Mamá Loba: Criar a un Cachorro, Reclamada por su Papá Bestia - Capítulo 152
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Capítulo 152: Capítulo 152: Asumir la responsabilidad
—Jojo encontrará una pareja y formará su propia familia. Puede que se acuerde de mí muy de vez en cuando, pero estoy segura de que para entonces solo seré un vago recuerdo —dijo Sisi.
—¿Y qué hay de mí?
—¿Eh? ¿Qué quieres decir? —preguntó Sisi.
—¿Acaso Jojo no se olvidará también de mí una vez que haya madurado lo suficiente? —preguntó Kael. Por un momento, Sisi captó un atisbo de vulnerabilidad en el rey, por lo demás poderoso e impenetrable—. Yo también me sentiré solo a medida que envejezca.
—Siempre puedes buscarte una concubina, ¿no? Estoy segura de que habrá docenas de mujeres haciendo fila solo para compartir tu lecho. También puedes aceptar de vuelta a Ruela si quieres, en primer lugar, yo nunca te dije que la despidieras.
Kael empezó a sentirse frustrado. No quería decirlo claramente, por miedo a asustarla. Pero a estas alturas, su impaciencia empezaba a traslucirse y no estaba seguro de cuánto tiempo más podría mantener aquella farsa.
Sin otra opción, ocultó la vulnerabilidad que se le había escapado accidentalmente del corazón y endureció la mirada.
—No creo que puedas marcharte sin más, Sisi. Nosotros, los lobos, somos diferentes de los otros hombres bestia —dijo Kael con frialdad—. Nos imprimamos con nuestras familias, lo que nos asegura que siempre podremos encontrarnos, aunque nos separen, con solo percibir un rastro de olor.
—¿E-en serio? Jojo nunca me había dicho nada al respecto —musitó Sisi—. Pero tiene sentido, ya que puedes detectar a Jojo aunque esté muy lejos.
La repentina hostilidad de Kael la tomó por sorpresa, pero mantuvo su compostura habitual.
A veces, no podía descifrar lo que pasaba por la mente de Kael. Incluso cuando él parecía un libro abierto, sus cambios de humor la dejaban desconcertada.
La mirada de Kael se ensombreció, insatisfecho con su respuesta. —¿Entonces por qué crees que puedes abandonarnos?
—Yo… solo creo que llegará un momento en el que Jojo de verdad se olvide de mí cuando tenga su propia familia —suspiró Sisi—. Yo no tengo familia, así que…
—¿Y qué hay de mí? —la interrumpió Kael—. Yo tampoco tengo familia, Sisi. Cuando Jojo crezca y asuma el manto de Rey Bestia, tendré que retirarme. —Su voz bajó de tono—. ¿Crees que quiero pasar los años que me quedan en una cueva miserable, muriendo solo y entre agonías?
—Y-ya te he dicho que puedes buscarte una concubina…
—¡No quiero una concubina! —espetó Kael, al agotársele por fin la paciencia.
Sisi parecía un disco rayado, repitiendo la misma respuesta una y otra vez. Él odiaba no saber si ella era de verdad así de densa o si lo estaba evitando deliberadamente.
Y cuanto más intentaba ella evadirlo, más fuerte se volvía el impulso de Kael por ser inequívocamente claro, porque Sisi era como una escurridiza anguila que se negaba a ser atrapada.
—¿Crees que puedes escapar después de que mi hijo se haya imprimado contigo? —preguntó Kael—. ¿Sabes que te verá como su madre el resto de su vida?
—N-no lo sabía… —musitó Sisi con sinceridad.
En verdad no entendía el concepto de la imprimación; no existía en la sociedad humana. O, al menos, no para una huérfana como ella, que nunca había experimentado lo que era crecer con unos padres con los que imprimarse.
—Entonces deberías saber esto —dijo Kael en voz baja—. Jojo se ha imprimado contigo. Y yo también.
Kael se inclinó hacia ella.
Sisi intentó apartarlo empujándolo por el pecho, pero el Rey Bestia era demasiado fuerte.
—K-Kael, apártate… —forcejeó, retrocediendo hasta que su espalda chocó contra el poste de la cama.
Kael la agarró de la muñeca y la inmovilizó en el sitio mientras se inclinaba todavía más.
Sisi echó la cabeza hacia atrás por instinto, con el corazón retumbando como un tambor de guerra. El aroma de Kael y el calor que irradiaba su pecho desnudo y musculoso le nublaron los pensamientos.
Quería decirle que parara, pero sentía el cuerpo débil y la mente confusa. No sabía si era una secuela de su largo sueño con la Abuela Árbol o si el hombre que tenía delante era la causa de aquella embriagadora sensación.
A Kael no le ofendió su reacción. De hecho, la forma en que exponía su esbelto cuello, con las venas visibles bajo su fina piel, despertó algo salvaje en su interior.
Así podía olerla con más claridad. Y tal vez porque el deseo ya se había apoderado de él, ni siquiera notó el tenue hedor a podredumbre que solía flotar a su alrededor.
Kael ladeó ligeramente la cabeza, con la mirada fija en su nuca.
Una vez que la reclamara como suya, la sujetaría y la mordería ahí, asegurándose de que el cuerpo de ella lo reconociera como su hombre mientras él entraba y salía de su interior con su gruesa verga.
Kael sintió cómo se le tensaba el taparrabos. Su miembro ya era de un tamaño imponente en estado flácido, pero, cuando se endurecía, era imposible de ocultar.
Pero, antes de que sus instintos pudieran dominarlo por completo, Sisi habló de repente.
—K-Kael…, ¿qué quieres hacer?
Kael salió de su ensimismamiento, pero no retrocedió.
En lugar de eso, se inclinó hacia su oreja, rozándole ligeramente el lóbulo con los labios mientras hablaba con una voz que era suave, pero innegablemente dominante.
—Tanto mi hijo como yo te vemos como parte de nuestra pequeña familia, Sisi —susurró—. Así que asume tu responsabilidad, ¿de acuerdo?
—¿A-asumir mi responsabilidad… por Jojo?
—Y por mí también —dijo Kael.
Sisi siempre había dado por hecho que cuidaría de Jojo hasta que él creciera.
Pero nunca —ni en un millón de años— se había imaginado siendo responsable de Kael, el poderoso Rey Bestia cuya fuerza era inigualable en todo el Bosque Roc.
—Si te niegas a asumir tu responsabilidad —continuó Kael en voz baja—, entonces tendré que separarte de nuestra pequeña familia…, incluido Jojo. No puede querer a una madre que lo abandonaría por un simple capricho.
Sisi no sabía cuándo —o si— Kael se había imprimado de verdad con ella. Seguía creyendo que podría estar mintiendo.
Pero no podía soportar la idea de que la separaran de Jojo, no mientras él fuera todavía tan pequeño.
Así que preguntó en voz baja: —¿C-cómo asumo mi responsabilidad?
…
Kael guardó silencio.
Para Sisi, que esperaba con un inquieto hormigueo recorriéndole el cuerpo, cada segundo que pasaba parecía una eternidad.
Sus labios permanecieron cerca de la oreja de ella, y su cálido aliento le rozaba la piel.
Justo cuando estaba a punto de apartarlo de nuevo, Kael por fin habló.
—Puedes asumir tu responsabilidad… —dijo lentamente—… siendo mía, Sisi.
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