Magic Demon - Capítulo 27
- Inicio
- Todas las novelas
- Magic Demon
- Capítulo 27 - 27 capitulo 27 misión cumplida
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
27: capitulo 27: misión cumplida 27: capitulo 27: misión cumplida Sunzuki mira a su alrededor, a las caras esperanzadas pero aún aturdidas de los sobrevivientes.
Da un paso atrás.
Sunzuki: Bueno, me tengo que ir, gente.
La gente lo mira y, después de un momento de silencio, todos alzan la voz en un coro sincero y agradecido.
Todos: ¡Muchas gracias!
Y Sunzuki levanta su mano, un gesto simple y cansado, diciendo adiós.
El ambiente es el de la quietud que sigue a la tormenta.
La luz del amanecer comienza a filtrarse, débil y pálida, a través del humo bajo que aún se eleva de las ruinas.
El aire huele a ceniza húmeda y tierra removida.
A sus espaldas, las siluetas de las casas destruidas se recortan contra el cielo que aclara.
No hay viento, solo el eco de su despedida y el peso de un trabajo terminado Sunzuki extiende su mano y, del suelo, brota una rama mágica gruesa y flexible, hecha de energía verde.
Se impulsa con ella y se va hacia la capital, moviéndose con agilidad entre el paisaje devastado.
El ambiente en el camino cambia gradualmente.
Deja atrás el pueblo destruido y entra en un bosque de árboles normales, algunos con ramas quemadas en los bordes, pero la mayoría intactos.
El cielo sobre él es un azul pálido del amanecer, con algunas nubes tenues teñidas de rosa y naranja.
El aire es más fresco aquí, cargado con el olor a tierra húmeda y hojas verdes.
Se escucha el canto lejano de pájaros que empiezan su día, un sonido simple y normal que contrasta con el silencio de muerte que deja atrás.
El camino bajo sus pies es de tierra batida y raíces, iluminado por los primeros rayos de sol que se filtran entre las copas de los árboles.
Es un trayecto de regreso a la normalidad, o al menos, a lo que queda de ella Sunzuki piensa, mientras avanza entre los árboles: Sunzuki: En serio era Janna…
No importa, ya lo hice.
Pero la afirmación suena hueca incluso en su propia mente.
Mientras lo dice, otra lágrima escapa de su ojo y corre por su mejilla, fría contra el viento del camino.
La deja caer sin enjugarla esta vez.
Minutos más tarde, el paisaje cambia.
Los árboles dan paso a caminos más amplios, luego a los primeros puestos de vigilancia y finalmente a la gran Muralla de la Capital.
Sunzuki ya llegó a la capital y está entrando poco a poco.
Pasa bajo el arco de piedra, saludado por los guardias que reconocen su figura.
Se siente una vibra diferente de inmediato.
No es solo el contraste con la destrucción que dejó atrás.
Aquí, dentro de los muros, el aire está cargado de la tensión habitual de una gran ciudad que se prepara para el día: el murmullo de voces, el olor a pan recién horneado de las primeras panaderías, el sonido metálico de los herreros y la sensación de orden que emana del palacio central.
Es el peso de la responsabilidad y la vida normal regresando, pero para Sunzuki, que carga con un secreto y una pena nuevos, esa normalidad ahora le queda un poco más lejana Sunzuki llega al palacio central.
Camina por el pasillo principal hasta el salón del trono, donde se detiene frente al Rey.
Sunzuki: Ya vine, Rey de la capital, Fah.
Siguiendo el protocolo, se arrodilla Sunzuki, bajando la cabeza.
Fah, desde su trono, hace un gesto con la mano.
Fah: No te preocupes, no te arrodilles.
Levántate.
Sunzuki se pone de pie, con una postura más relajada pero aún respetuosa.
Sunzuki: Bueno, señor.
En ese momento, Yamito se acerca desde un lateral, evaluándolo con una mirada experta.
Yamito: ¿Cómo salió la misión?
Salió bien, ¿no?
Sunzuki lo mira, su expresión es impenetrable, pero hay un destello de cansancio en sus ojos.
Sunzuki: ¿Qué quieres que diga?
Luego, con voz clara y profesional, Sunzuki le dice a Yamito: Sunzuki: Misión cumplida.
Mientras dice esto, Sunzuki lleva su mano derecha al pecho, colocándola plana sobre el lado izquierdo, justo donde se encuentra su corazón.
No es un saludo, sino un gesto solemne, una forma física de afirmar que su voluntad, su coraje y su lealtad permanecen firmes a pesar de todo.
Es un recordatorio silencioso para sí mismo y una declaración para los demás de que su resolución no se ha quebrado.
Sunzuki: Mantén firme tu corazón.
Yamito asiente, comprendiendo el significado detrás del gesto y las palabras.
No es solo un reporte; es una afirmación de principio.
Yamito: Así es.
Y hace lo mismo con la mano como Sunzuki, llevándose el puño cerrado al pecho, golpeándolo suavemente una vez en un gesto de camaradería y respeto mutuo entre soldados que conocen el peso de sus deberes.
Es un lenguaje no dicho, que dice más que cualquier informe Mientras, la escena cambia al lugar de entrenamiento dentro del palacio, donde están Keds y sus amigos.
Están cansados de tanto entrenar.
El sudor brilla en sus frentes y su respiración es pesada.
Keds deja caer sus brazos, mirando a los demás.
Keds: Llevamos 2 horas entrenando sin descansar.
Descansemos un poco.
Mader y Frank, exhaustos, asienten al unísono mientras se dejan caer sentados contra la pared.
Mader y Frank: Tienes razón, Keds.
Korid se pasa una mano por el pelo mojado y sonríe, aliviado.
Korid: Claro que descansaremos un poco.
Danna se sienta con elegancia a pesar del cansancio, secándose el cuello con una toalla.
Danna: Sí, esto es cansador.
Mientras, vemos como se relajan.
Korid y Mader comparten una botella de agua, Frank se estira con un gruñido de alivio, y Danna cierra los ojos por un momento, disfrutando del reposo.
Keds se apoya contra la pared, mirando el techo alto, pensativo mientras beben agua y recuperan el aliento en un silencio cómodo y merecido Continuará!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com