Lux de Luna - Capítulo 47
- Inicio
- Todas las novelas
- Lux de Luna
- Capítulo 47 - Capítulo 47: Mi compañera, mi otra mitad
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 47: Mi compañera, mi otra mitad
El suspiro de Lux le rozó la piel como una chispa.
—Alfa… te necesito…
Su voz era suave, temblorosa, pero cargada de algo que no admitía dudas. Conall sintió cómo el pecho se le comprimía, cómo el aire se volvía espeso a su alrededor.
—Puedo sentir tu calor, Alfa —continuó ella, con los labios entreabiertos—. Mi cuerpo te necesita.
El lobo dentro de él rugió, empujando, exigiendo. Conall presionó la mandíbula, aferrándose al último hilo de control que le quedaba.
—No te besaré —dijo con voz grave, tensa—, a menos que me lo pidas.
Lux alzó la mirada, los ojos brillantes, húmedos, llenos de una certeza que lo desarmó.
—¿Recuerdas? —añadió él, casi como un ruego.
Ella no dudó.
—Hazlo.
Eso fue todo. No hubo marcha atrás.
Conall se inclinó y aplastó sus labios contra los de ella en un beso ardiente, devorador, cargado de hambre y contención rota. No fue delicado, pero tampoco torpe. Fue un beso que decía que te resistió demasiado. Lux gimió suavemente, aferrándose a su camisa como si temiera caer si lo soltaba.
Cuando terminó el beso, ambos se quedaron inmóviles, respirando con dificultad. Sus frentes casi se tocaban. El mundo, efectivamente, parecía haber sido detenido.
—Alfa… —la voz de Raunak irrumpió como una cuchillada—. Si aún puedes escucharme, sabes que esto es un error.
Conall no apartó la mirada de Lux.
—Si la tomas en celo —insistió el beta, con desesperación—, no podrás contenerte. Terminarás marcándola.
El lobo se adelantó, orgulloso, feroz.
—¡Ella es mi compañera! —rugió Conall con sus ojos encendidos en un rojo intenso.
— Y al fin lo dijo. —proclamó su lobo.
Conall cerró los ojos un segundo, sintiendo cómo esa verdad se le clavaba en el pecho. Lux lo miró, con una sonrisa temblorosa, y susurró:
—Conall… soy tuya. —susurró Lux.
Raunak dio un paso adelante, sin saber ya qué más hacer.
—Alfa, ella terminará matándonos a todos… y lo sabes.
No hubo más palabras.
Conall la levantó en brazos con una facilidad que arrancó un jadeo a Lux y la sostuvo contra su pecho, protectora, posesivamente. Se giró y caminó hacia su habitación sin mirar atrás, ignorando las miradas tensas, los murmullos, las advertencias.
Esta batalla, al menos esta, ya estaba perdida.
Mientras tanto, en la habitación de Leo, el ambiente era completamente distinto.
Leo estaba tendido en la cama, la piel caliente, el pulso acelerado, la cabeza dándole vueltas como si hubiera corrido durante días sin detenerse. El mundo parecía balancearse peligrosamente a su alrededor.
—Deja que te ponga el paño húmedo en la frente —dijo Sabine con firmeza, acercándose.
—Estoy bien —gruñó él, aunque incluso a sus propios oídos sonó falso.
—No lo estás —replicó ella sin rodeos—. Beta Raunak me ha pedido que cuide de ti.
Leo giró la cabeza, incómodo.
—Tú no quieres hacer esto.
Sabine suspiro mientras acomodaba el paño.
—No tengo opción. He jurado lealtad al Alfa Conall y ahora, pertenezco a esta manada.
El silencio se volvió pesado. Leo tragó saliva, con la culpa enredándole el estómago.
—Va a matarme… —murmuró.
Sabine lo miró con más cansancio que reproche.
—Entiendo que no pudiste controlarlo.
—Eso no será suficiente para que el Alfa me perdone —dijo él, con amargura.
Ella negó despacio.
