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Maestro Doctor Inmortal Urbano - Capítulo 109

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  3. Capítulo 109 - 109 109 El pasado de Xiao Ya
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109: 109: El pasado de Xiao Ya 109: 109: El pasado de Xiao Ya —Hermana Ya, si te pasa algo, no te lo guardes.

Sé escuchar muy bien —dijo Tang Feng, sentándose a su lado, listo para que Xiao Ya se desahogara.

Quizás fue el sentimiento de agravio lo que hizo que Xiao Ya revelara el secreto que había guardado en su corazón.

Resultó que ella era una estudiante becada, y la pareja de antes eran los benefactores que la habían apoyado durante la carrera de Derecho.

Y su hijo, Lin Zhihong, siempre había estado enamorado de Xiao Ya.

Pero ella no quería estar atada por la gratitud.

Si ayudarla significaba que tenía que pagarlo con su vida entera, no podía aceptarlo.

Con los años, les devolvió al matrimonio Lin el dinero que había ganado, casi diez veces lo que le habían dado, pero ni así consiguió su perdón.

Lin Zhihong estaba a punto de regresar del extranjero y ellos se atrevieron a imponerle un matrimonio, amenazando incluso a su bufete de abogados.

Las palabras del Viejo Lin antes de marcharse fueron muy claras: si quería seguir con su bufete, tenía que aceptar la realidad.

No podía ceder.

Pero un favor es un favor, y no podía decirles nada hiriente, no fuera a ser que la tacharan de desagradecida.

Por eso, lo más difícil de saldar en este mundo es una deuda de gratitud; a veces hay que pagarla durante toda la vida.

Algunas personas que han hecho un favor pueden pasarse la vida recordándolo, contándole a todo el mundo que, de no ser por ellas, el otro no habría conseguido nada.

En resumen, es un cuento de nunca acabar.

Como un agujero negro.

Por supuesto, hay gente verdaderamente bondadosa que no espera nada a cambio, pero son muy escasos.

De hecho, si la gente no midiera tanto la ayuda que se presta, este mundo sería un lugar con más amor.

Quienes hacen favores sin esperar nada a cambio, y quienes los reciben y mantienen siempre un corazón agradecido, ayudarán a su vez a otros que lo necesiten.

De este modo, la buena voluntad se transmite, las intenciones amables se propagan cada vez más, hasta formar un círculo virtuoso.

Al menos, así pensaba y actuaba Xiao Ya, pero Tang Feng no.

Al menos no ahora, pues no tenía la cabeza para esas cosas.

Él provenía del mundo de la cultivación, donde lo único que había visto y oído eran masacres y crueldad.

La bondad podía costarte la vida en cualquier momento, y una máxima que había aprendido en situaciones de vida o muerte era mirar para otro lado en vez de tener la más mínima intención de intervenir.

Esa fue también la razón de su corazón de piedra en su vida pasada.

Tras ver demasiados engaños y cómo se desdibujaba la línea entre el bien y el mal, se fue volviendo un ser de sangre fría, aterradoramente frío, que actuaba por puro capricho.

Hacía lo que le venía en gana, sin amigos, y si se le enfrentaba un enemigo, ya fuera la Secta, los Cultivadores Libres o cualquier alianza, con tal de que le resultaran molestos, los aniquilaba a todos.

Así de déspota y poderoso era.

Por eso, al ver la cara triste de Xiao Ya, no supo cómo consolarla, porque simplemente no era capaz de hacerlo.

No podía hacerle ninguna promesa, no porque le diera miedo asumir responsabilidades, sino porque temía que no fuera el momento oportuno.

Él se limitó a escuchar sin hacer demasiados comentarios, y Xiao Ya se fue calmando poco a poco.

Al darse cuenta de que había perdido el control, recompuso el ánimo.

Entonces, se le ocurrió otra cosa: le había contado demasiado a este joven.

Qué vergüenza.

No, tenía que hacer que se callara.

—Tang Feng, no has oído nada, ¿verdad?

—preguntó Xiao Ya, recuperando su fría fachada de abogada.

—No te preocupes, me lo guardaré todo para mí; no diré nada inoportuno —dijo Tang Feng sin darle demasiada importancia.

Sonrió, dio un sorbo a su café y se quedó mirando a Xiao Ya con interés, esperando a ver qué decía a continuación.

—Eso espero.

Gracias por lo de hoy.

Mira a ver qué quieres comer y pide lo que sea —dijo Xiao Ya, aliviada por la cooperación de Tang Feng.

—Como invitas tú, no me cortaré un pelo.

Pero ¿te lo puedes permitir?

—preguntó Tang Feng.

—Yo no como.

Me limitaré a verte comer a ti.

—Entonces yo tampoco podré comer mucho, y me resultará incómodo.

Será mejor que te acompañe a dar un paseo —dijo Tang Feng con una sonrisa.

Xiao Ya no esperaba que Tang Feng fuera tan considerado; estaba bastante sorprendida y sintió que lo había subestimado.

