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Lux de Luna - Capítulo 4

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4: Intrigas 4: Intrigas Esa misma noche, el comedor de la casa de la manada Sombras Plateadas estaba envuelto en un silencio incómodo.

Las velas ardían con una luz cálida que contrastaba con la frialdad que se respiraba en la mesa principal.

Bodolf apenas había probado la comida.

Su mandíbula estaba tensa, los hombros rígidos, y sus dedos se cerraban con demasiada fuerza alrededor de la copa de vino.

Aria, su Luna, lo observaba desde el otro extremo de la mesa.

Conocía a su alfa mejor que nadie.

—Te he notado muy callado durante la cena —comentó finalmente, con voz suave—.

¿Va todo bien?

Bodolf alzó la mirada lentamente.

En sus ojos oscuros no había calma alguna.

—No —respondió con aspereza—.

Todo va mal.

Aria dejó los cubiertos a un lado.

—¿Qué ocurre?

El alfa bebió un largo trago antes de hablar.

—Hemos recibido información sobre una nueva estrategia del alfa Conall respecto al bloqueo del comercio con el Norte.

El gesto de Aria se endureció.

—Ese muchacho es un gran problema.

—Lo sé —gruñó Bodolf.

Durante un instante, ambos guardaron silencio.

La tensión entre ellos era palpable, espesa como una tormenta a punto de estallar.

—¿Y qué piensas hacer?

—preguntó ella—.

¿Tienes un plan?

Una sonrisa lenta, peligrosa, se dibujó en los labios del alfa.

—He oído que está buscando a una amante.

Aria se quedó inmóvil.

—¿Una amante?

—El joven Conall aún no ha encontrado a su pareja destinada —explicó Bodolf—.

Así que busca a alguien que haga las funciones de Luna… hasta que aparezca la suya.

Los ojos de Aria brillaron con un destello calculador.

—Interesante.

Bodolf la observó con atención.

—¿Tienes algo en mente?

Ella sonrió con serenidad.

—Por esa razón soy tu Luna, mi querido alfa.

Porque sé ver más allá.

Bodolf apoyó los antebrazos sobre la mesa.

—Explícate.

—Creo que ha llegado el momento de invitar a nuestro querido alfa Conall a pasar unos días en nuestra manada.

El estallido fue inmediato.

—¡¿Acaso te has vuelto majadera, mujer?!

—rugió Bodolf, poniéndose en pie.

Aria no se inmutó.

—Haremos que el alfa Conall quiera llevarse consigo a nuestra querida y adorada hija, Electra.

Bodolf la miró con incredulidad.

—¿Perdona?

¿Quieres que entregue a mi única hija válida a mi enemigo?

Aria ladeó la cabeza.

—No lo entiendes, ¿verdad?

Necesitamos a alguien de confianza que pueda infiltrarse en esa manada.

El alfa volvió a sentarse lentamente.

La ira dio paso a la reflexión… y luego a la ambición.

—Visto así —murmuró—, no es tan mala idea.

—¿Cuándo tengo malas ideas, cariño mío?

Bodolf sonrió con crudeza.

—Si Electra consigue información de calidad, puede que al final termine por adueñarme del Norte.

Aria alzó su copa de vino.

—Brindemos por eso.

Bodolf frunció el ceño de pronto.

—¿Y cómo lo haremos?

Conall no querrá venir.

La sonrisa de Aria se volvió venenosa.

—Usaremos la excusa de la presentación en sociedad de tu mestiza bastarda.

—¿Qué dices?

—En unos días, Lux, cumplirá su mayoría de edad —continuó ella—.

Es perfecto para organizar una gran fiesta.

La presencia del rey será la excusa perfecta para que asistan los alfas de las doce manadas.

Bodolf apretó los dientes.

—Hubo un tiempo en que éramos quince… hasta que ese malnacido de Conall se adueñó del Norte.

—Por eso ahora es el alfa con más poder del reino, después de la familia real —remató Aria—.

¿Qué mejor que nuestra pequeña Electra logre seducirlo y convertirse en la Luna del Norte?

La expresión de Bodolf se volvió inquietante.

El poder siempre había sido su prioridad.

Incluso por encima de sus propias hijas.

—————————————————————————————————— Un par de días después, en la manada Escarcha Feroz, el ambiente no era menos tenso.

—¡No pienso asistir y fin de la discusión!

—rugió Conall.

Raunak dio un paso adelante.

—Alfa… —He dicho que no.

Es una orden directa.

Conall sostenía la invitación en la mano: la celebración del decimoctavo cumpleaños de la bastarda de su enemigo.

Leo carraspeó.

—Si se me permite una acotación… Conall le lanzó una mirada desafiante.

—Habla.

—Entiendo que no sea de tu agrado —dijo Leo—, pero el rey y el príncipe heredero serán los invitados de honor.

Conall cerró los ojos un segundo.

—¡Maldición!

—Lo sé —respondió Leo con calma.

Desde que se había proclamado alfa del Norte, Conall no había vuelto a reunirse con los demás alfas.

—Raunak —ordenó—, investiga todo lo relacionado con las verdaderas intenciones de Bodolf.

No creo que esto sea solo una presentación.

—A la orden, mi alfa.

El silencio cayó sobre la estancia.

Y, sin saberlo, ambos mundos acababan de ponerse en marcha hacia una colisión inevitable.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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