Lux de Luna - Capítulo 38
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38: El pasado de Bodolf 38: El pasado de Bodolf Hace veinte años atrás…
——————– Durante días, el Alfa Bodolf había estado haciendo algo que jamás habría admitido en voz alta.
Frecuentar una taberna por una humana.
No enviaba emisarios.
No pedía informes.
Iba él mismo.
Se sentaba en la esquina más oscura, con una jarra en la mano y la mirada fija en la mujer que se movía entre las mesas con una bandeja de madera.
Lilian.
Humana.
Frágil.
Con una risa fácil y una mirada que no se inclinaba ante él como hacían las hembras de su manada.
Eso era lo que lo tenía descolocado.
No lo temía.
Y eso lo irritaba… y lo fascinaba al mismo tiempo.
Aquella noche, después de varios días observándola como un depredador paciente, decidió acercarse.
Se levantó de la mesa con paso firme.
La taberna se quedó en silencio al verlo cruzar el salón.
Algunos humanos apartaron la mirada.
Otros fingieron no verlo.
Lilian no.
—Lilian, tenemos que hablar.
Ella dejó la jarra que estaba sirviendo y se giró con naturalidad.
—¿Qué ocurre, Alfa Bodolf?
No tembló.
No bajó la cabeza.
Él frunció el ceño ligeramente.
—No puedo alejarte de mi cabeza —admitió, directo—.
Tienes algo… que me tiene intrigado.
Lilian arqueó una ceja.
—Vaya… El tono era ligero, casi divertido.
Como si aquello no fuera una confesión peligrosa.
Bodolf dio un paso más cerca.
—Si estás sola… me gustaría invitarte a mi manada.
Ella lo miró con detenimiento.
No era ingenua.
Sabía perfectamente lo que significaba que un alfa hiciera esa propuesta.
—No creo que sea un lugar seguro para una humana.
La respuesta lo obligó a pensar.
Era cierto.
Su manada no era precisamente un jardín de rosas.
Y su Luna no la recibiría con los brazos abiertos.
Bodolf apretó la mandíbula.
—Te llevaré como mi amante —declaró al fin—.
Así nadie podrá hacerte daño.
Hubo un silencio.
—¿Su amante?
—repitió Lilian, con una mezcla de sorpresa y cálculo.
Porque sí.
Calculaba.
Ella llevaba meses ocultando un secreto bajo sus vestidos sueltos.
Un embarazo que no podía mantener mucho más tiempo en las sombras.
El padre… Un secreto que no podía ser revelado.
Alguien que no sabía que había dejado una vida en su vientre.
Lilian observó a Bodolf.
Alfa.
Poderoso.
Protector.
Y ambicioso.
Si aceptaba, su hijo tendría un nombre.
Un rango.
Una oportunidad.
—¿Me protegería de verdad?
—preguntó en voz baja.
—Mientras seas mi amante, nadie se atreverá a tocarte.
Aquella frase selló el trato.
Lilian asintió lentamente.
—Acepto.
Y mientras Bodolf sonreía satisfecho, ella ya estaba diseñando el siguiente movimiento.
Haría pasar a su bebé como hijo del alfa.
No por ambición.
Por supervivencia.
——————— La noticia cayó como una bofetada en la fortaleza de las Sombras Plateadas.
Sobre todo, para su Luna.
—Esto es el colmo.
La voz de la Luna Aria cortó el aire como un látigo.
Acababa de dar a luz a su primogénita.
La pequeña Electra dormía en la cuna junto a la cama, ajena al huracán que era su madre.
Aria estaba pálida, pero no débil.
En sus ojos no había ternura.
Había rabia.
—Mi señora, no creo que sea buena idea que se ponga así… —murmuró la bruja Liz, manteniendo la distancia prudente.
—Ese idiota ha embarazado a su amante —escupió Aria—.
¡Apenas he terminado de dar a luz y ya me humilla de esta manera!
Liz bajó la mirada.
La verdad era otra.
Bodolf no había tocado a Lilian… aún.
Pero los rumores corrían rápidos.
Y el vientre de la humana comenzaba a notarse.
Aria apretó los puños.
—Si llega a ser un varón… estaré perdida.
Porque una hija era adorable.
Pero un hijo varón era heredero.
