Maestro de la Lujuria - Capítulo 130
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130: Rick y Olivia [4] (18+) 130: Rick y Olivia [4] (18+) Capítulo – 130
Los rayos de sol que se colaban por las finas cortinas despertaron a Rick.
Se despertó de golpe, asimilando el entorno desconocido, hasta que los lentos recuerdos de la noche anterior lo inundaron.
Se dejó caer de nuevo sobre las almohadas y pasó una mano por su lado.
El otro lado de la cama estaba vacío y, por un momento, se quedó allí tumbado, rememorando los acontecimientos de la noche anterior.
Los recuerdos invadieron su mente, dejándole una sensación de incredulidad: se había acostado con su primer amor.
¡Joder!
Pasó los dedos por el espacio donde podría haber dormido Olivia, con una sonrisa dibujada en los labios.
La conciencia de la intimidad compartida flotaba en el aire, la sensación de la suave piel de ella bajo las yemas de sus dedos.
Respiró hondo, con la esperanza de capturar la persistente fragancia de la presencia de Olivia.
Se levantó, agarró sus bóxers y sus vaqueros y salió de la habitación en busca de cierta mujer de pelo rosa.
Mientras bajaba las escaleras con paso cansado, percibió el olor de un producto de limpieza con un falso aroma a flores.
El recibidor estaba ahora limpio de todo rastro de los sucesos de anoche.
Las botellas de cerveza y los envases de comida para llevar que ensuciaban el suelo después de que Rick los apartara de la mesa para hacerle sitio a Olivia habían desaparecido.
Incluso la mesa estaba ahora reluciente tras una buena limpieza y completamente despejada.
Todo parecía normal.
Impecable.
Excepto por el cuerpo inconsciente que aún yacía boca abajo en la alfombra, contaminando la calma con sus sordos ronquidos.
Rick recorrió la habitación con la mirada, buscando a Olivia, y oyó unos débiles ruidos que provenían de la cocina.
Dirigiéndose a la cocina, Rick se encontró con la espalda de Olivia.
Llevaba un vestido gris, liso y holgado que le llegaba más abajo de las rodillas, y su atención estaba completamente centrada en la hornilla, donde se cocinaban a fuego lento unas tortitas recién hechas.
Su pelo aún estaba algo húmedo, y unas diminutas gotas de agua danzaban lentamente, salpicando el vestido gris que llevaba.
Era como una discreta obra maestra doméstica y, por alguna razón, a Rick le tocó la fibra sensible.
Una extraña calma bullía en su interior.
Acortando la distancia, Rick se acercó a Olivia por detrás, con sus pasos casi silenciosos sobre el suelo limpio.
Con un movimiento rápido y suave, le rodeó la cintura con los brazos, atrayéndola en un abrazo.
El contacto inesperado le provocó un escalofrío a Olivia, y ahogó un grito de sorpresa.
—Buenos días —el saludo susurrado de Rick acarició suavemente el oído de Olivia, enviándole un escalofrío por la espalda.
Sin embargo, a pesar de la intimidad del momento, una barrera invisible parecía retener a Olivia en su sitio.
Girándose lentamente para encarar a Rick, los deliberados movimientos de Olivia lo obligaron a soltar su abrazo.
Mantenía la cabeza gacha, protegiendo su agitación interna de la mirada inquisitiva de Rick.
Los acontecimientos de la noche anterior persistían, y Olivia lidiaba con la lucha interna de asignar culpas.
Sin embargo, se resistió al impulso de descargarlo todo sobre Rick.
—Lo de anoche fue… —continuó Rick, ajeno a la agitación interna de Olivia.
Olivia no quiso mirarlo mientras terminaba la frase, así que se volvió hacia la hornilla y le dio la vuelta a las tortitas, haciendo una mueca al notar los círculos casi ennegrecidos en la sartén.
Rick se rio entre dientes a su espalda.
—Sí.
Yo tampoco tengo palabras para describirlo.
Olivia reprimió el sonrojo que le subía por el rostro.
¿Cómo demonios había accedido?
Y con Greg allí mismo, bajo el mismo techo.
Estaba justo al lado cuando Rick…
No.
Mejor no pensar en eso por ahora.
Emplató las tortitas quemadas, apagó la hornilla y pasó de largo junto a Rick, que estaba demasiado ocupado recorriéndole los costados con las manos como para notar la tensión que ella emanaba.
Abrió de golpe un armario superior, sacó una botella casi vacía de sirope de arce y puso ambas cosas, el plato y el sirope, en las manos de Rick para mantenerlas ocupadas.
—Señora Clarke, debo decir que despertarme con un desayuno como este es un placer bastante inesperado después de nuestra noche de aventuras —comentó Rick, con una sonrisa pícara en los labios.
Con despreocupación, dejó su plato en la mesa y cubrió generosamente sus tortitas ligeramente quemadas con una cascada de sirope, todo ello mientras evitaba hábilmente mencionar que estaban quemadas.
Mientras tanto, Olivia habitaba un mundo distinto al de las bromas despreocupadas de Rick; uno saturado con los tonos de culpa y arrepentimiento que teñían cada una de sus reflexiones.
