Lux de Luna - Capítulo 65
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 65: Almas en deudas
El tiempo no se detuvo para nadie.
Lilian aprendió a caminar con la cabeza alta entre lobos que jamás aceptarían del todo su esencia. En la Manada de las Sombras Plateadas se convirtió en la amante del Alfa Bodolf con una sonrisa serena y una mentira perfectamente construida: que el hijo que llevaba en el vientre era suyo.
Bodolf nunca dudó.
Orgulloso. Dominante. Convencido de que el destino lo había bendecido por segunda vez y, que esta vez, sería un macho… el futuro alfa de su manada.
Y Lilian… simplemente necesitaba tiempo.
—————-
Años después, ese mismo territorio que la vio asentarse se tiñó de sangre.
La guerra estalló como una tormenta furiosa. Clanes enfrentados, alianzas rotas, traiciones a medianoche. El continente entero vibró bajo el peso de una de las guerras más crueles que se recordarán.
La guerra fría.
El olor a hierro impregnaba el aire. La nieve del suelo del Norte, teñido de rojo.
Entre los cadáveres y el barro, un joven guerrero se arrastraba.
Tenía el costado abierto, la respiración irregular y la vista nublada.
—Tengo que aguantar… —susurró con los dientes apretados—. No puedo morir aquí… No antes de vengarlos.
Otro joven, llamado Leo, lo vió.
—¿Conall, estás bien?
—¿Tú que crees?
—Espera, voy a llevarte hasta esa cueva y volveré con ayuda. Tenemos que bajarte de la montaña.
Leo acompañó al joven Conall hasta la parte más alta de la montana, en dónde había una cueva.
—Voy a por ayuda y suministros, no te preocupes, amigo. No pienso abandonarte.
Conall asintió mientras veía a Leo alejarse.
Sus dedos se clavaron en la tierra mientras avanzaba centímetro a centímetro hasta alcanzar la entrada de la cueva oscura.
El refugio era precario, pero suficiente para ocultarse.
O eso creyó.
Una presencia densa, antigua, lo envolvió como una sombra viva.
El joven levantó el rostro, jadeando.
—¿Quién…eres? —gruñó—. Puedo sentirte.
El silencio pesó unos segundos.
Entonces apareció.
Una figura enorme emergió de la penumbra. Pelaje oscuro como la noche sin luna. Ojos brillantes. Colmillos imposibles.
Un licántropo.
Una bestia que las leyendas aseguraban extinta.
El joven parpadeó, incrédulo.
—¿Eres real?
La criatura inclinó la cabeza con una calma inquietante.
—Puedo ayudarte.
Conall rió, aunque la sangre le burbujeó en la garganta.
—¿Tú? ¿Ayudarme a mí?
—Te estás muriendo —respondió la bestia con voz grave, casi humana—. Tus heridas son profundas. Tu regeneración está fallando. Te quedan minutos.
El joven apretón los puños.
—¿Qué quieres?
La sonrisa que mostraba el licántropo no era amable.
—Tu alma.
El silencio cayó como una pérdida.
El muchacho dudó.
Recordó el fuego. Los gritos. Los cuerpos de su familia en el suelo.
—Si me das poder… si me das fuerza para destruirlos… —su voz se quebró—. Entonces tómala.
Los ojos del licántropo brillaron con satisfacción.
—Hecho.
La oscuridad lo devoró todo.
———————-
Actualmente…
Leo acompañó a Lux por el pasillo de piedra con el paso rígido. El silencio entre ambos era denso, incómodo.
Ella se detuvo antes de entrar al despacho.
—Leo… —dijo en voz baja—. No quiero que pienses que estaba haciendo algo contra de Conall…
Él dudó.
La miró un segundo… y luego apartó la vista.
—Yo no sé nada. Yo no he visto nada.
Lux suspiró con suavidad.
—Cuando llegue el momento… lo sabrás.
Entraron.
El despacho estaba cálido gracias al fuego de la chimenea. Conall estaba de pie junto a ella, imponente, con los brazos cruzados. A su lado, el beta Raunak. Y un poco más atrás, Sabine que no entendía lo que ella hacía ahí.
