Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Magic Demon - Capítulo 42

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Magic Demon
  4. Capítulo 42 - Capítulo 42: capitulo 42: el grupo de amigos
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 42: capitulo 42: el grupo de amigos

Keds recoge su traje, comenzando el regreso con el torso aún desnudo, el sudor secándose lentamente, los músculos marcados por horas de esfuerzo. Un niño de 14 años que se está convirtiendo, lentamente, en el soldado que sueña ser

Keds camina unos pasos, pero sus piernas ya no responden como deberían. El entrenamiento extremo, las horas sin parar, las heridas en sus manos, el frío… todo se acumula.

Se detiene. Respira hondo. El aire helado quema sus pulmones.

Keds: Un rato… solo un rato.

Busca un lugar medianamente seco, cerca de un árbol grande que detiene algo de la nieve. Se sienta, apoyando la espalda contra el tronco. La corteza áspera se clava en su piel sudorosa, pero no le importa.

El cansancio le cierra los ojos lentamente. Su pecho aún sube y baja con fuerza, los pectorales marcados por el esfuerzo brillando bajo la pálida luz. Sus manos ensangrentadas descansan sobre sus piernas, temblorosas.

Keds: Solo… cinco minutos…

La nieve sigue cayendo suavemente a su alrededor. Algunos copos se posan en su cabello, en sus hombros desnudos. Pero él ya no los siente.

Respiración profunda. Inhalar. Exhalar. El cuerpo pide descanso, y por primera vez en horas, Keds se lo concede.

El viento sopla entre los árboles, un sonido suave y constante que arrulla. Los músculos de su pecho y brazos, tan tensos durante el entrenamiento, comienzan a relajarse lentamente.

Keds no se duerme del todo, pero entra en ese estado de semiinconsciencia donde el cuerpo descansa pero la mente aún está presente. Un descanso breve, necesario, antes de reunirse con los demás.

Allí queda, sentado contra el árbol, cubierto de sudor y sangre, la nieve acumulándose suavemente sobre él, mientras el bosque guarda silencio a su alrededor

Mientras, en el pueblo…

Korid y los demás se ríen a carcajadas, el sonido rompiendo el silencio blanco que envuelve las ruinas.

Korid: ¡Eres gracioso, Mader!

Mader, inflando el pecho con orgullo, hace una pose ridícula.

Mader: Verdad que sí.

Sigue haciendo gestos exagerados, imitando una pelea con un demonio invisible, tropezando con su propia capa, cayendo de rodillas y levantándose como si nada. Cada movimiento provoca más risas.

Danna niega con la cabeza, pero una sonrisa se escapa de sus labios.

Danna: Ay, por favor… con ustedes.

Frank ríe a pesar de sí mismo, señalando a Mader.

Frank: ¡Eres un estúpido, Mader!

Frank ríe con ganas, olvidando por un momento su seriedad habitual.

Yamito observa la escena con una mezcla de diversión y nostalgia.

Yamito: Aunque tengan una edad promedio de 14 a 15 años, se comportan como niños.

Tévez, el más veterano, los mira con una expresión complicada. Casi sonríe, pero algo en sus ojos lo detiene.

Tévez: Me sorprende que rían… en un mundo así.

El comentario cae como una piedra en un estanque. Por un momento, el grupo se queda en silencio, recordando por qué están allí. Las casas destruidas. La nieve que cubre cuerpos que ya no volverán a reír.

Pero luego, Korid rompe el silencio.

Korid: Por eso mismo hay que reír, Tévez. Porque si no… ¿qué nos queda?

Y la risa vuelve, más suave esta vez, pero más genuina también. Porque en medio de la destrucción, un grupo de jóvenes soldados ha encontrado una razón para sonreír. Y eso, en cualquier mundo, es algo que vale la pena proteger

por un momento hay silencio

korid mira al cielo

korid: si no reímos… este mundo sería demasiado pesado

Mader: además seguimos vivos

Frank: eso ya es una victoria

Danna sonríe un poco

Yamito cruza los brazos

Yamito: disfruten estos momentos

Tévez: porque no siempre los tendrán

el viento sopla levantando un poco de nieve

Tévez: Ya que este mundo es demasiado cruel…

Sus palabras flotan en el aire frío, cargadas de experiencia y dolor. Por un momento, todos recuerdan por qué están allí. Las casas destruidas. La nieve que cubre a los que ya no volverán.