Sus dedos delataban su agitación interna, jugueteando nerviosamente mientras esperaba con paciencia el goteo gradual del café de la máquina, de espaldas a él en todo momento.
—Lo de anoche fue otra cosa, ¿eh?
Una locura total.
Si me preguntas, creo que te hizo bien.
Te ayudó a desconectar de un montón de cosas.
Además, no fue lo único que tuvo un final explosivo.
¿No crees?
—dijo Rick con la boca llena.
Olivia se agarró a la encimera, hundiendo los dedos en la madera desconchada hasta que sintió las marcas formarse en las palmas de sus manos.
—Solo son tortitas.
No hay nada de loco en unas tortitas.
—Tú y yo sabemos que no estoy hablando de las tortitas.
Aunque, he de decir que están bastante buenas.
Olivia se tragó una risa burlona.
¡Este chico!
Con manos temblorosas, sostuvo la taza de café, llevó los labios al borde y dio un sorbo lento.
El amargor caliente que se deslizaba por su garganta apenas alivió la tensión que irradiaba de ella.
Una tensión que Rick no parecía captar.
—¿Qué?
¿Vas a quedarte ahí parada ignorándome?
—preguntó Rick.
A pesar de las duras palabras, no había malicia en su tono, solo simple curiosidad—.
¿Actuar como si fuera invisible?
—¿Podemos no hablar de lo de anoche?
—suplicó Olivia, con la voz apenas audible—.
Por favor.
A diferencia de ella, Rick no ocultó su risa burlona.
—Si no estás de humor para hablar de lo de anoche, no me importaría refrescarte la memoria con algunas repeticiones.
Olivia casi se atragantó con el café ante su descaro.
La ira bullía en su interior.
Ira pura e incontenible.
¿Cómo podía hablar de ella así?
Como si fuera una cualquiera con la que se tropezó en los rincones oscuros de la ciudad, recogida de las calles.
Olivia lo había visto crecer, por el amor de Dios.
¿Adónde habían ido a parar sus malditos modales?
Sin embargo, la rabia amainó.
En el fondo, Olivia sabía que era una cortina de humo para otra cosa.
La culpa, la verdadera culpable, escondida bajo la fanfarronería.
«¿Cómo dejé que esto sucediera?», pensó para sí, dejando la taza de café, cuyo amargor ya no la consolaba.
«¿Cómo me volví tan débil?
Es todo culpa suya.
Él y sus manos largas.
Pidiendo, no, exigiendo lo que no podía dar».
Olivia intentó culpar a Rick.
Su mente se aceleró con pensamientos de la noche anterior, con Rick exigiéndole cosas que no podía dar.
Pero con cada intento de echarle la culpa, una ola de autorreproche se abatía sobre ella.
No había sido cosa de uno solo; ella fue una participante dispuesta, aunque en conflicto, en todo el lío.
Deseaba poder convencerse de lo contrario, pero la verdad la carcomía.
Echó un vistazo a Rick por encima del hombro.
Estaba apoyado en la encimera de enfrente, con los brazos cruzados y la mirada clavada en ella.
¡Oh, Dios!
¿Y qué hay de Greg?
Estaba allí mismo cuando ellos… cuando ellos… Joder, ni siquiera podía decirlo en voz alta.
Olivia sabía que su matrimonio estaba en la cuerda floja.
Llevaba así mucho tiempo.
Pero ella nunca fue de las que rompían sus votos.
Y, sin embargo, ahí estaba.
Acostada en la cama con un hombre que no era su marido.
Y no un hombre cualquiera.
Un chico al que vio crecer.
¿Por qué demonios accedió a esto?
¿Qué pensaría el padre de Rick si se enterara?
El hombre la estaba ayudando de formas que nunca podría pagarle, ¿y para agradecer su generosidad se acostaba con su hijo?
¡Alguien de la edad de su hija!
¡Emily!
Mientras Emily luchaba por su vida en la UCI, ella estaba aquí, abriendo las piernas y gimiendo como una puta barata.
Su pobre bebé la habría estado esperando.
La mente de Olivia se desvió hacia su hija, que la esperaba y necesitaba a su mamá.
La mano de Olivia se alzó para cubrir su boca.
«No merezco ser madre».
Antes de que pudiera romper a llorar, Rick la giró y tiró de ella hacia sí.
Sus fuertes brazos le rodearon la cintura y la abrazaron contra su pecho.
Olivia odió la forma en que disfrutaba del calor familiar que él desprendía y se prometió a sí misma que pondría fin a esto.
Les daría las gracias a Rick y a su padre y los enviaría a casa.
Esta era su batalla, y de alguna manera encontraría la forma de pagar todas las facturas.
No quería tener que ver a Rick y a su padre y ahogarse en culpa cada vez; ya tenía bastante con lo suyo.
Perdida en su propio torbellino de sentimientos, Olivia apenas se dio cuenta de que Rick se inclinaba hacia ella.
En lugar de apartarlo, se quedó paralizada; su cuerpo la traicionó, aceptando todo lo que se le venía encima.
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