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Lux de Luna - Capítulo 48

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  4. Capítulo 48 - Capítulo 48: La marca de Conall
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Capítulo 48: La marca de Conall

—Sí, Alfa. Lo quiero todo. —suplicó Lux.

— Estoy intentando mantener mi racionalidad, pero ya no puedo más. Voy a follarte y a calmar tu dolor, Lux. —sentencia Conall sin importarle las consecuencias de sus actos.

Lux buscando deseosa, su corazón latiendo con un ritmo frenético mientras sentía el ardiente cuerpo de Conall presionándose contra ella. Su piel vibraba con cada roce, y una oleada de deseo la envolvía, llevándola a un lugar donde solo existía la atracción palpable entre ellos.

—Puedo oler tu excitación, Lux, y me estoy volviendo loco —susurró él, su voz baja y cargada de promesas que encendían aún más su ardor interno. Lux sintió cómo sus mejillas se encendían al escuchar esas palabras; era un reconocimiento de su deseo que la hacía sentir vulnerable y poderosa a la vez.

—¡Quiero que me tomes! —la súplica brotó de sus labios como una invitación irresistible. En el fondo, sabía que lo deseaba intensamente, quería entregarse por completo a ese momento, dejarse llevar por la corriente de su propia entrega.

Conall no esperó más. Se acercó, su rostro a escasos centímetros del suyo, y esa proximidad la hizo temblar. Lux podía percibir la calidez de su aliento en su piel, cada inhalación se volvía un eco de su propio deseo. La tensión entre ellos se electrificó, y con un movimiento decidido, él vendió la distancia. Su boca se estrelló contra la de Lux, tragando sus gemidos por sorpresa, fusionando sus deseos en un beso apasionado que decía más que mil palabras.

Ella se sumergió en la intensidad del momento, abandonando cualquier reserva. Su cuerpo respondía instintivamente a la demanda de Conall, un fuego que crecía descontrolado en su interior. Deseaba ser cuidada, reclamar lo que era suyo, y ser parte de esa conexión ardiente que los consumía. Era un viaje hacia lo desconocido, y Lux estaba lista para dejarse llevar, para abrir su corazón y su alma, entregándose a la tormenta de sensaciones que ambos habían desatado.

—No tienes idea de lo que me has pedido, pequeña.

Lux enredó sus dedos en la oscura melena de Conall mientras él la besaba con un hambre feroz y devoradora.

Su lengua se sumergió, pasando por sus labios, acariciándola de manera posesiva lo que provocó que Lux se arqueara hacia él.

Una de las manos de Conall se curvó en la larga cabellera roja de Lux, tirando su cabeza hacia atrás mientras saqueaba su boca.

La otra, la deslizó hacia abajo, presionando contra su vientre de manera voraz.

—¡Ah! —Lux abrió sus ojos cuando volvió a sentir los dedos de Conall dentro de ella.

Conall los movía, retorcía y pellizcaba, frotando con intensidad y sumergiéndolos en el húmedo sexo de su pequeña.

— Lux, estás muy mojada.

— ¿Eso está bien? —preguntó incrédula.

— Eres perfecta.

No había nada suave en sus movimientos, mientras sus dedos se curvaban, maltratando ese punto justo dentro de ella que la hizo explotar por primera vez en su vida

—¡Ahhhh! —Lux sintió su liberación, al igual que Conall.

Cuando ella comenzó a tener espamos, él abandonó sus dedos para lamer su preciada miel.

—Deliciosa. —sentencia mientras se chupaba los dedos.

— ¡Necesito más! —El calor que invadía a Lux estaba lejos de terminar.

— Lo sé, pequeña.

El calor que invadía a Lux era una presión suave y constante, como un abrazo que no podía escapar. Conall la miraba con intensidad, incapaz de ignorar el deseo que hervía entre ambos. Se apartó un momento, sus movimientos fluidos en su imperfección, mientras se despojaba de sus ropas. Al regresar a su lado, la piel de ambos se tocó, creando una chispa eléctrica que los unía aún más.

—Ya estás estimulada —susurró, su voz cargada de una promesa embriagadora—. Te prometo que seré lo más cuidadoso posible dentro de mis posibilidades.

Con cada palabra, Conall sintió el peso de su propia historia. Era un hombre acostumbrado al desenfreno, un salvaje en el lecho de otras mujeres, donde la pasión era efímera y sin ataduras. Pero con Lux, todo cambiaba. La culpa se asomaba a su pecho, un recordatorio de cómo había tratado a los demás, y ella merecía más que eso.

No quería lastimarla; no podía arriesgarse a romper lo que tenían. Lux era su todo, y quería ser el caballero que ella merecía. Las sombras de su pasado se alejan lentamente, iluminadas por la luz pura de lo que podia llegar a ser su futuro juntos.

Lux abrió sus ojos como platos, cuando vio por primera vez el miembro de Conall.

— ¡Por el Reino Sagrado! ¿Qué es eso?

Conall sonrió.

