Magic Demon - Capítulo 21
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21: capitulo 21: misión solitaria 21: capitulo 21: misión solitaria Narrador: Ha pasado un día desde que Keds y Korid regresaron a casa Keds: Buenos días, Korid.
Sonríe al verlo Korid: Hola, Keds.
Le devuelve la sonrisa.
Keds sale afuera.
No camina, solo se queda mirando el cielo en silencio Keds: Korid… Korid se acerca.
Korid: ¿Qué pasó?
Keds: Hoy es el día… el Rey de la capital nos llevará al lugar de entrenamiento.
Korid: Tienes razón, Keds.
Lo mira con determinación.
Mientras en un lugar Un pueblo destruido.
Casas rotas Tierra quemada, silencio entre los escombros… se ven brazos demoníacos moviéndose lentamente Cambio de escena Palacio central.
Rey Fah: Entonces… ¿irás, Sunzuki?
Sunzuki: ¿Una misión solitaria, eh?
…Sí, iré.
Se coloca su gran espada en la espalda.
Mira a Yamito No dicen nada.
Solo una mirada de compañeros que se entienden Puerta principal de la muralla de la capital Sunzuki sale caminando.
Sunzuki: Una misión… estoy a unos veinte minutos de ese pueblo.
Creo que usaré mi magia para llegar más rápido.
Suspira Sunzuki: Magia del Árbol Divino.
Del suelo brota una rama gruesa, cubierta de energía.
Crece en un segundo y lo rodea como si fuera una extensión viva de su poder La rama se estira a gran velocidad, impulsándolo directo hacia el pueblo destruido.
Viento fuerte.
Polvo levantándose Mientras, en los límites de la ciudad, aún se veía el pueblo destruido por el reciente ataque, un recordatorio silencioso de la amenaza constante.
En la capital, en una plaza más céntrica y reparada, Keds y Korid salen a caminar y se encuentran con Danna, Mader y Frank, quienes ya los esperaban.
Frank, con su usual tono directo, pregunta: Frank: ¿Están listos?
Danna los mira, buscando confirmación en sus ojos.
Danna: ¿Ajá?
Mader, apoyándose en una pared, añade: Mader: ¿Lo están?
Keds y Korid se miran entre sí, una chispa de resolución compartida pasando entre ellos.
Luego, responden al unísono, con firmeza: Keds y Korid: ¡Sí!
En ese momento, el Rey de la capital aparece en el arco de una puerta cercana.
Su presencia, incluso sin ceremonial, impone respeto.
Rey Fah: Vengan.
Sin vacilar, todos responden, uniendo sus voces en un acorde de determinación: Todos: ¡Sí, señor!
Los chicos siguen al Rey Fah.
Sus pasos resuenan contra el pavimento de piedra pulida del palacio, un eco que se mezcla con el lejano murmullo de la capital que despierta más allá de los muros.
La luz del amanecer, tenue y dorada, se filtra por los altos ventanales, iluminando columnas esculpidas y estandartes que cuelgan en silencio.
El aire es fresco y huele a cera pulida y a la tierra húmeda de los jardines interiores.
Avanzan en fila, la solemnidad del lugar ahogando cualquier conversación.
Solo el sonido de sus botas y el suave crujir del cuero de la armadura del Rey los acompañan, mientras se adentran en el corazón del poder y el entrenamiento Rey Fah: Aquí entrenarán.
Keds y los chicos, mirando a su alrededor con una mezcla de asombro y determinación, repiten: Keds y los chicos: ¿Aquí?
Era un lugar muy adentro del palacio central, una sala de entrenamiento privada y amplia, con paredes de piedra reforzada, suelos de madera resistente y estanterías con equipamiento variado.
Luz natural entraba por claraboyas altas.
Y entran.
El ambiente era de concentración inmediata.
Mader y Frank intercambian una mirada y, sin perder tiempo, pegan puños en el aire, calentando y probando su fuerza.
Todos entrenan: Korid practica sus movimientos de agua, Danna perfecciona sus círculos curativos, y Keds observa, tratando de encontrar su ritmo.
Rey Fah, observándolos desde la entrada, da la orden final antes de retirarse: Rey Fah: Entrenen aquí.
Todos responden, su voz un eco en la sala amplia: Todos: ¡Sí!
Keds, mientras comienza a calentar, piensa en su interior, un nudo de preocupación y confusión en el estómago: Keds: Aquí puedo perfeccionar mi Glos…
porque tengo dos magias y no sé por qué.
Además, nadie sabe de esto…
¡Oh, mierda!
Mader: Oye, Keds, ¿cuántos años tienes?
Keds, distraído en sus pensamientos, se gira.
Keds: ¿Ah, yo?
14.
¿Por?
Mader pone una expresión de genuina sorpresa.
Mader: ¿¿¿14???
No, solo preguntaba.
Korid se acerca, con un aire de superioridad juguetona.
Korid: Pero soy mayor, yo tengo 15.
Keds lo mira con fastidio.
Keds: Cállate, Korid.
Después, la escena cambia.
Vemos el pueblo, o lo que queda de él.
El ambiente es de destrucción absoluta: casas reducidas a escombros humeantes, vigas carbonizadas que se alzan como dedos acusadores contra el cielo gris, y un silencio pesado, roto solo por el crujir de la madera quemada.
El aire huele a ceniza y dolor.
El demonio camina entre los restos, y se ríe, una risa macabra y hueca que retumba en la desolación.
De repente, de una rama alta de un árbol medio quemado, Sunzuki sale, cayendo en silencio hasta plantarse frente a la criatura.
Su voz es fría como el acero.
Sunzuki: ¿Con qué te diviertes, demonio?
Continuará!
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