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Magic Demon - Capítulo 48

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Capítulo 48: Capitulo 48: despedida de hermanos

Zekku: Bueno, realmente venía porque quería decir algo, pero te diré solo a ti. Yamito, vamos a solas.

Yamito se tensa ligeramente, su expresión volviéndose seria. Asiente y se acerca al anciano, alejándose unos pasos del grupo.

Yamito: ¿Descubriste dónde están los fragmentos mágicos? ¿O el lugar?

Zekku baja la voz, asegurándose de que los jóvenes no escuchen.

Zekku: Solo sé dónde hay algunos fragmentos mágicos

Zekku: Solo sé dónde hay algunos fragmentos mágicos.

Yamito: ¿En serio? ¿Cuántos? ¿Dónde?

Zekku: Están ocultos. Lugares subterráneos, ruinas antiguas, cuevas olvidadas. Los fragmentos no están “protegidos” por nadie… simplemente están perdidos. Esperando ser encontrados.

Yamito: ¿Y los demonios?

Zekku: Los demonios también los buscan. Por eso debo llegar primero. Si ellos encuentran los fragmentos antes que nosotros…

Yamito asiente, comprendiendo la gravedad.

Zekku: Hay indicios de tres fragmentos en esta región. Uno cerca de aquí, de hecho. Por eso vine

Yamito: ¿Cerca? ¿Dónde?

Zekku: Bajo el pueblo de Tévez. Hay una cueva subterránea sellada hace siglos.

Yamito mira hacia las ruinas del pueblo, la nieve cubriéndolo todo.

Yamito: ¿Ahí abajo?

Zekku: Así es. Pero no podemos ir ahora. Los jóvenes necesitan descansar. Mañana será otro día

Yamito: Le diré a papá. Pero tú… ¿entrenarás a Keds?

Zekku mira hacia donde está el grupo, su mirada deteniéndose en el niño de 14 años que lo observa con curiosidad.

Zekku: Claro. Lo entrenaré.

Yamito: Está bien. Nos despediremos.

Zekku: Claro.

Ambos regresan hacia el grupo. Yamito con su expresión seria de siempre, Zekku con esa calma que dan los años.

Zekku se acerca a Keds y Korid, poniendo una mano en el hombro de cada uno.

Zekku: Keds se quedará conmigo un tiempo. Lo entrenaré.

Korid: ¿Qué? ¿Separarnos?

Zekku: Solo por un tiempo, muchacho. Tu hermano necesita aprender cosas que solo yo puedo enseñarle.

Keds lo mira, una mezcla de emoción y nerviosismo en sus ojos.

Keds: ¿En serio?

Zekku: En serio.

Danna sonríe.

Danna: Qué bien, Keds. Aprenderás mucho.

Mader: ¡No te mueras en el entrenamiento!

Frank: Mader, no digas eso.

Yamito: Bueno, debemos regresar. El Rey Fah estará esperando nuestro informe.

Tévez asiente.

Tévez: Es cierto. Vamos.

Korid abraza a Keds rápido, un abrazo de hermano.

Korid: Cuídate, ¿ok? Y vuélvete fuerte.

Keds: Lo haré.

Zekku: No se preocupen. Devolveré a su hermano más fuerte que nunca.

El grupo comienza a alejarse, dejando a Keds con su recién descubierto tío abuelo en medio del bosque nevado.

Keds, viendo alejarse a su hermano y amigos, siente un nudo en el estómago. Pero también emoción. Por primera vez, alguien de su sangre va a enseñarle.

Zekku: Bueno, sobrino. El entrenamiento comienza ahora. ¿Listo?

Keds respira hondo y asiente.

Keds: Listo

Zekku: Pero iremos a un lugar que conozco. Nos tomará mínimo 3 horas en llegar. ¿Aguantarás?

Keds: ¡Claro!

Zekku sonríe, una sonrisa que mezcla orgullo y diversión.

Zekku: Eso quiero oír. Vamos.

El anciano comienza a caminar con paso firme, adentrándose en el bosque. Keds lo sigue, sus piernas aún un poco débiles pero su determinación firme.

Zekku: Por cierto, sobrino… ¿Qué magia tienes?

Keds: Fuego.

Zekku asiente, sin detenerse.

Zekku: Fuego. Buena elección. Los Akuman siempre hemos tenido afinidad con elementos agresivos.

Keds: ¿Usted también tiene fuego?

