Maestro de la Lujuria - Capítulo 155
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155: Rick suelta la sopa 155: Rick suelta la sopa Capítulo – 155
La vibración de su teléfono despertó de golpe los sentidos de Rick, que gimió mientras lo buscaba a tientas.
Una súplica interna resonó en su mente, esperando que la llamada no fuera otra urgencia.
Entrecerró sus ojos somnolientos para mirar la pantalla, que revelaba el nombre de su padre.
Una repentina oleada de culpa y ansiedad lo invadió; no había previsto que su padre lo llamara, sobre todo después de los caóticos sucesos de la noche anterior.
A regañadientes, aceptó la llamada, intentando que su voz sonara despreocupada.
—Hola, papá.
¿Qué pasa?
La voz de su padre llegó a través del teléfono, con una evidente mezcla de preocupación y cansancio.
—Rick, ¿cómo estás?
¿Y dónde estás?
—Las preguntas quedaron flotando en el aire, cargadas de implicaciones tácitas.
—Mmm…
Estoy bien, papá.
Simplemente relajándome en casa —mintió Rick, cruzando los dedos para que su padre no discerniera el sonido ahogado de las sábanas moviéndose a su lado ni oyera los suaves ronquidos de Amanda de fondo.
—¿Estás seguro?
Suenas cansado.
Quizá sería buena idea que volvieras al hospital y dejaras que los médicos te hicieran otro chequeo —dijo el padre de Rick, expresando su preocupación.
Un pesado suspiro escapó de los labios de Rick.
La preocupación de su padre se cernía sobre él, magnificada por la calamidad de la noche anterior.
Los efectos de los analgésicos se desvanecían gradualmente y Rick se dio cuenta de que era muy consciente de cada punzada, latido y escozor en todo su cuerpo.
—Papá, de verdad, estoy bien.
Es solo una cosa sin importancia.
Tengo mis medicinas a mano.
Me las apañaré, te lo prometo.
—¿Que no es nada?
Rick, te apuñalaron.
Eso no es «nada» —espetó su padre.
Una punzada de incomodidad recorrió a Rick.
No pretendía alterar a su padre.
Rick era muy consciente de que su padre seguía nervioso, sobre todo después de haberlo visto con Olivia.
Lo único que quería era que su papá le diera la oportunidad de explicarse antes de sacar conclusiones precipitadas.
—En fin —intervino su padre, cambiando de tema tal y como Rick había previsto—, tengo algo que contarte…
—Vuelvo a casa —dijo finalmente el padre de Rick.
Rick sintió una repentina sacudida de sorpresa.
La idea de que su padre se marchara tan deprisa lo tomó por sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta que Emily aún no se había despertado.
Sus familias siempre habían estado muy unidas y, dado el reciente apoyo de su papá a Olivia, Rick supuso que se quedaría hasta que las cosas se calmaran.
—¿Que vuelves a casa?
¿Por qué?
¿Qué ocurre?
—inquirió Rick, con la curiosidad grabada en su rostro.
—No pasa nada, Rick.
Solo necesito algo de tiempo.
Necesito ponerme bien, y la cabeza me duele todo el tiempo.
Una oleada de culpa invadió a Rick.
Podía sentir que su padre no estaba siendo del todo sincero.
La verdadera razón flotaba en el aire, evidente, aunque su papá no estuviera preparado para afrontarla.
—Bueno, hijo, hablamos luego.
Tengo un largo viaje por delante —declaró su padre y, antes de que Rick pudiera decir algo, añadió rápidamente:
—Espero que tengas cuidado, viendo que puede que a Greg no le siente demasiado bien esta nueva situación entre tú y Olivia.
—Dicho esto, su padre cortó la llamada y dejó a Rick aturdido.
Rick se quedó mirando el teléfono, consumido de repente por un cúmulo de emociones irritantes.
Estaba triste porque su padre se iba, enfadado porque lo juzgaba, culpable por mentirle y asustado de que su padre no aceptara su amor por Olivia.
Bueno, en realidad no le preocupaba que su padre los aceptara a él y a Olivia.
Rick sabía que si pudiera tener una conversación normal con su padre, una que no terminara con una advertencia o un adiós, podría explicárselo todo y su padre no tendría por qué ser tan receloso al respecto.
Exhalando pesadamente, guardó el teléfono.
Desvió la mirada y observó a Amanda, acurrucada y durmiendo plácidamente entre sus brazos.
Su belleza, ajena a todo, pintaba un cuadro de inocencia, inconsciente de la tempestad en los pensamientos de Rick.
Entonces, cayó en la cuenta de una verdad inoportuna.
En el poco tiempo que conocía a Amanda, la única actividad que habían compartido era follar.
Sabía que solo estaba con ella porque le venía bien, y también porque estaba disponible, lo que realmente no era justo para una mujer tan increíble.
Le apartó con delicadeza el pelo de la cara y le besó la frente.
Sintió una oleada de afecto y gratitud por ella.
Era amable, leal, comprensiva y lo apoyaba.
Nunca le pedía nada, nunca se quejaba, nunca lo presionaba.