Conall cambió el gesto al ver a Lux.
Se suavizó.
—Ven.
La llevó hasta el sofá y la sentó con cuidado sobre su regazo.
—¿Tienes frío?
—Un poco —sonrió ella.
Él tomó una manta y la colocó sobre sus hombros con un gesto posesivo, protector.
Luego volvió a tensarse.
—Te mandé a llamar porque debes saber lo que he decidido respecto al castigo de Leo.
Lux frunció el ceño.
—¿Castigo? —preguntó Lux con inocencia.
Conall clavó la mirada en Leo.
—Se atrevió a desafiarme en combate. Delante de omegas y demás guerreros.
Lux abrió los ojos.
—¿Qué? ¿Cuándo?
—Cuando estabas en celo.
El silencio fue incómodo.
Leo bajó la cabeza. Sabine se sonrojó levemente.
Lux tragó saliva.
—Hanna me dijo que mi celo había causado… disturbios. Pero no imaginé que Leo…
Conall habló con crudeza controlada.
—Entró en trance. Estaba dispuesto a matarme.
La tensión vibró en el aire.
Lux miró a Leo con tristeza.
—No es culpa suya…
—Es su responsabilidad —cortó Conall, frío—. Un gamma debe controlarse.
Raunak intervino, práctico.
—Le ofrecimos una alternativa.
Lux miró al beta.
—¿Cuál?
—Dos días para buscar compañera y marcarla.
Lux se incorporó.
—¿Qué?
Conall no apartó la mirada de Leo.
—Si está emparejado, no entrará en trance con tus celos.
—Pero… —Lux negó con la cabeza— no puede elegir a alguien al azar.
—Es eso o la horca.
El aire se volvió helado.
—¡No! —Lux miró a Conall con angustia—. Eso no.
—Ya ha pasado un día —continuó él con voz firme—. Solo le queda mañana.
Leo tragó saliva.
Nadie se movió.
Lux se levantó y caminó hacia él.
—¿Has pensado en alguien?
Leo asintió, casi imperceptible.
—¿Ella lo sabe?
Él levantó la mirada por primera vez.
—No.
Lux suspiró, frustrada.
—¿Y qué esperas?
Leo respiró hondo. Caminó hacia Sabine.
Ella había permanecido en silencio, rígida como una estatua.
—Sabine…
—Sí, gamma —respondió, formal.
Leo dudó.
Por primera vez, no parecía el guerrero feroz, ni el gamma entrometido y gracioso que todos conocían.
Parecía… vulnerable.
—Espero que entiendas por qué lo hago.
Sabine parpadeó.
—¿Entender qué?
Lux observaba conteniendo el aliento.
Leo apretó los puños.
—Te elijo a ti como mi futura compañera.
El silencio fue brutal.
Sabine miró alrededor como si alguien fuera a reír y decir que era una broma.
Nadie lo hizo.
—¿Perdón? Si esto es una broma, que sepáis que es de muy mal gusto. —pronunció enfadada.
Lux mira a Conall con los ojos abiertos.
— ¿Por qué tiene que ser ella?
Conall prefirió mantener el silencio mientras observaba detenidamente la escena.
Leo continuó, la voz tensa.
— Sé que no somos pareja destinada ni estaremos bendecidos por la diosa de la luna, pero desde que te he visto, has despertado un particular interés en mí.
— No sé si sentirme halagada o maldecida.
Sabine no estaba muy feliz con la idea y no le importaba ocultarlo.
— Hay otras omegas y otras criadas. Estoy segura de que ninguna tendría problemas en convertirse en tu pareja.
— Pero yo no quiero a otra compañera, Sabine.
— Uff, parece más un capricho que otra cosa.
Sabine comienzó a ponerse tensa.
—No lo hago por capricho. No lo hago por deseo ciego. Lo hago porque necesito sobrevivir… y porque confío en ti.
Leo parece entenderla.
Su mandíbula estaba tensa, pero ya no había rabia en sus ojos, sino determinación… y un rastro evidente de miedo.
