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Lux de Luna - Capítulo 72

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Capítulo 72: Devorando al lobo

La luna brillaba con una intensidad casi ofensiva, enorme y plateada, suspendida sobre el bosque como un ojo vigilante. El viento movía las copas de los árboles con un murmullo constante, y entre ese susurro natural se erguía la pequeña casa de Hanna: madera clara, ventanas redondas y un aura que siempre olía a hierbas, secretos… y verdades incómodas.

Dentro, el sonido rítmico del mortero triturando hojas secas era lo único que rompía el silencio.

Romero. Lavanda. Salvia.

Fragancias calmantes.

Pero Conall no estaba calmado.

Estaba al borde.

—Hanna ¿cómo sabías que Lux terminaría en esta manada? —preguntó al fin, su voz grave cortando el aire como una cuchilla.

Hanna no levantó la vista de inmediato. Siguió moliendo, lenta, deliberadamente.

— ¿Porque soy un hada y tengo poderes? —respondió con una media sonrisa que no alcanzó sus ojos.

Conall dio un paso adelante.

—¡Hanna!

El gruñido salió bajo, cargado de autoridad alfa. Las paredes vibraron levemente.

El hada alzó la mirada entonces. Sus pupilas brillaban con una luz propia, una chispa antigua.

—Porque hay otras sanadoras que lo dedujeron. ¿Satisfecho? —replicó con un deje despectivo.

Conall notó el filo en su tono. Hanna siempre era celosa con la información. Como si cada secreto fuera una moneda de oro que no pensaba gastar sin beneficio.

—A diferencia de las brujas —continuó ella, incorporándose—, nosotros, las hadas, representamos el lado bueno. No tenemos maldad.

Conall arqueó una ceja.

—¿Segura?

Hanna entrecerró los ojos.

—Intentamos hacer el bien contra el mal, Alfa.

—Intentar no es lo mismo que lograrlo.

Ella suspiró, exasperada.

—¿Por qué el Lycan quiere venganza? —preguntó Conall sin filtros.

La energía cambió.

Hanna dejó el mortero sobre la mesa con un sonido seco.

—Porque lo encerraron en un frasco. Bueno, en realidad, ese pobre animal lleva el alma de alguien más…

El estómago de Conall se tensó.

—¡Explícate!

El había caminó lentamente por la habitación, como si ordenara pensamientos que pesaban demasiado.

—Para llegar a esa parte, debería comenzar desde el principio.

—Tengo tiempo, habla.

—El Reino Sagrado está compuesto por hadas, duendes, hechiceros, brujas, sanadoras… y dioses —enumeró Hanna con solemnidad.

Conall cruzó los brazos.

—Eso ya lo sé.

—No lo sabes —corrigió ella—. Lo conoces. Pero no lo entiendes.

El silencio se hizo más espeso.

—Las sanadoras —continuó Hanna— son la convergencia. Son el punto de equilibrio entre todas esas fuerzas. Tienen la capacidad de curar… pero también de destruir.

Conall recordó el humo rojo.

El dolor.

Zeta retorciéndose en el suelo.

Su propio lobo gritando dentro de su mente.

— ¿Qué puede hacer Lux? —preguntó, y por primera vez su voz no sonó desafiante, sino inquieta.

Hanna lo miró con seriedad.

—Con el tiempo, desarrollará percepción extrasensorial. Verá cosas que no existen aún. Escuchará pensamientos débiles. Olerá mentiras. Sentirá rupturas en el tejido del mundo.

Conall tragó saliva.

—¿Visiones?

—Sí, solo las tienen las sanadoras de sangre pura.

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.

—¿Quién es su verdadero padre?

Hanna suspiró. Llegados a este punto, era inútil seguir ocultándole eso a Conall.

—Un dios… un ser preparado para proteger a su sanadora. Su nombre es Cornelius.

—¿Estás diciendo que Lux es…?

—Heredera directa de la primera estirpe de sanadoras. Ella obtendrá el poder absoluto.

El corazón de Conall golpea contra su pecho.

—¿Por qué el Lycan quiere vengarse de ella?

—Está enfadado. Lleva el alma del otro protector de la madre de Lux. Su nombre es Marcus, pero realmente, no se da cuenta de que ella no es su madre…

El recuerdo del reflejo en el espejo volvió con violencia.

Ojos rojos.

Sonrisa cruel.

—¿Me ha usado?

Hanna afirmó lentamente.

Conall sintió que el suelo se inclinaba bajo sus pies.

—¿Por qué Zeta y yo somos sus protectores?

Hanna lo observó largo rato antes de responder.

—De forma natural, un lobo jamás sería protector de una sanadora. Vuestra naturaleza es instintiva, territorial, posesiva. Eso de compartir… no lo llevaís nada bien.

