Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lux de Luna - Capítulo 37

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lux de Luna
  4. Capítulo 37 - 37 El beso del Alpha
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

37: El beso del Alpha 37: El beso del Alpha —¡Bésala!

—insistió su lobo, con esa voz grave que no entendía de paciencia ni de límites.

Conall estaba inclinado sobre Lux antes siquiera de aceptar que había tomado la decisión.

Su parte racional murmuraba algo sobre prudencia, sobre maldiciones, sobre consecuencias.

Su parte irracional —la que tenía colmillos— ya estaba avanzando.

Se inclinó despacio, observando su rostro dormido.

La luz de la luna se filtraba por la ventana, delineando el perfil delicado de Lux.

Su respiración era tranquila.

Inocente.

Confiada.

Demasiado confiada.

Sus labios estaban a centímetros de los suyos cuando los ojos celestes se abrieron de golpe  —¡Alfa…!

Lux se incorporó sobresaltada, el corazón latiéndole tan fuerte que casi podía oírlo  Conall no retrocedió.

—Quiero que me llames por mi nombre.

Ella parpadeó, todavía aturdida.

— Pero ¿qué haces…?

Sus pupilas bajaron involuntariamente a sus labios.

Error.

Error gravísimo.

La mandíbula de Conall se tensó.

—Él me robó tu primer beso —dijo, con una voz baja y posesiva que le vibró directamente en el pecho—.

Pero a partir de ahora, tus besos son míos.

Y de nadie más.

Lux se estremeció.

No era solo el tono.

Era la intensidad.

Era la certeza con la que lo decía.

—Conall… no creo…  El susurro casi suplicante fue su perdición.

El poco control que le quedaba se hizo polvo  La besó.

No fue un roce suave ni una caricia dudosa.

Fue un asalto.

Sus labios reclamaron los de ella con una urgencia brutal.

La presión la obligó a entreabrir la boca, y cuando lo hizo, profundizó el beso sin pedir permiso, atrapándola entre sus brazos como si temiera que pudiera desvanecerse  Lux soltó un pequeño sonido ahogado, mitad sorpresa, mitad algo que no sabía nombrar.

—¡Marcala!

—rugió su lobo dentro de su cabeza—.

¡Hazla tu Luna!

El impulso fue tan fuerte que Conall sintió el ardor en los colmillos.

Y ahí estaba el abismo.

Si la marcaba… el ente tomaría ventaja.

La oscuridad que habitaba en él aprovecharía el vínculo.

La arrastraría con él.

No.

Se obligó a detenerse.

Con un esfuerzo visible, se separó bruscamente  El silencio quedó suspendido entre los dos.

Lux respiraba agitada, los labios hinchados, los ojos abiertos como platos.

—Conall…  Le pasó una mano por el cabello húmedo, frustrado.

—Perdón.

No debí forzarte  Se dio media vuelta antes de que ella pudiera responder y salió de la habitación con pasos tensos.

—¡Soy un idiota!

—masculló en cuanto cruzó la puerta.

—Sí que lo eres —respondió su lobo, burlón—.

No la marcaste.

Conall apretó los dientes.

No había dado tres pasos cuando escuchó el suave sonido de pies descalzos detrás de él.

—Alfa Conall…  Se giró.

Lux estaba en el umbral, sujetando la camisa con ambas manos  —¿Qué te ha pasado?

—Es mejor que regreses a tu habitación, Lux.

—Pero no me gusta verte angustiado.

—No lo estoy.

Mentira descarada.

Ella dio un paso más.

—¿Es porque no te he respondido al beso?

El rubor volvió a sus mejillas.

—Es que… Zeta…—Lux se atrevió a nombrarlo y Conall se incrementó en ira.

—Deja de hablar de él.

La voz grave retumbó como un trueno.

No grité.

No hizo falta.

Lux se quedó rígida.

—Lo siento —susurró de inmediato.

Y entonces ocurrió algo que él no esperaba.

Se arrodilló.

De rodillas frente a él.

—Lo siento, no debí ponerte de mal humor… —su voz temblaba—.

Pero no me castigues  Conall se quedó helado.

—No me castigues, Alfa… no lo volveré a hacer.

Aquello no era teatral.

No era manipulación.

Era costumbre.

Era miedo aprendido.

El estómago de Conall se encogió  Se inclinó de inmediato, la tomó del brazo y la levantó con suavidad.

—No llores.

Ella ya tenía las lágrimas resbalándole por las mejillas.

—Lux, mírame  Obedeció.

—No voy a castigarte.

Aquí nadie va a castigarte.

¿Entiendes?

Ella se frotó la cara con la manga del camisón, intentando calmarse  —Yo solo… no quiero enfadarte.

Conall se sintió algo incómodo clavándose en su pecho.

Protección.

Rabia.

Contra quien fuera que la había condicionado a reaccionar así.

—Lo de antes… lo lamento —añadió, más bajo  Ella asintió.

Él podía sentirlo.

Podía sentir que su corazón todavía estaba enredado con el nombre de Zeta  Y eso dolía más de lo que debería.

—Te he traído hasta esta fortaleza para protegerte.

Lux levantó la mirada.

— ¿Entonces no me volverás a besar?

La pregunta lo descolocó.

—Al menos que me lo pidas… no.

Sus labios se curvaron apenas.

