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Magic Demon - Capítulo 45

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Capítulo 45: capitulo 45: identidad

Se ve la figura del pelo blanco recortada contra la nieve que sigue cayendo. Es una silueta imponente, firme, que no tiembla ante la presencia de Ichi.

Se ve que tiene un traje de soldado mágico, el uniforme característico, bien ajustado a su cuerpo. Y en el pecho, claramente visible, una insignia de soldado mágico brilla con un destello plateado.

Vemos que es alto. Aproximadamente unos 1,86 metros, una estatura que impone respeto. Su espalda ancha cubre por completo a Keds, que yace agotado en el suelo.

Ichi retrocede un paso, su sonrisa perturbadora reemplazada por una expresión de sorpresa… ¿y quizás miedo?

Ichi: ¿Me seguiste…?

El tipo raro inclina ligeramente la cabeza, su voz profunda y tranquila, sin rastro de esfuerzo.

Tipo raro: Así es, Ichi

Keds, viendo más o menos con su visión nublada, intenta enfocar la figura que lo protege.

Keds: ¿Qui… quién?

Ichi da otro paso atrás, su lenguaje corporal cambiando por completo. Ya no es la cazadora, ahora es la presa.

Ichi: Te lo aseguro… tú eres el hombre más fuerte que conozco. No sé si hay más fuerte que tú.

El tipo raro se mantiene firme, su voz tranquila como un lago en calma.

Tipo raro: Puede ser que lo sea.

Ichi niega con la cabeza, como si no pudiera creer lo que ve.

Ichi: Es increíble que tú, a esa edad de 94 años, sigas peleando y que seas fuerte.

La nieve se arremolina alrededor de ellos mientras Keds, desde el suelo, finalmente logra ver el rostro de su salvador.

Vemos su cara: un viejo de pelo blanco que claramente son canas, no un joven albino. Pero su rostro no es el de un anciano decrépito. Tiene pocas arrugas, apenas las marcas de los años, y sus ojos brillan con una intensidad que delata décadas de experiencia.

Es un hombre de edad. 94 años. Casi un siglo de vida. Y sin embargo, está aquí, de pie frente a una demonio, protegiendo a un niño que ni siquiera conoce.

El anciano sonríe levemente, una sonrisa que no llega a ser amable, pero tampoco amenazante.

Anciano: Ichi… hace cuánto no nos veíamos. ¿Cincuenta años? ¿Sesenta?

Ichi tiembla. Literalmente tiembla

Un silencio pesado cae sobre el bosque. Ni el viento se atreve a soplar. Todo, desde los árboles hasta la nieve, parece contener la respiración ante la llegada de este misterioso soldado

Ichi: Teníamos tiempo… desde que tú salvaste a tu hermano no nos vemos.

Anciano: Tienes razón. Allí, mi hermano iba a tener a su primer hijo. Atacaste tú… y sobreviviste.

Ichi, con miedo, lo ve. Sus ojos rojos ya no tienen esa chispa burlona. Su cuerpo, antes relajado y confiado, ahora está tenso, listo para huir.

Anciano: Han pasado décadas, Ichi. Y sigues igual. Cazando niños. Disfrutando del miedo.

Da un paso adelante. Solo uno. Pero Ichi retrocede dos

Anciano: Este niño… ¿sabes quién es?

Ichi no responde. Solo tiembla.

Anciano: Es mi familia, Ichi. Sangre de mi sangre.

Keds, desde el suelo, abre los ojos con sorpresa. ¿Su… familia? ¿Tiene un familiar que no conocía?

Anciano: Ichi… ¿recuerdas qué les pasa a los demonios que tocan a mi familia?

El silencio que sigue es más aterrador que cualquier grito

Ichi: El que toque a la familia Akuman… muere.

Sus palabras tiemblan en el aire frío. La nieve sigue cayendo, pero el tiempo parece haberse detenido.

El anciano asiente lentamente, su expresión impasible.

Anciano: Así es.

Ichi da otro paso atrás, sus ojos rojos moviéndose frenéticamente, buscando una salida, una oportunidad, algo.

Keds, desde el suelo, mira la espalda de ese hombre que nunca había visto. ¿Un Akuman? ¿Otro Akuman? ¿Familia?

Anciano: Hace sesenta años, Ichi, te perdoné la vida. Dijiste que cambiarías. Que los demonios también podían elegir.

Ichi baja la mirada, su cuerpo tembloroso.

Anciano: Y te encuentro aquí, sesenta años después, haciendo lo mismo. Cazando niños. Disfrutando del miedo.

Da otro paso. Ichi retrocede, pero choca contra un árbol.

