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Lux de Luna - Capítulo 25

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25: Sueños entrelazados 25: Sueños entrelazados La noche avanzaba en silencio.

El viento golpeaba suavemente las ventanas, creando un murmullo constante que acompañaba el sueño de sus habitantes.

Lux dormía profundamente, envuelta entre los brazos del poderoso Alfa Conall.

Su agarre era firme, casi posesivo.

Uno de sus brazos rodeaba la cintura de la muchacha mientras la mantenía pegada a su pecho, como si temiera que, en cualquier momento, alguien pudiera arrebatársela.

Incluso dormido, sus dedos se cerraban levemente sobre la tela del vestido nocturno de Lux, asegurándose de que seguía allí.

Su respiración era irregular.

Conall no estaba descansando.

Estaba reviviendo.

*Sueño de Conall* Muchos años atrás… El olor a hierro y humo impregnaba el aire.

Un muchacho delgado, cubierto de sangre seca y heridas abiertas, caminaba entre los restos calcinados de lo que una vez había sido su hogar.

Cada paso dejaba una huella roja sobre la nieve.

Sus manos temblaban, pero no de miedo.

De rabia.

De un dolor tan profundo que había dejado de sentirse humano.

Conall apenas era un adolescente cuando presenció la masacre.

Había visto caer a su madre tratando de proteger a sus hijos.

Había escuchado el último rugido de su padre mientras luchaba hasta quedarse sin aliento.

Había olvidado la traición en el aroma de la sangre.

Bodolf.

El amigo de su padre.

El hombre que había compartido mesa y juramento con su familia.

El mismo que los había matado por el control de las minas del Norte.

Conall presionó los puños hasta que las uñas perforaron su propia piel.

La sangre fresca brotó, mezclándose con la vieja.

No intentó detenerla.

Era lo único que le recordaba que seguía vivo.

O que, al menos, respiraba.

El viento sopló con fuerza.

Demasiado frío… incluso para ese territorio.

Conall alzó la cabeza.

—¿Quién anda ahí?

Giró sobre sí mismo, alerta.

El instinto del lobo le gritaba peligro, pero no había olor, ni pisadas, ni presencia tangible.

Solo frío.

Un frío que parecía deslizarse por debajo de su piel, colándose entre sus huesos.

Pasaron varios segundos.

Entonces volvió a sentirlo.

Más cerca.

Más intenso.

Conall entrecerró los ojos.

—Puedo sentirte… Una voz surgió de la nada.

Profundo.

Hueca.

Antinatural.

—Lo sé… La oscuridad delante de él parecía ondular.

Una silueta comenzó a formarse, sin rostro definido, como si estuviera hecha de sombras y humo.

El muchacho no retrocedió.

—¿Quién eres?

La figura inclinó ligeramente la cabeza.

—Las preguntas las haré yo.

Conall mantuvo su mirada inexistente, pero asintió.

—¿Quieres vengarte?— preguntó el ente.

El joven ni siquiera dudó.

—Sí.

El aire pareció vibrar, satisfecho.

—¿Estás dispuesto a entregarme tu alma?

Un silencio pesado cayó entre ellos.

La nieve crujía bajo sus pies mientras el viento arrastraba cenizas alrededor.

Conall cerró los ojos un instante.

Imágenes de su familia destrozada cruzaron su mente como cuchillas.

Cuando volvió a abrirlos, no quedaba rastro de lágrimas.

Solo vacío.

—Sí.

La sombra pareció expandirse, envolviendo el espacio a su alrededor.

—¿Estás seguro?

La voz ahora era casi un susurro, como si saboreara la respuesta antes de escucharla.

Conall respiró hondo.

El aire quemó sus pulmones.

—El día que mataron a mi familia… también me mataron a mí.

El ente sonrió.

No con labios.Con oscuridad.

—Sabía que serías el indicado.

La sombra se extendió hacia él, deslizándose por su piel como hielo vivo.

Conall no gritó.

No retrocedió.

Simplemente dejó que lo reclamara.

Porque el odio era lo único que aún lo mantenía en pie.

*Fin del sueño de Conall.* Conall se agitó en la cama.

Un gruñido bajo escapó de su garganta mientras sus brazos se tensaban alrededor de Lux, atrayéndola inconscientemente más cerca de su pecho.

Lux murmuró algo dormida, acomodándose contra él.

Su respiración era suave, cálida… tranquila.

El contraste fue brutal.

El calor de ella atravesó la pesadilla como una grieta de luz.

El cuerpo de Conall comenzó a relajarse poco a poco.

Sus dedos, que momentos antes parecían garras, se suavizaron sobre la espalda de la joven.

Su rostro se inclinó inconscientemente hacia el cabello rojizo de Lux, respirando su aroma.

Por primera vez en muchos años… el frío retrocedió.

Pero no desapareció.

Porque, en algún lugar dentro de él, la sombra seguía observando.

Esperando.

*Sueño de ella* Muy lejos del continente Tierra de Lobos… Existía un mundo donde la magia no se ocultaba, donde los cielos tenían tonos violetas y las aguas brillaban con reflejos dorados bajo lunas gemelas.

En un palacio tallado en cristal y piedra blanca, una mujer caminaba nerviosa por una estancia iluminada por velas flotantes.

Tenía el cabello del color del fuego y unos ojos celestes que parecían contener el mismo cielo que Lux.

Su rostro reflejaba belleza… y terror.

Frente a ella, una anciana retiraba lentamente sus manos del vientre de la mujer.

—No puede ser… —susurró ella, retrocediendo un paso.

La anciana bajó la cabeza con respeto.

—Sí, mi señora.

Estáis embarazada.

El silencio que siguió fue devastador.

La mujer llevó ambas manos a su boca mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

—¿Qué haré ahora…?

