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Lux de Luna - Capítulo 66

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Capítulo 66: Un alfa territorial

La marca en la piel de Lux aún estaba reciente. Enrojecida.

Y Conall la vio…

La sintió…

Y supo que no era suya únicamente.

Eso lo devoró.

—Lux… no creo que pueda con esto.

Ella lo miró, confundida.

—¿Con qué?

—No quiero que Zeta sea tu otro protector.

Las palabras salieron tensas. Cargadas de celos.

—Eso no es algo que podamos elegir —respondió ella, intentando mantener la calma—. Hanna necesita que despierte mis poderes por completo para poder entrenarme. Ahora mismo no están estables.

—Hay muchas cosas que no sabemos —murmuró él—. Y pienso averiguarlas. Hablaré con el hada para que me cuente todo sobre ti.

Lux tomó un poco de distancia entre ellos.

—Mientras tanto, no voy a permitir que Zeta se te acerque.

Lux terminó enfureciéndose.

—¡No puedes hacer eso! Necesito que termine lo que ha comenzado.

—Antes no quisiste.

El golpe fue directo.

Ella apretó los puños, en señal de frustración.

—Porque la situación me desbordó.

—Bueno, ahora tampoco vas a querer.

—Zeta se pondrá furioso.

—Peor para él.

Lux lo miró, incrédula.

—Si no nos apareamos, su marca se desvanecerá.

Conall sostuvo su mirada.

—Esa es la idea.

El silencio era espeso.

— ¿Cómo puedes ser tan egoísta? —susurró ella.

En un segundo, él la presionó contra la pared.

Su cuerpo contra el suyo.

Él dominó sin tocarla con violencia, pero sin dejar espacio.

—Porque he decidido que solo serás mía —gruñó—. Y quien se atreva a tocarte… o siquiera mirarte… morirá.

La intensidad en sus ojos no era la habitual.

Estaban inyectados en sangre.

Había algo más ahí.

Algo oscuro.

—Sea quien sea. Le mataré.

Lux sintió un escalofrío.

—Conall… ¿qué te ocurre?

Él la sostenía por la cintura.

Sus fuertes brazos sujetándola como si pensara que alguien se la quitaría.

—Me perteneces. Solo a mí.

Ella tragó saliva.

—No soy un territorio que puedas reclamar.

Su lobo rugía dentro de él.

— No comparto lo que es mío. Y tú ya lo eres…

Conall apoyó la frente contra la de ella, sosteniendo un respiro agitado.

—Desde que ese príncipe puso sus manos en ti… no pienso con claridad.

—No soy un trofeo.

—Eres mi Luna.

—Y también soy yo misma —replicó ella—. Con miedo. Con dudas. Con decisiones propias.

Él cerró los ojos un instante.

La tensión interna era un torbellino de sensaciones mal manejadas.

Su instinto le decía que marcara, que reclamara, que destruyera cualquier amenaza.

Pero su corazón… la amaba

Y eso lo desarmó.

—Tengo miedo —confesó finalmente, en un hilo de voz.

Lux se quedó inmóvil.

—¿Miedo?

—De perderte. De que descubras que hay algo mejor que yo. De que ese maldito príncipe te dé algo que yo no pueda.

Ella suavizó la mirada.

—Conall, esto no es una competencia.

—Para mí sí lo es.

Se hizo un silencio más humano.

Más vulnerables.

Lux alzó una mano y la posó en el fuerte pecho de Conall.

—No me perteneces tú tampoco.

Conall frunció el ceño.

—¿Qué? No, sí que te pertenezco, soy tuyo.

—No eres un objeto que pueda retener. Ni una fuerza que pueda controlar. Estamos juntos porque queremos.

Él la miró, mientras su respiración intentaba estabilizarse poco a poco.

—Si me obligas… —añadió ella— me perderé de verdad.

Las palabras lo golpearon más fuerte que cualquier desafío físico.

Sus manos se aflojaron y la presión disminuyó.

Pero la posesividad seguía latiendo bajo su piel.

—No quiero compartirte —murmuró.

-Lo sé.

—No quiero que nadie más te marque.

-Lo sé..

—No quiero que otro lobo reclame lo que siento como mío.

Lux suspiró.

—Entonces aprende a confiar en que lo que es tuyo… se queda porque quiere quedarse.

Conall la miró largo rato.

Su mirada se volvió a ser la del hombre que la sostenía de madrugada cuando tenía pesadillas.

No la del Alfa que dictaba sentencias. Pero sus celos no pudieron mantener su tranquilidad por mucho tiempo.

— Me perteneces y no comparto lo que es mío.

— Pero… mis poderes…

— Hallaremos la manera de que despierten y, si no lo hacen, me dará igual.

—¡Conall!

— Tu misión es ser mi Luna y yo voy a protegerte hasta mi último aliento y más allá de mi muerte.

— ¿No te importa lo que yo sienta o piense?

Conall bajó la mano rápidamente para introducirla por debajo del vestido de Lux.

Ella se resistió, ya que no tenía humor para eso.

— ¡Déjame! —gritó intentando zafarse del tacto de Conall.

— Nunca. —sentenció.

Mientras Lux intentaba librarse, Conall la besó para ahogar sus reproches mientras introducía sus dedos en su ya húmedo coño.

Conall sonriendo de lado al notar lo mojada que ella ya estaba.

— No puedes evitarme por más enfada que este.

Conall comenzó a hacer fricción con sus dedos y Lux se dio por vencida entregándose al placer que Conall le daba.

