Lux de Luna - Capítulo 70
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Capítulo 70: El deseo de la Luna
La habitación estaba en penumbra. Solo la luz de la luna se filtraba por el ventanal, dibujando líneas plateadas sobre la cama.
Conall no se había movido en todo ese tiempo.
Sostenía la mano de Lux con cuidado, como si temiera que incluso el aire pudiera hacerle daño. Su pulgar acariciaba lentamente sus nudillos, una y otra vez, en silencio.
De pronto, los párpados de Lux temblaron.
-Mmm…
Conall se inclinó de inmediato.
—Lux.
Ella abrió los ojos, desorientada. Tardó unos segundos en enfocar.
—Tengo sed…
La tensión que había mantenido contenida se aflojó apenas.
—Claro.
Conall tomó el vaso de agua que había dejado preparado y la ayudó a incorporarse con suavidad, colocando una almohada detrás de su espalda.
Lux bebió despacio.
—Gracias.
—¿Cómo te encuentras?
Ella parpadeó un par de veces, como si estuviera ordenando sus recuerdos.
—Bien… —respondió en voz baja—. ¿Y vosotros?
La pregunta fue sincera. Y eso le presionó el pecho.
Antes de que Conall pudiera responder, los ojos de Lux se llenaron de lágrimas.
—Lo siento…
Él frunció el ceño.
—¿Por qué lloras?
—Yo no quería hacerles daño —su voz se quebró—. Solo intentaba ayudar. Estaban peleando y… pensé que si podía hacer algo para detenerlos…
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.
Conall apoyó la frente contra la suya.
—Lo sé, pequeña. No te preocupes por nada.
Secó una lágrima con el pulgar.
—Zeta y yo estamos bien.
Ella lo miró, todavía angustiada.
—¿Y dónde está él?
Sus ojos se movieron inquietos hacia los costados de la habitación, como si esperara verlo allí.
Conall notó el gesto. Y no le gustó.
Pero su voz se mantuvo firme.
—Tenía cuestiones reales que atender.
-Oh…
Hubo un pequeño silencio.
Lux jugueteó con la sábana entre sus dedos.
—Me asusté… No entendía lo que pasaba. Sentía algo dentro de mí… como si explotara.
—Fue tu poder —dijo él con calma—. Hanna lo explicó.
Ella lo miró con curiosidad y miedo mezclados.
—¿Qué dijo?
—Que necesitas energizar tu cuerpo para estabilizarlo. Que lo de hoy fue un… desajuste.
Lux frunció ligeramente el ceño.
—¿Desajuste?
Conall afirmó despacio.
En ese mismo instante, activó el enlace mental.
— Sión.
—Alfa.
—Vigila la puerta de la Luna. No quiero que nadie entre. Nadie. Incluida el hada.
—Entendido.
Conall cortó el enlace y volvió a centrar toda su atención en ella.
—Hanna mencionó que debes energizar tu cuerpo para recuperarte del todo.
Lux inclina la cabeza.
—¿Sí? ¿Eso ha dicho?
-Si. Ya sabes… —su voz se volvió más grave—. El apareamiento es tu fuente de energía más pura y eficaz.
El rubor subió por las mejillas de Lux al instante.
—Ah…
Bajó la mirada, de pronto muy consciente de la cercanía entre ellos.
—Me siento algo cansada todavía…
Conall deslizó su mano desde la de ella hasta su mejilla, sujetándola con delicadeza.
—Puedo ayudarte a sentirte mejor.
Su tono ya no era el del Alfa que daba órdenes.
Era el del lobo que cuidaba y protegía.
—¿Quieres?
Lux sostuvo su mirada. En sus ojos no había presión. Ni imposición.
Solo deseo… y algo más profundo.
Confianza.
Ella respiró despacio.
—No quiero que sea solo porque lo necesito para mi poder.
Conall frunció levemente el ceño.
—¿Qué quieres que sea entonces?
—Quiero que sea porque tú quieres. Porque yo quiero. No porque Hanna lo diga… ni porque Zeta piense que es necesario.
La mención del príncipe tensó apenas su mandíbula, pero lo disimuló.
—Lux —su voz baja, casi un susurro—. Siempre te he querido. Desde antes de saber lo que eras.
Ella sostuvo su mirada.
— ¿Incluso si resulta que no soy solo tu Luna?
—Aunque fueras fuego y me quemaras —respondió sin dudar— seguiría eligiéndote.
El silencio se llenó de algo más denso. Más íntimo.
Lux alzó una mano y la apoyó sobre su pecho.
—Tu corazón late muy rápido.
Conall sonrió apenas.
—Tú tienes la culpa.
Ella dejó escapar una pequeña risa, aún algo débil.
—¿Estás enfadado conmigo por lo de antes?
Él negó con firmeza.
—Estoy enfadado con el mundo por ponerte en peligro. Contigo… jamás.
