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Lux de Luna - Capítulo 73

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  4. Capítulo 73 - Capítulo 73: Entrenando a la Luna
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Capítulo 73: Entrenando a la Luna

La mañana amaneció fría.

No por el clima.

Sino por la tensión.

El sol apenas se asomaba entre las montañas cuando Conall ya estaba en el área de entrenamiento, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. La comitiva real seguía instalada en la manada, como si aquello fuera una extensión del palacio, y eso le irritaba profundamente. Eran visitantes no deseados, parásitos que se alimentaban de la vida pulsante de su manada, y él se negaba a aceptarlos.

La noche anterior, habían discutido sobre el acceso libre a la montaña de Pico Blanco para la extracción de piedras runas. Conall mantenía su postura firme: quien deseara atravesar sus fronteras debería pagar un precio que nadie, ni siquiera el rey, estaba dispuesto a asumir.

Finalmente, ante la inminente falta de acuerdo, la reunión se pospuso para después del entrenamiento, pero la tensión permanecía como una sombra sobre ellos. Los miembros de la comitiva se retiraron, pero no sin antes lanzar miradas cargadas de desprecio hacia Conall. Él sabía que esto era solo el principio. La lucha por la montaña era inevitable. Había una chispa en su pecho que no permitiría extinguir. El amanecer traería nuevos desafíos, pero también la promesa de un enfrentamiento que marcaría el destino de su manada y el futuro de Pico Blanco.

Del otro lado del patio, bajo una carpa improvisada, esperaban el rey Eliseo y sus consejeros.

—¡Este Alfa es increíble! —bufó uno de los nobles—. Ahora resulta que tenemos que esperar a que termine su entrenamiento para poder hablar del bloqueo a las minas.

—Lo hace para fastidiar —murmuró otro—. Es un Alfa muy impertinente.

Eliseo no respondió. Observaba a Conall con los ojos entrecerrados.

A su lado, Bodolf se movía incómodo alrededor de Aria.

— ¿Cómo vas con nuestra hija? ¿Has podido hablar con ella?

Aria disparando con una calma inquietante.

-Si. Y si sabe lo que le conviene, nos ayudará.

—Bien…

Pero la expresión de Bodolf no era de alivio. Era de culpa.

—Aria… ¿me prometes que no le causará daño permanente?

Ella ladeó la cabeza.

—No te preocupes, mi querido. Liz sabe muy bien hacer su trabajo.

Bodolf tragó saliva.

—Esa loba es tan extraña… ¿cómo sabe tanto de pócimas y brebajes?

Aria mantuvo su mirada un segundo más de lo necesario.

No podía decirle que Liz era una bruja del Reino Sagrado infiltrada.

—De donde viene —respondió con ligereza—, es común que algunas lobas no fértiles se eduquen en otras diciplinas.

—Espero que esto funcione —murmuró él—. O perderemos por completo el apoyo del rey.

La sonrisa de Aria se ensanchó.

—Déjalo en mis manos. Cuando menos te lo esperes… estarás conquistando estas tierras.

En el área de entrenamiento, la mano comenzaba a reunirse.

Raunak y Conall observaban fijamente a Leo.

—¿Qué? —gruñó Leo, incómodo.

— ¿No tienes ninguna noticia que darnos? —preguntó Conall con una media sonrisa peligrosa.

Leo, sintiéndose un poco acorralado, se sonrojó levemente. Era como si toda la atención del grupo estuviera centrada en él y, aunque eso no le incomodaba del todo, había algo en la mirada de Conall que le daba un ligero escalofrío.

—Sabine ha aceptado —dijo finalmente, con un tono que trataba de ser casual, pero que no pudo ocultar su leve nerviosismo.

Raunak soltó el aire en señal de alivio, como si hubiera estado manteniendo la respiración desde que comenzó la conversación. Su rostro reflejaba una mezcla de satisfacción y expectativa.

—Está bien. Esta noche prepararemos la ceremonia de apareamiento —declaró Raunak, asumiendo el rol de líder en este aspecto.

Conall ascendiendo, una chispa traviesa brillando en sus ojos. Era evidente que disfrutaba de la situación.

—La marcarás. Y cuando sea el nombramiento de Lux como Luna del Norte, presentaremos oficialmente a Sabine como gamma —especificó, mientras frotaba las manos como si ya pudiera ver el evento en su mente.

Raunak hizo una nota mental de todo. Era un momento significativo, y quería asegurarse de que nada saliera mal.

—De acuerdo, Alfa —respondió, asumiendo su lugar en la jerarquía sin dudar.

Leo siguió asentando, aunque un nerviosismo crecía en su pecho. No era común que él estuviera en el centro de atención, así que todo esto lo tenía un poco inquieto.

— ¿Cómo la convenciste? —preguntó Raunak, curiosidad evidente en su voz mientras miraba a Leo. La vergüenza en su rostro no pasó desapercibida.

— Le abrí mi corazón.

—Claro, como no—. Eso sonaba demasiado dramático.

—¡Enserio! —defendió Leo, levantando un dedo como si su argumento fuese infalible.

— ¿Te has hecho la víctima? —intervino Conall, apenas conteniendo una risa burlona.

Leo se sonrojó aún más. Era un espectáculo gracioso, pero también tenía su parte seria.

—Un poco —terminó por confesar, rascándose la nuca, casi como un niño atrapado en una travesura.

Los tres se estallaron en risas, sintiendo la ligera tensión en el aire disiparse en un instante. La pareja sería presentada oficialmente esa noche, y entre bromas y risas, los amigos sabían que todo saldría bien.

Conall se inclinó ligeramente hacia él.

—Espero que, a partir de ahora, guardes tus explosiones sexuales para tu pareja, gamma.

Leo carraspeó.

—Gracias, Alfa. Aquello no volverá a ocurrir.

La mirada de Conall se endureció.

—Y como vuelvas a desafiarme en público… olvidaré que me ayudaste a recuperarme de mis heridas casi mortales y te proporcionaré una muerte lenta y dolorosa.

Leo tragó saliva.

—No te preocupes, mi Alfa. He aprendido muy bien la lección.

Conall se marchó sin añadir nada más, dejando un silencio incómodo tras de sí.

Leo lo miró con mala cara.

—¿Por qué tiene que ser tan malo?

Raunak resopló.

—Porque no tiene alma, ¿tal vez?

Leo lo miró fijamente.

—Y ahora con ese pacto… ¿qué pasará?

Raunak bajó la voz.

—Se avecina la guerra. Conall tiene poco tiempo antes de que esa criatura lo tome como posesión…

Leo palideció.

—¡Qué miedito! ¿Cómo vamos a lidiar con esa cosa, Raunak?

—No lo sé, Leo. Confiemos en que nuestro Alfa sepa lo que hace.

———————–

En la habitación de Lux, la atmósfera era completamente distinta.

Ella estaba terminando de ajustarse el vestuario de entrenamiento cuando la puerta se abrió sin previo aviso.

Conall se quedó inmóvil.

Lux llevaba el atuendo de piel de oso oscuro que las lobas utilizaban para entrenar. Su larga cabellera roja, estaba atada en una media cola.

—Buenos días, Conall —sonrió Lux, sus ojos brillando con una mezcla de nerviosismo y determinación.

Él tardó unos segundos en reaccionar, su mente aún atrapada en la neblina de los pensamientos matutinos. Cuando finalmente la miró, una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Luces… hermosa —dijo, admirando cómo la luz del amanecer jugaba en sus facciones.

Ella se sonrojó, sintiendo como si el calor subiera desde sus mejillas hasta la punta de sus dedos.

—Gracias. Anaisha me ha ayudado —respondió, alejando la mirada por un momento, como si eso pudiera ocultar su timidez.

Conall cerró la puerta tras él, creando un pequeño refugio entre ellos. El ambiente se llenó de una tensión palpable que resonaba con la vulnerabilidad de Lux. Ella sabía que tenía más que decir.