Comenzó a caminar de un lado a otro, desesperada.

—Él no puede enterarse de esto… no puede… La anciana la observó con una mezcla de compasión y urgencia.

—Mi señora… tendremos que haceros desaparecer.

La mujer se detuvo en seco.

—¿Desaparecer?

—Sé cómo sacarla de este reino.

Puedo camuflar vuestro aroma… haceros pasar por humana.

El temblor recorrió todo el cuerpo de la mujer.

Sus manos descendieron lentamente hasta su vientre, protegiéndolo de forma instintiva.

—¿Y adónde iría…?

—A un lugar donde él jamás os buscaría.

El aire de la estancia comenzó a distorsionarse suavemente.

Como si el tiempo se doblara sobre sí mismo.

Entonces… La mujer levantó la mirada.

Sus ojos se clavaron directamente en Lux.

No como si la recordara.

Como si la estuviera viendo.

Lux se sintió atrapada dentro del sueño.

No era una espectadora… estaba allí.

La mujer se acercó despacio.

Su expresión cambió.

El miedo se mezcló con ternura.

Extendió una mano hacia ella, aunque no llegó a tocarla.

—Despierta… —susurró con voz suave—.

Ya es hora… La luz comenzó a fragmentarse.

Todo desapareció.

*Fin del sueño* Lux abrió los ojos de golpe, respirando agitada.

Al mismo tiempo, Conall también despertó sobresaltado, incorporándose ligeramente mientras su cuerpo reaccionaba como si aún estuviera en medio de una batalla.

—¡Alfa Conall!

La voz temblorosa de Lux lo trajo de vuelta a la realidad.

Su mirada recorrió la habitación durante un segundo, buscando amenazas inexistentes, hasta que bajó la vista hacia ella.

Seguía entre sus brazos.

Su agarre se relajó lentamente.

—Solo… ha sido un sueño… —murmuró con voz ronca.

Lux parpadeó varias veces, todavía aturdida, hasta que fue plenamente consciente de la situación.

Sus mejillas se tiñeron de rojo.

—¿Qué hace en mi cama?

Conall apartó la mirada con una rigidez casi incómoda.

—Ayer… fue una larga noche.

La memoria regresó como un golpe.

Lux se tensó.

—¡Ay!

¿Has matado al príncipe heredero?

El cambio en la expresión de Conall fue inmediato.

Sus ojos oscurecieron peligrosamente.

—¿Y qué si lo hice?

—gruñó—.

¿Acaso te importa él?

Lux tragó saliva, confundida por el tono.

—Yo… no… —titubeó—.

¿Le has matado?

Conall dejó escapar un suspiro pesado, como si la conversación lo agotara.

—No.

Los hombros de Lux descendieron ligeramente, aliviados.

—¿Entonces por qué le atacaste?

—No te importa.

Lux dudó un instante antes de murmurar…

—Él… me besó.

La mandíbula de Conall se tensó.

—Lo sé.

Lo he visto.

El silencio entre ellos se volvió denso.

Lux jugueteó nerviosa con la sábana.

—¿Y ahora qué pasará?

¿Me castigarán por eso?

Conall la observó unos segundos.

Su expresión seguía siendo dura, pero algo en su mirada se suavizó apenas.

—No.

Me encargaré de que no te pase nada.

Lux lo miró sorprendida.

Una calidez extraña se instaló en su pecho.

Antes de pensarlo demasiado, se inclinó y dejó un beso suave en la mejilla de Conall.

El Alfa se quedó completamente rígido.

Sus ojos negros se clavaron en ella con intensidad.

—¿Por qué has hecho eso?

Lux bajó la mirada, algo avergonzada.

—Porque eres muy bueno conmigo… Sabine dice que quieres sacar beneficio de mí… pero yo no creo eso.

Conall inspiró profundamente, conteniendo algo que ni él mismo parecía entender.

—¿Siempre dices todo lo que piensas?

Lux asintió con naturalidad.

—Sí.

No sé ser de otra manera.

Un silencio breve.

—Parece que a Sabine no le caigo muy bien… Dentro de la mente de Conall, su lobo rugió: —¡Mataremos a Sabine!

Conall cerró los ojos un segundo mientras le contestaba a su molesto lobo.

“Un día te mataré a ti, lobo… déjame en paz…” Lux ladeó la cabeza, confusa.

—No es eso, Alfa… ella solo ha visto cómo me tratan todos… y no quiere que siga sufriendo.

Conall la observó fijamente.

—¿Y crees que yo podría hacerte daño?

Lux sostuvo su mirada.

Había vulnerabilidad… pero también una confianza que él no merecía.

—¿Me lo harías?

Sus rostros quedaron peligrosamente cerca.

El aliento de Lux rozaba sus labios.

El corazón de Conall golpeaba con fuerza contra su pecho.

Un pensamiento cruzó su mente como un relámpago.

“Si la beso ahora… no podré detenerme jamás.” —Alfa… —susurró ella.

—Hum… Conall apartó la mirada con brusquedad, rompiendo la tensión.

—Será mejor que te vayas… si no quieres que alguien nos vea juntos en la cama.

Conall asintió torpemente.

—Sí… claro… Conall se levantó de inmediato, recolocándose la ropa con movimientos rígidos, casi mecánicos.

Cuando estaba a punto de salir, la voz de Lux lo detuvo.

—Alfa… Se giró apenas.

—Dime.

Lux lo miró con una sonrisa tímida, pero sincera.

—Gracias por cuidarme.

Por un instante, el tiempo pareció detenerse.

Conall la observó sin mostrar emoción alguna… pero algo oscuro y profundo se agitó en sus ojos.

Luego, sin decir nada más, salió de la habitación con pasos rápidos.

Como si huir fuera la única forma de mantener el control.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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