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Lux de Luna - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 La aventura apenas comienza
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13: La aventura apenas comienza 13: La aventura apenas comienza Lux se despertó sobresaltada.

No había gritos.No había golpes.No estaba Liz.

Y aún así, su corazón latía con violencia, como si alguien la hubiera arrancado de un sueño profundo para arrojarla a un lugar desconocido.

Al principio, creyó que era por saltarse la cena.

Ahora ella estaba comiendo algo mejor, pero los intensos entrenamientos para convertirla en “algo” más digno de ver, la hicieron preferir el descanso antes que la comida.

Se incorporó en la cama, respirando con dificultad.

La habitación estaba en silencio, apenas iluminada por la luna que se colaba a través de la ventana.

Todo parecía igual… y, sin embargo, algo estaba mal.

Se llevó una mano al pecho.

—¿Qué…?

—susurró.

Una presión extraña le oprimía el esternón, como si un hilo invisible tirara de ella desde dentro.

No era dolor.

Era otra cosa.

Una necesidad que no sabía nombrar.

Un vacío que exigía ser llenado.

Entonces su estómago rugió con más fuerza.

— Hambre…

pensó.

Se levantó despacio, descalza, como si temiera despertar a algo que dormía dentro de ella.

Cada paso la acercaba a la ventana, invitada por el viento que resoplaba en la habitación.

Y cuanto más se aproximaba, más intensa se volvía la sensación.

Su respiración se aceleró.

El pulso le golpeaba en las sienes.

No entendía qué estaba pasando, solo sabía que algo —o alguien— la estaba llamando.

Sin palabras.

Con instinto.

Se giró para mirar la puerta de su habitación, ella sabía que Liz la encerraba.

No iba a poder salir por la puerta.

— Tal vez…

Lux apoyó las manos en el alféizar y miró hacia el bosque.

La oscuridad la observaba de vuelta.

—No… —murmuró, retrocediendo un paso.

Su cuerpo decía una cosa.

Su mente, otra.

Sintió miedo.

Un miedo antiguo, primitivo.

Las piernas le temblaron.

Temía hacerse daño al bajar por la ventana hacia el jardín, para luego entrar a la cocina y saciar su hambre.

Lux cerró los ojos por un instante, tratando de calmar el torrente de emociones que la invadían.

La llamada del bosque era más fuerte que su miedo, y una determinación creciente comenzó a reemplazar la duda que había comenzado a apoderarse de ella.

Sin pensarlo demasiado, se acercó a la ventana.

—Es solo un salto… —murmuró, como si las palabras pudieran darle valor.

Con un último vistazo hacia atrás, se decidió.

Lux sabía que cada segundo contaba.

Con cuidado, levantó la parte inferior de su camisón y, tras un breve suspiro, subió a la repisa de la ventana.

La noche la abrazaba con su sombra cuando dio un pequeño salto.

Aterrizó en un arbusto bajo, el dolor de unos rasguños le recorrió las piernas al caer, el roce de las ramas afiladas contra su piel era incómodo, pero la adrenalina le otorgó fuerzas.

—No hay tiempo para quejarse —se dijo a sí misma, sintiéndose como una exploradora perdida en una jungla oscura.

El jardín estaba cubierto de hojas húmedas que crujían bajo sus pies descalzos.

Cada sonido la hacía detenerse, con el corazón latiendo más rápido ante la mínima sospecha de que algo pudiera acecharla.

Pero el hambre era más fuerte que cualquier temor presente en ese momento.

Lux avanzó con pasos cuidadosos hasta la cerca que delimitaba el jardín.

Las sombras danzaban a su alrededor, pero la luz de la luna iluminaba parcialmente su camino.

Se apoyó en la cerca, respirando hondo antes de saltar, sus manos rociadas de tierra y pequeños rasguños por la caída.

El frío de la hierba húmeda le recordaba que estaba viva, que aún podía moverse, que aún tenía un objetivo.

Al otro lado de la cerca, el silencio era casi ensordecedor; solo el canto de un búho resonaba en la distancia.

Ella se sintió un poco más intrépida.

Su mente se llenó de imágenes de lo que podría encontrar en la cocina: el aroma de pan fresco, un recipiente de leche espesa, tal vez incluso algún dulce olvidado.

Con determinación, cruzó el sendero que conducía a la casa de la manada, cada paso la acercaba más a su meta.

Se detuvo por un momento, escuchando.

La casa estaba en calma, pero no podía dejar que eso la detuviera.

Con un giro rápido, se dirigió hacia la entrada trasera, donde usualmente Liz estaba demasiado ocupada durmiendo o viendo la televisión para notarla.

La puerta chirrió al abrirse, y Lux se metió sigilosamente dentro, sintiendo el calor del interior en contraste con el aire fresco de la noche.

Sin perder tiempo, se dirigió a la cocina.

Cada rincón oscuro parecía estar lleno de secretos, y el corazón le palpitaba por la emoción y el peligro.

Finalmente, encontró el refrigerador.

Con manos temblorosas, lo abrió.

La luz fría iluminaba su rostro mientras buscaba el tesoro que tanto deseaba.

Un tazón de leche estaba justo en el borde de la mesa, y justo al lado, un pedazo de sartén.

Lo tomó con mano ansiosa, sintiendo que la satisfacción estaba a la vuelta de la esquina.

—Ahora sí…

—susurró, sintiendo cómo su estómago rugía agradecido.

En algún lugar del bosque, un aullido lejano rompió el silencio.

Su corazón dio un vuelco.

No sabía por qué, pero supo que aquel sonido no era una amenaza.

Era una promesa.

Y por primera vez en su vida, Lux tuvo la certeza de que no estaba sola… aunque todavía no entendiera por qué.

Con todo listo, se sentó en la pequeña mesa de la cocina, lista para saciar su hambre y, tal vez, reflexionar sobre lo que había sentido esa noche.

La aventura apenas comenzaba.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Qdico_80 Gracias por llegar hasta aquí.

Leo y respondo comentarios: me encanta debatir con vosotros.

Seguiré actualizando la historia con constancia hasta el final.

Si les gusta, apóyenla con comentarios y difusión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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