¡Maldito mundo, Es demasiado grande! - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Capitulo 27 Plantas extrañas
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27: Capitulo 27 “Plantas extrañas” 27: Capitulo 27 “Plantas extrañas” “Ustedes, mocosos, tendrán que arreglar esto”, nos dijo Ophelia.
Claire, Della y yo estábamos sentados en el suelo mientras Ophelia nos regañaba.
No nos dimos cuenta de que nuestra ropa se había ensuciado de tierra mientras caminábamos por el jardín.
Gracias a eso, Ophelia nos descubrió al instante.
“No hicimos nada malo, ¡esa cosa me mordió!”, le dije, levantando mi pantalón para dejar ver la mordida en mi pierna.
“Tú te lo buscaste, invadiste su territorio”, contrarrestó, sin importarle mi herida.
La planta que había pateado ahora estaba en una pequeña maceta, encima de una mesa, moviéndose de un lado a otro.
Aunque no sabía de plantas, sentía como si se burlara de nosotros.
Mi enojo hacia esa planta aumentó cuando vi cómo me mostraba los dientes, como si me sonriera.
“¡Mañana por la mañana van a ir al jardín a replantar ustedes mismos.
Si lastiman otra de mis plantas, los dejaré sin comida todo el día!”, nos gritó antes de alejarse de nosotros.
Los tres nos levantamos, no sin antes enseñarle el dedo a la planta en la mesa e irnos a dormir.
En cuanto llegamos, los demás nos preguntaron por qué habíamos tardado tanto y, al explicarles, se rieron en nuestras caras.
“¡JAJAJAJA, cómo se les ocurre ir al jardín!”, se burló Anna, mientras se apoyaba en Niko, quien también se reía.
“No lo pensábamos mientras corríamos”, les dijo Della, con sus mejillas sonrojadas por la vergüenza.
“Yo tampoco lo había pensado, el jardín de Ophelia no está cerca de donde estábamos”, pensé, asombrándome cada vez más de mi velocidad.
“Bueno, eso es algo bueno”, me dije a mí mismo, mientras me sonreía.
Luego de que todos se nos rieran, nos fuimos a dormir, tranquilizándome al no romper esa planta en cuanto la viera.
<<<<>>>> “Tengan cuidado con la tierra, si lo hacen mal solo acabarán teniendo más trabajo”, nos gritaba Ophelia, sentada detrás de nosotros.
Había entrado a nuestro cuarto y nos había arrastrado a su jardín temprano en la mañana.
El sol recién empezaba a salir mientras nosotros ya estábamos arrodillados en la tierra.
Empeorando todo, estábamos tardando demasiado; cada movimiento brusco era reprimido por Ophelia.
“Quédate quieta”, le dije a la planta, quien me miraba con la boca abierta.
Contrario a lo que le dije, me mordió el dedo, provocando que soltara un fuerte grito de dolor.
Antes de que me defendiera, pude sentir la mirada de Ophelia, fija en mi espalda.
Así que, resistiendo el dolor, dejé en el suelo a la planta mientras rodeaba sus raíces con tierra.
Parecía que eso la había tranquilizado un poco, ya que me soltó el dedo al instante en que la dejé en el jardín.
“¡Ya terminé!”, celebré, antes de mirar a Della y Claire.
Ambas estaban poniendo nuevas semillas en los lugares de donde arrancaron las flores.
Aunque tenían más tierra en el cuerpo que yo, no pensé que era más difícil que lo que yo hice.
Finalmente, luego de un rato, habíamos terminado, mirando el jardín ahora igual de ordenado que la primera vez.
“No fue tan molesto como pensaba”, dijo Della.
“Sí, lo bueno es que solo arrancamos algunas flores, no como alguien que pateó una planta hasta quién sabe dónde”, dijo Claire en tono de burla, mientras me miraba con una sonrisa.
No le presté atención a lo que me dijo Claire, ya sabiendo a lo que se refería.