Lux lo observó unos segundos más. Como si estuviera buscando algo en su expresión.
Y lo encontró.
Se inclinó ligeramente hacia él.
—Entonces sí.
Conall no se movió de inmediato.
—¿Sí… qué?
Ella se acercó un poco más, sus labios a centímetros de los suyos.
—Ayúdame a sentirme mejor.
No hubo brusquedad. Ni urgencia salvaje.
Esta vez no.
Conall la besó despacio. Como si el tiempo no existiera.
Como si el mundo pudiera arder afuera y él no lo notaría.
Su mano recorrió su espalda con cuidado, asegurándose de que no hubiera debilidad en su cuerpo.
Lux respondió al beso, pero algo en su interior cambió.
Sintió el calor expandirse.
No era el mismo descontrol de antes.
Era distinto.
Más suave.
Más equilibrado.
Como si la energía encontrará un cauce natural.
Se separó apenas, respirando con un poco más de fuerza.
—Se siente… diferente.
—¿Mejor?
Ella asintió.
—Más… estable.
Conall apoyó la frente contra la suya otra vez.
—Entonces déjame quedarme contigo esta noche.
No era una orden.
Era una petición.
Lux irritante, aún con el rubor en las mejillas.
—Quédate.
Fuera, el guerrero permanecía firme en la puerta.
En los pasillos, los rumores comenzaban a crecer.
Y en otra ala de la casa, un príncipe trazaba planos de guerra.
Pero dentro de esa habitación, por un momento, no existían reyes.
Ni amenazas.
Ni coronas.
Solo el latido compartido de dos almas que, sin saberlo, estaban a punto de cambiar el destino de todo un continente.
Conall se acercó lentamente a Lux, con una mezcla de ternura y anhelo en su mirada. Con delicadeza, le quitó el camisón, disfrutando de cada instante, como si quisiese grabar ese momento en su memoria.
—¿Mejor? —preguntó él, notando la confortante sonrisa que se dibujó en el rostro de ella.
—Sí, estoy más cómoda —respondió Lux, mientras su corazón latía con fuerza.
—Excelente —dijo Conall, desvistiendo también su propia ropa antes de meterse en la cama. Se acercó, envolviendo a Lux por la cintura con sus brazos, como si temiera que desapareciera en cualquier momento.
—Nunca me cansaré de ti —susurró, su voz teñida de sinceridad.
Lux lo miró, sorprendida por la ternura que emanaba de él.
—¿Me quieres de verdad? —preguntó, buscando respuestas en sus ojos.
Conall sintió un nudo en su pecho; aunque no tenía alma, la conexión que sentía con ella hacía que pareciera que tuviera un corazón latiendo con fervor. Asintió, cuando de repente, un fuerte dolor de cabeza lo invadió.
—¡Ay! —exclamó, llevándose la mano a la frente.
—¿Estás bien? —se preocupó Lux, su expresión llena de inquietud.
Conall recuperó la compostura al instante, sonriendo para tranquilizarla.
—Sí, no es nada —le dijo, intentando restarle importancia. —Te quiero y eres muy importante en mi vida —confesó, su mirada intensa y seria.
—Yo también te quiero, Conall —respondió Lux, sintiendo cómo su corazón se expandía con cada palabra.
El vínculo entre ellos empezaba a crecer, palpable y lleno de promesas. Entonces, Conall, con un tono casi suplicante, habló…
—Necesito estar dentro tuyo, Lux.
Lux se sonrojó, pero asintió de inmediato.
Él se inclinó para lamer su marca en el cuello de ella, mientras bajaba hasta llegar a sus pezones que ya estaban turgentes.
Se tomó su tiempo para jugar con ellos, mientras disfrutaba viendo las expresiones de su pequeña.
— Te necesito, Conall.
— ¿Quieres que te folle, mi Luna?
— Sí…
— ¿Eres solo mía?
— Sí, solo soy tuya.
Conall sostenía su erecto miembro con una mano, mientras con la otra, separó las piernas de Lux.
Su olor a excitación le dio el visto bueno para introducirse en ella sin previas.
—¡Ahh! —. Lux gimió por el placer de ser penetrada.
— ¡Maldición! Tu coño está tan apretado…
Conall penetró su sexo húmedo sin piedad alguna, separando sus piernas aún más para obtener un mayor acceso, mientras deslizaba un dedo por su clítoris y lo frotaba en círculos.
—¡Sí! Sigue así… —suplicó Lux.
— ¿Me amas? —preguntó él.
— Sí…
Conall se excitó más de la cuenta cuando Lux contrajo su centro en torno a su pene…
— ¡Joder, pequeña! ¡Me vuelves loco! — gimió por el placer que Lux le estaba provocando al utilizar su sexo para masajear su miembro hasta el orgasmo.
Sin poder controlarse más, su semen se derramó caliente dentro de ella.