—Alfa —dijo con voz firme, aunque por dentro estuviera temblando—, ¿me darías la oportunidad de salir a dar una vuelta con Sabine para poder hablar mejor a solas?
Conall lo observa en silencio. Evalúa postura, respiración, mirada. Mide si es desafío o sinceridad.
Finalmente asintió
—Tienes hasta que el sol se oculte.
Leo giró hacia Sabine extendiéndole su mano.
—¿Me acompañas al jardín?
Sabine miró primero a Leo. Luego a Lux. Estaba desconcertada. Abrumada.
—Mi Luna… —susurró— ¿qué crees que debo hacer?
Lux se acercó despacio y le tomó ambas manos. Sus dedos eran cálidos, suaves.
—Eres libre de elegir qué quieres hacer, Sabine.
El aire cambió
Conall se tensó
—Ella no puede negarse.
Lux giró la cabeza lentamente. Sus ojos, normalmente dulces, en ese instante, eran afilados como cuchillas.
—Yo no voy a dejar que la obliguen a nada. Y menos por algo que ella no provocó.
El despacho se llenó de electricidad.
Raunak carraspeó incómodo.
Conall no apartó la mirada de Lux.
—Alfa… se acaba el tiempo —intervino Leo con cautela.
Conall ni siquiera parpadeó.
—Voy a fijar la hora.
Sabine frunió el ceño.
—¿Qué hora? —cuestionó sutilmente, Leo.
—Eso dependerá de tu aptitud para convencer a Sabine… o a cualquier otra omega.
Conall dió un paso hacia Leo.
—A medianoche se celebrará… o tu ceremonia de marcado… o tu muerte.
Leo se quedó rígido.
Esta vez no era una amenaza al aire. El lo sabía. Podía sentirlo, auqnue en el fondo, ignoraba que todo era una plan diseñado por sus amigos para emparejarlo con Sabine y que Conall no tenía intenciones de matar a su gamma.
Pero su lobo se agitaba dentro de él, provocándole demasiada ansiedad.
— ¿Podría matarlo de verdad? —preguntó Sabine a Raunak por lo bajo.
— Sí. Si la autoridad del Alfa es desafiada delante de la manada… sí.
Lux da un paso al frente, nerviosa.
—Sabine… ve con Leo. Den un paseo.
Sabine asintió con la cabeza, todavía confundida.
Leo le tomó la mano. Esta vez, no con fuerza. Con cuidado.
Y ambos se marcharon del despacho.
Raunak inclinó la cabeza.
—Con permiso, Alfa.
Y también se retiró.
La puerta se cerró.
Silencio.
Solo el crepitar del fuego.
Lux se quedó de pie unos segundos antes de hablar.
—Esto no me gusta.
Conall no respondió de inmediato. Se sirvió una copa y se la bebió de un sorbo.
—No puedes contradecirme delante de nadie, Lux. Ni siquiera delante de mi gente de confianza.
Su tono era severo. Frío.
Ella lo miró, dolida.
—Eres muy egoísta al pedirle a Leo que marque a alguien a quien no quiere. Sabes que no fue su culpa y deberías considerarlo.
Conall dio dos pasos largos.
— Se querrán.
La presencia de Conall era imponente. Abrumadora.
—¿No te das cuenta como ambos se miran?
Lux negó con la cabeza.
—Claro… siempre con imposiciones. Siempre forzando las cosas. Eres una persona muy mandona.
El comentario quedó suspendido entre ambos.
El Alfa Conall, líder temido, con una fuerza que arrasaba montañas… solo se permitía ser suave cuando estaban solos.
Fuera de esa intimidad, era otra cosa.
Frío.
Con un aura que olía a guerra y sangre.
—¿Crees que lo soy? —preguntó en voz baja.
Se inclinó y su lengua rozó el cuello de Lux.
Ella se estremeció de inmediato.
—¡Ah!
El gesto no fue dulce. Fue posesivo.
La marca en su piel aún estaba reciente. Enrojecida.
Y Conall la vió…
La sintió…
Y sabía que no era suya únicamente…
Y un terremoto amenazó con sacudir el mundo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com