Anciano: Esta vez, Ichi… no habrá perdón.

Ichi: ¡Espera! ¡Yo no sabía que era tu familia! ¡Solo lo vi entrenando solo y…

Anciano: ¿Y eso lo hace mejor? ¿Si fuera cualquier otro niño estaría bien?

Ichi no responde. No puede.

Anciano: Arrodíllate, Ichi.

Y ella, la demonio que hacía segundos se burlaba de Keds, cae de rodillas en la nieve

El viento helado mueve la nieve a su alrededor, formando remolinos que reflejan la luz gris del día. El anciano no hace ningún gesto exagerado, pero su sola presencia hace que la risa de Ichi se quiebre

Keds, apoyado sobre sus brazos sangrantes, observa con los ojos abiertos como platos. Su corazón late acelerado, no solo por el cansancio, sino por la revelación: esa figura que lo protege es parte de su sangre, y esa sangre tiene poder suficiente para someter a un demonio que él temía

Ichi mira de reojo, el orgullo y la arrogancia que la definían desaparecidos, reemplazados por miedo genuino. Cada palabra del anciano resuena como un martillo sobre su mente

Keds: ¿Mi… mi familia?

Sus palabras salen débiles, entrecortadas. Intenta incorporarse, apoyándose en el árbol donde antes descansaba. Se despierta y se pone en un árbol a descansar, no dormir. El simple acto de moverse le cuesta horrores.

Está cansado. Agotado hasta los huesos. Las horas de entrenamiento, la pelea con Ichi, la aparición de este anciano misterioso… todo pesa sobre su cuerpo de catorce años.

Inhala aire. Profundo. Lento. Como si cada bocanada fuera un esfuerzo titánico. Está tan cansado que sus manos, aún sangrantes, tiemblan sobre sus rodillas.

Desde su posición contra el árbol, solo puede ver la espalda del anciano de pelo blanco, firme e imponente frente a Ichi arrodillada. Y una pregunta empieza a formarse en su mente, débil pero insistente:

*¿Quién es este hombre? ¿Por qué dijo “sangre de mi sangre”? ¿Tengo más familia que no conozco? *

Pero antes de que pueda formular las palabras en voz alta, el agotamiento lo vence de nuevo. Sus párpados pesan. Su respiración se vuelve más lenta. No se desmaya, pero entra en ese estado de semiinconsciencia donde el cuerpo simplemente no puede más.

El anciano, sin voltear, habla con voz baja pero clara:

Anciano: Descansa, niño. Yo me encargo de esto.

Y Keds, por primera vez en horas, obedece

Continuará!

Anciano: Pelearemos a muerte, Ichi.

Ichi: Es imposible que te gane, Zekku.

Dice sudando, a pesar del frío. Las gotas resbalan por su cara verde oscura, mezclándose con los puntos rosas.

Zekku sonríe, pero no es una sonrisa amable. Es la expresión de alguien que ha visto demasiadas batallas y sabe exactamente cómo terminará esta.

Zekku: Tienes razón. Pero tengo tiempo que no uso mi magia dorada.

Ríe con una risa silenciosa, un sonido apenas perceptible que hiela la sangre más que cualquier grito.

Ichi tiembla. Literalmente tiembla. Sus ojos rojos miran a todos lados buscando una ruta de escape, pero Zekku está frente a ella, y algo en su postura le dice que no hay salida.

Zekku: Sesenta años, Ichi. Sesenta años sin usar mi verdadero poder. ¿Sabes por qué?

Ichi niega con la cabeza, muda.

Zekku: Porque no he encontrado a nadie que lo merezca.

Da un paso adelante. El suelo bajo sus pies parece temblar.

Zekku: Pero tocar a mi familia… eso sí lo merece.

Sus manos comienzan a brillar. Un destello dorado, tenue al principio, luego más intenso. Una luz cálida que contrasta con el frío de la nieve.

Ichi: ¡Espera! ¡Yo puedo irme y no volver! ¡Juro que…

Zekku: No.

La palabra cae como una sentencia. Definitiva. Inapelable

Zekku: Bueno, es verdad. Nunca he peleado con mi máximo poder. Pero solo una vez en mi vida he peleado con el 50% de mi máximo poder.

Ichi: ¿Contra quién fue?

Zekku: Con alguien demasiado poderoso. Un demonio fuerte.

La nieve sigue cayendo entre ellos, pero Ichi apenas la siente. Sus ojos rojos están fijos en el anciano, en ese brillo dorado que comienza a emanar de sus manos.

Ichi: ¿Y… qué pasó?

Zekku sonríe, pero es una sonrisa que no llega a sus ojos.

