Magic Demon - Capítulo 43
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Capítulo 43: Capitulo 43: momento inesperado
Keds sigue descansando contra el árbol, su respiración más calmada ahora. Los ojos cerrados, el cuerpo agotado, pero la mente… la mente no descansa nunca.
*Keds en su mente: *
*Keds: ¿Cómo gané? Gané por suerte. *
La imagen de Brosh, el demonio de 200 brazos, cruza su memoria como un relámpago oscuro. Esa masa de carne y extremidades, cada brazo moviéndose independientemente, cada uno capaz de matar.
*Keds: Pero esa suerte no la tendré siempre. Brosh… el demonio de 200 brazos. *
Aprieta su brazo con fuerza, los dedos hundiéndose en el músculo cansado. El dolor lo ancla al presente, le recuerda que está vivo, que sobrevivió.
*Keds: La primera vez que usé rayo fue contra él. Sin querer. Sin control. Por puro instinto de supervivencia. *
Abre los ojos un momento, mirando el cielo gris. La nieve sigue cayendo, indiferente a sus pensamientos.
*Keds: Si ese rayo no hubiera salido… yo estaría muerto, porque no podría protegerlo. *
Cierra los ojos de nuevo. La frustración lo carcome por dentro.
*Keds: Tengo que aprender a controlarlo. El fuego… el rayo… las dos magias. Si no las controlo, no soy más que un niño con suerte. Y la suerte se acaba. *
Sigue apretando su brazo, como si así pudiera forzar al poder a salir, a obedecerle. Pero solo siente el músculo, el hueso, la piel. El rayo sigue dormido dentro de él, esperando.
*Keds: Pero aprenderé. Aunque tenga que entrenar hasta desmayarme todos los días. Aunque me rompa las manos contra las rocas. Aunque me odie a mí mismo por ser tan débil… aprenderé. *
Su respiración se vuelve más profunda. El sueño comienza a ganar la batalla.
*Keds: Porque la próxima vez que enfrente a un demonio… no quiero ganar por suerte. Quiero ganar porque soy más fuerte. *
Y allí, contra el árbol, cubierto de nieve y sudor, el joven Akuman se queda dormido. Un sueño breve, reparador, antes de volver a intentarlo. Antes de seguir adelante
Mientras Keds sigue dormido contra el árbol, su pecho subiendo y bajando con respiración profunda, la nieve sigue acumulándose suavemente sobre sus hombros y cabello.
Se escuchan unos ruidos extraños.
Crujidos. Pasos lejanos entre los árboles. Susurros que podrían ser el viento… o quizás no.
Pero no tan fuertes como para despertar a Keds. El agotamiento lo ha vencido por completo. Sus manos ensangrentadas descansan sobre sus piernas, los nudillos abiertos aún goteando débilmente sobre la nieve que se tiñe de rojo.
Los ruidos continúan por un momento, rodeando el claro donde descansa. Algo se mueve en la periferia del bosque, entre las sombras de los árboles cubiertos de nieve.
Pero Keds no se mueve. No abre los ojos. Sigue dormido, ajeno a lo que sea que acecha en la niebla blanca.
Y luego, los ruidos cesan. El silencio vuelve a reinar en el bosque. Como si nada hubiera pasado.
Solo la nieve, cayendo suavemente sobre un niño dormido que sueña con ser más fuerte
En el pueblo, todos se ven entre sí, el ambiente más tranquilo después de las risas compartidas.
Korid mira hacia la dirección por donde Keds se fue, una pequeña arruga de preocupación en su frente.
Korid: ¿Y mi hermano? ¿Cuándo regresará?
Yamito, con su habitual calma, responde mientras guarda su cantimplora.
Yamito: Han pasado 30 minutos… No dilatará, a lo mejor.
Tévez asiente, apoyando la teoría del hijo del Rey.
Tévez: Puede ser que tengas razón.
Danna se acerca un poco más al grupo, mirando también hacia el bosque.
Danna: Seguro ya viene. Dijo que no dilataría.
Mader bosteza y se estira.
Mader: Mientras tanto, yo voy a seguir descansando estos minutos.
Frank se sienta en una roca, observando el paisaje blanco.
Frank: Sí, no creo que tarde mucho.
Korid suspira, tratando de calmar su preocupación fraternal.
Korid: Bueno… esperaremos un poco más.
La nieve sigue cayendo suavemente mientras el grupo espera, sus miradas de vez en cuando dirigidas hacia el camino blanco por donde Keds debería aparecer en cualquier momento
Mientras, en el bosque donde Keds descansa…
El silencio que había envuelto al joven dormido se rompe de repente. El mismo ruido que se escuchó antes se vuelve a escuchar, pero esta vez más fuerte. Más cerca. Un crujido de ramas, un susurro que no es viento.
Keds se despierta de golpe, sus ojos abriéndose con la adrenalina recorriendo su cuerpo cansado.
Y una demonio está frente a él.
Keds: ¿¡Pero qué!?
La figura que lo observa es como nada que haya visto antes. Y cuando la demonio le sale una sonrisa, es una expresión que hiela la sangre. Una sonrisa un poco perturbadora, que parece más de un monstruo que de un ser consciente. Demasiado amplia. Demasiado fija.
La demonio: Hola.
Keds reacciona por instinto. Rueda hacia atrás en una voltereta sobre la nieve, creando distancia entre ellos. Se pone en guardia, sus manos ensangrentadas listas, su corazón latiendo como un caballo desbocado.
Keds: ¿Pero quién eres?
La demonio: Soy Ichi. Una demonio.
La forma de la demonio es extraña. Realmente extraña.
Sus ojos son rojos, brillantes en la penumbra del bosque, con líneas negras que se extienden desde las esquinas como lágrimas de tinta. Unos puntos rosas salpican toda su cara como lunares siniestros.
Su cuerpo es de un color verde oscuro, una tonalidad enfermiza que contrasta con la nieve blanca. En el centro de su frente, justo encima de sus ojos, crece un cuerno único, recto y afilado.
Y como unos tatuajes recorren todo su cuerpo: formas de cuernos retorcidos, figuras monstruosas que parecen moverse si se mira fijamente, patrones que no deberían existir en piel natural.
Ichi inclina la cabeza, su sonrisa nunca desapareciendo, y da un paso adelante. La nieve bajo sus pies no cruje. Como si flotara.
Ichi: Huelo tu miedo, niño Akuman. Huele delicioso
Keds: como sabes que soy akuman?
Continuará!
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