—¡Joderrrr!
Conall se liberó mientras notó que Lux, recuperaba su energía mientras la excitación de él le provocó su propia liberación.
—¡Ahhhh! ¡Conall me corro! —jadeó entre susurros.
Cuando él se retiró, su semen goteó por la pierna de ella, mientras se enfocaba en su clítoris palpitante por el orgasmo.
— Vas a volver a correrte, Lux. —sentenció con perversidad.
Sin darle opciones, Conall continuó masajeando esa zona tan sensible que la regresó al límite, provocándole otra fuerte liberación.
— ¡Ahhh!¡Por el Reino Sagrado!
Conall continuó haciendo eso, casi toda la noche, provocando en Lux varios orgasmos que la llenaron de fuerza y vigor.
———————–
El aire en la habitación todavía estaba tibio cuando Lux se incorporó lentamente en la cama. Su cabello caía desordenado sobre sus hombros y sus mejillas aún conservaban un leve rubor.
Miró a Conall con una mezcla de satisfacción e inocencia que lo desarmó por completo.
—¡Tengo hambre!
Conall soltó una carcajada profunda, relajada.
—Eso es buena señal.
Se pasó una mano por el cabello mientras activaba el enlace mental.
— Que suban una bandeja con comida recién hecha a mi Luna. Ahora.
La respuesta fue inmediata.
Lux se acomodó mejor entre las almohadas, cruzando las piernas con naturalidad.
—¿Siempre pasa esto? —preguntó con curiosidad genuina—. ¿Lo de tener hambre después?
Conall sonrió de lado.
—Al parecer, energizas tus poderes, pero quemas calorías.
Ella ladeó la cabeza.
—Entonces he debido quemar muchísimas.
—Eso parece.
Minutos después, llamaron a la puerta. Hanna entró sin esperar invitación, flotando apenas unos centímetros del suelo. Llevaba una bandeja que despedía un aroma delicioso.
Lux abrió los ojos como platos.
—¡Mmm, panecillos!
Intentó alcanzarlos antes de que la bandeja tocara la mesa.
—Despacio —la regañó Hanna con una sonrisa ladeada—. No te los van a quitar.
Hanna levantó una ceja al verla tan animada.
—Te veo recuperada.
—Sé cómo cuidarla, Hanna —dijo Conall con tono tranquilo pero firme.
El hada lo miró de reojo.
—Ya veo.
No añadió nada más, pero sus ojos brillaron con cierta ironía.
Lux ya tenía un panecillo entre las manos y le había dado el primer mordisco.
—Está delicioso —murmuró con la boca medio llena.
Hanna aprovechó el momento para sacar un pequeño frasco de cristal con un líquido verde pálido.
—Toma.
Lux frunció el ceño.
—¿Otra vez esto?
—Sí. Es bueno para ti. Hazme caso.
Conall observó en silencio, cruzado de brazos.
Lux suspiró resignada y tomó el frasco.
—Huele fatal.
—Bebe.
Ella lo hizo de un trago y casi se atraganta.
—¡Puaj! ¡Sabe a pis de rana!
Hanna puso los ojos en blanco.
—Qué exagerada eres.
Pero por dentro pensaba algo muy distinto.
— Con tanto apareamiento y con lo sementales que son los lobos Alfa, si no la protejo con este tónico, estaría embarazada antes de que termine la luna creciente.
Su expresión se volvió apenas más seria mientras Lux volvía a atacar los panecillos.
— Y el mundo no puede permitirse algo así. No todavía.
Conall se levantó de la cama, dejando todo su esplendor a la vista de Hanna.
—Válgame Diosa de la Luna… —Hanna horrorizada, inmediatamente se llevó las manos a los ojos.
—¡Qué espectáculo más desagradable!
Conall no le prestó atención ya que, para los lobos, la desnudez no era gran cosa.
—Lux, come y descansa. Yo tengo asuntos que atender esta noche.
Ella dejó el panecillo a medio camino y lo miró con ligera preocupación.
—¿No volverás a mi cama?
Él suavizó el gesto.
—No creo que duerma. Pero si lo hago, lo haré a tu lado.
Eso fue suficiente.
La tensión en los hombros de Lux desapareció.
—Vale.
Hanna los observó unos segundos más, evaluando silenciosamente la energía de la habitación.
La notaba distinta.
Más estable.
Menos caótica.
Eso era bueno.
Pero también peligroso.
Porque significaba que el vínculo estaba fortaleciéndose.
Y cuanto más fuerte fuera ese lazo…
Más difícil sería separar destino, poder y guerra.
Lux, ajena a todo, tomó otro panecillo con una sonrisa satisfecha.
—Creo que necesito cinco más.
Conall soltó una risa baja.
Y por un breve instante, la habitación volvió a sentirse como un lugar seguro.
Aunque fuera solo antes de la tormenta.
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