—Sabes que no tienes que entrenar —le dijo, pero su voz contenía la preocupación de algo no dicho.

Lux se acercó hasta él, sus pasos firmes, y sostuvo su mirada con una sinceridad desgarradora.

—Quiero que te sientas orgulloso de mí —afirmó, su voz un susurro decidido.

—Ya lo estoy —respondió él, pero había una sombra de duda en su tono que no pasó desapercibida para ella.

—Pero no tengo lobo —susurró, como si esas palabras pudieran romper una barrera invisible entre ellos—. ¿Cómo crees que se sienten los miembros de la manada respecto a mí?

—Me da igual —replicó Conall, aunque en sus ojos había un destello de frustración.

—A mí no —dijo Lux, apoyando una mano sobre su pecho. La calidez de su toque pareció atravesar la armadura que él había construido alrededor de su corazón—. Ellos te aceptan porque te temen, Conall. No porque yo me lo haya ganado.

Él frunció el ceño, luchando con sus propios sentimientos.

—Lux… —comenzó, pero ella lo interrumpió con una firmeza que lo sorprendió.

—Entiendo que vienen tiempos difíciles —continuó, su voz resonando con una fuerza inesperada—. Y que tal vez no pueda despertar mis poderes completamente…

Ambos sabían lo que eso implicaba.

Zeta.

Las palabras flotaron en el aire, llenas de angustia y expectativa. Conall sintió que el peso de su falta de confianza estaba a punto de hacerse insoportable. Pero en sus ojos, Lux llevaba la chispa de alguien que no iba a rendirse tan fácilmente.

Conall tensó la mandíbula.

—No dejaré que Zeta vuelva a poner un dedo suyo encima de ti.

—Por eso debo entrenar —insistió Lux—. Tengo que saber defenderme.

—Soy el Alfa más poderoso y temido —gruñó él—. Conmigo jamás te pasará nada —. Se inclinó para besarla con intensidad posesiva. —Yo te he encontrado. Me perteneces.

Su tono era oscuro.

—Eres mía. Y de nadie más.

El deseo en los ojos de Lux se mezcló con una inquietud que no supo nombrar.

—Conall…

Él bajó la voz.

—Puedo oler tu excitación. Me deseas y cada vez, más…

Sus dedos descendieron por su cintura, pero un fuerte golpe en la puerta los interrumpió.

—¡Maldición! —reclamó Conall.

Raunak. Él ya sabía quién era antes de abrir la puerta.

— Alfa, están todos preparados.

Conall cerró los ojos un segundo.

—Mi Luna, luego seguiremos en donde lo hemos dejado.

Lux tragó saliva. Sabía que le esperaría otra tarde llena de pasión y eso le encantó.

————————–

El área de entrenamiento estaba repleta cuando llegaron.

Conall hizo un barrido visual.

Se detuvo en seco.

—¿Qué hace Electra aquí?

Will dio un paso adelante.

—La he traído yo mismo, Alfa.

—Al final terminarás en la horca por nada —murmuró Sion.

—¡Mi compañera no es “nada”, Sion! —Will enfureció.

—¡Silencio! —ordenó Conall sin mirar.

— ¿Quién te dio autorización de traerla, Will?

Will bajó la mirada.

—Entraremos en guerra. Mi deber es estar a tu lado como tu guerrero.

Luego levantó la cabeza y miró a Electra con ternura.

—Pero me preocupa su seguridad. Aquí no es aceptada del todo. En mi ausencia nadie la protegerá.

Conall alzó una ceja.

—No vuelvas a tomar decisiones por mí.

—Lo sé, Alfa. Pido perdón por mi inoportuno deseo de cuidar de mi pareja.

Conall la observó unos segundos antes de hablar.

—Puede entrenar. Pero no quiero sorpresas.

Electra se arrodillo dejando escapar el aire que tenía reprimido.

—¡Gracias! No desperdiciaré esta oportunidad, Alfa.

—Eso espero. No todos tienen el privilegio de entrenar conmigo. —replicó Conall.

Entonces Leo se acercó con Sabine de la mano.

—Alfa, quiero agradecerte por permitir que mi próxima pareja entrene también.

Sabine parecía incómoda.

—Creo que no será necesario… aquí todo sois lobos fuertes… yo, en cambio…

Conall negó.

—Te equivocas, Sabine. Vamos a necesitar toda la ayuda disponible.

Sabine lo miró confundida.

— Al ser la próxima pareja de mi gamma, tu destino se entrelaza con el poder. Al unirte a él, ascenderás a un nuevo rango en nuestra manada. Te convertirás en gamma también, un guerrero respetado y temido, el tercero al mando del ejército, después de Leo y de mí. Cada batalla será para liderar, cada estrategia, una obra maestra bajo vuestro mando.

Los murmullos comenzaron.

—Alfa, yo agradecida, pero solo soy la criada de Luna Lux.

—Dejarás de ser la criada de nuestra Luna para convertirte en su gamma y, por lo tanto, en su guerrera personal.

Sabine abrió los ojos con sorpresa.

—¿Perdón?

Luz dio un paso adelante.

—Conall, ella no está preparada.

—Lo estará —cortó Conall—. Entrenará duro. O se convertirá en renegada.

El silencio fue inmediato.

Sabine inclinó la cabeza.

—Sí, Alfa.

Conall respiró hondo mientras se dirigió a su manada.

—Y a partir de hoy, vuestra Luna del Norte, también se unirá a los entrenamientos.

La reacción fue inmediata.

—¡Ella ni siquiera tiene lobo! —se oyó entre la multitud.

— ¿Cómo puede ser nuestra Luna una mestiza?

La presión del aura alfa explotó y todos bajaron la cabeza en sumisión.

Conall estuvo a punto de transformarse cuando sintió otra presencia.

Zeta.

—Luna Lux es más que una simple mestiza.

El príncipe apareció sujetando la mano de Lux.

Conall sintió que la sangre le hervía.

— No lo hagas — , advirtió Raunak mentalmente —. Matarlo ahora es guerra inmediata.

Zeta sonriendo con esa maldita sonrisa perfecta.

—Lux, eres todo lo que está bien en esta vida.

Ella se sonrojó incómoda.

—Gracias… mi príncipe.

—Pero no tiene lobo —insistió alguien.

Zeta alzó la voz.

—En una batalla no solo importa la fuerza física. Se necesita mente. Estrategia. Control.

Conall se acercó hasta él.

—Agradezco tu interés por mi Luna. Pero sé cómo manejarla.

Lux susurró…

—Chicos…

Zeta ignoró el tono.

—Propuso una nueva estrategia de combate. Y será implementada como decreto real.

El silencio cayó como una piedra.

— ¿Qué dictamina ese decreto? —preguntó Conall, tenso.

—Luna Lux será instruida en formación estratégica de guerra.

Los murmullos crecieron.

—Aprenderá cálculo de riesgos, alianzas, manipulación política, engaño informativo. La guerra no siempre se gana con sangre.

Conall lo miró con frialdad.

—¿El rey lo aprueba?

—Oh, por supuesto.

— ¿Y cómo pretende hacerlo?

Zeta sostuvo la mirada.

-Simple.

Se volvió hacia Lux.

—Te vendrás conmigo al Gran Palacio Real. Allí te daré la formación que necesitas para poder liderar, junto a tu Alfa, la Manada de la Escarcha Feroz.

El mundo pareció detenerse.

Conall dio un paso adelante.

— ¿Qué significa esto, Zeta?

El príncipe no apartó la vista de Lux.

—Significa que tu Luna, se viene conmigo.

Y por primera vez desde que comenzó el entrenamiento…

El verdadero campo de batalla no era el de arena.

Era el que se libraba entre dos hombres dispuestos a incendiar el mundo por la misma mujer.

————————-

La imagen de Lux, vestida con ropa de entrenamiento, disponible en comentarios.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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