Korid y los demás ven a Yamito y a Tévez. Hay algo en sus miradas, una mezcla de respeto y comprensión. No necesitan hablar para entender.

Y entonces, como si lo hubieran ensayado, todos juntos dicen:

Korid, Danna, Mader y Frank: Valoraremos cada momento de nuestra vida.

La frase resuena en el silencio blanco. No es una promesa vacía. Es un juramento. Una decisión consciente de no dejar que la crueldad del mundo les robe la capacidad de sentir, de reír, de vivir.

Yamito asiente lentamente, una sonrisa apenas perceptible en sus labios.

Tévez los mira, y por primera vez en mucho tiempo, algo se derrite dentro de él. No dice nada, pero su expresión habla por sí sola.

La nieve sigue cayendo, suave y silenciosa, sobre el pueblo destruido. Pero en medio de la destrucción, cinco jóvenes y dos veteranos han compartido un momento que ninguno olvidará.

Y en algún lugar del bosque, Keds descansa contra un árbol, soñando con el día en que pueda unirse a ellos no como una carga, sino como un igual

Continuará!

Keds sigue descansando contra el árbol, su respiración más calmada ahora. Los ojos cerrados, el cuerpo agotado, pero la mente… la mente no descansa nunca.

*Keds en su mente: *

*Keds: ¿Cómo gané? Gané por suerte. *

La imagen de Brosh, el demonio de 200 brazos, cruza su memoria como un relámpago oscuro. Esa masa de carne y extremidades, cada brazo moviéndose independientemente, cada uno capaz de matar.

*Keds: Pero esa suerte no la tendré siempre. Brosh… el demonio de 200 brazos. *

Aprieta su brazo con fuerza, los dedos hundiéndose en el músculo cansado. El dolor lo ancla al presente, le recuerda que está vivo, que sobrevivió.

*Keds: La primera vez que usé rayo fue contra él. Sin querer. Sin control. Por puro instinto de supervivencia. *

Abre los ojos un momento, mirando el cielo gris. La nieve sigue cayendo, indiferente a sus pensamientos.

*Keds: Si ese rayo no hubiera salido… yo estaría muerto, porque no podría protegerlo. *

Cierra los ojos de nuevo. La frustración lo carcome por dentro.

*Keds: Tengo que aprender a controlarlo. El fuego… el rayo… las dos magias. Si no las controlo, no soy más que un niño con suerte. Y la suerte se acaba. *

Sigue apretando su brazo, como si así pudiera forzar al poder a salir, a obedecerle. Pero solo siente el músculo, el hueso, la piel. El rayo sigue dormido dentro de él, esperando.

*Keds: Pero aprenderé. Aunque tenga que entrenar hasta desmayarme todos los días. Aunque me rompa las manos contra las rocas. Aunque me odie a mí mismo por ser tan débil… aprenderé. *

Su respiración se vuelve más profunda. El sueño comienza a ganar la batalla.

*Keds: Porque la próxima vez que enfrente a un demonio… no quiero ganar por suerte. Quiero ganar porque soy más fuerte. *

Y allí, contra el árbol, cubierto de nieve y sudor, el joven Akuman se queda dormido. Un sueño breve, reparador, antes de volver a intentarlo. Antes de seguir adelante

Mientras Keds sigue dormido contra el árbol, su pecho subiendo y bajando con respiración profunda, la nieve sigue acumulándose suavemente sobre sus hombros y cabello.

Se escuchan unos ruidos extraños.

Crujidos. Pasos lejanos entre los árboles. Susurros que podrían ser el viento… o quizás no.

