Electra, temerosa y sin ninguna experiencia previa, comenzó a lamer, mientras Conall con mucha brusquedad se introdujo dentro de su pequeña boca, provocándole arcadas.

Electra tuvo dificultades para respirar y, de inmediato, su respiración se dificultó dándole un aspecto morado a su piel.

Pero Conall no aflojó si intensidad.

—¿Es esto lo que querías?

Ella no podía hablar ni gesticular, sus ojos comenzaron a derramar lágrimas y Conall se regocijaba viendo el dolor en ella.

En vez de disminuir la velocidad, la cogió de la nuca y la presionó más profundo, embistiéndola una y otra vez.

—Te voy a dar lo que has venido a buscar, Electra.

— Un par de embestidas más, y Conall se descargó dentro de su boca.

—Buena niña.

Puede que te considere para el puesto de amante.

Luego de apartarse un poco, Electra comenzó a toser por la falta de aire a la que había sido sometida.

— Amo, quiero parar.

—Pronunciaba las palabras con dificultad, esperanzada de que el temible Alfa del Norte se apiadara de ella y la dejara descansar.

Pero lejos estaba de esa realidad.

—Lamento decirte, que ya es tarde para eso.

—Conall apoyó sus garras por la sensible piel de Electra, apretando su toque, provocando cortes a su paso.

—¡Ay!

— exclamó Electra visiblemente aterrorizada.

—¿Te duele?

preguntó Conall sin una pizca de consideración.

— Sí, amo.

—Mejor…

sonrió sarcásticamente.

Aunque los lobos sanaran de inmediato ante cualquier daño físico, experimentaban dolor al lastimarse.

Y éste, en espeacial, venía acompñado de un inmenso horror por lo que vendría a continuación.

La mente de Conall solo abarcaba sufrimiento y pesar.

Él necesitaba infringir el máximo dolor a sus enemigos.

Desde que hizo aquel pacto con el ente, una criatura maligna, él ya no era el mismo.

Sus heridas más profundas venían acompañadas de dolor e ira.

Conall solo pensaba en vengarse del Alfa Bodolf y toda su familia.

Conall, comenzaba a morder la garganta de Electra, pero no tenía intenciones de marcarla.

Eso no sucedería, ni con ella, ni con nadie.

— ¡Despacio, amo!

Me estás lastimando.— Conall no se inmutó ante las súplicas de Electra y, rápidamente, pasó a morderle bruscamente los pechos.

— Has venido por tu cuenta y tenías curiosidad por mí.

Ahora soportarás todo lo que te haré.

— Él retrajo sus garras e introdujo sus dedos dentro de ella sin pizca de suavidad.

La expresión de Electra, era de dolor, pero también, de angustia y terror.

Sabía que ella misma lo había provocado, pero no esperaba encontrarse con semejante animal.

—Amo, detente.

Por favor, no…

no quiero…

— Electra no podía parar de llorar, necesitaba que alguien la liberara de semejante brutalidad.

—¡Oh, sí que quieres!

Conall disfrutaba viendo la expresión de desconsuelo en la cara de la hija de su enemigo, mientras que la profanaba con sus enormes dedos sin miramiento sabiendo el daño que le estaba produciendo a ella.

—¡Duele, amo!

Su voz sonaba a desesperación.

— Y más que te dolerá…

respondió Conall.

Conall se inclinó sobre ella, su presencia asfixiante, su energía cargada de una furia antigua.

No había deseo en su mirada, solo castigo.

Solo venganza.

Como si en su piel estuviera escrita la deuda de otro.

Él estaba a punto de introducirse en ella de manera feroz y sin estimulación previa, sabiendo que iba a dañarla, y eso, lo excitaba más.

Hacía tiempo, había descubierto que su placer estaba relacionado con el dolor.

Se satisfacía solo viendo el terror en los ojos de sus enemigos.

—Amo, por favor, ya no quiero hacerlo.

Conall no se inmutó y comenzó a tocarse para estimular aún más su gran virilidad.

Electra abrió sus ojos sorprendida por el tamaño de esa cosa y su rostro empalideció, aún más.

—Amo, deberías tocarme antes de introducirte o no estaré lo suficiente mojada para ti.

—¿Te atreves a darme una orden, tú a mí?— Furioso y lleno de ira, Conall cogió ambas manos de Electra para sujetarla, mientras se apoyaba sobre ella y le separa las piernas para introducirse sin piedad y hacerla llorar de dolor.

Y entonces ocurrió.

Un aroma irrumpió en el aire.

Cítricos.

Canela.

Las galletas que su madre le hacía de pequeño…

El cuerpo de Conall se tensó como si hubiera recibido un golpe invisible.

Su lobo despertó con un rugido que le atravesó el pecho.

“Compañera.” El mundo se detuvo.

Conall se apartó bruscamente, respirando con dificultad, como si el aire ya no le perteneciera.

Aquello no era Electra.

Nunca lo había sido.

Ese aroma no provenía de ella… pero estaba cerca.

Demasiado cerca.

—¿Qué… qué ocurre?

—preguntó Electra, confundida, vulnerable.

Conall no respondió.

Se vistió con movimientos secos, violentos, como si huir fuera la única opción para no perder el control.

—Recoge tus cosas —ordenó, sin mirarla—.

Cuando vuelva, no quiero verte aquí.

—Tienes que marcarme —insistió ella, desesperada—.

Despúes de lo que me has hecho, ya soy tuya… Conall se volvió entonces, y por primera vez, dejó que ella viera algo real en sus ojos.

No deseo.

No crueldad.

Sino un abismo.

—¿Mía?

—escupió—.

No tienes idea de lo que eso significa.

Salió de la habitación sin mirar atrás, siguiendo ese aroma imposible que lo llamaba desde la oscuridad.

Y Electra se quedó sola, temblando, con la certeza de que había perdido algo… aunque no sabía exactamente qué.

Pero en su interior, agradeció a la Diosa, por haber alejado a ese monstruo de su lado y así, haber terminado con ese calvario para ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo