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Lux de Luna - Capítulo 14

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14: Mía 14: Mía Conall.

El aroma volvió a envolverlo sin previo aviso.

Cítricos.

Canela.

Conall se detuvo en seco en mitad del pasillo de piedra.

El murmullo lejano de la casa de la manada quedó atrás cuando su lobo tomó el control de sus sentidos.

No era un rastro cualquiera.

No era deseo.

No era caza.

Era llamada.

Un tirón brutal le atravesó el pecho, como si algo invisible se hubiera anclado a su interior y tirara de él con insistencia.

Conall apretó los dientes.

—No… —murmuró, avanzando aun así.

Cada paso lo acercaba más al origen de ese perfume imposible.

Su pulso se aceleró.

La bestia dentro de él se agitaba, inquieta, desesperada.

No puede ser.

Había vendido su alma.

Había sellado su destino con una criatura que no conocía piedad.

Un hombre lobo sin alma no podía tener compañera.

Y, sin embargo, allí estaba.

La cocina apareció ante él, sumida en penumbra.

Las antorchas apenas iluminaban las paredes de piedra cuando una pequeña figura se movió torpemente junto a la mesa.

—¿Quién eres?

—su voz retumbó grave, cortando el silencio.

El efecto fue inmediato.

—¡Ay!

El cuenco resbaló de las manos de la muchacha y el contenido se volcó contra su pecho.

El líquido tibio lo empapó mientras ella retrocedía, horrorizada.

Conall bajó la mirada.

Ella era pequeña.

Demasiado.

Vestía ropas gastadas, casi andrajosas.

Estaba sucia y llevaba recientes arañazos.

Sus pies descalzos apenas tocaban el suelo helado y su cuerpo temblaba de pies a cabeza.

—¡¿Pero qué haces?!

—gruñó.

Ella levantó los ojos, grandes, aterrados, llenos de lágrimas.

—S-señor… lo siento… —balbuceó—.

Déjeme… déjeme limpiarle… Se adelantó con torpeza, pero antes de que pudiera tocarlo, Conall atrapó su muñeca con fuerza.

Demasiada.

Conall bajó la mirada, sintiendo cómo el frío mordía su piel.

La niña, una sombra frágil ante él, parecía un reflejo de la desesperación que habitaba en los rincones más oscuros de su mente.

Su rostro, sucio y marcado por arañazos, le recordaba a sí mismo en tiempos difíciles, tiempos en los que había luchado por sobrevivir.

El contacto era eléctrico; dentro de él, una corriente de energía brilló, llenándolo de una extraña satisfacción.

La conexión entre ellos emanaba como un hilo invisible que lo unía a la niña, un hilo que hablaba de compasión, de dolor compartido, de esperanza.

Sin darse cuenta de que su agarre era más fuerte de lo que pretendía, miró hacia su rostro, donde las lágrimas comenzaban a deslizarse.

Algo en su expresión lo hizo aflojar un poco la presión, solo un poco.

En su corazón, una mezcla de ternura y un instinto protector chisporroteaba.

—¡Ay!

—gimió—.

¡Me hace daño!

El sonido lo atravesó como una cuchilla.

— Basta — rugió su lobo.

— No la asustes.

— Conall soltó ligeramente el agarre, pero no la dejó ir.

—¿Te he preguntado quién eres?

—exigió.

Las lágrimas de Lux comenzaron a caer sin control.

El lobo dentro de él rugía, desesperado.

Compañera.

—No puede ser… —susurró Conall, más para sí mismo que para ella—.

Yo no puedo tener una compañera.

No tengo alma.

La observó con atención.

No había desafío en ella.

Ni arrogancia.

Solo miedo.

Hambre.

Un terror aprendido.

—Dime tu nombre.

—L-Lux… —respondió, con la voz quebrada.

Algo se tensó en su interior.

—¿Eres una omega?

Ella negó con la cabeza, avergonzada.

—No… soy hija del Alfa Bodolf.

El mundo se detuvo.

Las pupilas de Conall se dilataron hasta teñirse de rojo.

—¿Tú eres… la bastarda?

Lux asintió, incapaz de sostenerle la mirada.

Todos la conocían con ese nombre.

No se sorprendería que este lobo la tratara diferente.

—Si le cuenta a alguien que he estado aquí… me castigarán.

La frase cayó como una sentencia.

Conall no respondió de inmediato.

Observó sus manos huesudas.

Sus labios pálidos.

El cuenco vacío en el suelo.

Hambre.

Rabia.

Y algo más peligroso aún: responsabilidad.

— Es nuestra — insistió su lobo.

— Y no está bien.

—Lo sé, puedo ver el estado en el que está.—respondió en silencio.

Aunque Lux estaba siendo tratada “mejor” para su próxima presentación, llevaba viejas marcas en su cuerpo y la desnutrición avanzada no se arreglaría comiendo unos pocos días antes.

Su cuerpo no estaba preparado para tantos cambios, y a eso había que sumarle su entrepitosa aventura de treparse por un árbol para llegar a la cocina.

Esa aventura, le había provocado nuevas heridas y la había dejado sucia.

Impresentable para cualquiera que la viera.

Conall inspiró hondo, forzándose a mantener la calma.

—En mi habitación —dijo al fin— hay una bandeja con fruta y panecillos.

Me los dieron por mi llegada.

Podrías venir.

Lux abrió los ojos con alarma.

Sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar la voz profunda de Conall.

Le había costado un esfuerzo monumental no salir corriendo de la cocina cuando, en un irreflexivo impulso, se había servido un vaso de leche que no había tenido el tiempo de beber antes de que aquel temido alfa hiciera su aparición.

La vergüenza la invadía, un torrente ardiente que subía por su cuello y llenaba sus mejillas de un rojo intenso.

¿Cómo podía haberse dejado llevar de esa manera?

Antes de su llegada, tenía claro que debía comportarse con discreción, pero el hambre había nublado su juicio.

El recuerdo de la leche desbordándose sobre la camiseta de Conall, empapando su piel y arruinando todo vestigio de dignidad, volvería a atormentarla en sus sueños.

Y ahora, aquí estaba, mirando a ese ser imponente que, con solo su presencia, parecía desestabilizarla por completo.

Sus ojos, oscuros y penetrantes, se fijaron en ella.

¿Acaso él había visto la forma en que había husmeado en la nevera, como si fuera una ratita atrapada en un rincón?

—¿Me está invitando a su habitación?

— replicó para ella misma.

No sabía si lo que sentía era miedo o una extraña mezcla de admiración y desasosiego.

Conall no era solo un alfa; era un símbolo de poder y autoridad, una figura que siempre había evocado respeto y temor en su interior.

Y que ahora se mostraba tan próximo era sencillamente abrumador.

La invitación resonaba en su cabeza, retumbando como un eco aterrador: “en mi habitación”.

Una parte de ella se moría de curiosidad, pero otra la instaba a rechazarlo, a huir de este enfrentamiento que apenas se atrevía a considerar.

Su mente divagaba entre la necesidad de excusarse y el deseo de aceptar su oferta.

¿Qué podría decir?

¿Tendría que disculparse por lo que hizo?

¿O simplemente dejar que la conversación muriera en silencio?

La culpa la consumía, haciéndola sentir aún más pequeña y vulnerable frente a él.

La imagen de su propio reflejo, desaliñado y expuesto, la acechaba como un monstruo en la oscuridad.

Conall, con su calma proverbial, parecía esperar.

Un ladrón silencioso de su tranquilidad, tejía preguntas y dudas en el aire, y Lux no sabía si quería ser rescatada o si prefería sumergirse en la bruma de la confusión.

—¡Oh, no, Alfa!

Eso sería… una imprudencia por mi parte.

Mi Luna… —¿Tu Luna te castiga?

Ella bajó la cabeza al instante.

Lux se sonroja y sabe que ha descubierto demasiada información.

—Intenta… ella intenta educarme de la mejor manera posible.

Conall sintió cómo algo oscuro se agitaba en su pecho.

—Ya veo.

Haciéndote pasar hambre, por ejemplo.

Lux negó con rapidez.

Luego se inclinó hacia abajo con pesadez y malestar.

—No se preocupe, Alfa Conall.

Ya no tengo hambre.

Ella mintió mal.

Pero lo que más le sorprendió a Conall es que esa pequeña figura supiera su nombre.

—¿Sabes quién soy?

—preguntó él.

Ella dio un paso atrás, intentando huir.

Lux intentó salir de la cocina cuanto antes, pero la falta de alimentos le jugó en contra.

El mareo la venció antes de que pudiera dar un segundo paso.

—¡Maldición!

Conall reaccionó al instante, atrapándola antes de que cayera al suelo.

Su cuerpo era liviano, frágil, y el contacto fue suficiente para que el aroma lo golpeara con toda su fuerza.

Cítricos & Canela.

El lobo aulló dentro de él.

Compañera.

Conall apretó la mandíbula.

— Mía.

— gruñó Había perdido su alma… pero ya no podría apartarse de ella.

Y eso lo aterraba más que cualquier guerra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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