Nunca antes había paseado por la playa por la tarde; no había paisajes bonitos, solo rocas, arena y agua, un plan sin la más mínima gracia.

Sin embargo, el humor de Xiao Ya era excepcionalmente ligero, volviéndose etéreo.

Lanzó una mirada furtiva a Tang Feng y descubrió que, mientras miraba al cielo con la mente en otra parte, su mirada tenía cierta profundidad.

Qué rabia daba este crío tan joven que se las daba de tener la sabiduría de un anciano.

Pero tenía que admitir que la actitud de Tang Feng en ese momento la conmovió profundamente.

Percibió en él un atisbo de tristeza, un poco de resentimiento y, sobre todo, una intensidad oculta.

¿En qué estaría pensando?

Avanzó un par de pasos a propósito y se detuvo justo delante de Tang Feng, pensando que a partir de ahí todo fluiría de forma natural, y se rio para sus adentros.

¡Pum!

Por desgracia, la colisión esperada no se produjo.

Aunque la mente de Tang Feng estaba en otra parte, su Sentido Divino era poderoso y se detuvo a escasos centímetros de Xiao Ya.

Xiao Ya esperó una reacción durante un rato, pero al no obtenerla, giró la cabeza y vio que el idiota seguía absorto en sus pensamientos, aunque de algún modo había logrado frenar su cuerpo.

Era demasiado extraño.

Se sintió molesta.

Su belleza no era en absoluto inferior a la de Mu Qingwan, así que ¿por qué no podía atraer a este jovencito?

Y pensar que había dicho que la acompañaría…

ahora parecía que era ella la que lo acompañaba a él.

—¡Ay!

—gimió Xiao Ya, perdiendo el equilibrio.

Tang Feng por fin volvió en sí y, rápido de vista y de manos, la sujetó en sus brazos justo cuando estaba a punto de chocar contra el suelo.

Xiao Ya sintió la fuerte palma que la sujetaba y, al instante siguiente, se encontró en brazos de Tang Feng.

—¿Qué te pasa, Hermana Ya?

—preguntó Tang Feng, preocupado.

—Yo…, creo que me he torcido el tobillo —mintió Xiao Ya.

Al estar en brazos de Tang Feng, unas sensaciones extrañas le recorrieron todo el cuerpo, como una descarga eléctrica: un hormigueo, una flojera, un picor.

Tang Feng no sospechó el engaño.

Al ver la expresión de dolor de Xiao Ya, la cogió en brazos y dijo: —Volvamos.

—Ah, no, no lo hagas —exclamó Xiao Ya, que, al sentirse flotar en el aire, se asustó tanto que se aferró al cuello de Tang Feng.

—Hermana Ya, con ese gesto podrías darme a entender cosas equivocadas —dijo Tang Feng riendo.

Al oírlo, Xiao Ya soltó las manos de inmediato, pero como tenía vértigo y le aterrorizaba estar suspendida en el aire, volvió a abrazar a Tang Feng por instinto.

Al verla así, Tang Feng sonrió de oreja a oreja, lo que hizo que Xiao Ya rechinara los dientes de rabia.

Le pidió una y otra vez que la bajara, pero él no le hizo el menor caso.

Él le dijo que tenía que ser responsable de ella ya que se había lesionado el pie, y al verse atrapada en su propia mentira, la cara de Xiao Ya se puso roja como un tomate.

Su cercanía los hacía parecer una pareja.

Costó un poco sentarla en el asiento del coche, pero para entonces, a Xiao Ya ya no le quedaban fuerzas.

Después de estar tanto tiempo en brazos de un hombre, sería raro no tener ninguna reacción física.

Con tantos estímulos, se sentía al límite, pero no se atrevía a demostrarlo.

—Estira el pie para que le eche un vistazo —sugirió Tang Feng, poniéndose en cuclillas frente al asiento del copiloto.

—No hace falta, ya estoy bien —dijo Xiao Ya, negando con la cabeza y agitando las manos a toda prisa, pues sabía perfectamente que Tang Feng poseía una Habilidad Médica y que le sería imposible engañarlo sobre si estaba herida o no.

—De eso nada.

¿No confías en mis habilidades?

No te preocupes, es solo un momento y te pondrás bien —dijo Tang Feng mientras le agarraba el pie.

—De verdad que estoy bien, no hace falta —forcejeó Xiao Ya, y en el forcejeo, tiró a Tang Feng al suelo sin querer.

—Tang Feng, ¿estás bien?

No lo he hecho a propósito —el rostro de Xiao Ya perdió su habitual frialdad, mostrando en su lugar dulzura y preocupación, y salió instintivamente del coche para ayudar a Tang Feng.

Pero cuando vio la sonrisa pícara en la cara de Tang Feng, se le encogió el corazón y se volvió a sentar rápidamente en su asiento.

—Hermana Ya, ¿a qué viene eso de fingir una lesión?

¿Lo has hecho para que te cogiera en brazos y así acercarte a mí?

¿No será que estás secretamente enamorada de mí?

—Tang Feng se inclinó hacia Xiao Ya, mirándole el bonito rostro con una sonrisa pícara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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