Siempre estaba ahí para él cuando la necesitaba y no cuestionaba nada de lo que él le pedía.
Era su amiga, aunque en realidad no hablaban de las cosas que de verdad importaban.
Rick sabía que ella merecía algo mejor que él.
La rodeó con sus brazos y la abrazó con más fuerza.
Quería compensarla, demostrarle cuánto la apreciaba, cuánto le importaba.
Tal vez podría invitarla a cenar a un buen restaurante, a un lugar romántico, donde la comida fuera sublime y el ambiente tranquilo.
Quizá podría comprarle un regalo, algo especial, algo que le gustara, ¿como una joya cara?
A las mujeres les gustan las joyas, ¿no?
Hacer un viaje a un lugar agradable tampoco era mala idea.
Podría llevarla a un sitio relajante, como un resort o una isla de lujo.
Rick sabía que cualquiera de estas ideas funcionaría, pero también sabía que no eran suficientes.
Eran solo gestos superficiales, no había un verdadero afecto detrás de ellos.
Tal vez podrían quedarse en casa, y Rick podría prepararle un agradable y lujoso baño, con las fragancias más caras que pudiera encontrar.
Después le daría un masaje, la dejaría relajarse y dejarse mimar.
Justo en ese momento, Amanda se despertó.
Abrió los ojos y le sonrió, acurrucándose más contra él.
—Buenos días, guapo.
¿Dormiste bien?
—dijo.
Rick sonrió y la besó en el entrecejo.
—Buenos días, preciosa.
Dormí bien, gracias a ti.
Amanda le dio un beso como es debido en la boca, al diablo con el aliento mañanero.
—Me alegro.
Anoche parecías muy cansado.
¿Cómo te encuentras ahora?
Necesitas comer algo para poder tomarte tu dosis.
—No te preocupes, querida.
Soy la personificación de la salud, como un semental en su mejor momento —Rick esbozó una sonrisa pícara—.
Estoy seguro de que mi resistencia en la actuación de anoche lo demuestra.
Amanda le clavó un dedo en el costado en broma, deleitándose con el respingo de satisfacción que cruzó el rostro de Rick.
Una sonrisa triunfante se apoderó de sus rasgos.
—¿Con que un semental, eh?
Parece que el golpe ha dado en un punto sensible, ¿o era una costilla?
—Vale, me has pillado.
En fin, olvida todo eso.
¿Quieres que hagamos algo?
—dijo Rick, tratando de no avergonzarse.
Amanda enarcó una ceja.
—¿Hacer qué?
—Algo divertido.
En realidad no hacemos nada juntos aparte de tener sexo.
Amanda ladeó la cabeza.
—Tenía la impresión de que lo que había entre nosotros se limitaba solo a eso.
Los dedos de Rick dibujaron círculos en su espalda desnuda, deleitándose al ver cómo se le erizaba la piel.
—Sí, pero ¿quién sabe?
Quizá te guste mi compañía fuera de la cama.
Como en esa cita.
Y, por supuesto, después de la cita podemos continuar.
Los labios de Amanda se estiraron en una amplia sonrisa y se giró en los brazos de Rick.
Pasó una pierna por encima de las caderas de él y apoyó la cabeza en la palma de su mano.
Rick se quedó mirando cómo sus pechos voluptuosos se mecían en su sitio.
Tenían el tamaño perfecto, ni demasiado grandes como para caerse, ni demasiado pequeños como para pasar desapercibidos.
El tamaño justo para que, cada vez que Rick los sujetaba, no le cupieran en las palmas de las manos, pero tampoco fueran balones de baloncesto.
Ahhh…
Y la suavidad.
Amanda tenía un cuerpo por el que, literalmente, se podía morir, o quizá incluso matar.
Caderas generosas, cintura pequeña, muslos fuertes y hermosos entre los que estar era una gloria absoluta, una clavícula sexi, pechos respingones y un trasero que hacía que todos se preguntaran cómo podía ser natural.
Pasó sus suaves dedos por el vello de su pecho.
—No me importa si no quieres llevar esto más lejos, ¿sabes?
Me gusta tener sexo contigo.
Tu tacto, me pone… —Dejó la frase en el aire, pensando en la palabra correcta.
—¿Loca?
—sugirió Rick.
—Electrizada —dijo ella—.
Como si me cargara por completo cada vez que me tocas.
Como si quisiera ser buena para ti.
Quiero ser lo único en lo que pienses durante el resto del día.
—Me alegro de que te sientas así, pero de verdad, quiero hacer algo más contigo, ‘Manda.
Quiero demostrarte que me importas de verdad.
Amanda frunció el ceño, pensativa, y luego dijo: —Nos conocemos desde hace bastante tiempo, pero todavía no sé nada de ti.
Cuéntame algo sobre ti.
Rick sonrió.
Había muchas cosas que podía contarle.
Y muchas otras que no necesitaba saber.
Así que, si quería algo real de Rick, tendría que ganárselo.
Rick entrelazó los dedos detrás de la nuca, sobre la almohada.
—Dispara tus preguntas, bebé.
Soy todo tuyo.
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