Y el Alfa Bodolf jamás había ocultado su decepción al recibir una niña.
Liz dio un paso al frente.
—Mi señora… creo que puedo ofrecerle una solución.
Aria levantó la cabeza lentamente.
—Habla.
La bruja dudó un segundo.
—Podemos lanzar una maldición sobre la amante.
Para que… ese bebé, no nazca.
Silencio.
Largo.
Peligroso.
Los ojos de Aria brillaron con un destello oscuro.
—Eso me gusta más.
Se incorporó en la cama con esfuerzo, ignorando el dolor reciente del parto.
—Si esa humana pierde al niño… todo volverá a la normalidad.
Liz carraspeó.
—La magia sobre humanos es inestable.
Podría tener consecuencias.
Aria soltó una risa fría.
—¿Consecuencias para quién?
La bruja guardó silencio.
Aria caminó hasta la cuna.
Observó a su hija unos segundos.
Electra era pequeña.
Delicada.
Inocente.
Y, aun así, no era suficiente.
—No permitiré que otra hembra me arrebate lo que me pertenece —susurró.
Se volvió hacia Liz.
—Prepáralo todo.
———————- En los aposentos que Bodolf había asignado a Lilian, ella observaba el patio desde la ventana.
La manada no la recibía con sonrisas.
Algunas hembras murmuraban a su paso.
Otros la miraban con desprecio abierto.
Pero nadie la tocaba.
Porque el alfa lo había dejado claro.
”Es mía.” La palabra todavía resonaba en su cabeza.
Mía.
Lilian llevó la mano a su vientre.
—Tranquila, mi pequeña Lux de Luna —susurró—.
Mamá sabe lo que hace.
No sabía que, en ese mismo instante, una energía oscura comenzaba a tejerse en las sombras del bosque.
En una cámara oculta bajo la fortaleza, Liz trazaba símbolos en el suelo con polvo de hueso.
Aria observaba, impaciente.
—¿Funcionará?
—Si la energía es suficiente… el embarazo se debilitará poco a poco.
Enfermará.
El cuerpo lo rechazará.
Aria sonrió.
—Perfecto.
Liz comenzó el conjuro.
Las velas parpadearon.
Un viento helado atravesó la habitación sin puertas ni ventanas.
En la torre, Lilian sintió un escalofrío.
Se abrazó a sí misma.
—Qué raro… Una punzada cruzó su vientre.
Breve.
Aguda.
Se apoyó en la pared.
Respiró hondo.
—No… todavía no.
Pero la sensación desapareció tan rápido como había llegado.
Abajo, Liz frunció el ceño.
—Algo… la está protegiendo.
La maldición no está funcionando como debería.
—¿Protegiendo?
—Aria dio un paso hacia ella—.
¿Qué significa eso?
—Hay una energía… antigua.
No es humana.
No es completamente cambiaformas tampoco.
Aria palideció un segundo.
—Imposible.
Pero no lo era.
Porque los padres del bebé no eran ni lobos, ni humanos…
Y la sangre que corría por ese vientre no era débil.
Liz intentó reforzar el hechizo.
El símbolo central se quebró con un chasquido seco.
Una de las velas explotó.
Aria retrocedió.
—¿Qué estás haciendo?
—La criatura… se resiste.
La Luna apretó los dientes.
—Entonces prueba algo más fuerte.
Liz tragó saliva.
—Si forzamos la magia… podría volverse contra nosotros.
Aria la miró con una frialdad absoluta.
—Hazlo.
Porque si había algo que Aria no soportaba, era perder.
Y si ese bebé nacía… Si resultaba ser varón… Su posición como Luna estaría en peligro.
Y Aria no era una mujer que supiera retirarse con dignidad.
Prefería arrasar.
Mientras tanto, en lo alto de la torre, Lilian volvió a sentir el escalofrío.
Pero esta vez, junto con él, una calidez extraña recorrió su vientre.
Como si algo… o alguien… estuviera respondiendo.
Protegiendo.
Ella sonrió apenas.
—Eso es, pequeña.
Aguanta.
No sabía que ya había comenzado una guerra silenciosa por la vida que llevaba dentro.
Y en las Sombras Plateadas, cuando comenzaban las guerras… rara vez terminaban sin sangre.
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