—Eso no responde a mi pregunta.

—Porque algo forzó ese vínculo.

El silencio se volvió incómodo.

—¿Ha sido Marcus? —preguntó Conall.

—En tu caso… sí. No sé como terminó convirtiéndose en un Lycan, pero esa alma está llena de poder oscuro.

El lobo dentro de él gruñó incómodo.

—Chucho malo…

— Entonces ¿no es real? —preguntó Conall con voz baja—. ¿El vínculo que siento no es real?

Hanna lo miró. Por primera vez, sin sarcasmo.

—Los sentimientos siempre son reales. La causa puede no serlo.

Eso dolio más de lo que esperaba.

—Zeta está impulsado por la ambición de su padre —continuó ella—. Hay fuerzas oscuras en el juego. Si Eliseo descubre completamente quién es Lux, intentará reclamarla.

Conall apretó los dientes.

—Sobre mi cadáver.

—Eso puede arreglarse —murmuró Hanna con ironía.

Conall la ignoró.

—¿Y su madre? ¿Por qué la dejó en la Manada de las Sombras Plateadas?

El hada se quedó quieta.

Demasiado quieta.

—Ella murió al darla a luz.

—¿Estás segura de que murió?

Hanna evitó su mirada.

—Es lo que se nos dijo.

—Eso no suena convincente.

Ella volvió al mortero.

—Hay historias que aún no puedo contarte.

—No me ocultes información.

—No es por ti —respondió seca—. Es por ella.

El aire parecía más pesado.

—Se suponía que Lux estaría protegida hasta cumplir dieciocho años —explicó—. Luego encontraría a sus dos protectores naturales. Ellos despertarían su poder de forma gradual. Yo la entrenaría y la regresaría al Reino Sagrado para su unión con el hechicero más poderoso que existe.

Conall rio sin humor.

—Nada está saliendo como estaba planeado.

—No —admitió Hanna—. Porque alguien o algo alteró el destino.

Conall recordó la cueva maldita.

La noche del pacto.

El susurro que le ofreció poder cuando estaba a punto de morir.

—Fue mi culpa.

—Sí —respondió Hanna sin suavizarlo. — Al menos, en parte.

Él la miró con rabia contenida.

—No sabía que Lux existiría.

—El universo no necesita que sepas algo para que tenga consecuencias.

Conall respiró hondo.

—Hay manera de romper el trato con el Lycan, lo has mencionado antes.

Hanna lo estudió.

—Romperlo… no. Cambiarlo, quizás.

—Habla claro.

—Las almas selladas por pacto solo pueden liberarse mediante intercambio.

Conall sintió frío en la espalda.

—¿Intercambio?

—Una esencia por otra.

El silencio fue absoluto.

—Hay que encontar otro envase.

—Debe ser alguien que acepte el intercambio. Es de propia voluntad.

—Me ayudarás a encontrarlo.

—¡Oye!—exclamó Hanna para nada de acuerdo.

—No permitiré que esa cosa maligna toque a Lux.

—Si se adueña de ti, no podrás evitarlo. Vuestro vínculo ya está formado… cada minuto cuenta y tu tiempo se termina. Tu lobo está siendo devorado por el Lycan.

Las piezas encajaron con brutal claridad.

Conall cerró los ojos un instante.

—No voy a perder a mi lobo, ni a mi compañera.

Hanna lo miró con algo que parecía compasión.

—Eso no depende solo de tu fuerza. Hay oscuridad que no puedes controlar, Conall y un poder divino que no controlas.

El viento golpeó la ventana.

La luna iluminó el rostro del Alfa, marcando sombras duras en sus facciones.

—Será mejor que regreses con ella —dijo Hanna al fin—. Esta noche no es buena para que esté sola.

Conall asintió.

Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir se detuvo.

—Hanna.

—¿Qué?

—Si algo le ocurre por culpa de ese Lycan…

Sus ojos se volvieron fríos.

—El mundo entero arderá.

Hanna no sonrió esta vez.

—Lo sé.

Conall salió al bosque. El aire nocturno le golpeó el rostro, pero no logró enfriar el incendio que llevaba dentro.

Mientras caminaba de regreso a la casa principal, sintió a su lobo moverse inquieto.

—Alfa…

—¿Si?

—No quiero que me devoren.

Conall casi sonrió.

—No pienso dejar que eso ocurra.

—¿Lo prometes?

Miró hacia la luna.

—Lo prometo.

Pero en el fondo de su mente, la risa del Lycan seguía resonando.

Y por primera vez desde que hizo aquel pacto en la cueva maldita…

Conall no estaba seguro de poder cumplir su promesa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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