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Magic Demon - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 Choque de poderes
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24: Capítulo 24: Choque de poderes 24: Capítulo 24: Choque de poderes El viento sopla entre las ruinas, levantando ceniza.

Sunzuki observa alrededor, atento.

Sunzuki: Vaya.

¿Adónde se fue?

Entre escombros, detrás de estructuras caídas, Gih se esconde.

Su respiración es pesada, entrecortada.

Gih (pensamiento): Oh, no…

Es fuerte y rápido.

Su magia…

¿”Árbol divino”?

Primera vez que la veo.

Sunzuki avanza unos pasos, espada en mano.

Sunzuki: Preséntate, demonio.

No huyas.

Gih aprieta los dientes.

Mira su mano derecha a medio regenerar; la carne demoníaca aún está incompleta, retorcida.

Gih: Vaya.

Tengo que hacerlo.

Se impulsa hacia adelante y sale de su escondite.

Corre directo hacia él.

Sunzuki la detecta al instante.

Sunzuki: Conque estabas allí.

Gih: ¡Toma esto!

Con su brazo izquierdo libera múltiples ráfagas demoníacas.

Energía rojo-negra corta el aire hacia él.

Mientras tanto, ella retrocede, ganando distancia sin que él note su verdadera intención.

Sunzuki ni se inmuta.

Sunzuki: Esto es lento.

SHHK — SHHK — SHHK Corta todas las técnicas con movimientos precisos de su espada.

Desde su gran espada brotan ráfagas verdes.

Salieron disparadas hacia Gih.

Ella se da cuenta y se mueve al límite para esquivar.

BOOM.

Una explosión sacude el lugar donde estuvo.

Humo cubre la zona.

Ese instante era lo que Gih necesitaba.

Entre la nube gris se revela sosteniendo una masa colosal de roca, un bloque arrancado del terreno, del tamaño de una fortaleza.

La sombra cubre el campo de batalla.

Gih la lanza.

El aire ruge mientras desciende directamente sobre Sunzuki.

El aura verde alrededor de su espada crece, más intensa y brillante que antes.

La sostiene firme.

SHHHK.

Corta la roca.

Por la mitad.

Las dos secciones caen a los lados, destrozándose contra el suelo en una lluvia de escombros.

El impacto sacude todo.

Gih observa, incrédula, desde la distancia.

Gih: ¡No puede ser!

Sunzuki: ¡¿Pero qué mierda?!

Ve que ahora Gih tiene dos de las enormes masas de roca que lanzó antes, flotando a sus lados.

Sunzuki: Mierda.

Corre rápido hacia la demonio.

Una masa colosal de roca fue lanzada hacia Sunzuki.

Él, con la espada envuelta en presión verde, la corta por la mitad de un tajo.

Pero la demonio tira la otra al mismo tiempo…

y la hace explotar antes de que impacte.

¡BOOM!

Ahora los fragmentos de roca se hicieron rojo-negros, imbuidos con la energía demoníaca, y los lanza hacia Sunzuki.

Sunzuki, rápido, esquiva cada ataque.

Varias ráfagas chocaron con el piso, causando mini explosiones no tan fuertes pero constantes.

Mientras va cortando algunas técnicas que no puede esquivar, Sunzuki dice: Sunzuki: ¡Toma esto!

De su espada gigante tira una ráfaga gigante de su magia “Árbol Divino”: un aura verde con forma de ramas entrelazadas que sale disparada hacia Gih.

Impacta en ella, envolviéndola en una explosión de energía pura y lanzándola a un lugar destruido del pueblo.

Gih yace entre los escombros, sangrando por la boca, sus ojos abiertos de par en par, sin creer lo que pasa.

Sunzuki se acerca, deteniéndose a unos metros.

Solo la mira en el suelo, su respiración controlada, la espada aún brillando con el aura verde Sunzuki, con su espada gigante aún en la mano, se sienta sobre un bloque de escombros cercano.

Su voz es fría y definitiva.

Sunzuki: Morirás, demonio.

Pero Gih se escondió entre los fragmentos durante la explosión.

Ahora ve que su mano derecha se regeneró completamente.

Aunque sigue sangrando por otras heridas, un plan desesperado comienza a formarse en su mente.

Ella no sabe qué hacer, pero no se rendirá.

Sunzuki, aguantando firme su espada, ve algo raro.

De repente, la escena a su alrededor cambia.

Él ya no está entre las ruinas.

Lleva una ropa diferente, más simple.

Está frente a un gran árbol que brilla demasiado, sus hojas verdes y ramas emiten una luz pacífica pero poderosa.

Es un lugar que no reconoce, se ve cercano pero a la vez eterno.

El no sabe qué pasa.

Sunzuki: ¿Qué es esto…?

Camina hacia el árbol.

El aire es puro, y hay una sensación de paz absoluta que contrasta brutalmente con la batalla.

Sunzuki: ¿Acaso estoy soñando?

Sunzuki, al ver ese árbol que brillaba, un nombre le viene a la mente, el nombre de su propia magia.

Sunzuki: ¿Árbol Divino?

Pero entonces, ve una figura extraña caminar lentamente bajo las ramas del árbol.

Es solo una silueta contra la luz.

Sunzuki, alerta, pregunta: Sunzuki: ¿Quién es?

Solo vemos su sombra proyectada por la luz del árbol, una forma humana pero indistinta, que parece esperarlo Figura extraña: Cuánto tiempo sin verte, hijo mío.

La voz es familiar, serena.

Vemos que la silueta es la misma en la que pensó Gih al principio del combate, la figura espectral de su padre.

Sunzuki, con el corazón acelerándose, pregunta, su voz apenas un susurro.

Sunzuki: ¿Papá?

La figura apunta su mano hacia él, y un viento de paz sopla, acariciando su rostro.

Sunzuki no sabe qué pasa, la confusión nubla su mente.

Sunzuki: ¿Acaso…

no moriste, padre?

Sunk (la figura) responde, su voz es un eco calmado.

Sunk: Estás bien, hijo mío.

Sunzuki lo mira fijamente, señalándolo.

Sunzuki: No creo nada, papá.

Su voz ya no es tan fría como cuando hablaba a Gih; ahora es más pacífica, pero cargada de incredulidad y una esperanza dolorosa.

El árbol mueve solo sus hojas por el viento, un sonido como de susurros antiguos.

Sunzuki aparta la mirada de la figura y mira al árbol, preguntándose.

Sunzuki: ¿Acaso es…

el Árbol Divino?

Pero su mente lucha por unir los fragmentos.

Sunzuki: Pero yo peleaba con esa demonio…

¿Qué demonios pasó?

Vuelve a mirar a la figura, buscando una respuesta verdadera en esa sombra familiar.

Sunzuki: Padre…

¿eres tú?

Sunk, desde su lugar bajo el árbol, confirma con una calma que trasciende lo real.

Sunk: Claro que sí, hijo Continuará!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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