Magic Demon - Capítulo 49
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Capítulo 49: capitulo 49: hacia la capital
Zekku y Keds en el camino
La nieve ha dejado de caer, pero el paisaje sigue siendo un manto blanco interminable. El bosque se abre paso entre colinas suaves, los árboles cada vez más escasos, reemplazados por grandes formaciones rocosas que emergen de la nieve como gigantes dormidos.
El frío se intensifica. Keds siente cada ráfaga de viento cortar su piel, pero aprieta los dientes y sigue adelante. Zekku camina delante, su espalda recta, su respiración controlada. No muestra signos de cansancio.
Cruzan un pequeño valle donde el viento ha esculpido la nieve en formas ondulantes, como olas congeladas. El silencio es absoluto, roto solo por el crujir de sus pasos y el ocasional golpe de una rama que suelta su carga blanca.
A lo lejos, se escucha el aullido lejano de algún animal. O quizás es el viento. Es difícil distinguir.
El sol, ya bajo, tiñe el horizonte de tonos naranjas y violetas que contrastan con el blanco infinito. Las sombras se alargan. Pronto será de noche.
Zekku señala hacia adelante: una cadena de montañas se recorta contra el cielo anochecido.
Zekku: (silencio)
Keds asiente, aunque su tío no lo ve. Aprieta el paso, sintiendo cada músculo de sus piernas protestar. Pero no se detiene. No puede.
—
Los demás en el pueblo de Tévez
El grupo ha encontrado refugio en una de las pocas casas que aún conserva parte del techo. Dentro, el suelo está cubierto de paja seca que Tévez conocía de su infancia. Pequeños montones de nieve se filtran por las grietas, pero es mejor que estar afuera.
Yamito ha encendido una pequeña fogata con su magia. Las llamas bailan, proyectando sombras danzantes en las paredes agrietadas. El calor es mínimo, pero suficiente para mantener el frío a raya.
Korid está sentado cerca del fuego, sus rodillas contra el pecho, mirando las llamas sin realmente verlas. Preocupado. Danna se sienta a su lado, sin decir nada, solo acompañando.
Mader y Frank han encontrado unas mantas viejas en un rincón. Están polvorientas y huelen a humedad, pero las aceptan con gratitud. Mader intenta hacer un chiste sobre algo, pero nadie ríe. Frank le da un codazo suave para que se calle.
Tévez está en la puerta, mirando hacia afuera. No dice nada, pero su postura habla de vigilancia, de protección. De alguien acostumbrado a cuidar.
Yamito se sienta cerca del fuego, su espada a su lado, siempre al alcance. Sus ojos pasan por cada uno de los jóvenes, evaluando, calculando. Pero también hay algo de orgullo en su mirada.
Afuera, la noche ha caído por completo. El viento golpea las paredes de la casa, buscando entrar. La nieve cruje bajo algún peso desconocido. Pero dentro, al menos por esta noche, están seguros.
Korid cierra los ojos un momento. Respira hondo. Y espera. Espera que su hermano esté bien. Espera que Zekku sea quien dice ser. Espera. Solo eso puede hacer
Los demás —Korid, Yamito y los demás— se paran y se van para la capital caminando.
La nieve cruje bajo sus pies mientras abandonan el pueblo destruido. Las casas derrumbadas quedan atrás, siluetas fantasmales en la penumbra del amanecer. El cielo comienza a aclarar lentamente, tonos grises y azules reemplazando la oscuridad de la noche.
Korid camina en silencio, su mirada fija en el camino que se extiende hacia adelante. De vez en cuando gira la cabeza, mirando hacia atrás, hacia el bosque donde su hermano se quedó. Pero no hay nada que ver. Solo árboles y nieve.
Danna camina a su lado, ofreciendo su presencia tranquila. No dice nada, pero a veces sus miradas se cruzan, y en ellas hay un entendimiento silencioso.
Mader y Frank van detrás, susurrando ocasionalmente. Mader intenta hacer algún comentario sobre el frío, sobre el cansancio, pero Frank lo calla con un gesto. No es momento para bromas.
Tévez guía al grupo, sus pasos seguros a pesar del terreno cubierto de nieve. Conoce este camino, lo ha recorrido cientos de veces. Pero nunca antes había sido tan difícil dejar atrás su pueblo.
Yamito cierra la marcha, su espada en la cintura, sus ojos siempre alerta. Escanea el horizonte, los árboles, las sombras. Pero no hay amenazas. Solo el silencio blanco.
El camino se extiende interminable. A veces pasan junto a árboles solitarios, enormes rocas cubiertas de nieve, pequeños arroyos congelados. El viento sopla, levantando pequeños remolinos de polvo blanco que bailan a su alrededor y desaparecen.
Poco a poco, el paisaje comienza a cambiar. Los árboles se vuelven más escasos, el terreno más llano. A lo lejos, una línea oscura en el horizonte: la muralla de la capital.
Todavía falta. Pero ya pueden verla. Ya están más cerca.
Korid respira hondo. El aire frío quema sus pulmones. Pero sigue caminando. Un paso tras otro. Hacia casa. Hacia la capital. Hacia el siguiente capítulo de sus vidas
Korid: Regresar a la capital después de una misión…
Sus palabras flotan en el aire frío mientras el grupo continúa caminando. La muralla aún se ve lejana, una línea oscura en el horizonte que parece no acercarse nunca.
Danna: ¿Cansado?
Korid: Un poco. Pero es un buen cansancio.
Mader bosteza ruidosamente.
Mader: Yo estoy reventado. ¿Falta mucho?
Frank: Deja de quejarte. Caminar es lo mínimo después de pelear con demonios.
Mader: ¡Pero es que tengo frío!
Tévez sonríe levemente desde adelante, sin dejar de caminar.
Tévez: El frío es parte del trabajo, muchacho. Acostúmbrate.
Yamito camina en silencio, su mirada perdida en el horizonte. Piensa en Zekku. En los fragmentos mágicos. En lo que vendrá.
El viento sopla, levantando pequeños remolinos de nieve que bailan a su alrededor. El cielo sigue gris, pesado, amenazando con más nieve. Pero por ahora, solo caminan.
Korid mira hacia atrás una vez más. El pueblo ya no se ve. Solo el bosque, la nieve, y el camino que se pierde en la distancia. Su hermano está en algún lugar de ahí.
Korid: Vuelve pronto, Keds.
Y sigue caminando. Todos siguen caminando. La capital espera, pero aún falta. Aún falta
Continuará!
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