Pero no tan fuertes como para despertar a Keds. El agotamiento lo ha vencido por completo. Sus manos ensangrentadas descansan sobre sus piernas, los nudillos abiertos aún goteando débilmente sobre la nieve que se tiñe de rojo.

Los ruidos continúan por un momento, rodeando el claro donde descansa. Algo se mueve en la periferia del bosque, entre las sombras de los árboles cubiertos de nieve.

Pero Keds no se mueve. No abre los ojos. Sigue dormido, ajeno a lo que sea que acecha en la niebla blanca.

Y luego, los ruidos cesan. El silencio vuelve a reinar en el bosque. Como si nada hubiera pasado.

Solo la nieve, cayendo suavemente sobre un niño dormido que sueña con ser más fuerte

En el pueblo, todos se ven entre sí, el ambiente más tranquilo después de las risas compartidas.

Korid mira hacia la dirección por donde Keds se fue, una pequeña arruga de preocupación en su frente.

Korid: ¿Y mi hermano? ¿Cuándo regresará?

Yamito, con su habitual calma, responde mientras guarda su cantimplora.

Yamito: Han pasado 30 minutos… No dilatará, a lo mejor.

Tévez asiente, apoyando la teoría del hijo del Rey.

Tévez: Puede ser que tengas razón.

Danna se acerca un poco más al grupo, mirando también hacia el bosque.

Danna: Seguro ya viene. Dijo que no dilataría.

Mader bosteza y se estira.

Mader: Mientras tanto, yo voy a seguir descansando estos minutos.

Frank se sienta en una roca, observando el paisaje blanco.

Frank: Sí, no creo que tarde mucho.

Korid suspira, tratando de calmar su preocupación fraternal.

Korid: Bueno… esperaremos un poco más.

La nieve sigue cayendo suavemente mientras el grupo espera, sus miradas de vez en cuando dirigidas hacia el camino blanco por donde Keds debería aparecer en cualquier momento

Mientras, en el bosque donde Keds descansa…

El silencio que había envuelto al joven dormido se rompe de repente. El mismo ruido que se escuchó antes se vuelve a escuchar, pero esta vez más fuerte. Más cerca. Un crujido de ramas, un susurro que no es viento.

Keds se despierta de golpe, sus ojos abriéndose con la adrenalina recorriendo su cuerpo cansado.

Y una demonio está frente a él.

Keds: ¿¡Pero qué!?

La figura que lo observa es como nada que haya visto antes. Y cuando la demonio le sale una sonrisa, es una expresión que hiela la sangre. Una sonrisa un poco perturbadora, que parece más de un monstruo que de un ser consciente. Demasiado amplia. Demasiado fija.

La demonio: Hola.

Keds reacciona por instinto. Rueda hacia atrás en una voltereta sobre la nieve, creando distancia entre ellos. Se pone en guardia, sus manos ensangrentadas listas, su corazón latiendo como un caballo desbocado.

Keds: ¿Pero quién eres?

La demonio: Soy Ichi. Una demonio.

La forma de la demonio es extraña. Realmente extraña.

Sus ojos son rojos, brillantes en la penumbra del bosque, con líneas negras que se extienden desde las esquinas como lágrimas de tinta. Unos puntos rosas salpican toda su cara como lunares siniestros.

Su cuerpo es de un color verde oscuro, una tonalidad enfermiza que contrasta con la nieve blanca. En el centro de su frente, justo encima de sus ojos, crece un cuerno único, recto y afilado.

Y como unos tatuajes recorren todo su cuerpo: formas de cuernos retorcidos, figuras monstruosas que parecen moverse si se mira fijamente, patrones que no deberían existir en piel natural.

Ichi inclina la cabeza, su sonrisa nunca desapareciendo, y da un paso adelante. La nieve bajo sus pies no cruje. Como si flotara.

Ichi: Huelo tu miedo, niño Akuman. Huele delicioso

Keds: como sabes que soy akuman?

Continuará!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo