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Lux de Luna - Capítulo 60

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Capítulo 60: Los protectores (Segunda parte)

Lux se quedó completamente paralizada.

Dos.

No uno. No un error del destino. No una confusión pasajera.

Dos.

Lux se quedó completamente paralizada. Dos fuerzas, dos energías diferentes disputaban su atención y sus emociones, y no había posibilidad de error del destino ni confusión pasajera. Cada uno de ellos representaba algo que le despertaba tanto miedo como deseo.

Su respiración se volvió más lenta, casi pesada, como si el aire costara el doble de atravesar sus pulmones. Miraba a Conall, cuya presencia dominante la envolvía como un abrigo seguro, luego al otro lado, donde Zeta esperaba, el príncipe con su sonrisa inmaculada y su aura resplandeciente. En lugar de rechazo, sintió esa conexión ardiente y profunda latiendo en su interior, tirando de ella desde ambos lados, como si cada latido era un eco de su propia lucha.

—Creo que es mejor que me vaya —dijo Conall al fin, con una frustración apenas contenida. Su voz sonó firme, pero dentro de él era otra historia. Su lobo, ese ser salvaje y poderoso que habitaba en las profundidades de su ser, rugía con rabia.

—¡No me quiero ir! —clamó Conall en su mente, la furia de su bestia apretando su pecho. Pero debía ser racional. No podía dejar que sus instintos lo dominaran.

—Lobo… cálmate —intentó razonar, mientras su mirada fija en Lux se tornaba significativa.

—¡No! ¡No deberías servirle a nuestra chica en bandeja a ese principito! —protestó la voz en su interior, llena de celos y territorialidad. Cada palabra resonaba con una certeza feroz. Conall presionó la mandíbula. Su deseo de protegerla chocaba contra su necesidad de darle espacio. La imagen de Lux convulsionando hacía apenas unos minutos lo obligaba a ser racional, a no dejarse llevar por la necesidad de marcar territorio nuevamente.

Se levantó de la cama, preparándose para alejarse. Sin embargo, algo cambió en el aire, un estallido de emoción que hizo girar el mundo a su alrededor. Lux, con su mano pequeña y aún temblorosa, cerró su agarre alrededor de la suya.

—No quiero que te vayas —susurró, sus ojos reflejando vulnerabilidad y determinación.

Conall se quedó inmóvil. La miró, sorprendido. No esperaba eso. La súplica en su voz agitó las aguas de sus emociones, y la mezcla de miedo y deseo compitió una vez más en su interior.

—No quiero ver lo que pasará entre vosotros, Lux —advirtió, dejando que la gravedad de sus palabras se asentara en el aire. Su voz grave buscaba mantener el control, pero sabía que había líneas que ya se habían cruzado.

Zeta, que había permanecido en silencio, frunció ligeramente el ceño, confundido por la tensión palpable que se extendía entre los tres.

—No me temas, amor. Te trataré bien —declaró, su tono suave como la brisa fresca de la mañana, pero su confianza irritaba a Conall como una espina en el corazón.

—¡Ya tenía que salir el principito encantador este! —masculló la bestia de Conall, rodando los ojos ante la actitud despreocupada del joven.

Lux bajó la mirada, luchando contra la tormenta emocional que se cernía sobre ella. La inseguridad la envolvía como una bruma densa.

—Lo sé… pero no estoy lista para ti, Zeta —dijo, su voz un susurro casi inaudible.

Esa declaración, que debería ser liberadora, dejó un silencio avasallante en la habitación. Conall alzó una ceja, sintiendo una oleada de satisfacción que chocaba con la preocupación. Y Zeta, por su parte, sintió un dolor agudo en su pecho, un rechazo que se sentía como un puñal poco afilado, pero igualmente penetrante.

La atmósfera se tornó tensa, y los corazones de los tres se agitaron. Lux se encontró atrapada entre dos mundos, entre dos hombres que representaban lados opuestos de sí misma. Su mente corría en círculos, buscando respuestas, buscando claridad, mientras la conexión eléctrica que sentía por ambos crecía, indiscriminadamente, casi demandándole que eligiera.

Conall, por otro lado, sabía que no podía permanecer en ese limbo. La lucha dentro de él aumentaba, cada segundo contaba. Tenía que hacer algo, pero ¿qué? Zeta ofrecía seducción y promesas de un futuro sin complicaciones, mientras que Conall ofrecía pasión cruda, un instinto que la protegía.

El conflicto interno de Lux se intensificó, y la habitación pareció encogerse a medida que la decisión se acercaba, como un reloj de cuenta regresiva. La realidad era que no solo estaba en juego su corazón, sino sus deseos, su libertad, y el sentido de quién era realmente.

Era el momento de enfrentarse a sus miedos, o rendirse a la confusión que la paralizaba.

—Lux… —murmuró Conall, su voz cargada de dolor y esperanza.

La atmósfera era densa, como si el aire mismo estuviera a punto de estallar. Ella supo que el verdadero combate apenas comenzaba.

