Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lux de Luna - Capítulo 23

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lux de Luna
  4. Capítulo 23 - 23 Mala espina
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

23: Mala espina 23: Mala espina —¡Ella es nuestra!

—¡No dejaremos que la reclames!

—¡Parece que esto se va a poner feo!

Con ese grito de guerra, el lobo de Conall se lanzó como una flecha hacia el lobo de Zeta.

La escena se convirtió en un caos total: ambos se zambulleron en una pelea salvaje, llenos de dientes afilados y garras listas para dejar marcas.

El lobo de Conall, con sus colmillos puntiagudos y otros dientes igualmente peligrosos, empiezó a hacer estragos en el lomo del príncipe heredero.

Era un espectáculo impresionante, pero uno que resulta peligroso a la vez.

Estos dos, sin duda, eran guerreros de primera y sabían exactamente cómo pelear, lo que significaba que no dejarían que la situación llegara al punto de matarse entre ellos…

por el momento.

La batalla continuaba, y en medio de todo este lío, Leo apareció de la nada.

Al ver a su alfa transformado, en un lobo furioso mientras se enfrentaba con Zeta, su estómago se retorció.

No había forma de que eso fuera a terminar bien.

Pero lo que realmente le dejó boquiabierto fue encontrar a Lux, de pie frente a la pelea, temblando como una hoja y sin saber a dónde moverse.

La pobre chica no podía ver absolutamente nada debido a la confusión de la pelea.

Señorita Lux…

Esta noche ya le habían dado la bienvenida en sociedad.

Ahora, su estatus como dama, gracias a ser hija del Alfa de la manada, debería hacerla sentir más segura.

Pero, claro, en ese ambiente, eso era lo último en lo que estaba pensando.

Se quedó ahí, paralizada, escuchando los gritos de dolor y rabia que emanaban de esos dos monstruos peleando a pocos pasos de ella.

Leo, sabiendo que no podía quedarse a ayudar a su alfa, dándose cuenta de que la bestia no obedecería ni un poco.

Entonces, muy decidido, agarró a Lux del brazo y la giró hacia él.

—Señorita Lux, déjeme acompañarla de vuelta adentro,— le dijo con voz firme pero suave.

—Pero…

ellos…

— Lux intentó señalar a los dos lobos y dar una explicación a lo que estaba ocurriendo, como si tuviera alguna idea clara de lo que estaba pasando.

Pero Leo la interrumpió…

—Estarán bien.

—¿Seguro?

—preguntó Lux, llenando su voz de dudas.

Leo asintió, tratando de darle algo de confianza.

Al final, Lux se dejó guiar de regreso al salón principal.

Mientras caminaban, Leo no pudo evitar pensar que la pelea que acababa de presenciar era solo dos machos alfas luchando por la atención de la misma chica.

Vaya lío…

Y cuando todo terminara, Conall definitivamente, tendría que explicarle un par de cosas.

Pero antes, lo más urgente era asegurarse de que Lux estuviera a salvo y alejada de esa locura.

¿Qué otra cosa podía hacer?

——————– Leo acompañó a Lux hasta el salón, nuevamente y él, se despidió con bastante prisa.

Sabía que tenía que volver para parar aquella absurda pelea.

—¿Dónde estabas?

—le preguntó el Alfa Bodolf, su mirada entre preocupada y curiosa, mientras entraba Lux al salón de celebraciones.

El eco de la música festiva se desvanecía momentáneamente ante la intensidad de su interrogante.

—El Rey aclama tu presencia —agregó Bodolf, su voz resonando como un tambor en el aire cargado de expectativas.

— Me he perdido.

Ya sabes que sin gafas…

Bodolf negó con la cabeza, su expresión era una mezcla de serenidad y firmeza.

Sin más preámbulos, la tomó del brazo y la condujo hacia la mesa real, donde los altos cargos se congregaban, ansiosos por presenciar el desenlace de la velada.

Mientras tanto, en una esquina del mismo salón, Aria miraba con creciente preocupación a su hija Electra, que estaba en medio de una batalla interna.

Aria le dio instrucciones mientras el murmullo de la fiesta vibraba a su alrededor.

—Es la hora.

El Alfa Conall debe haberse ido ya a su habitación —dijo Aria, casi en un susurro, esperando que la urgencia de su voz diera un empujoncito a la resignación de su hija.

—Madre, no quiero estar emparejada con ese monstruo —contestó Electra, su tono visiblemente angustiado, como si la sola idea de tal unión le provocara náuseas.

Aria soltó un suspiro cansado.

—Yo tampoco quería casarme con el viejo de tu padre, y aquí estamos todos.

— Su voz, aunque serena, llevaba el peso de recuerdos amargos.

—¡Madre!

—exclamó Electra, la incredulidad pintada en su rostro juvenil.

Era la primera vez que escuchaba a su madre hablar con tal franqueza, y eso la impactó más que cualquier advertencia.

—En la vida hay que hacer sacrificios, querida hija —respondió Aria, y su voz se tornó un poco más suave, como si intentara aliviar el golpe de sus palabras.

—Y yo, al menos, te he conseguido a un alfa joven y apuesto.

Electra no pudo evitar una mueca de desagrado.

El horror llenando su mente con imágenes de lo que podría venir.

—Ya quisiera verte aguantar pellejos.

La cara de Electra se transformó en una máscara de espanto, la revelación de la naturaleza pragmática de su madre la hizo dudar de todo lo que creía saber sobre el mundo de los alfa y las uniones predestinadas.

Era como si cada palabra de su madre hiciera eco en su interior, reverberando con una verdad inquietante.

—Vete a su dormitorio y deja que te huela —dijo finalmente Aria con un tono que era a la vez desafiante y alentador.

—Se volverá loco de inmediato.

Electra asintió, aunque la resistencia era palpable en su postura.

Se sintió atrapada en un juego que no había elegido, pero la mirada de su madre le decía que no había vuelta atrás.

Sin ganas, se marchó del salón, sintiendo cómo el peso de su destino se cernía sobre ella.

Las risas y los vítores de la celebración se desvanecieron mientras cruzaba el umbral hacia lo desconocido, con el corazón latiendo frenéticamente, como si intentara liberarse de la inminente tormenta que la aguardaba.

——————– Después de un rato, y habiendo agotado todas las energías, Zeta y Conall regresaron a su forma humana.

Ambos estaban cubiertos de sangre, aunque sabían que, como cambiaformas, no tardarían en sanar.

El aire estaba pesado por el esfuerzo y la tensión, mientras un silencio incómodo se cernía entre ellos, ambos recuperando la respiración.

Fue Conall quien finalmente rompió el hielo, su voz un susurro afilado.

—No puede ser tu compañera.

Zeta frunció el ceño, una chispa de desafío en sus ojos.

—Tampoco puede ser la tuya.

Nunca he visto un caso en el que haya dos compañeros predestinados para una misma loba.

Y menos si ella no es una loba al cien por cien.

Los dos se miraron con recelo, como si cada palabra pudiera encender una nueva pelea.

Conall apretó los dientes.

—No puedes reclamarla.

Tu estatus no lo permitiría.

—¿Crees que no lo sé?

—replicó Zeta, su voz cargada de frustración—.

— ¿Y ella?

No puede sentirnos como nosotros a ella.

Conall asintió lentamente.

—Lo he notado.

El enfado de Zeta se disparó.

—¿Y qué me dices tú?

¿Reclamarías a la hija bastarda sin lobo de tu enemigo?

Conall se tensó ante la acusación, sus ojos destilando odio.

—Eso no es cosa tuya.

Zeta sonrió sarcásticamente.

—Mi lobo no deja de decirlo una y otra vez…

Soy su compañero.

—Mi lobo también me lo dice —respondió Conall, su voz temblando con la ira contenida—.

Ella es especial…

—Lo sé —dijo Zeta, inclinándose hacia adelante—.

— Y también sé que tu padre, el rey, tiene mucho interés en ella.

— agregó Conall.

Zeta sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Lo sé.

Lo he visto.

—Si todos nos vamos mañana, y no hacemos algo, esta chica volverá a ser la esclava de esta manada —dijo Conall, cada palabra golpeando a Zeta como si fueran puñetazos.

Los ojos de Zeta se abrieron, horrorizado por lo que acababa de escuchar.

—¿Qué estás diciendo?

—Lux ha sido tratada como una esclava toda su vida.

El Alfa Bodolf la está utilizando para obtener beneficios sobre mi manda y mi montaña.

— replicó Conall.

—La montaña no es tuya…

—interrumpió Zeta, furioso.

—Pero está en mi territorio, así que sus minas y todo lo que produce me pertenece —respondió Conall, su tono lleno de desdén.

— En realidad, las cosas del palacio me dan igual —dijo Zeta, apretando los puños.

—Serás el rey algún día.

Será hora de que comiencen a interesarte —replicó Conall, su mirada fija e intensa.

—No quiero que Lux sufra —contestó Zeta, la rabia incendiando su pecho al escuchar el sentimiento de Conall hacia ella.

Pero, ¿qué podía decir?

Sabía en lo más profundo que él también sentía que Lux era su compañera.

—Tengo un plan y solo quiero saber de qué lado estás —dijo Conall, la preocupación marcando sus rasgos.

Zeta lo miró, sopesando sus palabras.

—Debo ser leal a la corona.

Pero ayudaré con todo lo que esté a mi alcance para mantener a Lux sana y a salvo.

Un silencio se instaló entre ellos nuevamente, pero ahora estaba impregnado de una ansiosa alianza, un desafío a lo que el destino había escrito para ellos.

Habían tomado una decisión, y no había vuelta atrás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo