Maestro de la Lujuria - Capítulo 13
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13: Rick y Amanda [3] (18+) 13: Rick y Amanda [3] (18+) Capítulo – 13
—Quiero verlos, ¿eh?
—dijo Rick, apartando la mirada del rostro de Amanda para clavarla en su gran y blanco escote, que se adivinaba bajo la camiseta.
Aunque Amanda sabía que iba a ocurrir tarde o temprano, seguía sintiendo timidez.
A pesar de que Rick le pidió que se quitara la camiseta, ella no se movió.
—Entonces, déjame hacerlo a mí —Rick decidió tomar el asunto en sus propias manos.
Tiró de Amanda hacia él.
Rick le subió la camiseta de un tirón y la arrojó a un lado.
Ahora Amanda estaba sentada frente a él, cubriéndose el pecho con las manos, sin siquiera mirar a Rick.
Llevaba un sujetador de encaje blanco con algunos motivos.
El sujetador intentaba ocultar sus tetas, pero sus melones eran tan grandes que Rick podría haber jurado que querían liberarse de esa prisión.
—¿Puedo tocarlos?
—susurró Rick al oído de Amanda.
Sabía que Amanda sentía su tacto sobre la piel.
No lo detendría.
Pero tenía que preguntar.
Por lo que el sistema le había dicho, Amanda tenía una debilidad por los susurros.
La excitaban.
Y, además, quería experimentar el sexo tierno.
El sexo tierno no consistía solo en hacerlo despacio.
Se trataba más bien de construir la confianza, la conexión emocional entre ellos.
Rick tenía que demostrar que se preocupaba por Amanda y también por sus sentimientos.
Los ojos de Rick ya miraban con avidez los pechos de Amanda, y su polla estaba dura como una roca de nuevo.
Y Amanda también lo vio.
Pero, a pesar de eso, él le pidió permiso, y eso la conmovió.
De hecho, se alegró de que Rick le preguntara.
Demostraba que le importaba lo que ella quería.
Tenía voz y voto en todo esto.
Aunque quizá no fuera necesario.
Ya habían cruzado la línea y no había forma de detenerlo.
Pero aun así…
Lentamente, Amanda bajó las manos, y sus tetas quedaron a la vista de Rick.
No dijo nada.
Simplemente le dejó admirar su pechonalidad durante un rato, saboreando la atención y la sensación de su intensa mirada en sus tetas.
Solo con mirarlos, Rick hizo que sus pezones se pusieran duros y erectos.
Incluso dentro del sujetador, sus tetas eran lo más increíble que Rick había visto jamás.
Lenta, pero vacilantemente, extendió la mano hacia ellas.
—Puedes hacerlo.
No pasa nada —habló por fin Amanda, dándole permiso a Rick.
Esto le dio a Rick el empujón final.
Colocó una mano en su cintura y la izquierda sobre su pecho izquierdo, y le dio un buen apretón.
Amanda gimió y arqueó la espalda de placer.
Rick se inclinó hacia delante.
Puso la cara entre sus pechos y empezó a darle a Amanda besos húmedos por todas partes.
Empezó por los pechos y subió hasta el cuello y luego las orejas.
No dejó ningún lugar sin explorar.
Rick no tenía prisa.
Se tomó su tiempo.
Sus besos eran suaves, pero sus efectos perduraban incluso después de que se hubiera movido.
Amanda se estremecía cada vez que los labios de Rick tocaban su piel.
Sus manos se deslizaron por detrás de su nuca y le agarraron del pelo.
Mientras él se movía, Amanda lo atrajo aún más hacia sí.
Con cuidado, Rick la rodeó por detrás y le desabrochó el sujetador.
Le quitó los tirantes de los hombros y dejó los pechos de Amanda completamente al descubierto.
Rick se sintió mareado al instante, como si toda la sangre de su cuerpo se hubiera precipitado directamente a su polla.
Nunca en su vida había estado tan duro.
—¿Qué te parecen?
—preguntó Amanda con timidez.
Pero Rick no podía ni hablar.
Era como si ni siquiera la hubiera oído.
—Lo tomaré como una buena señal —dijo ella con una risa.
Rick agarró a Amanda por las piernas y la acercó aún más.
Hizo que Amanda se tumbara de espaldas en el suelo mientras él se ponía sobre ella, apretando y chupando sus tetas.
Sus grandes pezones estaban totalmente erectos y cubiertos de su saliva.
Rick iba y venía de uno a otro, chupando cada uno mientras sus manos amasaban sus pechos.
Ahora Rick estaba excitado como una bestia salvaje.
Rick siguió chupando los pechos de Amanda como un bebé durante unos cinco minutos antes de soltarla por fin y respirar hondo.
—Eso ha sido…
eso ha sido otra cosa —murmuró.
Aunque soltó los pechos de Amanda, su mirada siguió fija en esas grandes y blancas tetas.
«¿Cómo seguía virgen con estas tetas?».
A Rick le costaba creerlo.
—Tú…
Tú…
Chico malo —Amanda miró a Rick e intentó parecer enfadada.
Pero cuanto más fruncía el ceño, más mona se veía.
Al principio dejó que Rick hiciera lo que quisiera con sus tetas.
De hecho, al principio sintió cosquillas.
Pero al cabo de un minuto, no pudo evitar gemir.
Su cuerpo se estremecía cada vez que Rick le lamía los pezones o le besaba las tetas.
En no más de un par de minutos, ya estaba mojada ahí abajo.
Era vergonzoso.
—¿Ya has terminado?
—preguntó Amanda.
Todo era demasiado para una primeriza como ella.
Su cuerpo ya estaba al borde del colapso.
No parecía que pudiera aguantar mucho más.
—¿Qué dices?
—Rick miró a Amanda con una sonrisa de superioridad—.
Apenas estamos empezando.
Miró los hermosos ojos de Amanda y respiró hondo.
En un instante, metió las manos bajo su falda, agarrando la primera tela que encontró.
Antes de que Amanda tuviera tiempo de reaccionar, él ya estaba de rodillas y le había bajado de un tirón las bragas de encaje blancas hasta las rodillas.
—¡Rick!
—exclamó Amanda, sorprendida.
Pero Rick ignoró su protesta.
Se arrodilló en el suelo y separó las piernas de Amanda mientras ella forcejeaba.
Sabía que ella no iba a aceptar de repente lo que él estaba a punto de hacer, así que tenía que actuar rápido.
Le quitó las bragas del todo mientras le sujetaba las piernas.
—¡¿Qué estás haciendo?!
—exigió Amanda, intentando en vano cerrar las piernas.
Subiéndole la falda, Rick vio por primera vez de cerca el coño de Amanda.
La suave piel rosada pedía a gritos ser tocada.
Estaba bien depilada a los lados y también por arriba.
Rick podría habérselo quedado mirando todo el día, pero se obligó a apartar la vista y rápidamente empezó a lamer su rendija.
A pesar de sus gritos de protesta, Amanda dejó de intentar mantener las piernas cerradas.
Medio en shock, medio sabiendo lo desesperadamente que lo necesitaba, Amanda se quedó inmóvil y permitió que Rick, un desconocido, explorara libremente su coño.
Rick sonrió al darse cuenta de que ella se lo estaba permitiendo.
Nunca le había comido el coño a una chica antes, así que no tenía mucha experiencia, pero tenía claros los fundamentos.
Todo lo que necesitaba era una oportunidad para ponerlos a prueba sobre el terreno.
Rick lamió a Amanda de abajo arriba, empezando justo por encima de su ano y terminando en su clítoris.
La lamió rápidamente solo con la punta, y luego más despacio y deliberadamente con todo el ancho de su lengua.
—Ric…
¡Rick!
¡Oh, Dios mío!
—gimió Amanda.
Se estremeció de placer.
Intentó incorporarse, pero volvió a caer de espaldas a los pocos segundos.
Cuando terminó de juguetear con su coño, Rick deslizó la lengua dentro del coño de Amanda, retorciéndola y girándola.
Amanda gruñó y agarró el pelo de Rick, casi intentando forzar su cabeza más adentro entre sus piernas.
Rick lamió los suaves pliegues de sus labios vaginales y luego se detuvo, mirando a Amanda.
—¡Oh, Rick, no pares!
—gimió Amanda de placer.
Cuando Rick oyó a Amanda, sonrió y se zambulló de nuevo a por más.
Le separó los labios del coño con los dedos y metió la lengua dentro de ella tan profundamente como pudo.
Amanda volvió a estremecerse y levantó las rodillas, dándole a Rick aún más acceso a su brillante rendija.
Lamió su agujero como un cachorrito sediento, saboreando los jugos que prácticamente se derramaban de ella.
Rick pasó entonces a su clítoris y empezó a golpearlo suavemente de un lado a otro con la lengua.
Amanda soltó un gemido profundo y empezó a apretarse sus propios pechos, sintiendo el placer.
Rick siguió lamiendo un rato y luego le metió dos dedos dentro.
La folló con los dedos, sintiendo la caliente humedad de su coño mientras este se contraía a su alrededor.
Haciendo su movimiento final, Rick puso los labios alrededor del hinchado clítoris de Amanda y empezó a succionarlo ligeramente mientras metía y sacaba los dedos de ella.
Amanda chilló de placer y gritó mientras Rick la chupaba.
—¡Ohhhh, Dios mío!
¡Oh, Rick!
Se detuvo brevemente y observó cómo el fruncido agujero de Amanda palpitaba y se contraía de placer.
Finalmente, Rick volvió a hundir dos dedos en su coño.
Ella movía las caderas hacia atrás como si la estuvieran follando, y Rick tuvo que esforzarse para mantenerse en su sitio.
Pero aguantó con ella y trabajó los agujeros de Amanda mientras ella finalmente sentía que su orgasmo estaba en camino.
—¡Ohhhh, mierda!
Ohh, me voy a correr.
¡Rick!
Me voy a correr…
¡¡¡Ohhhhhhhhh!!!
Rick se quedó con ella mientras Amanda alcanzaba el orgasmo, temblando y gimiendo salvajemente mientras se retorcía en el suelo.
Rick podía sentir los espasmos del coño de ella alrededor de sus dedos mientras los bombeaba dentro y fuera.
Tras unos instantes, Amanda dejó de moverse y Rick cayó de culo al suelo.
Jadeando como una perra en celo, Amanda se dio la vuelta y se desplomó sobre su espalda.
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