Zekku: Gané. Pero apenas. Ese demonio… era especial.

Da otro paso. Ichi retrocede instintivamente.

Zekku: Hoy, Ichi, no necesitaré ni el 50%. Con el 10% de mi poder será suficiente para alguien como tú.

El dorado se intensifica. El aire alrededor de Zekku parece vibrar. La nieve a su alrededor se derrite en un círculo perfecto.

Ichi abre la boca para decir algo, pero las palabras no salen. Solo un gemido de terror.

Y Zekku, el anciano de 94 años, el soldado mágico más poderoso que Ichi ha conocido en su larga vida, levanta una mano. La luz dorada baila en su palma como un sol diminuto.

Zekku: ¿Lista para morir, Ichi?

Ichi: ¡Cállate! Si moriré, moriré con orgullo.

Zekku: Hazlo.

Ichi: ¡No puede ser! ¿¡Ya salió!?

10 brazos dorados salen de la nada, emergiendo del brillo que rodea a Zekku como extensiones de su voluntad. Son traslúcidos pero sólidos, hechos de pura energía dorada.

Y van los 10 brazos: 5 están con la palma de la mano abierta, y los otros 5 cerrados como un puño, listos para golpear. Se lanzan hacia Ichi con una velocidad imposible.

Ichi esquiva todos, moviéndose como una sombra entre los brazos dorados. Agachándose, girando, saltando. Mientras esquiva, hace energías demoníacas verdes que lanza hacia Zekku.

Las manos doradas reaccionan al instante. Protegen a Zekku, formando un escudo sólido frente a él. Las energías demoníacas impactan contra la barrera y se disipan sin causar daño.

Zekku solo mueve su mano derecha, un gesto mínimo, casi despreocupado. Y al hacerlo, los brazos se lanzan hacia Ichi con renovada furia.

Ichi esquiva, esquiva, esquiva. Pero son diez. Y ella es una. Pronto, demasiado pronto, los ángulos se cierran.

Uno de los puños dorados impacta en su costado. ¡PUM!

Ichi vuela por los aires y cae sobre la nieve, rodando. Sangre oscura brota de su boca.

Zekku: Eso fue el 1%, Ichi. ¿Segura que quieres ver el 10?

Ichi: ¿Qué dices?

Varias energías negras se lanzan hacia Zekku desde sus manos, un torrente de oscuridad que corta el aire.

Y él las esquiva. Con una calma absoluta. Movimientos mínimos, precisos, como si bailara entre la destrucción.

¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM!

Explotan, destruyendo algunos árboles a su alrededor. Troncos partidos, nieve volando, cráteres humeantes.

Keds, observando desde su posición contra el árbol, dice con los ojos muy abiertos:

Keds: Increíble… ¿cómo? ¿Cómo es tan fuerte?

Vemos que Ichi, desesperada, corre sobre uno de los brazos dorados, usándolos como plataforma para ganar altura. Sus pies apenas tocan la superficie luminosa mientras avanza hacia Zekku.

Un puño de un brazo dorado pega en el brazo dorado donde corría Ichi, intentando aplastarla. Pero como ella fue rápida y saltó, el golpe solo impacta contra la energía dorada. No pasó nada, ella ya está en el aire.

Desde arriba, tira una gran bola negra demoníaca para Zekku, un proyectil masivo de oscuridad pura que desciende como un meteorito.

Zekku, con su mano derecha, hace un movimiento hacia arriba. Un gesto simple, casi aburrido.

Y un brazo dorado lo protege, elevándose como un escudo gigante. La bola negra impacta contra la palma abierta.

¡BOOM!

La explosión sacude el bosque. La luz dorada y la oscuridad se mezclan en un destello cegador. Cuando el humo se disipa, Zekku está intacto, inmóvil, observando a Ichi caer de nuevo al suelo.

Zekku: ¿Eso es todo, Ichi? ¿Sesenta años y eso es todo lo que has aprendido?

El humo se disipa lentamente entre los árboles partidos. La nieve derretida cae en gotas desde las ramas quemadas. En medio de ese caos, Zekku permanece inmóvil, como si la explosión nunca hubiera existido

Ichi: ¡Cállate!

Pero un brazo dorado aplasta a la demonio. La mano enorme desciende sobre ella. Ichi no tiene tiempo de reaccionar.

¡PUM!

Después, Zekku quita todos los brazos. Las diez extremidades doradas se disuelven en el aire.

Y vemos que Ichi murió. Su cuerpo desaparece, y su cadena interior destruida se apaga para siempre.

Keds: ¡Lo… lo derrotó él solo!

Continuará!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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