Zekku se ríe suavemente.

Zekku: Yo tengo magia dorada. Es… especial. Pero eso te lo explicaré después. Primero, camina. Tenemos 3 horas por delante.

Y siguen adelante, las siluetas del anciano y el niño perdiéndose entre los árboles nevados

El lugar donde van Zekku y Keds

El bosque se vuelve más espeso a medida que avanzan. Los árboles, altos y antiguos, se inclinan sobre ellos como guardianes silenciosos. La nieve cruje bajo sus pies, cada paso dejando una huella profunda que pronto será borrada por los nuevos copos que caen sin cesar.

El sendero que Zekku sigue no parece ser un camino real. No hay marcas, no hay señales. Solo el instinto de alguien que ha recorrido estas tierras durante décadas. Rocas cubiertas de musgo congelado, pequeños arroyos convertidos en hielo, claros donde la nieve es tan profunda que llega a las rodillas de Keds.

El viento sopla entre las ramas, un sonido antiguo que parece susurrar secretos. El cielo, siempre gris, comienza a oscurecerse lentamente. Pronto será de noche.

A lo lejos, montañas se perfilan en el horizonte. Y hacia allá, precisamente, es donde Zekku dirige sus pasos. Con una calma que contradice sus 94 años, como si el tiempo no significara nada para él.

—

Donde están los demás en el pueblo de Tévez

El grupo camina en silencio entre las ruinas cubiertas de nieve. Las casas destruidas, los techos hundidos, las paredes agrietadas. Todo blanco. Todo callado.

Korid mira hacia atrás una vez, dos veces, buscando a su hermano entre los árboles. Pero Keds ya no está. Solo el bosque y la nieve.

Danna camina cerca de él, ofreciendo una presencia tranquila. Mader y Frank van más adelante, susurrando entre ellos, sus voces apenas audibles. Tévez guía al grupo con pasos seguros, conociendo cada rincón de su pueblo destruido.

Yamito cierra la marcha, su mirada perdida en pensamientos. Los fragmentos mágicos. Zekku. Keds. Todo gira en su mente mientras la nieve sigue cayendo, suave e implacable.

Las únicas huellas en el pueblo son las suyas. El resto es silencio y blanco. Un lugar que fue hogar y ahora es solo memoria

Continuará!

Zekku y Keds en el camino

La nieve ha dejado de caer, pero el paisaje sigue siendo un manto blanco interminable. El bosque se abre paso entre colinas suaves, los árboles cada vez más escasos, reemplazados por grandes formaciones rocosas que emergen de la nieve como gigantes dormidos.

El frío se intensifica. Keds siente cada ráfaga de viento cortar su piel, pero aprieta los dientes y sigue adelante. Zekku camina delante, su espalda recta, su respiración controlada. No muestra signos de cansancio.

Cruzan un pequeño valle donde el viento ha esculpido la nieve en formas ondulantes, como olas congeladas. El silencio es absoluto, roto solo por el crujir de sus pasos y el ocasional golpe de una rama que suelta su carga blanca.

A lo lejos, se escucha el aullido lejano de algún animal. O quizás es el viento. Es difícil distinguir.

El sol, ya bajo, tiñe el horizonte de tonos naranjas y violetas que contrastan con el blanco infinito. Las sombras se alargan. Pronto será de noche.

Zekku señala hacia adelante: una cadena de montañas se recorta contra el cielo anochecido.

Zekku: (silencio)

Keds asiente, aunque su tío no lo ve. Aprieta el paso, sintiendo cada músculo de sus piernas protestar. Pero no se detiene. No puede.

—

Los demás en el pueblo de Tévez

El grupo ha encontrado refugio en una de las pocas casas que aún conserva parte del techo. Dentro, el suelo está cubierto de paja seca que Tévez conocía de su infancia. Pequeños montones de nieve se filtran por las grietas, pero es mejor que estar afuera.

Yamito ha encendido una pequeña fogata con su magia. Las llamas bailan, proyectando sombras danzantes en las paredes agrietadas. El calor es mínimo, pero suficiente para mantener el frío a raya.

Korid está sentado cerca del fuego, sus rodillas contra el pecho, mirando las llamas sin realmente verlas. Preocupado. Danna se sienta a su lado, sin decir nada, solo acompañando.

Mader y Frank han encontrado unas mantas viejas en un rincón. Están polvorientas y huelen a humedad, pero las aceptan con gratitud. Mader intenta hacer un chiste sobre algo, pero nadie ríe. Frank le da un codazo suave para que se calle.

Tévez está en la puerta, mirando hacia afuera. No dice nada, pero su postura habla de vigilancia, de protección. De alguien acostumbrado a cuidar.

Yamito se sienta cerca del fuego, su espada a su lado, siempre al alcance. Sus ojos pasan por cada uno de los jóvenes, evaluando, calculando. Pero también hay algo de orgullo en su mirada.

Afuera, la noche ha caído por completo. El viento golpea las paredes de la casa, buscando entrar. La nieve cruje bajo algún peso desconocido. Pero dentro, al menos por esta noche, están seguros.

Korid cierra los ojos un momento. Respira hondo. Y espera. Espera que su hermano esté bien. Espera que Zekku sea quien dice ser. Espera. Solo eso puede hacer

Los demás —Korid, Yamito y los demás— se paran y se van para la capital caminando.

La nieve cruje bajo sus pies mientras abandonan el pueblo destruido. Las casas derrumbadas quedan atrás, siluetas fantasmales en la penumbra del amanecer. El cielo comienza a aclarar lentamente, tonos grises y azules reemplazando la oscuridad de la noche.

Korid camina en silencio, su mirada fija en el camino que se extiende hacia adelante. De vez en cuando gira la cabeza, mirando hacia atrás, hacia el bosque donde su hermano se quedó. Pero no hay nada que ver. Solo árboles y nieve.

Danna camina a su lado, ofreciendo su presencia tranquila. No dice nada, pero a veces sus miradas se cruzan, y en ellas hay un entendimiento silencioso.

Mader y Frank van detrás, susurrando ocasionalmente. Mader intenta hacer algún comentario sobre el frío, sobre el cansancio, pero Frank lo calla con un gesto. No es momento para bromas.

Tévez guía al grupo, sus pasos seguros a pesar del terreno cubierto de nieve. Conoce este camino, lo ha recorrido cientos de veces. Pero nunca antes había sido tan difícil dejar atrás su pueblo.

Yamito cierra la marcha, su espada en la cintura, sus ojos siempre alerta. Escanea el horizonte, los árboles, las sombras. Pero no hay amenazas. Solo el silencio blanco.

El camino se extiende interminable. A veces pasan junto a árboles solitarios, enormes rocas cubiertas de nieve, pequeños arroyos congelados. El viento sopla, levantando pequeños remolinos de polvo blanco que bailan a su alrededor y desaparecen.

Poco a poco, el paisaje comienza a cambiar. Los árboles se vuelven más escasos, el terreno más llano. A lo lejos, una línea oscura en el horizonte: la muralla de la capital.

Todavía falta. Pero ya pueden verla. Ya están más cerca.

Korid respira hondo. El aire frío quema sus pulmones. Pero sigue caminando. Un paso tras otro. Hacia casa. Hacia la capital. Hacia el siguiente capítulo de sus vidas

Korid: Regresar a la capital después de una misión…

Sus palabras flotan en el aire frío mientras el grupo continúa caminando. La muralla aún se ve lejana, una línea oscura en el horizonte que parece no acercarse nunca.

Danna: ¿Cansado?

Korid: Un poco. Pero es un buen cansancio.

Mader bosteza ruidosamente.

Mader: Yo estoy reventado. ¿Falta mucho?

Frank: Deja de quejarte. Caminar es lo mínimo después de pelear con demonios.

Mader: ¡Pero es que tengo frío!

Tévez sonríe levemente desde adelante, sin dejar de caminar.

Tévez: El frío es parte del trabajo, muchacho. Acostúmbrate.

Yamito camina en silencio, su mirada perdida en el horizonte. Piensa en Zekku. En los fragmentos mágicos. En lo que vendrá.

El viento sopla, levantando pequeños remolinos de nieve que bailan a su alrededor. El cielo sigue gris, pesado, amenazando con más nieve. Pero por ahora, solo caminan.

Korid mira hacia atrás una vez más. El pueblo ya no se ve. Solo el bosque, la nieve, y el camino que se pierde en la distancia. Su hermano está en algún lugar de ahí.

Korid: Vuelve pronto, Keds.

Y sigue caminando. Todos siguen caminando. La capital espera, pero aún falta. Aún falta

Continuará!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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