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Lux de Luna - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27 - 27 Consecuencias inevitables
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27: Consecuencias inevitables 27: Consecuencias inevitables Tres destinos acababan de chocar…

Un Alfa que no debía amar, pero ya protegía.

Una muchacha que no sabía quién era, pero empezaba a despertar.

Un príncipe que lo tenía todo… excepto libertad.

Y en el centro de todo, Lux.

Sin saberlo aún, su sola existencia estaba a punto de incendiar el continente.

——————– Era el momento de la verdad.

El Alfa Conall se dirigió hasta su propia habitación para dar comienzo al entrañado plan que, a solo a una mente tan dañada y rota, se le podía ocurrir.

Al entrar, pudo oler ese fuerte aroma a sexo en el ambiente.

Se acercó hasta su cama y observó a una mujer, aparentemente desnuda debajo de las sábanas, durmiendo profundamente.

Le separó un poco su color de pelo para dejar al descubierto la huella de platino que había sido marcada.

La sonrisa macabra de Conall confirmó que, la primera parte de su plan, había salido a la perfección.

—¡Vete ya mismo!

El fuerte sonar en el timbre de voz del Alfa, sobresaltó a la pequeña mujer que se despertó de inmediato.

—¡Alfa Conall!

Era Electra que intentaba tapar su desnudez, y protegerse de ese salvaje Alfa al mismo tiempo.

Conall no retrocedió ni un paso.

Se quedó de pie junto a la cama, enorme, implacable, como una sombra hecha de carne y furia.

El olor en la habitación era denso, artificialmente intenso, demasiado… forzado.

Sexo, sudor, un rastro químico que no le pertenece.

—Te he dicho que te vayas —repitió, con la voz baja y afilada.

Electra tragó saliva.

El temblor de sus manos no era fingido mientras se sujetaba las sábanas contra el pecho.

—A-alfa… yo… mi madre me dijo que… —Tu madre no manda aquí —la cortó, sin alzar la voz, y eso fue aún peor.

Conall se inclinó apenas lo suficiente para que la luz revelara lo que ya sabía.

Apartó de nuevo el cabello platino y observe la marca en su cuello: perfecto, limpio, reciente.

Demasiado perfecto.

— Sal ahora mismo de aquí o llamaré a mis guerreros para que te saquen.

Electra saltó de la cama, cogió sus prendas y salió corriendo de la habitación envuelta en la sábana.

——————– El patio central hervía de movimiento.

Carruajes alineados, estandartes al viento, guardias ajustando correas y omegas despidiéndose con abrazos tensos.

Las manadas se preparaban para partir, cada una rumbo a su territorio, como si aquel encuentro no hubiera sido más que una elegante coreografía política… aunque todos sabían que las verdaderas grietas se habían abierto allí.

—Ha sido un gran acierto esta presentación en sociedad de tu hija, Lady Lux —comentó el Rey Eliseo con una sonrisa satisfecha, mientras observaba a la joven de arriba abajo sin el menor pudor.

Lux estaba de pie junto a su padre, rígida como una estatua.

El vestido —un obsequio “gentil” del Rey— se ceñía a su cuerpo de una forma que no reconocía como propia.

Nunca había llevado algo así.

El tejido realzaba sus curvas, dejaba su cuello y clavículas demasiado expuestas, y la hacía sentirse… visible.

Demasiado.

—Mi Rey, el honor ha sido todo nuestro —respondió Bodolf, forzando entusiasmo—.

Lux… luces como toda una reina.

A Lux se le encogió el corazón cuando sintió los dedos de Eliseo rozarle la clavícula, un gesto que pretendía ser galante y que solo consiguió helarle la sangre.

—Una lástima que nadie haya dejado su marca en ese cuello —añadió él, con tono ligero, como si hablara del clima.

A pocos pasos de allí, dos presencias se tensaron al unísono.

Conall lo notó primero.

Ese impulso oscuro y feroz que le recorría el pecho cada vez que alguien se atrevía a tocarla.

Su lobo rugió en lo más profundo, reclamando sangre.

A su otro lado, Zeta apretó la mandíbula, con la mirada fija en Lux, incapaz de apartarla, como si hacerlo le doliera físicamente.

—¿Por qué la bastarda no lleva sus gafas tampoco hoy?

—susurró Aria con veneno, sin disimular el desprecio.

—No lo sé, mi señora —respondió Liz—.

Pero la he visto antes… pareciera que ya no las necesitara.

—Se ve encantadora, la muy desgraciada —escupió Aria—.

Es el calco de su madre.

Su atención se desvió enseguida.

—¿Y mi hija dónde está?

—No quiere salir, mi señora.