—¿Estás enfadado conmigo?

—No.

—Alfa…  Con todo, la miró, y pese a todo, una sonrisa leve se le escapó  Ahí venían las preguntas.

—Dime.

—¿Puedo llamarte por tu nombre… aunque no nos besemos?

—Sí.

Puedes  Ella suena como si le hubiera regalado algo enorme.

—Conall…  —Dime.

—¿Qué hace una amante?

El lobo soltó una carcajada mental  —¿Puedo hablar?

—preguntó, malicioso.

Conall le envió un no rotundo a través del vínculo.

—Anaisha te explicará parte de tus tareas dentro de la casa.

—Y ¿qué significa eso de que debo complacerte?

Conall se acercó un paso.

Lux retrocedió dos por instinto.

Él arqueó una ceja.

—A esto me refiero.

Ella se quedó quieta, decidida a no retroceder más.

Conall apoyó ambas manos en la pared, a cada lado de su cabeza, encerrándola sin tocarla.

—Una amante complace a su alfa en la cama.

Lux se puso roja hasta las orejas.

—Vaya…  Él se inclinó y rozó sus labios otra vez, más suave esta vez.

Ella no se apartó  —¡Lametazo!

—gritó el lobo.

Conall lo ignoró.

—Pero yo no voy a reclamarte nada de eso.

—¡Cobarde!

—su lobo estaba desatado y, si por él fuera, saldría para darle dos bofetadas a su humano por tonto  —Sin embargo —continuó, serio—, delante de todos deberás parecer más… receptiva conmigo.

—¿Receptiva?

—Que no retrocedas cuando me acerques.

Que no me mires como si fueras a devorarte  —Es que a veces parece que sí vas a hacerlo.

Conall soltó una risa baja.

—Tranquila.

Si quisiera devorarte, ya lo sabrías.

Ella tragó saliva.

—De acuerdo.

Seré… receptiva.

—Bien.

Se apartó un poco  —Ahora será mejor que vuelvas a tu habitación antes de que cambies de opinión.

—Conall…  —Ya te he contestado muchas preguntas por hoy.

Ella lo miró con esa mezcla de inocencia y astucia inesperada.

— ¿Quieres que duerma contigo?

Conall se quedó en blanco.

Su nuez de Adán se movió bruscamente cuando tragó saliva.

—¿Perdona?

—Aunque no tenga a mi loba, entiendo de olores.

Si duermo contigo, mañana oleré a ti.

Y todos sabrán que hemos pasado la noche juntos  Silencio.

—Esta hembra definitivamente me encanta —murmuró su lobo mucho más animado.

Conall no respondió.

En vez de eso, se quitó la toalla.

Sin previo aviso.

Lux soltó un chillido ahogado y se cubrió los ojos con ambas manos  —¡Ay, señor!

Él se río abiertamente mientras se metía bajo las sábanas.

—Ya puedes mirar  —¿Seguro?

—Sí.

Lux apartó primero un dedo.

Luego el otro.

—¿Siempre duermes así?

—Los lobos no nos resfriamos.

—Ya… supongo que es buena razón.

Conall levantó la sábana un poco.

—Ven.

No voy a pedirte que te desnudes.

—¿Por qué no?

“Porque no me fío de mí mismo.

” Eso no lo dijo en voz alta  Ella se acercó despacio y se acostó a su lado, hecha un ovillo.

—Si duermes así, mañana te dolerá todo.

—Siempre he dormido sobre piedras.

El espacio era tan pequeño que me acostumbré.

Controle la vigilancia en silencio.

—Lux… aquí las cosas van a cambiar.

Y mucho.

Extendió el brazo para acunarla sobre él.

—Permíteme.

La acomodó con cuidado.

Pasó un brazo por debajo de la almohada y la atrajo contra su pecho.

Su cuerpo pequeño encajaba perfectamente contra el suyo  —¿Estás cómoda?

Lux apoyó la mejilla sobre su torso.

—Estás calentito…  El lobo casi se desmaya de entusiasmo.

—¡Ya verás lo calentito que podemos llegar a ser!

Conall frunció el ceño mentalmente.

La rodeó con más firmeza, pero sin apretar.

Su respiración empezó a sincronizarse.

—¿Conall?

—¿Sí?

—Gracias por no castigarme.

Algo se rompió suavemente dentro de él  —Nunca voy a castigarte.

Ella se quedó callada.

Al cabo de unos minutos, su respiración se volvió profunda y regular.

Dormida.

Todos permanecieron despiertos.

Sentía el peso ligero de su cuerpo sobre el suyo.

El calor.

El olor  Protección.

Deseo.

Miedo.

—¿Qué me pasa con esta chica?

—susurró para sí  —Te gusta —respondió el lobo, sin burlas esta vez.

—No puedo permitírmelo.

—Ya lo estás haciendo.

Conall había entregado su alma por venganza.

Había renunciado a sentir.

Y, sin embargo, ahí estaba.

Abrazando a una chica pelirroja que lo llamaba por su nombre como si no fuera un monstruo.

Como si todavía fuera un hombre.

La estrechó apenas un poco más.

—Estoy maldito —murmuró.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, el vacío no era absoluto  Y mientras Lux dormía acurrucada contra él, Conall comprendió algo peligroso.

Quizás no estaba tan vacío como creía.

Y eso… eso sí podía destruirlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo