Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Magic Demon - Capítulo 28

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Magic Demon
  4. Capítulo 28 - 28 capitulo 28 la urgencia de Tévez
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

28: capitulo 28: la urgencia de Tévez 28: capitulo 28: la urgencia de Tévez Narrador: Ha pasado una semana entera desde que Sunzuki cumplió su misión en el pueblo.

Keds, Korid, Mader, Frank y Danna siguieron entrenando durante esa semana, con sus respectivos descansos, mejorando poco a poco.

Pero Keds hizo lo posible para no revelar que tenía otra magia, el rayo, practicando en secreto o fingiendo que sus fallos de control eran solo eso: falta de dominio sobre su fuego.

Había pasado una tranquilidad en esa semana, un respiro tenso pero bienvenido por el momento En un lugar lejano, en uno de esos bosques profundos y poco transitados, la tranquilidad era un engaño.

Se miraba a una persona lastimada, tambaleándose entre los árboles.

Estaba sangrando profusamente de un brazo torcido, y se miraba que tenía rayas de moretones y cortes por todo el cuerpo.

Su respiración era un jadeo de agonía.

Señor: ¿¡Dónde estás, Tévez!??

—gritó con una voz desgarrada por el dolor y el miedo, mirando a su alrededor con ojos desencajados.

Pero la respuesta no fue una voz humana.

Se mira una figura blanca que se desliza entre los troncos.

Tiene ojos rojos que brillan con un hambre siniestra en la penumbra.

Su cara es inflada, deforme, y su cuerpo igual, una masa hinchada y pálida que parece a punto de reventar.

El demonio, moviéndose con una rapidez grotesca para su tamaño, avanza.

Con uno de sus brazos, igualmente inflados y desproporcionados, va hacia la persona herida.

El hombre solo tiene tiempo para un último grito ahogado antes de que el demonio le dé un golpe tan fuerte en el torso que el sonido de huesos rompiéndose cruza el claro.

El impacto es brutal, levantándolo del suelo.

El hombre sangra por la boca de manera instantánea y copiosa, sus ojos perdiendo la luz de inmediato.

Cae muerto en el acto, su cuerpo quedando como un trapo roto entre las hojas secas.

El demonio de piel blanca e hinchada se yergue sobre su presa, sus ojos rojos escaneando el bosque en busca de más.

La tranquilidad de la semana ha terminado El demonio corre hacia adelante entre los árboles, su cuerpo hinchado moviéndose con una velocidad inesperada y torpe.

Y ve a otra persona.

Es Tévez, quien estaba escondido, ahora descubierto.

Sus ojos se llenan de pánico y determinación al ver al monstruo.

Tévez: ¡Mierda!

¿Me estás siguiendo?

El demonio emite un sonido gutural que se asemeja a palabras retorcidas.

Demonio: Claro que sí, estúpido.

Mientras empieza a atacar, lanzándose con su brazo inflado como un mazo.

Tévez, respirando hondo, sabe que no puede huir más.

Tévez: Lo tengo que hacer.

Vaya.

Se planta firme, y con las manos en el suelo, grita: Tévez: ¡Magia de tierra: Explosión de tierra!

Del suelo frente a él surge una energía densa y marrón, hecha de tierra comprimida y roca, que es lanzada como un proyectil hacia el demonio.

Impacta directamente en su centro.

¡BOOM!

Explota con fuerza concentrada.

La onda de choque sacude el área, y cuando el polvo se disipa, el cuerpo del demonio está destrozado, y su cadena interior, un núcleo oscuro y brillante, ha sido destruida, desvaneciéndose en partículas.

El demonio ha muerto.

Tévez se queda jadeando, de rodillas, mirando los restos del monstruo que los persiguió.

La victoria es suya, pero a un costo terrible Tévez: Mierda…

tengo que llegar.

Ya estoy cerca de la capital.

Se levanta con esfuerzo, agarrándose el costado donde las costillas protestan.

Ahora se ve que Tévez tiene un traje especial.

No es ropa común; es el uniforme distintivo de los soldados mágicos.

Es un traje funcional, diseñado para el movimiento y la batalla.

En el pecho del traje, claramente visible a pesar del polvo y la sangre, se ve la insignia: un emblema rojo con rayas azules características, el símbolo que identifica a los soldados mágicos de la capital.

Parece ser que Tévez es uno de ellos.

Un soldado magico que, por alguna razón, estaba lejos de su base y se vio envuelto en una lucha por la supervivencia.

Con un último vistazo al lugar de la batalla, se orienta y comienza a correr, cojeando pero decidido, hacia la seguridad de los muros de la capital Tévez, de tanto correr, llega hacia la capital.

Ante él se alza la muralla imponente, y la gran puerta se abre al reconocer su uniforme y su semblante urgente.

Sin detenerse, va directo al palacio central, esquivando a ciudadanos y cruzando plazas con la determinación de quien lleva un mensaje vital.

Algunos soldados mágicos que patrullaban lo reconocen.

Uno de ellos lo saluda con sorpresa.

Soldado Mágico: ¡Hola, Tévez!

¿Cuánto tiempo?

Tévez apenas reduce el paso, respondiendo sin perder su rumbo.

Tévez: Ha pasado mucho.

Pero tengo que ir donde el Rey Fah.

¡Es urgente!

Y vemos que entra al palacio central, sus pasos resonando en los pasillos de mármol.

Atraviesa vestíbulos y pasadizos conocidos hasta que, finalmente, llega a la sala del trono, donde está el Rey Fah.

Su figura, sudorosa, herida y llena de urgencia, se presenta ante la autoridad máxima de la capital Tévez se arrodilla ante el trono, con respeto pero con la urgencia palpable en cada línea de su cuerpo.

Tévez: Señor, otra vez atacan mi pueblo natal.

Son varios demonios.

No puedo yo solo con mi magia.

Por eso vengo, Rey Fah.

Rey Fah observa al soldado herido, su expresión se vuelve grave.

Rey Fah: Entiendo.

Además, mañana daré varias misiones, incluso a nuevos reclutas.

Tévez, la desesperación en su voz, pregunta: Tévez: ¿Mañana?

¿Y si lo hace hoy?

Cada minuto cuenta.

Rey Fah asiente, evaluando la situación.

La petición y el estado de Tévez no admiten demora.

Rey Fah: Parece importante.

Bueno, lo haré, Tévez.

Veré a quién mandaré contigo hacia tu pueblo.

Tévez exhala, aliviado, y se levanta.

Tévez: Ok, mi señor El Rey Fah gira su mirada hacia los soldados mágicos que custodian el palacio central, de pie a los lados de la sala.

Rey Fah: Llamen a todos los soldados mágicos de la capital que están aquí.

A cada uno los mandaré a una misión.

Pero quedarán varios aquí, incluyéndome a mí, para la defensa.

Los soldados mágicos asienten al unísono, su entrenamiento mostrándose en la sincronía de su respuesta.

Los soldados mágicos: Ok, Rey Fah.

Inmediatamente después, corren afuera del palacio central, dispersándose por los pasillos y patios para transmitir la orden Continuará!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo