Magic Demon - Capítulo 41
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Capítulo 41: Capitulo 41: ¡no me rindo!
Keds sigue pegando y, de repente, se detiene. Respira hondo, tembloroso, pero algo cambia en su mirada.
Keds: Claro… soy un inútil porque no confío en mí mismo.
Pega en el aire, un golpe firme, decidido.
Keds: ¡Yo soy Keds Akuman! ¡El que exterminará a todos los demonios!
Salta unos troncos con renovada energía, sus pies moviéndose más ligeros sobre la nieve.
Keds: ¡No me rendiré!
El eco de sus palabras resuena entre los árboles. La nieve sigue cayendo, pero ahora, en sus ojos, hay algo diferente. Algo que antes no estaba. O quizás siempre estuvo, solo esperando el momento para despertar
Keds respira hondo, el aire helado quemando sus pulmones. La determinación renovada corre por sus venas como el rayo que aún no puede controlar.
Se tira al suelo, las manos firmes sobre la nieve que comienza a derretirse bajo su calor. Espalda recta, mirada al frente.
Keds: Una…
Baja. Sube.
Keds: Dos…
Baja. Sube. El esfuerzo quema sus brazos, pero no le importa.
Keds: Tres… cuatro… cinco…
Las flexiones continúan. Sus brazos tiemblan pero no ceden. La nieve bajo su pecho se ha derretido por completo, mostrando la tierra oscura. El sudor cae de su frente en gotas gruesas.
Keds: Veinte… veintiuno… veintidós…
Se detiene un momento, apoyando la rodilla en el suelo. Respira profundo. Luego cambia de posición: manos más juntas, trabajando el centro del pecho.
Keds: Vamos… treinta… treinta y uno…
Sus pectorales trabajan con cada repetición. A sus 14 años, no son los músculos de un adulto, pero el entrenamiento constante de 8 años ha comenzado a definir su pecho. Las fibras musculares se marcan bajo la piel sudorosa con cada flexión, un mapa de esfuerzo y disciplina.
Keds: Cuarenta… cuarenta y uno… cuarenta y dos…
Cambia de nuevo. Flexiones con palmada, explosivas. ¡Pah! Sale del suelo, palmada en el aire, cae y repite. El impacto de sus manos contra la tierra marca el ritmo.
Keds: ¡Cincuenta!
Se levanta, jadeando. Busca un árbol cercano con una rama baja y gruesa. Salta, la agarra, y comienza.
Dominadas.
Keds: Una… dos… tres…
Su peso corporal cuelga de sus brazos. Cada repetición hace que los músculos de su espalda y hombros trabajen. Las manos, ya lastimadas por golpear rocas, arden al contacto con la corteza, pero él aprieta más fuerte.
Keds: Diez… once… doce…
Se detiene a medio camino, colgado de la rama. El sudor corre por sus abdominales marcados, por su pecho que sube y baja con cada respiración forzada.
Keds: Más… tengo que darlo todo.
Quince… dieciséis… diecisiete…
Sus dorsales se contraen con cada dominada, marcando una V incipiente en su espalda joven. Las gotas de sudor caen desde su barbilla hasta la nieve.
Keds: ¡Veinte!
Suelta la rama y cae en cuclillas sobre la nieve. Las manos le arden. Los brazos le tiemblan. El pecho le quema.
Pero sonríe.
Keds: Eso es… eso es lo que necesito. Dolor. Esfuerzo. Esto me hará más fuerte.
Se levanta, tambaleándose un poco por el agotamiento. Toca su pecho con una mano ensangrentada, sintiendo los músculos trabajados, el corazón latiendo con fuerza.
Keds: Un día… estos pectorales serán más grandes. Más fuertes. Como los de los soldados de verdad.
Vuelve a la posición de flexiones. Porque aún no es suficiente. Nunca es suficiente.
Keds: Setenta y uno… setenta y dos… setenta y tres…
Y sigue. En la soledad del bosque nevado, un niño de 14 años construye el cuerpo que necesitará para enfrentar demonios. Ladrillo por ladrillo. Gota de sudor por gota de sudor
Keds respira hondo después de la última serie de flexiones. El sudor ya no solo corre, sino que chorrea por su espalda y pecho, empapando la piel marcada por el esfuerzo.
Pero no es suficiente.
Keds: Flexiones diamante… para el pecho interno.
Junta las manos formando un triángulo con los índices y pulgares. Baja. Sube. El peso se concentra en una zona más específica de sus pectorales. El ardor es inmediato, profundo.
Keds: Una… dos… tres…
10 repeticiones. Pausa. Otras 10. Pausa. Otras 10.
Sus pectorales arden como fuego. Las fibras musculares, jóvenes pero trabajadas, se marcan con cada contracción. A la luz pálida del sol entre nubes, se notan los pliegues que empiezan a definir el pecho de un luchador.
Keds: Cambio…
Flexiones declinadas. Apoya los pies en una roca, manos en el suelo. El ángulo hace que el trabajo se concentre en la parte superior del pecho.
Keds: Vamos… treinta… treinta y una…
Baja hasta que su nariz casi toca la nieve. Sube con fuerza. Repite.
Las gotas de sudor caen desde su barbilla, formando pequeños cráteres en la nieve. Su respiración es un ritmo constante: inhalar al bajar, exhalar al subir.
Keds: Cuarenta… cuarenta y una…
Los músculos de su pecho se contraen visiblemente con cada repetición. No son los pectorales enormes de un culturista, pero son compactos, definidos, funcionales. El tipo de músculo que sirve para golpear y resistir golpes.
Keds: ¡Cincuenta!
Se deja caer de espaldas, jadeando. El cielo gris gira sobre él. Su pecho sube y baja violentamente, el corazón latiendo tan fuerte que lo siente en las costillas.
Pasa un minuto. Dos. Su respiración se calma.
Keds se incorpora, apoyado en sus codos. Mira hacia abajo: su pecho, cubierto de sudor, brillando bajo la luz. Se toca los pectorales con una mano ensangrentada, sintiendo la textura del músculo trabajado.
Keds: Duele… pero duele bien.
Se levanta. Busca dos rocas de tamaño similar. Las levanta, una en cada mano.
Aperturas con piedras. Acostado boca arriba sobre la nieve, abre los brazos como alas, sintiendo el estiramiento y contracción en todo el pecho.
Keds: Quince… dieciséis… diecisiete…
El peso de las rocas no es mucho, pero la repetición constante, el esfuerzo acumulado, hace que sus brazos tiemblen.
Keds: Veinte… uff…
Suelta las rocas. Masajea sus pectorales con los dedos, sintiendo las fibras musculares, los nudos de fatiga.
Keds: Un día… estos pectorales serán una armadura. Como los soldados de verdad.
Se pone de pie. Mira hacia el pueblo. Ya ha pasado suficiente tiempo. Pero antes de irse, hace una última cosa:
Flexiones explosivas con palmada. Sale del suelo, palma en el aire, cae. Repite. Diez veces seguidas. El pecho trabajando al máximo.
Keds: Listo… ya voy
Continuará!
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