Lux de Luna - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Invitación a la manada de las Sombras Plateadas
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2: Invitación a la manada de las Sombras Plateadas 2: Invitación a la manada de las Sombras Plateadas Alfa Conall…
El único superviviente del linaje del antiguo alfa de la manada Escarcha Feroz, el heredero de un Norte que había sido arrasado lentamente durante diez largos años de guerra fría.
No solo fue una guerra de batallas épicas y de ejércitos enfrentados; sino que también fue una guerra silenciosa, cruel, que se libró contra el tiempo, el hambre y el clima implacable.
El frío mató a muchos.
La hambruna terminó con otros tantos.
Pero Conall no se rindió.
Cuando las tres manadas del Norte quedaron reducidas a restos dispersos, él las unificó.
No por ambición, sino por supervivencia.
Y menos de un año atrás, se alzó como alfa, trayendo un hilo de esperanza a un pueblo que había olvidado lo que era vivir sin miedo.
En el despacho de la Fortaleza, el aire estaba cargado de tensión.
Raunak, su Beta, permanecía de pie frente a él.
Había regresado con información fresca… y peligrosa.
—El alfa Bodolf quiere acceso al camino que conduce a la montaña Pico Blanco —informó con gravedad—.
A la mina, más concretamente.
Los ojos de Conall se endurecieron al instante.
—Eso era de esperar.
Raunak asintió.
—Ha reunido a los demás alfas.
Todos están inquietos desde que se les bloqueó el acceso.
Conall se levantó de su asiento.
Su aura era densa, dominante, imposible de ignorar.
Sus ojos, negros como el azabache, imponían respeto… y temor.
—Durante años —dijo con voz firme—, se han aprovechado de los recursos del Norte sin medida.
Eso se acabó.
Raunak lo observó con atención.
—¿Cómo vamos a proceder?
—El acceso se abrirá solo a quienes puedan pagarlo —respondió Conall—.
Y la extracción de las piedras rúnicas será limitada.
El Beta frunció el ceño.
—Sabes que no estarán contentos.
Eso fue, justamente, lo que desató la pasada Guerra Fría…
—Lo sé —admitió Conall—.
Mi padre se opuso al comercio desmedido cuando descubrió el interés enfermizo del Rey Eliseo por la mina.
Raunak tragó saliva.
—Será peligroso.
Conall alzó la mirada, desafiante.
—Más peligroso, soy yo, Raunak.
El Beta recordó entonces todo lo que su alfa había tenido que hacer para consolidar la unificación.
No todos los cambia formas aceptaron su liderazgo.
Hubo traiciones, rebeliones y sangre…
mucha sangre.
Pero Conall, sobrevivió a todas.
——————– Más tarde, cuando Raunak abandonó el despacho, Leo, el Gama de la manada, permaneció en silencio, sumido en profundas reflexiones.
El ambiente en la sala era tenso.
Las sombras danzantes proyectadas por la luz tenue parecían reproducir las inquietudes que tanto Leo como Conall llevaban en su interior.
Al momento en que Raunak cerró la puerta, un hilo de conexión mental entre Leo y Conall se activó de inmediato, un vínculo que trasciende las palabras y que permitió que los pensamientos más íntimos fluyeran entre ellos.
—No creo que Bodolf quiera solo hablarte de la montaña.
—dijo finalmente Leo, su voz resonando con un tono de seriedad que marcaba la importancia del asunto.
Conall, que había estado observando el comportamiento de su Gamma con un leve escepticismo, alzó una ceja, mostrando su interés y, a la vez, su incredulidad.
—¿Por qué lo crees?
—preguntó, su mirada fija en el rostro de Leo, como si buscara respuestas ocultas detrás de sus palabras.
La respuesta de Leo llegó cargada de una preocupación palpable, como si cada palabra estuviera impregnada de urgencia.
—No se quedará quieto tras el bloqueo comercial —continuó Leo.
