Lux de Luna - Capítulo 5
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: El Norte no se inclina 5: El Norte no se inclina La invitación seguía sobre la mesa.
Conall no la había movido desde que Raunak salió del despacho.
El pergamino, sellado con el emblema de la manada Sombras Plateadas, parecía una provocación silenciosa.
Un recordatorio de que, por mucho que hubiera unificado el Norte, el resto del reino no había olvidado quién era… ni contra quién se había alzado.
Se levantó de su asiento y caminó hasta la ventana.
Desde allí, la fortaleza de Escarcha Feroz se extendía como una bestia dormida entre la nieve.
Antorchas encendidas.
Guardias apostados.
Murallas gruesas, marcadas por cicatrices de guerras antiguas.
Aquello no era un palacio.
Era un bastión levantado con sangre y necesidad.
—Quiere arrastrarme a su terreno —murmuró.
Su lobo se agitó en su interior, inquieto.
No con furia, sino con advertencia.
Conall sabía leer esas señales.
No eran impulsos salvajes; eran instintos afinados por la supervivencia.
Y todo en su interior le decía que aquella invitación no era una simple celebración.
Era una trampa.
—No iría si no estuviera obligado —dijo en voz baja.
El problema era precisamente ese.
El rey asistiría.
El príncipe heredero también.
Y cuando la corona se movía, los alfas no tenían elección.
Conall cerró los ojos un instante.
El Norte nunca se había inclinado ante nadie… pero él sí había aprendido a doblarse lo justo para no quebrarse.
Había tenido que hacerlo cuando las manadas caían una a una.
Cuando la hambruna obligaba a elegir quién comía y quién no.
Cuando sobrevivir significaba cargar con decisiones que otros no soportaron.
Había sido joven.
Demasiado joven.
Y aun así, el peso había caído sobre él.
—No pienso entregarles el control del Norte —dijo con firmeza.
La puerta se abrió sin anuncio.
—Sabía que seguirías despierto.
Leo entró despacio.
Su presencia no era invasiva; nunca lo había sido.
A diferencia de otros, no necesitaba imponerse para ser escuchado.
—¿Desde cuándo te preocupa mi horario?
—replicó Conall sin girarse.
—Desde que cargas con demasiadas cosas tú solo —respondió el gamma.
Conall lo miró entonces.
—Habla.
Leo se apoyó contra la pared, cruzando los brazos.
—Si Bodolf te invita, no es por cortesía.
Y menos usando a su bastarda como excusa.
—Lo sé.
—Entonces no es solo una provocación política —continuó—.
Es algo más personal.
Conall apretó la mandíbula.
—Ese alfa no hace nada sin calcular cada consecuencia.
Leo asintió.
—Y su luna tampoco.
El nombre no fue pronunciado, pero ambos pensaron en ella.
Aria.
—Esa mujer es peligrosa —añadió Leo—.
No ataca con fuerza.
Ataca con ideas.
Conall volvió la vista hacia la invitación.
—Una fiesta.
Música.
Alfas reunidos.
El rey observando.
—Un tablero perfecto —dijo Leo—.
Y Bodolf mueve bien las piezas.
El silencio se cargó de tensión.
—Hay algo más —añadió el gamma tras una pausa—.
Algo que no me gusta.
Conall alzó la mirada.
—Dilo.
—Electra.
El nombre flotó entre ellos.
—La hija legítima —continuó Leo—.
No la bastarda.
No es casualidad que esté en edad de ser presentada ahora.
Conall entrecerró los ojos.
—Está buscando un enlace.
—O un peón —corrigió Leo.
Conall sintió un leve estremecimiento.
No de deseo.
De rechazo.
—No necesito una luna de conveniencia —dijo con frialdad.
—Bodolf no necesita que la quieras —replicó Leo—.
Solo que la lleves contigo.
La idea se asentó como veneno.
Conall se giró de golpe.
—No usaré a nadie como moneda.
—Lo sé —respondió Leo—.
Pero él sí lo hará.
El lobo de Conall gruñó en su interior.
No por amenaza externa, sino por la idea misma de aquel juego.
—No permitiré que infiltre el Norte —dijo con voz dura—.
Ni con espías, ni con hijas, ni con sonrisas falsas.
Leo lo observó con atención.
—Entonces tendrás que ir preparado para algo más que política.
Conall respiró hondo.
—Ir preparado es lo único que sé hacer.
Se volvió hacia la ventana una vez más.
En algún lugar, lejos de allí, existía una vida que no formaba parte de aquel juego… y sin embargo, estaba en el centro de todo.
No sabía por qué ese pensamiento regresaba una y otra vez.
No tenía nombre.
No tenía rostro claro.
Solo una sensación persistente.
Fragilidad.
Resistencia.
Una chispa que no debería sobrevivir… pero lo hacía.
Conall frunció el ceño, molesto consigo mismo.
—Concéntrate —se ordenó.
El Norte dependía de él.
Las manadas dependían de él.
No podía permitirse distracciones.
Ni presentimientos.
—Iremos a Sombras Plateadas —dijo finalmente—.
Pero no como invitados ingenuos.
Leo sonrió apenas.
—Sabía que dirías eso.
—Observaremos —continuó Conall—.
Escucharemos.
Y si Bodolf cree que me tiene acorralado… Sus ojos oscuros brillaron con una promesa peligrosa.
—Aprenderá que el Norte no se inclina.
Leo inclinó la cabeza.
—Entonces empezaré a preparar el terreno.
Cuando el gamma se retiró, Conall quedó solo una vez más.
Tomó la invitación y la observó con detenimiento.
Una fiesta.
Una bastarda.
Un rey observando.
Y demasiados intereses cruzándose en un mismo punto.
—Sea lo que sea que estás planeando —murmuró—, no te saldrá gratis.
Conall ha tenido que hacer para conseguir la victoria para sus manadas.
No todos los cambiaformas, estaban a favor de la unificación y se rebelaron contra él.
Fueron tiempos difíciles, pero Conall nunca desistió de su plan y, aunque ha tenido que enfrentar un camino muy duro, consiguió vencer a sus enemigos.
Y muy lejos de allí, en una habitación fría y silenciosa, una muchacha dormía sin saber que su nombre pronto sería pronunciado en salas de poder.
El destino ya estaba en marcha.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com