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Lux de Luna - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 Amante de reemplazo
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30: Amante de reemplazo 30: Amante de reemplazo Conall llevaba varios minutos esperando en el patio principal de la manada, con los brazos cruzados y la paciencia colgando de un hilo.

Los lobos de Escarcha Feroz ya estaban listos para partir.

Los caballos inquietos.

El viento frío del norte parecía burlarse de él.

Y ni rastro de las hijas de Bodolf.

—Will, ve a buscar a tu compañera —ordenó sin apartar la vista del portón.

Will dio un paso al frente, pero no tenía el porte firme de siempre.

—Alfa… comienzo a sentirme extraño.

Conall ladeó apenas la cabeza.

—Es el efecto del brebaje.

Te lo bebiste en mi lugar.

Está desapareciendo.

Will tragó saliva.

—¿Y qué pasará luego?

—La marcaste.

Ella no te rechazó.

El vínculo empezará a crecer entre vosotros.

Will bajó la mirada, inquieto.

—No puedo hacer esto.

Conall giró lentamente hacia él.

—¿Hacer qué?

—Ver cómo la lastimarás.

Hubo un silencio pesado entre los dos.

—Ese era el plan —respondió Conall, frío—.

Y estuviste de acuerdo.

Te ofreciste voluntario para marcarla.

Will asintió, aunque el gesto le pesó.

—Sí, mi Alfa.

—Entonces no hay vuelta atrás.

Electra es tu compañera.

Jurará lealtad a Escarcha Feroz.

Rechazará esta manada y será parte de la nuestra.

Will lo miró con respeto… y con miedo.

—Estás tardando —añadió Conall—.

Ve a buscarla.

Will obedeció.

Conall suspiró y miró a su gamma.

—Y tú, Leo.

Ve por Lux.

Leo hizo una mueca que no prometía nada bueno.

—Sí, mi Alfa.

Minutos después, Leo golpeaba la puerta de la habitación de Lux.

La abrió Sabine.

Y lo miró como si quisiera lanzarle una jarra a la cabeza.

—¿Qué quieres?

—Vengo por la señorita Lux.

Partimos ya.

Sabine cruzó los brazos.

—Verás, gamma… ella no quiere ir.

Leo parpadeó.

—¿Perdona?

—¿Eres sordo?

Te he dicho que no quiere irse con el Alfa Conall.

Leo resopló.

—Eso no le va a gustar a quien ya sabes.

—Pues ese no es mi problema.

—Oye… ya te pedí disculpas.

Y te expliqué cómo pasó lo nuestro.

Sabine no respondió.

Le cerró la puerta en la cara.

—¡Joder, qué carácter!

—murmuró Leo.

Frustrado, se comunicó mentalmente con Conall.

El Alfa no contestó con palabras.

Solo con una sensación oscura que hizo que Leo tragara saliva.

Dos minutos después, alguien volvió a golpear la puerta.

—¿Y ahora qué quieres?

—gruñó Sabine mientras abría.

Y se quedó muda.

Conall estaba frente a ella.

Los ojos negros encendidos.

—Alfa…  —Vete.

No fue una sugerencia.

Sabine dudó un segundo, miró hacia dentro y suspiró.

—Ten paciencia con ella.

Le teme a todo.

Conall no respondió.

Entró.

Lux estaba sentada en la cama, con los ojos hinchados de tanto llorar.

Lo miró como si él fuera la tormenta y la salvación al mismo tiempo.

—Lux.

Recoge tus cosas.

Nos vamos.

—No.

La palabra fue pequeña… pero firme.

Conall frunció el ceño.

—¿Cómo qué no?

—Puedes elegir a cualquier otra chica.

Yo no quiero ir.

—Esto no funciona así.

—No quiero ser tu amante de reemplazo.

La voz se le quebró.

Y volvió a llorar.

Conall no esperaba eso.

Se acercó y se sentó en la esquina de la cama, sin tocarla.

—No es lo que piensas.

Lux lo miró, con tristeza real.

—¿Y qué es?

Él respiró hondo.

—Lo hice para sacarte de aquí.

Ella parpadeó.

—¿Es… cierto?

—Nunca miento.

—¿Nunca?

Conall alzó una ceja.

—Nunca.

Solo no digo toda la verdad.

Eso arrancó una pequeña sonrisa en ella.

—¿Y por qué quieres ayudarme?

¿Es por mi padre?

¿Por la guerra?

El nombre de Bodolf tensó sus hombros un segundo.

Pero la emoción temblorosa de Lux lo calmó.

—Vendrás conmigo y punto.

No preguntes.

—¡No!

Eso sí que no se lo esperaba.

—¿No?

—Eres muy mandón.

Conall se quedó mirándola.

Cualquier otro que le hablara así estaría de rodillas… o inconsciente.

Pero con ella…  No sentía rabia.

Sentía otra cosa.

—No es solo por tu padre —admitió, más bajo—.

Me importas tú.

Lux se sonrojó hasta las orejas.

—¿Yo?

—Haces demasiadas preguntas.

—Última —dijo ella, alzando un dedo—.

¿Como tu amante tengo más estatus que Electra?

Conall la miró con sospecha.

—Sí.

Ella sonrió, traviesa.

—Entonces sí quiero ser tu amante.

Conall parpadeó.

Definitivamente no sabía con qué clase de criatura estaba tratando.

—Dudo que sepas lo que implica eso.

—Ya me enseñarás —replicó, con una inocencia peligrosa.

Él carraspeó.

—Prepárate.

—Espera.

Conall suspiró.

—¿Qué ahora?

—¿Puede venir Sabine con nosotros?

Silencio.

—Es la única amiga que tengo.

Y aquí tampoco la tratan bien.

Lux se había acercado sin darse cuenta.

Estaba muy cerca ahora.

Demasiado.

El corazón de Conall dio un golpe fuerte contra sus costillas.

Su lobo gruñó dentro de él.

— Muerde.

Reclama.

Es nuestra.

—¡Para!

—pensó con fuerza.

Se tensó, luchando por no perder el control.

Lux lo miraba con esos ojos claros que parecían desarmarlo pieza por pieza.

—¿La dejarás venir?

—susurró.

“Maldito vínculo.” Pensó Conall.

—Que se prepare.

Las espero fuera.

El rostro de Lux se iluminó.

—¡Gracias!

Y antes de que él pudiera anticiparlo, ella se inclinó y dejó un beso suave en su mejilla.

Conall se quedó rígido.

—¿Qué fue eso?

—Un beso.

Para agradecerte.

—¿Te molesta?

Él tragó saliva.

—No.

Ella sonrió… y le dio otro.

Conall no entendía cómo aquella chica, pequeña y frágil, era capaz de domesticar a la bestia que todos temían.

Por primera vez en mucho tiempo, su lobo guardó silencio.

—Te espero afuera —dijo finalmente, levantándose rápido antes de hacer algo de lo que no podría volver atrás.

—Sí.

Me preparo enseguida.

Cuando salió de la habitación, el aire frío le golpeó el rostro.

Y solo pudo pensar una cosa…

“Esos ojos… serán mi perdición.” 

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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