—Ninguno estaba preparado para esto, gamma. No creo que lo hayas hecho a propósito.
Leo apretó los puños, frustrado.
—¡Claro que no! —exclamó—. Nunca lo habría pensado siquiera. No sé qué me ha pasado.
—Hanna lo está investigando —respondió Sabine, algo más tranquila—. Ella lo resolverá.
Se sentó al borde de la cama, regresando a acomodar el paño con cuidado.
—Mientras tanto, debes quedarte aquí y dejar que te atienda.
Leo la observó, notando el ceño fruncido, la rigidez en sus hombros.
—Lo siento…
Sabine alzó una ceja.
—No es conmigo con quien debes disculparte. Solo soy una criada.
Él la miró con intensidad, como si esas palabras le dolieran más que la fiebre.
—Yo no te veo así, Sabine.
Ella se quedó quieta un segundo, sorprendida. Luego apartó la mirada, finciendo concentrarse en su tarea, aunque el gesto se le había suavizado apenas.
Fuera, la manada contenía el aliento.
Dentro, dos destinos se tensaban peligrosamente.
Y nadie sabía aún cuál sería el precio final de ese celo desatado.
——————–
El agua fría caía con fuerza en la bañera, rompiendo el vapor que empezaba a elevarse desde la piel ardiente de Lux. El contraste la hizo estremecerse, pero no logró apagar el fuego que la consumía por dentro.
—Está fría… —se quejó, con la voz temblorosa.
—Lo sé —respondió Conall con la mandíbula tensa—. Tiene que estarlo.
Lux lo miró, con los ojos vidriosos, brillantes, llenos de una necesidad que no sabía nombrar. No entendía del todo lo que le ocurría, solo sabía que su cuerpo reclamaba algo… oa alguien.
—No quiero sentir frío —murmuró—. Quiero sentirte a ti, tu calor.
Conall cerró los ojos un segundo. Solo uno. Como si así pudiera contener todo lo que rugía dentro de él.
—Tenemos que frenar esto —dijo con voz grave—. Si no lo hacemos ahora, no habrá vuelta atrás.
—¿No te gusto? —preguntó ella, casi herida.
Eso fue un golpe bajo. Muy bajo.
Conall dejó escapar una risa amarga, sin humor alguno.
—No es eso, Lux… —se pasó una mano por el rostro—. Es precisamente eso lo que me asusta.
Con cuidado, con una delicadeza que contrastaba con su tamaño y su fama, comenzó a ayudarla a quitarse la ropa empapada. No había prisa en sus gestos, solo contención. Demasiada contención.
—¿Me deseas? —preguntó ella de nuevo, incapaz de detenerse.
—Mucho —admitió al fin, casi como una confesión que le arrancaban—. Más de lo que debería.
Lux tragó saliva.
—Entonces… ¿por qué no me tomas?
Conall se quedó inmóvil.
— ¿Quieres que tu primera vez sea así? —preguntó en voz baja—. ¿Arrastrada por el celo, sin elegir realmente?
Ella frunció el ceño, confundida. El calor le nublaba la cabeza, le hacía difícil pensar.
—Me duele… —susurró—. Me quema por dentro.
El sonido de su voz, tan vulnerable, tan honesta, lo atravesó como una cuchilla.
—Lo sé —respondió él, acercándose un poco más—. Por eso estoy aquí.
—Me prometiste cuidarme…
Eso terminó de romperlo.
Conall apoyó las manos en el borde de la bañera, inclinándose lo justo para mirarla a los ojos.
—Si por mí fuera… —calló a tiempo—. No importa. Si quieres, puedo ayudarte a que pase. Solo eso.
Lux lo miró como si él fuera lo único sólido en un mundo que se le deshacía.
—Haz lo que quieras conmigo, Alfa —dijo sin malicia, sin estrategia—. Confio en ti.
No “soy tuya”.
No “tómame”.
Confío en ti.
Conall apretó los dientes.
—No —respondió con firmeza, obligándose—. No porque seas mía… sino porque mereces algo mejor que esto. Tú quieres a tu príncipe.
—Yo ahora te quiero a ti —replicó ella con sencillez—. No pienso en nadie más.
El lobo dentro de él rugió, exigiendo salir, reclamando, empujando.
— Es ahora. Reclámala. Hazla nuestra.
—Déjame que me ocupa de esto, lobo.
— O lo haces tú, o lo hago yo. Tú eliges. —sentencia su bestia que no podía parar de presionar para que él la tomara y la marcara.
Conall cortó el vínculo mental con brutalidad. Necesitaba silencio. Necesitaba ser él.
—Dime qué sientes —pidió, con voz baja—. Ayúdame a ayudarte.
Lux respiraba agitada.
— Me palpita allí abajo…
Conall intentó respirar para calmar su deseo de poseerla ahí mismo en la bañera.
— ¿Dónde quieres que te toque?
Lux bajó su mano para apoyarla en su núcleo.
—Es aquí… —murmuró, señalando sin vergüenza—. Tarde… sin párr.
Conall admitió lentamente.
Él sumergió su mano derecha encaminándola a la zona sensible de Lux.
— ¿Aquí?
Lux se sonrojó cuando sintió el pulgar de Conall sobre su núcleo.
— Sí… parece que está hinchado.
— Lo puedo notar.
Conall pasó su pulgar en círculos sobre el clítoris hinchado de Lux.
—¡Ah! —Lux dejó escapar un gemido placentero que hacía que Conall intensificara más su roce.
Un escalofrío la recorrió haciendo que abriera más sus piernas para dejarle un mejor acceso a su delicioso alfa.
— ¿Quieres mis dedos allí dentro? —provocó Conall.
— Sí… por favor, Conall. —suplicó Lux.
Las fosas nasales de Conall se ensancharon al escuchar el suave sonido de la súplica de Lux pronunciando su nombre.
—De acuerdo —dijo—. Solo para aliviarte. Nada más.
—¡Por favor, Conall! Necesito…
— Necesitas a tu Alfa. — Terminó él con un tono intenso que sonaba una promesa.
— Sí, te necesito.
— Oh, pequeña. Lo sé…
Conall se arrodilló frente a ella, concentrado, como si desactivara una bomba. Cada gesto era medido, cada movimiento contenido. Lux se aferró al borde de la bañera, cerrando los ojos cuando un escalofrío la recorrió de pies a cabeza.
—Así…? —preguntó él, atento a cada reacción.
Sus dedos eran horribles y logró introducirle dos para no lastimarla, mientras el agua se mezclaba con sus propios deseos.
—Sí… —respondió ella con un hilo de voz—. Eso ayuda…
El aire entre ellos se volvió denso, cargado. Lux jadeaba suavemente, y Conall sintió cómo su autocontrol se resquebrajaba con cada sonido.
—Lux… —gruñó, advirtiéndose a sí mismo—. No sé cuánto más podría…
—¡Más fuerte!
— Joder, Lux… no sé si puedo controlarme.
— No lo hagas…
— No quiero lastimarte.
—Nunca lo harías. Me lo prometiste.
— ¡Maldición!
—No me dejes —susurró ella—. No ahora.
Eso fue demasiado.
Conall el alzó de la bañera con cuidado, envolviéndola en sus brazos como si fuera algo precioso, algo frágil. La llevó hasta la cama y la acomodó con suavidad, apartando el cabello húmedo de su rostro.
—Mírame —ordenó con voz grave.
Ella obedeció.
— Necesitas ser reclamada ¿verdad?
— Sí, mi Alfa…
— Entonces te llenaré y fecundaré hasta que este coño necesitado tuyo esté satisfecho.
El resto… quedaría entre sombras, decisiones y consecuencias que ninguno de los dos estaba preparado para afrontar.
Me gustaría conocer todas vuestras opiniones. Espero, de corazón, que os esté gustando. Toda piedra de poder ayuda a llegar a más lectoras. ¡¡¡¡Gracias!!!!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com