Magic Demon - Capítulo 33
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Capítulo 33: Capitulo 33: colapso
Korid y Keds, al ver las explosiones que sacuden la barrera demoníaca desde adentro, se preguntan en voz alta, evaluando la magnitud del peligro.
Keds: Mide 10 metros, ¿no?
Korid, con los ojos fijos en la barrera que encierra a sus amigos, calcula.
Korid: Más o menos… pero es grande. O sea, Kedsi sí es mucho más fuerte que antes.
Keds traga saliva, el nudo en su garganta es imposible de ignorar.
Korid: No te confíes, hermano. Debes estar listo.
Keds aprieta la mandíbula, su miedo transformándose en determinación.
Keds: Ya lo sé. No me ganará un impostor.
Korid lo corrige, con una sonrisa tensa pero firme.
Korid: No nos ganará, quisiste decir.
Kedsi, que ha estado observando el intercambio con una paciencia macabra, finalmente habla.
Kedsi: La verdad… esperaba pelear con ustedes, hermanos Akuman.
Una risa escapa de sus labios. Pero no es una risa normal. Es un sonido que le puso la piel de gallina a Keds y Korid, que les recorrió la espalda como un escalofrío helado.
Su cara se ve como la de un psicópata. Los ojos demasiado abiertos, la sonrisa demasiado amplia, la expresión de alguien que ha cruzado una línea de la que no hay retorno. La nieve sigue cayendo entre ellos, pero el frío ya no viene del clima
Kedsi: Los mataré a todos ustedes, para que así yo sea alguien fuerte.
Mira a su alrededor y dice, con una calma que hiela la sangre:
Kedsi: Peleen con toda su fuerza. No hay humanos cerca.
Keds, en su mente, siente el peso de sus propias limitaciones.
*Keds: Mierda, no puedo controlar mi Glos aún. Aunque tengo mejor control… todavía no puedo. *
Aprieta su mano derecha con fuerza, los nudillos blancos por la tensión.
*Keds: Tengo que pelear con mi magia de fuego. Nadie sabe aún que tengo magia de rayo. Debo concentrarme. Un mal error y no sé lo que puede pasar. *
Kedsi ve a Keds, como si pudiera leer su agitación interna.
Kedsi: ¿Tienes miedo, humano?
Keds, enojado, le dice con la voz cargada de rabia:
Keds: ¡Tú no eres yo! Eres un clon demonio. Pero no eres como yo. Estúpido Kedsi… ¡El que morirá serás tú!
Kedsi lo ve con esa sonrisa perturbadora.
Kedsi: No lo creo.
Korid se interpone ligeramente, su voz firme a pesar del frío.
Korid: Hermano, no te alteres. Yo pelearé por ti. Tú no controlas tu Glos aún, Keds. Debes esperar.
Korid, con mucho frío, estira su cuerpo para entrar en calor, preparándose mentalmente.
Keds lo mira y, a pesar de la tensión, se pregunta con una mezcla de cariño y exasperación.
*Keds: Cada día más tonto mi hermano. *
Se ríe en su mente Keds, una risa silenciosa que alivia un poco la presión.
Keds, ya consciente, dice con determinación renovada:
Keds: Quiero ayudarte, hermano… pero creo que pelearé puño a puño
Korid: No te preocupes, Keds.
Kedsi: Látigo de la muerte.
Korid, reconociendo la técnica, aprieta los dientes.
Korid: Vaya… es el mismo.
La misma línea negra afilada como una espada emerge de la mano de Kedsi, una extensión de oscuridad que corta la luz misma.
Y con solo hacer un movimiento hacia atrás, un gesto mínimo, casi despreocupado…
Toda la nieve y la tierra se levantan hacia arriba, una pared de blanco y marrón que vuela por los aires. No la tocó. No la golpeó. Con solo presión lo hizo, como si el aire mismo se hubiera convertido en una cuchilla gigante.
El corte invisible dejó una zanja profunda en el suelo, los bordes limpios y perfectos, humeando ligeramente en el frío.
Korid, viendo asustado, dice:
Korid: ¿Pero… qué hizo?
Mientras, en la barrera mágica, siguen peleando todos. Las explosiones no cesan. Los gritos tampoco.
Yamito esquiva un último ataque desesperado de su demonio. Con un movimiento rápido y preciso, su espada brilla y mata a su enemigo cortándolo por la mitad. El cuerpo cae partido sobre la nieve manchada de sangre oscura. Su cadena interior se quiebra con un destello, desvaneciéndose en el aire.
Danna sangra por un corte en el brazo y otro en la pierna. Su respiración es agitada, sus pétalos de cerezo tiemblan a su alrededor, pero no se rinde. Sigue de pie, enfrentando a su adversario con una determinación feroz en los ojos.
Tévez casi gana. Su demonio está en el suelo, magullado, con múltiples heridas de tierra y roca. Un golpe más y caerá. Tévez levanta el brazo, listo para el golpe final
Mader tiene a su demonio inmovilizado contra el suelo, gruesas raíces y ramas retorciéndose a su alrededor como serpientes de madera. La criatura forcejea, pero no puede liberarse. Mader levanta el puño, endurecido por su magia, listo para el golpe final. Casi gana.
Frank hace girar un torbellino a su alrededor, atrapando a su demonio en el ojo del viento. La criatura gira, desorientada, golpeándose contra las paredes invisibles de aire. Frank extiende la mano, concentrando más poder. Un golpe más y caerá. Casi gana, como Tévez.
En diferentes puntos de la barrera demoníaca, los cuatro combatientes —Yamito ya victorioso, Danna resistiendo, Tévez, Mader y Frank a punto de rematar— muestran que la batalla está llegando a su fin. Pronto, la barrera será lo único que se interponga entre ellos
Afuera de la barrera
Kedsi corre rápido hacia adelante, un destello oscuro en medio de la nieve. Pero no va hacia Keds. Salta hacia Korid.
Korid: ¿¿Adónde vas??
Dice desesperado, preparándose para el impacto que no llega.
Porque Keds ve que Kedsi viene hacia adelante… y en una fracción de segundo, entiende todo. No es a Korid. Es a él.
Y Keds, sin darse cuenta, no puede reaccionar a tiempo.
Con el látigo de Kedsi, esa línea negra y mortal, le da en el brazo. Un corte profundo, limpio, que sangra inmediatamente. Pero no es solo el corte.
La fuerza del látigo, combinada con el impulso de Kedsi, lo manda lejos. El cuerpo de Keds vuela por los aires hasta impactar contra unas rocas. El golpe es brutal, le pega por las costillas, justo en el costado. El sonido es seco, sordo.
No se rompió nada, los huesos aguantaron por milagro o por entrenamiento. Pero fue suficiente.
Keds queda inmóvil contra la roca. Sus ojos se cierran. Su cuerpo se desploma. Keds se desmayó
Continuará!
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