Magic Demon - Capítulo 66
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Capítulo 66: Capitulo 66: demonio
Vemos más adelante a Jung que sigue llevando al Rey Fah. El cuerpo del Rey cuelga sobre su hombro, inerte. Jung camina rápido, sus ojos rojos escaneando cada sombra, cada rincón de la cueva.
Pero en vez de seguir recto, se desvió al lado derecho de la cueva. Toma un pasadizo estrecho, apenas visible entre las formaciones rocosas. Las paredes se cierran a su alrededor, pero él no se detiene.
Y se mira que sigue siendo extensa. El pasadizo se abre de nuevo, y luego otro, y otro. Un laberinto natural de piedra y sombras. Jung conoce este lugar. Sabe por dónde ir. Y sabe que atrás, los perseguidores se acercan. Pero también sabe que mientras él llegue a su destino, nada más importa.
Vemos que él sigue y sigue corriendo, sus pasos resonando en el pasadizo. La cueva se vuelve más amplia, el techo más alto. Hasta que al fondo, una gran figura comienza a distinguirse en la penumbra.
Jung: Vaya, allá se encuentra Brahun.
Y vemos que llega. La figura se hace clara: un demonio de 2 metros, literalmente, musculoso, y de color gris está allí. Sus brazos cruzados, su postura firme. Sus ojos rojos brillan en la oscuridad como ascuas.
Brahun observa al Rey Fah.
Jung deja el cuerpo del Rey sobre el suelo de piedra. El Rey sigue inconsciente, pálido, apenas respirando.
Brahun lo mira. Luego mira hacia el pasadizo por donde vinieron. Algo, o alguien, se acerca.
Jung se pone en guardia. No dice nada. Solo espera
Brahun: ¿Trajiste al Rey de la capital?
Jung: Así es. Nunca imaginé que esta inyección funcionaría. Y como ves, todavía sigue inconsciente.
Jung pregunta:
Jung: ¿Cree que funcione?
Brahun: Bueno, no sé la verdad. ¿Dices por los fragmentos mágicos, no?
Jung dice:
Jung: Así es. Además, solo tenemos 5 fragmentos mágicos.
Brahun: Tienes razón. Pero hay que confiar.
Jung: Eso espero.
Brahun: Todo sea por el Rey de los Demonios.
Y vemos que llegan dos demonios más, sus siluetas emergiendo de la oscuridad del pasadizo. Se acercan a Brahun y Jung, sumándose a la espera. Cinco fragmentos. Un Rey. Un plan en marcha
El primer demonio es un zorro de nueve colas, de pelaje amarillo con puntas blancas en cada extremo. Sus ojos rojos brillan en la penumbra, su cuerpo esbelto pero imponente. Se mueve con una gracia felina, sus colas ondeando a su espalda como un abanico de fuego.
Y el otro es un demonio alto, erguido, con manos como lagarto: dedos largos, escamas oscuras, garras curvadas. Su cola es larga y gruesa, de color café, que arrastra tras él mientras camina. Su rostro es alargado, sus ojos reptilianos escaneando la escena.
Ambos se detienen junto a Brahun y Jung. Ahora son cuatro demonios en la cámara, rodeando al Rey Fah inconsciente
El demonio zorro dice:
Zorro: De verdad, el Glos del Rey de la capital da miedo. Siento que muero con tan solo sentirlo.
Lagarto: Tienes razón, ¡se siente fuerte!
Jung: Claro, Zorking y Ganh.
Vemos que Zorking es el nombre del zorro, sus nueve colas ondeando lentamente a su espalda.
Y Ganh del otro demonio, el lagarto de manos escamosas que observa al Rey con precaución.
Y vemos que la cueva se ve demasiado grande, una cámara inmensa donde la luz apenas alcanza las paredes. Las sombras se alargan entre las formaciones rocosas, y los cuatro demonios rodean al Rey Fah, esperando. El silencio pesa. Algo está por comenzar
Brahun: Tendré que irme. Tengo que hacerlo. Me llevaré al Rey. La máquina está allá, ¿no, Zorking?
Zorking responde:
Zorking: Así es, señor.
Brahun: Pues bien.
Jung: Nosotros, los demonios, buscamos los fragmentos mágicos para algo. Pero creemos que con el Rey Fah es suficiente.
Brahun: Tienes razón. Por cierto, quédense aquí. Te siguieron, ¿no?
Jung: Así es. Me siguieron.
Vemos que el grupo sigue y sigue. Yamito al frente, Sunzuki con la rama mágica, los demás apretados detrás. La cueva se extiende ante ellos, interminable. Y adelante, los esperan
Vemos que Jung, Zorking y Ganh se separan. Cada uno toma un camino distinto dentro de la cueva, perdiéndose entre las sombras y las formaciones rocosas.
El primero en esperar es Ganh. Se detiene en un punto donde el pasadizo se estrecha, obligando a cualquiera que pase a enfrentarlo de frente. Sus manos de lagarto se posan contra la pared, sus ojos reptilianos fijos en la oscuridad del camino. Espera.
Continuará!
Vemos que Sunzuki y los demás siguen. La rama mágica avanza veloz por los pasadizos, iluminando las paredes de piedra.
Yamito: Siento el Glos de mi papá… por la derecha.
Sunzuki lo ve:
Sunzuki: Tienes razón.
Mader: ¿Pero debemos tener un plan?
Mader ve el suelo, o donde están parados sobre la rama mágica:
Mader: O al menos estar preparados.
Didsy: Tienes razón. No sabemos lo que nos espera. Además, debemos estar muy preparados. No sabemos qué viene.
