Lux de Luna - Capítulo 26
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
26: Lobo sin alma 26: Lobo sin alma El pasillo estaba en penumbra cuando Conall cerró la puerta tras de sí.
Solo entonces permitió que el aire abandonara sus pulmones.
Apoyó una mano contra la pared de piedra, los dedos temblándole levemente.
El latido de su corazón era violento, errático, impropio de un Alfa que había sobrevivido a guerras y traiciones.
“No debería quedarme… “pensaba.
Su lobo rugía con furia contenida, golpeando su mente como una bestia enjaulada.
—¡Es nuestra!
¡La tocaste, la protegiste, dormiste con ella!
—Cállate… —murmuró entre dientes.
Avanzó unos pasos, pero el aroma a cítricos y canela seguía adherido a su piel, a su ropa, a su respiración.
Era como si Lux lo hubiera marcado sin colmillos, sin sangre.
“He entregado mi alma…
no debería sentir esto.” Y aún así, cada imagen volvía contra su voluntad: Lux dormida, pequeña, confiada… segura entre sus brazos.
Una sensación peligrosa se instala en su pecho.
Protección.Posesión.Furia.
—Si alguien la toca… —susurró—.
Si alguien vuelve a mirarla como lo hicieron esta noche… Su mandíbula se tensó.
No terminó la frase.
No hacía falta.
Al girar en el pasillo, se encontró con Sion, su otro guerrero personal, quien lo saludó con un leve asentimiento.
—Cuida de ella hasta que sea el momento de irnos —le dijo Conall con firmeza, señalando la habitación de Lux.
—Sí, mi Alfa —respondió Sion, mostrando su lealtad.
Conan parpadeó un par de veces antes de recordar a Will.
La inquietud comenzó a burbujear en su pecho.
Sus ojos se desenfocaron y utilizó su enlace de manada para comunicarse con él.
— ¿Dónde estás Will?
—preguntó, con un tono que no admitía respuestas vagas.
—En mi habitación, mi Alfa —informó Will.
Sin perder tiempo, Conall se dirigió directamente a la habitación de Will, sus pasos eran firmes, pero su mente estaba llena de preguntas.
Al entrar, encontró a Will mirando por la ventana con una expresión indecisa en su rostro.
—¿Lo ha hecho?
—inquirió Conall, cruzando los brazos y observándolos con una mezcla de expectativa y preocupación.
Will se sonrojó inmediatamente, casi como si le hubieran arrojado agua fría.
—Sí, mi Alfa —dijo con voz temblorosa, impidiendo el contacto visual.
—Perfecto.
Prepara todo —ordenó Conall, sintiendo un pequeño nudo en el estómago.
Will ascendió, aunque su rostro seguía delatando una mezcla de vergüenza y culpa.
Después de un par de minutos de silencio incómodo, Will finalmente habló.
—Alfa… —empezó, titubeante.
Conall se giró para mirarle, su expresión como siempre, seria, —No quiero lastimarla, ella me importa de verdad.
—confesó Will, su voz casi un susurro.
Conall escuchó, sintiéndose responsable por la carga que pesaba sobre los hombros de su guerrero.
Sin embargo, no dijo nada, como era su costumbre.
Solo aumentando la señal de comprensión y saliendo de la habitación.
Sabía que Will era un buen tipo por dentro; Sin embargo, las decisiones que debían tomar en ese momento eran inexistentes.
——————– Mientras tanto, en la habitación de Leo, la confusión reinaba.
Se despertó con un ligero dolor de cabeza y, en un instante, recordó que no estaba solo.
El sol se filtraba a través de las cortinas, iluminando la figura de Sabine sentada en el borde de la cama, luciendo más que desconcertada.
Él, siendo el caballero que había decidido ser, había dormido en el sofá y ahora se preguntaba cómo había terminado así.
—¡Eh, buenos días!
—exclamó Leo, intentando aligerar el ambiente, pero lo único que logró fue que Sabine frunciera el ceño más intensamente.
—¡Ya me dirás, gamma, qué hago aquí en tu habitación!
—demandó ella, claramente molestada.
Leo se encogió de hombros, intentando mantener la compostura.
—¿Dormir?
—sugirió él, tratando de que no sonara tan absurdo como parecía.
Sabine lo miró como si estuviera loco, su expresión era un poema de incredulidad.
—¿Dormir?
¿¡En la cama de un gamma!?
¡No quiero que nadie se entere de esto!
—dijo, mientras se levantaba de la cama, con el cabello desordenado y los ojos aún somnolientos, mirando alrededor como si buscara una forma de escapar de esa situación incómoda.
—Es solo una noche… —intentó calmarla Leo, aunque a él también le sonaba ridículo.
La tensión entre ellos era palpable, y ambos sabían que esto apenas comenzaba.
Sabine, aún con el ceño fruncido, dio un paso fuera de la habitación, decidida a aclarar esa extraña mañana.
Leo la siguió, esperando que su frase de “solo una noche” no se convirtiera en un chisme de manada.
——————- Despúes de ver salir a Conall, Lux se acercó hasta la puerta con cuidado y apoyó la espalda contra ella.
Solo entonces se permitió deslizarse hasta el suelo.
El silencio de la habitación la envolvió, pero su mente no dejaba de girar.
El sueño.
La mujer.
La voz.
Despierta… ya es hora.
Se llevó una mano al pecho.
Su corazón latía rápido, como si hubiera corrido.
—¿Quién eras…?
—susurró al vacío.
Nunca había pensado en su madre más allá de un recuerdo borroso, contado a medias, siempre acompañado de vergüenza y castigo.
Y, sin embargo, en ese sueño había sentido algo distinto.
Amor.
Miedo.
Urgencia.
Y luego estaba Conall.
El Alfa del Norte.
El lobo temido.
El hombre que no debía sentir nada… y que aun así la había protegido sin pedir nada a cambio.
Se tocó los labios, recordando la sensación que sintió al besarle en la mejilla.
—Es peligroso… —murmuró—.
Muy peligroso… Pero no pudo negar lo que su cuerpo ya sabía.
Con él… no se sentía sola.
Pero al mismo tiempo, recordó su acalorado beso con el príncipe heredero y, de inmediato, sus mejillas se sonrojaron.
— ¿Habrá sentido lo mismo que yo con ese beso?
— Lux suspiró.
——————– En otro lugar del castillo, Zeta despertó con un jadeo brusco.
El dolor en su cuello era real, punzante, aunque la herida ya estaba cerrada.
Su cuerpo sanaba rápido… pero su mente no.
Se incorporó de golpe, empapado en sudor.
—Lux… El nombre escapó de sus labios sin que pudiera detenerlo.
Su lobo se removía inquieto, furioso.
—¡Es ella!
¡La encontramos!
¡La queremos!
—No… —gruñó Zeta, llevándose una mano a la frente—.
No puede ser… La imagen de Lux temblando bajo las estrellas, sus labios suaves, su respiración acelerada contra la suya, regresó con una fuerza brutal.
El aroma.
Ese maldito aroma a lavanda que tanto añoraba…
—Es mestiza… —se dijo—.
No puede ser reina.
No puede ser mi compañera.
Pero su corazón no entendía de política ni de linajes.
Solo entendía de ella.
Zeta apretó los puños.
—Conall… El Alfa del Norte había intervenido.
Había reclamado sin reclamar.
Había protegido sin marcar.
Eso lo enfurecía.
Y lo aterraba.
Porque, por primera vez en su vida, Zeta no estaba seguro de poder obedecer a su padre.
——————– Muy lejos de allí —o quizás demasiado cerca— algo se agitó.
Una presencia antigua, oscura, consciente del pacto que había sellado años atrás.
El ente sonrió.
— La has encontrado —susurró desde la nada—.
Buen trabajo, Conall del Norte… La imagen de Lux apareció entre sombras, rodeada de una luz que no le pertenecía a ese mundo.
— Una compañera… sin lobo frente a un lobo sin alma.
El aire se volvió más frío.
—Veremos cuánto tardas en romperte.
——————— Las imágenes de Sion y Will aparecerán en los comentarios del capítulo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com