La mención del bloqueo comercial evocó recuerdos de tensiones pasadas entre las manadas, un conflicto que había alterado el equilibrio de poder en la región.
Era un hecho conocido que Bodolf no toleraría la humillación de ser excluido, ni la pérdida de recursos que ello implicaba.
Su crueldad y astucia eran bien conocidas, y la idea de que pudiera estar tramando algo detrás de las sombras era motivo suficiente para preocuparse.
Un destello oscuro cruzó el rostro de Conall, quien sabía que la situación exigía una atención inmediata.
Bodolf era un individuo astuto, cuyo espíritu ambicioso no conocía límites.
Estoy más que convencido de que hará todo lo posible para tener una conversación contigo.
— concluyó Leo.
—Y ¿qué puede tener ese indeseable que pueda interesarme?
—replicó Conall.
La percepción de Bodolf como un adversario siempre había estado presente en sus pensamientos, y la posibilidad de que se acercara con intenciones que no fueran pacíficas lo llenaba de desasosiego.
Era consciente de que, en el mundo de las manadas, cada acción tenía repercusiones graves, y las alianzas podían transformarse en traiciones en un abrir y cerrar de ojos.
Leo negó con la cabeza, la preocupación escrita en su semblante.
—No lo sé, mi alfa.
Supongo que tendrás que esperar para averiguarlo —respondió con un tono de resignación.
En sus pensamientos, la imagen de Conall enfrentándose a Bodolf era a la vez talentosa e inquietante.
Le preocupaba la posibilidad de que su líder cayera en una trampa cuidadosamente tejida, una red de influencias que podría conducir a un callejón sin salida.
—Bodolf sabe que este bloqueo ha debilitado a muchas manadas—reflexionó Conall, dejando que sus pensamientos fluyeran libremente.
Bodolf intentaría una estrategia para desestabilizar a su manada.
¿Pero cuál?
Había intentado hacerlo en múltiples ocasiones a través de maniobras políticas, pero esta vez, parecía que jugaría una carta mucho más arriesgada.
— Será mejor que estemos preparados…
hay que medir los riesgos.
— concluyó Leo.
— Estoy preparado, Leo.
Definitivamente, es el momento de mover ficha.
—Si esa es la verdad, entonces es crucial que mantengamos la calma.
No podemos caer en su trampa, Conall — Leo se enderezó, reafirmando su resolución.
La mirada decidida de Conall que ahora iluminaba sus ojos contrarrestaba la sombra de la duda que en un principio había dominado el ambiente.
Conall cerró los ojos un instante, meditando sobre las posibilidades, mientras su mente sopesaba las diferentes rutas que podrían seguir.
La balanza entre la diplomacia y la confrontación se balanceaba más allá de su control, y cada decisión contaba en este juego de supervivencia.
—Tendremos que prepararnos para esto, Leo.
Si Bodolf busca un trato, debemos llegar a la mesa con cartas en la mano y dispuestos a jugar el juego de acuerdo con nuestras reglas.
— ¿Y qué propones?
Preguntó Leo.
— El Alfa Bodolf tiene una hija llamada Electra, ya en edad de complacer a una pareja y tengo entendido que, aun, no la ha encontrado.
Leo miró a Conall con mucha curiosidad.
— No te sigo.
— Esparce el rumor de que estoy buscando amante, ya que deseo encontrar a mi pareja destinada, pero como no llega…
necesito una hembra para que me ayude con las tareas de una Luna.
— ¿Me lo dices en serio?
— Preguntó Leo, todo risueño.
— ¿Ves que me esté riendo?
— exclamó Conall.
Leo bajó la cabeza de inmediato ante las palabras de su alfa.
—De acuerdo, me pongo con eso, ya mismo.
Conall guardó silencio.
Algo en su interior se removía, inquieto.
Como si el destino ya estuviera trazando caminos que aún no podía ver.
Y, sin saberlo, el nombre de Lux comenzaba a entrelazarse con el suyo.
——————– La imagen de Conall, en comentarios.
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