En vez de eso, le pregunté a Ophelia: “¿Por qué son tan importantes estas plantas?” “Se venden a un buen precio, además de que son lindas”, nos dijo, encogiéndose de hombros.
“La mayoría de estas plantas tienen propiedades medicinales”.
“Esa de ahí, ¿para qué sirve?”, preguntó Della, apuntando a la planta que antes me había mordido.
“Esa sirve para tintes; antes servía para una enfermedad de los magos”.
“¿Enfermedad?
¿Qué enfermedad de magos?”, pregunté, al escuchar la palabra “mago” se me vinieron a la mente Oswin, Della y Thomas.
“Antes existía una enfermedad que afectaba principalmente a los magos; sus cuerpos eran mucho más débiles y absorbían más maná del que soportaban, lo que llevaba a sus muertes”.
Lo más sorprendente es que nos dijera esto como si no fuera nada.
Della y Claire parece que pensaron en lo mismo que yo, apresurándose a preguntar: “Oswin, Thomas o yo, ¿podemos enfermarnos?”, preguntó Della, con miedo en su cara.
Ophelia negó con la cabeza antes de explicar: “Esa enfermedad es muy antigua, ya nadie la padece.
Aunque la planta no vale lo mismo que antes, los tintes que se pueden crear con ella son muy valorados en la alta sociedad”.
Parecía más preocupada por cuánto se vendería que por la enfermedad.
“Pero dijo que nadie la tiene, ¿entonces ellos no la tendrán, no?” Al estar pensando más en lo que nos dijo Ophelia que en mi alrededor, la planta aprovechó y me mordió en la pierna.
Aunque esta vez pude controlarme, solo la empujé para liberarme de su boca, haciendo mi mejor intento para no mandarla a volar.
Ophelia me estaba mirando, como si me retara a hacerle algo malo a la planta, por lo que solo pude insultar a la planta en mi mente.
“Espero que te hagan tintes”, le dije a la planta en mi mente.
Ni siquiera sabía qué eran los tintes, pero mientras esa planta sufriera, yo estaría feliz.
“Si ya terminaron, vayan a bañarse, están llenos de tierra”, nos dijo Ophelia, apuntándonos con su dedo.
Ahora que me veía, Ophelia tenía razón.
Ya que mis manos estaban sucias, siempre intentaba limpiarlas en mi ropa, provocando que me ensuciara aún más.
Della y Claire tenían aún más tierra en sus cuerpos que yo.
No tuvimos más opción que ir a bañarnos.
Desde que llegamos, ya nos habíamos bañado muchas veces, por lo que ya sabíamos adónde ir y cómo hacerlo.
La primera vez que me bañé en este lugar, me sorprendí al ver tantos tipos de jabones o hierbas para oler bien.
En mi pueblo también usábamos cosas como esas, pero nunca vi tanta cantidad como aquí.
“¡Quédate quieto, Conan!”, me decía Della, mientras me tiraba de la cabeza de un lado a otro, limpiándome la tierra del pelo.
“¡No me tires del pelo!”, le grité, sintiendo ardor cada vez que Della movía su mano.
Siempre era yo el que limpiaba mi pelo, pero Della me había dicho que lo hacía mal, provocando que mi tono original desapareciera.
Por eso, ahora ella lo limpiaba, cosa que odio.
¡¿Cómo puede ser tan ruda?!
“Muy bien, ahora estás limpio”, me decía, mientras me miraba con una sonrisa.
“Sí, ahora puedo ver claramente tu pelo rubio; antes estabas tan sucio que pensaba que tu tono de pelo era marrón o algo así”, dijo Claire, pasándome una mano por el pelo.
“Mi pelo siempre está limpio, el problema es que ustedes están ciegas”, les dije, mientras acariciaba los lugares donde me había lastimado Della.
“Deja de llorar y vamos a comer, luego de eso tenemos que practicar”, dijo Della, caminando primera que todos.
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