—Lux, por más que me pese reconocerlo, si Zeta no concluye el proceso… puede que enfermes.

Las palabras le cayeron sobre los hombros como una pesada carga. Ella arrugó el borde de su vestido entre los dedos. Conall notó el gesto al instante. Ya empezaba a conocerla lo suficiente. Ese pequeño movimiento significaba miedo. Abrumación.

—No me enfadaré… —murmuró Conall, intentando aliviar la tensión en el ambiente.

—Conall. Yo… solo… me siento abrumada—. Sus ojos reflejaban una tormenta interna, un conflicto que la sujetaba con fuerza y no la dejaba respirar.

Zeta intercambió una mirada con Conall y le hizo una leve señal para que se apartaran un poco de la cama. Él lo siguió, aunque no sin reticencia. La desconfianza burbujeaba en su interior; el instinto de proteger a su compñaera siempre estaba presente.

—¿Qué quieres ahora? —preguntó Conall, frunciendo el ceño.

—La quiero —respondió Zeta sin rodeos, su voz firme resonando en el pequeño espacio que parecía encoger a medida que la tensión aumentaba.

—Y yo. Menuda sorpresa… La ironía en su tono no ayudaba a calmar la tempestad que se desataba en su pecho.

—Solo quiero que esté bien. Y si no está preparada para que yo continúe con el apareamiento…

Conall lo miró con incredulidad, una chispa de desafío iluminando sus ojos. Algo dentro de él ardía con fuerza.

—No serás capaz de rendirte, ¿verdad?

Era más una afirmación que una pregunta, una declaración del espíritu indomable que ambos compartían. Cada uno luchaba por Lux, pero en direcciones opuestas. La lucha no era solo por su bienestar, sino también por la verdad oculta en el fondo de sus corazones.

Por un instante, el silencio se tornó pesado, como un manto que presagia un conflicto inminente.

—La decisión está en sus manos —dijo Zeta, rompiendo el silencio. Sus palabras eran un eco de inevitabilidad.

Y así, el destino de Lux pendía de un hilo, mientras los dos hombres, rivales en su amor, se preparaban para la batalla.

Zeta sostuvo su mirada unos segundos. Su lobo también rugía, indignado.

— Zeta, ni se te ocurre ceder tu lugar a este plebeyo apestoso.

Pero Zeta ignoró la voz.

—Prefiero que seas tú quien la ayude.

Conall parpadeó.

—¿Qué?

—Es tu territorio. Tu habitación. Tu manada. —Zeta bajó la voz—. Y ahora mismo… ella necesita estabilidad.

—Pero es tu marca.

—¿No escuchaste al hada? —replicó Zeta—. Ahora, los tres somos uno.

Conall lo estudió detenidamente.

—No sé qué decir….

—¿Cómo que no sabes? ¡Sí, tienes que decir que sí! —exigía su lobo, sorprendentemente de acuerdo por una vez.

— Este Alfa me supera… — pensó, desconcertado.

—Si estás seguro, entonces…

—Es lo mejor para ella. —afirmó Zeta.

Luego, dio un paso atrás.

—Lux, me iré. Tengo que reunirme con mi padre. Si tardo demasiado, comenzará a sospechar.

Se acercó a Lux y le besó suavemente la mejilla.

Conall observó el gesto con los dientes apretados, pero no dijo nada.

—Conall se ocupará de ti —murmuró Zeta—. Tengo asuntos que atender.

Lux lo miró con cierta inseguridad.

—¿Estás enfadado conmigo?

Zeta le sonríó con una ternura sincera.

—Jamás podría enfadarme contigo, amor. Prefiero que estés bien… y que tengas la oportunidad de conocerme mejor.

Se inclinó y besó su cabeza con suavidad.

—Gracias…

—Gracias a ti por aceptarme como tu protector. Honraré ese título con mi sangre.

Cuando se dirigió hacia la puerta, se detuvo un instante y miró a Conall con recelo.

—No creas que estoy cediendo.

—No lo creo —respondió Conall con frialdad.

—Esto lo hago por ella. Pero recuerda… nos necesita a los dos.

Y salió.

La puerta se cerró con un clic suave.

El silencio que quedó fue distinto. Más íntimo. Más pesado.

Conall permaneció de pie unos segundos, mirando a Lux. Ella lo observaba desde la cama, con las mejillas teñidas de rojo y los ojos brillantes.

— ¿Quieres que te ayude a sentirte mejor? —preguntó él, ahora con una voz mucho más baja.

Lux tragó saliva.

Lo miró como si buscara algo en él. Seguridad. Fuerza. Certeza.

—Sí, mi Alfa… —susurró—. Te necesito otra vez…

Y esa simple frase hizo que la lucha interna de Conall se detuviera por completo.

Porque, por encima del orgullo, del territorio y del príncipe… estaba ella.

Y si tenía que compartir el destino, lo haría.

Pero jamás la perdería.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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