— Algo que quiero darte y que, si te gusta, será tuyo para siempre…

—Es muy grande. —Lux se impacientó.

— Shuuu, pequeña. No temas, yo cuidaré de ti.

Y entonces, Conall mordió la piel tierna donde el cuello de Lux se unía con su hombro.

— ¡Ay! —Lux gritó por la repentina mordida de Conall.

— Pequeña quiero avisarte que nos aparearemos y, cuando lleguemos a ese punto clave, voy a marcarte.

— ¿Marcarmé? —Lux miró confundida a Conall.

—Pienso reclamarte, Lux. Eres mi compañera destinada y no me importan las consecuencias.

—¿Compañera? ¿Somos compañeros?

—Sí, y serás mía para siempre.

Después de la advertencia, Conall levantó las caderas de Lux, posicionando su gran miembro venoso y grueso en la entrada de su pequeña y húmeda abertura.

— Conall… —exclamó Lux, sumida en su estado febril, sus ojos brillando con deseo.

—Eres mía, Lux. —La voz de Conall se tornó profunda mientras sus labios encontraban el delicado hueco de su cuello, succionando con fervor. Cada toque lo hacía perderse en una vorágine de sensaciones, a medida que se introducía en ella, enfrentándose a la resistencia apasionada de su cuerpo.

—¡Ahhh! —las uñas de Lux se clavaron en su espalda, un grito que resonó en la habitación y descendió aún más el fuego entre ellos.

—¡Joder, Lux! Esto está sucediendo… —susurró, la intensidad del momento llenando el aire.

— ¡Ay! —su cuerpo se retorcía, atrapado entre el dolor y una explosión de placer desconocido, mezclando instinto y necesidad en una danza ardiente.

Se mezclaba el placer y el deseo con un fuerte dolor que se asemejaba a una gran espada que la estaba partiendo en dos.

— Eres tan estrecha, tan pequeña, tan cálida… —Conall susurraba en su oído mientras se introducía más profundamente en ella.

— ¡Duele!

— Lo sé, lo siento. Aguanta pequeña, ya pasará.

Conall se descontroló un poco ya que él estaba acostumbrado a follar por el mero hecho de saciar su deseo y nada más.

Aunque estaba intentando aminorar sus movimientos, no lo logró con total nivel de aceptación.

—¿Quieres que pare?

—No. —Se apresuró a contestar Lux entre gemidos. —¡Quiero más!

En el momento en que Lux se acostumbró a sus embestidas, Conall la clavaba con un ritmo castigador, tirando de su cabeza hacia atrás y dejando su cuello expuesto a su boca.

—Dime que estás bien, dime que te gusta.

— El dolor sigue, pero es tan delicioso… Conall…

Conall la embestía, cada movimiento más profundo que el anterior, sintiendo cómo su pequeño cuerpo se estremecía bajo sus caricias. La pasión entre ellos crecía, y en ese instante, él se dio cuenta de que estaba a punto de llevarla a su liberación.

— Si tengo que morir, que sea por ella… —pensó, con el corazón latiendo desbocado en su pecho, una mezcla de deseo y peligro bailando en sus venas.

Conocía las reglas de su existencia, la maldición que acechaba en la sombra de su ser. En el momento en que la marcara, el reloj comenzaría su implacable cuenta regresiva, y el licántropo que habitaba dentro de él se apoderaría de su cuerpo, anhelando salir a la luz. Pero, en esos instantes de conexión ardiente, nada parecía importarle más que ella. La fuerza de su deseo lo mantenía anclado a la realidad, incluso cuando los instintos salvajes comenzaban a despertar.

La temperatura del aire se volvió electrizante; cada roce, cada susurro, era un desafío a su humanidad. Pero, más allá de la lucha interna, lo que realmente le importaba era el brillo de satisfacción en sus ojos, y el eco de su risa resonando en su alma.

Sin poder soportarlo más, Conall la mordió fuerte, sus colmillos perforaron la delicada piel de Lux haciéndola gemir con un grito desgarrador…

— ¡Ayyy! —el dolor que sentía no se asemejaba a nada que hubiera experimentado antes…

Pero de inmediato, Lux sintió como una nueva energía recorría dentro de ella haciéndola pedir más…

—¡Más fuerte, mi Alfa! —reclamó, mientras agarraba el pelo de Conall y lo empujaba hacia su cuello. —¡Ahhh! —Lux no podía extasiarse del poder de esa marca. Ella quería más… mucho más.

Conall también se sumergió en el frenesí de placer y deseo descontrolado, clavándola más profunda y mordiendo su cuello hasta hacerle sangre.

Justo antes de que ambos encontraran su liberación, se miraron fijamente a los ojos…

— ¡Compañera!

Ella sonrío con malicia contestando con soltura.

— ¡Compañero!

Y en una última embestida majestuosa, Conall se vino dentro de ella con un rugido y el núcleo de Lux se apretó alrededor de él para ordenar cada última gota de su semen mientras también llegaba a su liberación.

— ¡Ahhh! Ahora eres mi compañera, mi otra mitad. Ahora eres mía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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