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Lux de Luna - Capítulo 59

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Capítulo 59: Los protectores (Primera parte)

En el presente…

Conall frunció el ceño, claramente molesto. Sus brazos se cruzaron sobre el pecho y su postura se volvió más rígida, defensiva.

¿De verdad conocías toda esta historia? —replicó, con un tono áspero que no intentó suavizar—. ¿Y nunca dijiste nada?

—Sé que el rey quería unir a su única hija con mi padre —continuó Zeta—. Yo era pequeño, pero recuerdo bien lo que se decía en el Gran Palacio Real. La hija del Rey Lucius desapareció de la noche a la mañana… y él enloqueció hasta perder la vida.

—Eso es… una versión bastante resumida —admitió Hanna—, pero sí. No vas desencaminado.

—¿Y qué tiene que ver todo eso con Lux? —preguntó Conall, aunque en el fondo ya empezaba a intuir la respuesta.

Hanna lo miró directamente a los ojos.

—Lilian se escapó —dijo con calma—. Huyó del Reino Sagrado hacia el continente de los cambiaformas para mezclarse entre vosotros y pasar desapercibida. Necesitaba desaparecer. Necesitaba proteger lo que llevaba en su vientre.

Conall sintió un nudo en el estómago.

—Ahí fue donde conoció al Alfa Bodolf —continuó Hanna—. Se unió a su manada como su amante.

Zeta apretó los dientes.

—¿Entonces…?

—Lilian ya estaba embarazada de Lux cuando huyó del Reino Sagrado —sentencia Hanna.

El silencio cayó como una pérdida.

—¿Y el verdadero padre de Lux? —preguntó Conall al fin, con voz baja.

Hanna desvió la mirada apenas un segundo.

—No tengo permiso para hablar de él. Su identidad está protegida.

Conall soltó una risa incrédula, sin humor alguno.

—Esto es una locura —murmuró—. Si ella es una sanadora… ¿cómo demonios es posible que nosotros sintamos el vínculo de pareja con ella?

—Justamente de eso quería hablaros a los dos —dijo Hanna, incorporándose un poco—. Llevo muchos años esperando a que Lux regresara a mí. A que despertara. Poder instruirla en sus poderes y devolverla al Reino Sagrado.

—Un momento —gruñó Zeta.

Conall y Zeta se tensaron al mismo tiempo, como dos bestias que reconocen una amenaza común.

—Lux no irá a ningún lado —dijo Conall con voz firme, autoritaria—. No mientras respiras.

—A ver —replicó Hanna, cruzándose de brazos—. Conall, mírala con honestidad. Ella no pertenece aquí. ¿Habéis visto alguna vez a una sanadora viviendo en una manada de lobos?

Ambos negaron en silencio, a regañadientes.

—Entonces aún nos debes una explicación —intervino Zeta—. Lo del vínculo. Porque esto no es normal.

Hanna asintió lentamente.

—Cada sanadora —comenzó— nace con dos protectores destinados.

—Protectores? —repitió Conall, con una mezcla de desconfianza y burla—. ¿Eso qué se supone que significa?

—Significa exactamente lo que suena —respondió Hanna—. Dos seres capaces de anclarla a este mundo. De proteger su cuerpo, su mente y su magia. Dos pilares.

Zeta abrió los ojos con sorpresa.

—¿Estás diciendo que…?

—Que al parecer —lo interrumpió Hanna— los protectores de Lux sois vosotros dos.

El silencio se volvió a imponerse.

—Protectores? —repitió Conall, más despacio—. ¿No compañeros? ¿No… amantes?

—No exactamente —admitió Hanna—. Aunque los vínculos pueden confundirse. La magia de las sanadoras es antigua, compleja. Se entrelaza con el deseo, con la posesión, con la necesidad.

Zeta apretó los puños.

—¿Y qué implica eso?

Hanna los miró a ambos con expresión severa.

—Que debéis servir a la princesa. Ella es la que tiene el poder.

Conall soltó una carcajada incrédula.

—¿Servirla?

—Sí —afirmó Hanna sin titubear—. Protegerla. Mantenerla con vida. Evitar que su poder se descontrole… y evitar, sobre todo, que el mundo la destruya antes de tiempo.

Zeta pasó una mano por su cabello, claramente alterado.

—¿Y qué hay de nuestras marcas? —preguntó—. ¿De nuestros deseos?

Hanna lo observó con una mezcla de compasión y dureza.

—Eso —dijo— es el precio de estar ligados a una sanadora real. Amaréis. Sufriréis. Competiréis. Pero nunca la poseeréis como creéis.

—Ella será mi Luna del Norte y fin de la historia.—replicó Conall.

—No, ella será mi Reina Luna y eso es un hecho que no puedes borrar.

—¡Basta! —exclamó Hanna.—Me agotaís con tanta testosterona. ¿No entiendes que esta historia no va de vosotros? Esta historia va de Lux, de su poder y de lo importante que será para el nuevo mundo.

Conall miró a Lux, inconsciente sobre la cama, con el pecho subiendo y bajando de forma tranquila.

—No pienso tratarla como una reliquia sagrada —dijo en voz baja—. Es mi Luna.

Hanna lo miró con intensidad.

—Es una princesa muy poderosa —corrigió—. Y si no aprendéis a entender eso… ambos la perderéis.

Zeta cerró los ojos un instante.

—Entonces esto no ha hecho más que empezar —murmuró.

Hanna asintió.

—Exacto. Y creeme… el Reino Sagrado no tardará en reclamar lo que es suyo.

Lux se removió levemente entre las sábanas, un suspiro escapando de sus labios, ajena al destino que acababa de desplegarse sobre ella como una sombra inevitable.

Zeta tuvo que sentarse. Literalmente.

—Protectores? —repitió, pasándose una mano por el rostro—. Esto es… surrealista.

—Sí, bueno… —Hanna se encogió de hombros con poca paciencia—. Dos imponentes alfas, deben servir a la princesa. Parece un chiste.

-¡Explicar! —gruñó Conall, con los músculos tensos y la mandíbula apretada.

Hanna los miró a ambos con esa expresión suya entre sabia cansada y hada que ya ha visto demasiadas estupideces masculinas.

—Hasta que mi princesa no se una con el hechicero al cual está prometida, vosotros sois sus protectores. Su ancla. Su escudo.

Zeta tragó saliva. Conall se prepara para atacar antes de preguntar. Sus ojos rojos saliéndose de sus órbitas.

— ¿Lux está prometida a otro hombre?

—Bueno, es más que un hombre. Es el hechicero más poderoso del Reino Sagrado y se espera que ellos… ya sabes… conquistan el mundo entero.

—Voy a matarlos a todos. —concluyó Conall.

—Espera, Alfa. Deja que el hada se explique. —intervino Zeta con su mirada estratégica.

—Y eso ¿qué implica exactamente?

—Que mientras tanto… los necesita.

—¿Para qué? —insistió Zeta.

—Para que sus poderes crezcan, se estabilizan y se fortalecen mediante el vínculo de tres —respondió Hanna sin rodeos—.

— ¿Cómo?

— Mediante el contacto íntimo. —contestó Hanna sin demasiada importancia.

—¿Perdón? —Zeta abrió los ojos como platos.

—Esto es muy difícil de explicar con dos machos alfa delante —añadió Hanna, chasqueando la lengua—. Ella se nutre de energía mediante el sexo.

—¿Estás diciendo…? —empezó Conall, con un brillo peligroso en los ojos.

—Que para que Lux se mantenga estable, deberéis estar vinculados a ella —dijo Hanna—. Ambos.

—¿Los dos? —Zeta casi se atragantó con su propia voz.

—¡Como se te ocurre tocarla, te mato! —rugió Conall al instante.

—¡Eso mismo digo yo! —saltó Zeta, poniéndose en pie.

—¡Ya basta! —Hanna alzó la voz, y por un segundo la habitación vibró con una energía antigua—. La habéis marcado los dos. Os guste o no, ya existe un lazo. Y ella os necesita.

El silencio cayó pesado.

—¿Has dicho que esto durará hasta que se encuentre con el hechicero? —preguntó Zeta, más serio.

-Si. Lux debe regresar a su reino —respondió Hanna—. Permanecer aquí es peligroso.

—Yo la protegeré —dijo Conall de inmediato.

—Yo también puedo hacerlo —añadió Zeta sin dudar.

Hanna los miró con una ceja levantada.

—Muy bien. Entonces hay algo más que debéis saber. El Rey Eliseo sospecha. El color de su cabello la ha delatado.

Zeta gruñó, un sonido bajo y furioso.

—Como no pudo tener a Lilian, ahora la quiere a ella.

—Exacto —asintió Hanna—. Quiere un heredero con sangre divina y lobo. Poder absoluto.

—Mierda… —Zeta empezó a pasearse por la habitación—. Tengo que detener a mi padre.

En ese instante, una voz suave rompió la tensión.

—Tengo sed…

Los tres se giraron de golpe. Lux había abierto los ojos.

Conall fue el primero en reaccionar. Tomó un vaso y se acercó con cuidado.

—Aquí tienes.

—Gracias… —susurró ella, bebiendo despacio.

Cuando se incorporó un poco, sus ojos se abrieron al ver a los dos frente a ella. Instintivamente llevó una mano a su cuello, donde las marcas aún palpitaban. Se sonrojó.

—Conall… tú…

—Ahora no —dijo él con voz contenida, apartando la mirada—. No hablaremos de eso ahora.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó Zeta, más suave, acercándose un poco.

—Me duele la cabeza… y me siento rara.

—Voy a por uno de mis brebajes —anunció Hanna—. No os mateis mientras regreso.

Salió, dejándolos a los tres en un silencio incómodo, casi eléctrico.

—Esto es confuso… —murmuró Lux al fin—. No sé cómo explicarlo, pero… me siento atraído por los dos.

— No me gusta compartir —masculló el lobo de Conall—, pero al menos no nos ha descartado.

— Eres el príncipe, no deberías permitirlo . —replicó el lobo de Zeta—.

Ambas bestias, la de Conall y la de Zeta, no dejaban de gruñir en el fondo de sus mentes, irritadas, posesivas, alertas.

Zeta respiró hondo y se sentó a un lado de la cama, tomando la mano de Lux con cuidado.

—Lux, tendremos que hablar los tres. Sin gritos. Sin colmillos.

Ella lo miró, curiosa.

—¿Me vais a hacer elegir?

Zeta dudó un segundo.

—¿Podrías hacerlo?

Lux bajó la mirada, roja hasta las orejas.

—No… —admitió—. Es extraño, pero siento que os necesito a los dos.

—Esto fatal suena —gruñó Conall, sentándose al otro lado de la cama.

—Lux —dijo Zeta con calma—, ahora mismo lo que sientes es la necesidad de que tus protectores te alimenten.

—Protectores? —repitió ella—. ¿Eso significa que me daréis de comer en la boca?

Zeta soltó una risa breve.

—Eres increíblemente inocente.

—Lo que queremos decir —intervino Conall— es que nos necesitas a los dos para mantener tu fuerza y ​​tu poder.

Lux los miró a ambos, confundida… pero no asustada.

—Entonces tendré… ¿dos compañeros?

Zeta y Conall se miraron, tensos.

—Eso parece —respondió Zeta.

— Al menos hasta que eliminamos al intruso ya su cochino lobo —gruñó el lobo de Conall.

Lux se estremeció al sentir las manos de ambos, firmes y cálidas, apoyándose con cuidado sobre sus muslos.

—Ah…—ella dejó escapar un gemido de placer involuntario lo que provocó que las miradas de Zeta y Conall se intensificaran.

—Lux —dijo Zeta con suavidad—, tendrás que acostumbrarte a estar con los dos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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