Tévez: No se preocupen. Si hay un demonio, el siguiente en quedarme seré yo.
Todos lo miran.
Todos: ¿Estás seguro?
Tévez: Claro que sí. Soy demasiado fuerte.
Sunzuki: Tienes razón.
Yamito: Claro. Te quedarás mientras nosotros avanzamos. Hay una misión que debemos cumplir, y no hay mucho tiempo.
Didsy: Tienes razón.
—
Y vemos que donde están Korid y Danna, ellos siguen parados. Se miran antes de irse. Danna aún débil, Korid con su preocupación a flor de piel.
Korid: ¿Lista?
Danna: Sí. Vamos.
Y corren. Hacia adelante. Hacia donde los demás los esperan. Hacia lo que venga
Mientras Korid y Danna avanzan hacia adelante, aunque van lentamente por lo que Danna sigue un poco herida. La cueva se extiende ante ellos, oscura y silenciosa. El eco de sus pasos rebota en las paredes de piedra, multiplicándose hasta perderse en la profundidad. Danna camina apoyándose en Korid, su respiración aún entrecortada, pero sus ojos fijos en el camino. Adelante, el grupo ya debe estar cerca.
—
Pero vemos dónde Keds y Zekku están. El recinto sin techo se ha llenado de luz solar, el sol alto en el cielo proyectando sombras cortas sobre la tierra pisada. Los cocineros están en un rincón, preparando algo con calma, el humo de una pequeña fogata elevándose en espiral. El viento sopla suave, moviendo el cabello de Keds mientras escucha a su tío.
Keds: Vaya, qué interesante.
Zekku: Verdad, Keds.
Keds: Así es, tío. Pero quiero que me expliques algo del Glos.
Zekku: Sí, dime.
Keds: No entiendo… bueno, sí entiendo, ya puedo apagar y encender mi Glos. Pero ¿a qué te refieres con eso?
Vemos a Keds con una cara de confundido.
Zekku: Ah, con que era eso.
Keds: Así es.
Zekku: Pues a lo que me refiero es que cuando digo que enciendas tu Glos es para que crezca o tengas mayor energía. Por eso, cuando enciendes tu Glos, vas a sentir mayor flujo en tus venas y en todo tu cuerpo, y harás técnicas más poderosas que con un Glos en estado normal.
Keds, confundido:
Keds: No entiendo.
Zekku: En palabras cortas: es para crecer tu energía o tu Glos.
Keds: Ya entendí. ¿Y el apagar?
Zekku ve a Keds.
Zekku: Cuando digo apagar, me refiero a que debes bajar tu Glos o apagarlo. O sea, bajar toda esa energía que expandiste o mandaste a todas tus venas. Y para lo que más te sirve es para ocultar tu presencia.
Keds: Ya entiendo.
Zekku: Pero otra cosa. No pienses que el Glos se apaga literalmente, si no morirías. A lo que digo es que cuando apagas tu Glos, todavía queda una pizca de Glos, pero eso nadie lo siente.
Keds le dice:
Keds: Entiendo.
Keds en su mente:
*Keds: Interesante. *
Keds: Bueno, tío, ¿no sabe cuál es mi segunda magia, no?
Zekku: No lo sé.
*Zekku en su mente: *
*Zekku: Vaya… ¿cuál será su segunda magia? El único humano con dos magias en este mundo… qué raro. *
Keds extiende su mano e intenta que salga rayo. La mano tiembla un poco, concentrado. Por un momento, nada. Luego, salen algunas chispas, pequeñas descargas azules que bailan entre sus dedos.
Keds: Es rayo.
Y las desvanece con un gesto, la electricidad apagándose como una vela.
Zekku: Interesante, sobrino.
*Zekku en su mente: *
*Zekku: Todavía me pregunto si se originó de… no, no lo creo. Es suposición. Pero bueno, debo entrenarlo y que controle su magia. Aunque bueno… ya controla su Glos. *
Ahora vemos la cueva y vemos el grupo de Yamito y los demás. La luz de las antorchas y las técnicas mágicas crea sombras danzantes en las paredes de piedra, mientras avanzan por los pasadizos cada vez más profundos.
Yamito: ¡Hay que seguir!
Claro que seguiremos, gritan todos motivados. Las voces de Sunzuki, Didsy, Mader, Frank y Tévez resuenan al unísono, llenando la cueva con un eco de determinación.
El suelo bajo sus pies es irregular, cubierto de pequeños fragmentos de roca que crujen con cada paso. El aire se siente más denso, más pesado, como si la misma montaña supiera que se acercan a algo importante. A lo lejos, una luz tenue parpadea en la oscuridad, y con ella, una presencia que todos comienzan a sentir. El Glos del Rey Fah. Más fuerte ahora. Más cerca.
Yamito: El Glos de mi papá se siente más cerca.
Tévez: No te dejes engañar.
Yamito: ¿Qué dices?
Tévez: Parece que hay algo que no sabemos aún. Siento que… estamos llegando tarde.
—
Mientras vemos que Brahun sigue cargando al Rey Fah. El demonio gris de dos metros avanza por los pasadizos con paso firme, el cuerpo inerte del Rey sobre su hombro. Las paredes de la cueva se abren a su alrededor, formando una cámara más amplia, casi como una sala natural. En el centro, una estructura extraña comienza a distinguirse en la penumbra: engranajes de piedra, símbolos grabados en el suelo, algo que parece una máquina antigua esperando ser activada.
Brahun deja el cuerpo del Rey en el centro, con cuidado, casi con reverencia. Luego levanta la vista hacia la oscuridad del techo, hacia algo que solo él puede ver.
Brahun: Ya casi.
Continuará!
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