Los labios de Aria se curvaron con anticipación.

—¿Lleva la marca?

—Así es.

—¡Qué emoción!

—exclamó, con una satisfacción que no alcanzaba a ocultar su avaricia—.

Al fin saldremos de esta miseria.

Cuando mi hija ocupe su merecido puesto en el Norte, seremos ricas y poderosas.

Liz dudó un segundo.

—Señora… recuerde que el efecto del brebaje es corto.

—Pero si ya la ha marcado, el vínculo terminará floreciendo —replicó Aria con seguridad—.

Como ocurrió conmigo y con el Alfa Bodolf.

La mirada que le lanzó a Liz fue suficiente para silenciar cualquier réplica.

—Ve a buscar a esa idiota de inmediato —ordenó—.

No veo la hora de que el Alfa Conall la reclame delante de todos.

Mientras Liz se alejaba, en el centro del patio Lux levantó la vista sin querer… y sus ojos se encontraron con los de Conall.

No había sonrisa en él.

No había cortesía.

Solo una promesa muda, oscura y absoluta.

Y, sin saber por qué, por primera vez desde que había salido al exterior, Lux se sintió un poco menos sola.

Conall permanecía inmóvil, como si el tiempo hubiera decidido burlarse de él.

Por fuera era piedra.

Por dentro, una tormenta a punto de arrasar el mundo entero.

El solo hecho de ver las manos del Rey Eliseo posarse sobre Lux —demasiado cerca, demasiado confiadas— le retorcía algo en el pecho que no tenía nombre.

Su lobo arañaba por dentro, impaciente, furioso, exigiendo sangre.

—Alfa… —murmuró Leo a su lado, ladeando la cabeza—.

Estoy un poco preocupado.

¿Nos vamos ya o prefieres dejar salir a tu bestia y montar una masacre histórica?

Lo dijo en tono de broma, como siempre.

Pero al ver la expresión de Conall… se le borró la sonrisa.

—Oye… —tragó saliva—.

No lo estarás considerando en serio, ¿verdad?

—Aún no —respondió Conall, sin apartar la vista del frente.

—Ah.

Genial.

Eso me tranquiliza muchísimo —ironizó Leo, llevándose una mano al pecho.

Conall lanzó una mirada fría a Zeta.

—No tan rápido.

Esto va a ser un espectáculo digno de verse, Leo.

Ya lo entenderás.

—A veces pienso que tienes un talento especial para buscar tu propia muerte.

—Las batallas reales siempre se luchan hasta el final —replicó Conall con calma letal.

Leo resopló.

—¿Y no me vas a contar qué pasó anoche con el principito encantador?

—No.

—Uf… —Leo alzó las cejas—.

Eso suena peor de lo que pensaba.

Entonces, el murmullo del patio estalló en gritos emocionados.

—¡Nuestra pequeña ha encontrado a su compañero!

La voz de Aria cortó el aire como una campana triunfal.

Todas las miradas se giraron hacia la entrada.

Electra avanzaba despacio, rígida, con la cabeza gacha… y una marca evidente en el cuello.

—¡Allí vamos!

—susurró Leo, anticipando el desastre.

Conall no se movió ni un centímetro.

Bodolf puso su mejor cara de sorpresa, aunque por dentro celebraba.

Él había sabido desde el principio cómo terminaría aquello.

—¡Por la Madre Luna!

—exclamó alguien—.

¿Quién ha sido?

Electra no respondió.

La vergüenza le pesaba más que el vestido.

Aria, eufórica, alzó el brazo y señaló sin dudar.

—¡El Alfa Conall!

Lux sintió que algo se le vaciaba por dentro.

Una sensación absurda, inesperada, dolorosa.

¿Por qué me importa…?, pensó, con el corazón encogido.

¿Por qué duele si me he besado con Zeta?

Al fin y al cabo, toda la manada esperaba que el poderoso Alfa del Norte, escogiera a Electra para hacerla su Luna.

—¡Esto es una gran alegría!

—proclamó Bodolf—.

¡Mi hija y el hijo de mi mejor amigo, por fin unidos!

Conall avanzó entonces.

Cada paso suyo silenció el patio.

Se detuvo frente a Electra.

La miró de arriba abajo.

No había deseo en sus ojos.

Solo desprecio.

—Esa no es mi marca —dijo con voz firme, oscura—.

Yo no he pasado la noche con esta hembra.

El aire se congeló.

Lux alzó la vista de golpe.

Aria dejó de sonreír.

Y Leo, muy despacio, sonrió como quien sabe que el verdadero espectáculo… acababa de empezar.

——————— La imágen de Electra, aparecerá en comentarios.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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