Magic Demon - Capítulo 25
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25: capitulo 25: padre e hijo 25: capitulo 25: padre e hijo Sunzuki: No entiendo nada, padre.
Sunk: Siéntate, hijo.
Sunzuki se sienta en un tronco del árbol brillante, su espada gigante apoyada a su lado, todavía con un tenue resplandor verde.
Sunk: Debo decirte algo, Sunzuki.
Sunzuki, expectante y confundido, pregunta: Sunzuki: Padre, ¿qué es?
Sunk: Hijo, realmente…
yo morí.
Sunzuki asiente, el dolor viejo resurge.
Sunzuki: Yo sé, padre.
Pero no entiendo nada.
Sunk: Espera, no terminé aún de decirte.
Ambos se miran ojo a ojo, a través de la luz difusa.
La figura de Sunk parece volverse más definida, más real.
Sunk: Es que…
yo, antes de morir, puse mi alma en la gran espada mía.
Sunzuki mira la espada a su lado, luego a la figura.
Sunzuki: ¿En la que estoy usando yo?
Sunk: Así es, hijo.
Una técnica mágica muy poderosa que, con costo, pude hacerla.
Sunzuki sacude la cabeza lentamente, la confusión profundizándose.
Sunzuki: No estoy entendiendo nada, papá Sunk: Hijo, es una técnica muy difícil de hacer.
Necesitas demasiada energía mágica.
Sunzuki: ¿A qué te refieres?
Sunk: Yo, antes de morir…
Recuerdo – Año 704 Sunk está sangrando por la boca, arrodillado en un pueblo de noche.
La luna se mira alta y fría sobre el escenario de batalla.
Sunk: Mierda…
Escupe sangre, su respiración es un estertor.
Sunk: ¿Por qué…
ese demonio…?
Mira al demonio muerto a unos metros, su cadena interior cortada por la mitad se mira brillando débilmente.
Sabiendo que se acaba su tiempo, Sunk ve su espada gigante clavada en el suelo frente a él.
Con un último esfuerzo, hace unas señas de manos complejas, cada movimiento un dolor inmenso.
Su mano brilla con una luz intensa y pura, y se mira cómo su alma, como un espectro de luz, sale de su pecho y entra en la espada.
En el instante en que el último destello se absorbe en el metal, su cuerpo cae muerto, sin vida.
Unos minutos después, llega un Sunzuki de 11 años de edad, corriendo entre las ruinas.
Sunzuki: ¡Papá!
¡Papaaaa!
Lo ve tendido en el suelo, la espada a su lado, y se da cuenta de que murió.
El niño se desploma a su lado y llora desconsoladamente.
Presente – Año 714 Sunzuki, en el claro del Árbol Divino, tiene las lágrimas asomando en sus ojos.
La memoria es un puñal.
Sunzuki: Padre…
o sea que…
Sunk asiente, su voz es un consuelo amargo.
Sunk: Sí.
Morí por hacer esa técnica.
Pero creo que era importante, ya que así puedo ayudar a mi hijo.
Puedes invocarme, en una técnica Sunzuki, sorprendido, la emoción ahogando su voz.
Sunzuki: ¿En serio?
Sunk: Así es, hijo.
Gracias a una técnica.
Sunzuki: Pero, ¿cómo es, padre?
Sunk: La debes aprender tú solo.
Sunzuki: Padre…
Sunzuki mira a su padre, buscando más respuestas en su rostro espectral.
Sunk: Otra cosa, Sunzuki.
Cuando estés peleando, nunca, pero nunca, des la espalda en una pelea.
Sunzuki: Lo sé, padre.
Pero, ¿esto qué tiene que ver?
Sunk: Pues cuando tu padre peleaba, le dio una técnica cuando estaba distraído…
y sí, fue por detrás.
Después pasó lo que te dije.
Sunzuki ve el suelo, procesando las palabras, y después eleva su rostro, con una comprensión más clara en los ojos.
Sunzuki: Creo que ya entiendo, padre.
Haré que busque la forma de que me ayudes en una pelea.
Sunk: Claro, hijo.
Esperaré ese momento El viento sopla con más fuerza, un susurro que parece venir del corazón mismo del árbol.
Luego llega bastante viento, una ráfaga fresca y poderosa que levanta las hojas secas del suelo y hace temblar las ramas.
Y las hojas caen del Árbol Divino, no como en otoño, sino en una lluvia dorada y verde, lenta y majestuosa, bailando en el aire alrededor de Sunzuki y la figura de su padre.
Es como si el propio árbol estuviera despidiéndose o marcando el final de una revelación Sunk: Nos volveremos a ver, hijo mío.
Sunzuki: Ok, papá.
El espíritu de su padre desaparece, desvaneciéndose en la luz dorada de las hojas que caen, hasta que solo queda el árbol y el viento.
Sunzuki se para y camina un poco, sintiendo el peso de la revelación.
Después, mira el Árbol Divino, y de sus ojos, sin que él lo espere, le caen lágrimas.
Sunzuki: ¿Por qué estoy llorando?
Sunzuki se seca las lágrimas con el dorso de la mano, confundido pero más en paz.
Camina un poco más hacia la luz del árbol.
Después vemos que un viento fuerte llega, tan intenso que lo envuelve y ciega por un momento.
Cuando la ráfaga amaina, está de vuelta en el campo de batalla, entre las casas destruidas.
La realidad cruda lo golpea de nuevo.
Sunzuki abre los ojos de repente y mira a su alrededor.
El recuerdo del árbol y su padre aún es fresco, pero ahora está aquí, en la ruina.
Él sabe que la demonio Gih desapareció, pero no del todo.
Siente su presencia corrupta aún cerca.
Sunzuki: ¡Sal ya, demonio!
Ahora sí te mataré.
Gih, escondida en los escombros, ahora con sus manos y brazos completamente regenerados, no sabe qué hacer.
Pero su orgullo y naturaleza demoníaca se imponen.
Gih en su mente: Gih: ¡Espera!
Tengo que pelear y matarlo de algún modo.
Soy una demonio fuerte.
¡¡¡Debo matarlo!!!
Continuará!
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