—¡Ah! —sus gemidos fueron sonoros y retumbaron por toda la sala.

Los movimientos de Conall eran cada vez más intensos y de dos dedos, pasaban a introducirle tres.

— Te estás dilatando para mí y pienso follarte sobre mi escritorio.

— ¿Aquí? ¿ahora? —Lux sintió algo de vergüenza por si alguien entaba justo en ese momento.

— Nadie se atrevería a entrar a mi despacho sin llamar primero.

Un par de embestidas más y Lux experimentó un orgasmo magistral que le permitió renovar energías y aumentar su excitación.

— ¡Ahhhhh! ¡Sí, Conall!

— Eso es, pequeña, córrete para mí…

Conall separó sus dedos para llevárselos a su boca saboreando la miel de su Luna.

— Sabes tan bien, mi Luna.

Lux se sonrojó en el tiempo que Conall la llevó hasta su escritorio.

Sin decir nada, la inclinó sobre el mismo subiéndole la falda de su vestido.

Lux estaba nerviosa ya que aún no habían estado en esa posición.

Conall la cogió del cabello en un solo puño y la inclinó hacia él.

Su aliento se sintió cálido y agitado en la nuca de Lux, mientras la inclinaba para susurrarle al oído.

—Mía, solo mía… Cada parte de tu cuerpo me pertenece, Lux y me voy a deleitar llenándote toda con mi semilla caliente.

— Conall… —gimió ella.

—Quiero poseerte toda. Tu coño es tan bonito.

Desde atrás, Conall le frotaba su núcleo con frenesí.

—¡Ah!

—Estás muy mojada, Lux. Dime que me quieres dentro tuyo…

Su clítoris se hinchó bajo los movimientos circulares de Conall.

Lux se arqueó, mientras él le sostenía el pelo con una mano para empujarla hacia atrás para devorarle el cuello.

— Haré que esa marca desaparezca y solo me desees a mí, pequeña.

La excitación que sentía Lux, no la deja pensar con claridad y solo se dejó llevar.

—¡FÓLLAME! —reclamó Lux, sin más.

Conall no tardó en descubrir su gran y venoso miembro, erecto como un mástil para volver atacar el coño de Lux ensanchando su sexo con sus dedos.

—¡Ah!

Lux no pudo parar de gemir por todas las sensaciones que Conall le producía.

— Voy a llenarte ese estrecho coño tuyo y luego… luego me encargaré de tu culo.

El miembro de Conall se levantó aún más, vigorosamente mientras se masturba.

— No puedo esperar a sentirte por completo.

— ¡Te necesito! —suplicó Lux, en un estado de trance.

— Lo sé, mi Luna y te lo daré todo.

———————

Y afuera, en el jardín…

Leo caminaba con Sabine bajo la luna creciente.

Sabía que su vida dependía de que ella lo aceptara y se dejara marcar por él.

—Las omegas y criadas no podemos rechazar una reclamación.

—Lo sé —dijo él con culpa.

—Entonces esto no es una elección. Es una orden.

El comentario golpeó el ambiente.

—Bueno, si no quieres…

Sabine cruzó los brazos.

—¿Y qué gano yo?

Leo la miró directo.

—Protección. Respeto. Mi palabra.

Ella soltó una risa breve, nerviosa.

—¿Tu palabra? ¿La del gamma que casi mata por aparearse con la Luna de su manada?

Golpe bajo.

Leo no reaccionó con ira.

—Sí. La de ese.

Sabine lo estudió.

Había algo distinto en él.

No arrogancia.

Miedo.

—¿Es solo para salvar tu cuello? —preguntó con suspicacia.

—Al principio lo era… sí —admitió.

Sabine arqueó una ceja.

Leo continuó

—Pero si aceptas… no te trataré como una solución temporal. Te marcaré como mi igual.

El aire cambió.

Sabine dejó de respirar un segundo.

—¿Tu igual?

—Mi compañera. No mi propiedad.

Sabine bajó la mirada.

Ella siempre había sido la criada silenciosa. La sombra que servía. La que escuchaba sin ser escuchada.

—¿Y si digo que no quiero que me elijan por necesidad?

Leo dio un paso más cerca.

—Entonces dime que no quieres. Mírame a los ojos y dímelo.

Ella levantó la mirada.

Los sostuvo.

El tiempo pareció estirarse.

Sabine sabía que no podía negarse. Pero moralmente… necesitaba sentir que no era solo un sacrificio conveniente.

—Si acepto… —dijo despacio— no será porque no tenga opción. Será porque yo lo decido.

Leo sonrió levemente inclinando la cabeza.

—Entonces ¿eso es un sí?

Sabine respiró hondo.

—Quiero una cosa más.

—Dime.

—Que si algún día encuentras a tu compañera destinada… no me conviertas en un estorbo.

El comentario cayó como una piedra.

Leo negó.

—No buscaré a nadie más.

—Eso dices ahora.

—Lo digo sabiendo lo que está en juego.

Sabine lo miró largo rato.

Y luego, despacio, asintió.

—Acepto.

El silencio se rompió con el suspiro contenido de Leo.

Luego cerró los ojos un segundo.

Alivio.

Y, en algún lugar más allá del bosque…

Una presencia oscura observaba.

Hambrienta.

Un poder antiguo despertado años atrás en una cueva olvidada.

Esperando cobrarse una deuda.

Porque cuando un licántropo reclamaba un alma… nunca era solo por hambre.

A veces… era para volver…

Su propia venganza era su motivación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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