Mami Villana - Capítulo 267
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Capítulo 267: Los descendientes malditos (6)
—LORD FORRESTER, ¿tengo algo en la cara? —preguntó Julian educadamente al antiguo santo. El santo estaba sentado en el sofá frente a él—. Lleva un rato mirándome fijamente.
—Así es —dijo su hermano menor Winder, que estaba sentado a su lado en el sofá—. No te le quedes mirando a mi hermano sin decir nada. Da grima.
—Sí, no te le quedes mirando a Julian —añadió Lady Solenn, que estaba sentada junto a Lord Forrester y frente a Winter—. Es mío.
Por alguna razón, Julian sintió que se le calentaba la cara.
Lady Solenn podía ser tan… directa.
No iba a mentir: la joven dama lograba ponerlo nervioso a pesar de que por dentro ya era un adulto. Pero esa era la cuestión. El alma de la princesa era la de una mujer adulta.
—¿Desde cuándo mi hermano es tuyo, princesita mocosa?
—Desde hoy, obvio —dijo la joven dama, y luego se giró hacia él con ojos radiantes—. ¿Verdad que sí, Julian?
Supo que sus mejillas se habían puesto rojas y estaba demasiado avergonzado para responder.
Sí, se sentía tímido con Lady Solenn por sus atrevidos avances. Además, sabía que, al igual que él y Winter, el alma de la joven dama también era vieja. Y había momentos en que veía a Lady Solenn en su forma adulta en lugar de su apariencia infantil actual.
—Hermano, no te dejes seducir —dijo Winter mientras le daba palmaditas en la espalda—. No quiero que una abusona sea mi cuñada.
—Winter, para, por favor —le suplicó a su hermano. Solo estaba consiguiendo que se sintiera más tímido.
—Sí, deberíais dejar de hablar de esas cosas —dijo Lord Forrester, rompiendo finalmente su silencio—. No puedo creer que el Cetro Sagrado que tanto tiempo he estado buscando esté dentro de tu cuerpo, Lord Julian. No lo sentí en ti cuando nos conocimos en el pasado. —Hizo una pausa—. Aunque debo admitir que el hecho de que no pudiera leer tu Maná debería haber sido mi primera pista. Pensé que tu Maná era ilegible porque tu alma es diferente.
—No sabía que el Cetro Sagrado estaba dentro de mí —dijo—. No he sentido nada extraño en todo este tiempo.
—El Cetro Sagrado está inactivo —explicó el antiguo santo—. Pero si ya se ha fusionado con tu cuerpo, solo podemos concluir que el cetro ha estado consumiendo tu poder divino en silencio. Es difícil de explicar, pero es el tipo de arma que puede considerarse «viva». Fue capaz de ocultar su presencia mientras absorbía tu energía. Esa es probablemente la razón por la que tu Maná se ha vuelto ilegible.
Julian guardó silencio un momento. —¿Lord Forrester, significa eso que moriré si me quitan el Cetro Sagrado porque ya ha absorbido mi poder divino?
Winter y Solenn lo miraron con expresión triste.
—Hermano, no te preocupes por eso —dijo Winter con dulzura—. Según los recuerdos que nuestro abuelo nos mostró, Aku Moonchester fue capaz de quitarte el Cetro Sagrado sin matarte. Bueno, en realidad no sabemos qué te pasó en esa vida. Pero el emperador dijo que Lucina Morganna cuidó de ti. Lo que significa que sobreviviste.
Le sonrió y asintió a su hermano.
Pero en el fondo, dudaba que su vida hubiera durado mucho en aquel entonces…
—Julian, puedo ver un aura sombría a tu alrededor aunque estés sonriendo —dijo Lady Solenn, lanzándole una mirada de desaprobación—. No te preocupes demasiado. No dejaré que mueras.
Le sonrió con timidez a la joven dama. —Gracias, Lady Solenn.
La princesa se limitó a sonreír y le levantó el pulgar, un gesto que probablemente aprendió de su madre.
Lady Solenn era realmente genial.
—Lord Julian y Lady Solenn tienen razón —dijo Lord Forrester—. Tengo una idea de cómo extraer el Cetro Sagrado de tu cuerpo sin matarte, Lord Julian. Pero podría ser peligroso.
—Estoy dispuesto a correr el riesgo —dijo Julian, decidido a dejar de lado su negatividad por una vez—. Lord Forrester, por favor, ayúdeme a vivir y a permanecer con mi familia por mucho tiempo.
***
—¿QUIÉN ERES? —gruñó Wong a la bruja de ojos rosados—. ¿Por qué tienes el aura de una Moonchester?
—Soy Stella del Aquelarre Incoloro —dijo con orgullo la bruja, que estaba de pie en la rama de un árbol frente a él—. Soy la futura emperatriz, así que más te vale que te inclines ante mí, Guardián.
—Solo me inclinaré y arrodillaré ante una persona, bruja —dijo él con una carcajada—. No importa que te creas la próxima emperatriz del Imperio Moonchester. La Suprema reducirá a cenizas a la familia real de todos modos.
Para su sorpresa, Stella del Aquelarre Incoloro le sonrió. Y por alguna razón, su sonrisa parecía genuina. —Le agradeceré gustosamente a la Suprema si acaba con los odiosos gemelos por mí.
Aquello lo confundió. —¿Acabas de afirmar que serás la próxima emperatriz, pero ahora dices que te alegrarás si Aku y Nia Moonchester desaparecen?
—¿Acaso no puedo convertirme en emperatriz sin Aku Moonchester? —replicó ella con una sonrisita socarrona—. Por esa razón, no permitiré que destruyas este imperio. Será mejor que también le digas esto a tu amo: deja en paz al Imperio Moonchester.
—No soy tu perro —le gruñó—. Si tienes un mensaje para la Suprema, díselo tú misma. Aunque no es como si fuera a permitir que un ser tan insignificante como tú se reúna con ella.
La bruja sonrió con socarronería, pero de repente, su rostro se contrajo de dolor. Luego, para su gran sorpresa, cayó del árbol como si estuviera inconsciente.
Tampoco es que le importara.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sintió una sensación de peligro. Y entonces, se dio cuenta de que la bruja que se suponía que había caído al suelo había desaparecido.
De repente, sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Cuando se dio la vuelta, se sorprendió al encontrarse con Stella. Pero esta vez, su sorpresa se debió a que sus ojos rosados se habían convertido en ojos dorados de serpiente que le recordaron a la Serpiente Negra.
—La sola visión de alguien que sirve a mi desagradecida nuera ya me enfurece —gruñó la bruja, que parecía poseída por la Serpiente Blanca—. Deja que te dé un mordisco para compensar la rabia que tu ama me provoca.
Estaba listo para luchar contra la Serpiente Blanca, pero de repente, Elis Ripperton volvió a su forma humana. El Dragón Azul se interpuso frente a la Serpiente Blanca (en el cuerpo de la bruja) para evitar que lo atacara.
—Wong, ambos sabemos que no podemos matarnos por el voto vinculante que hicieron Tilly y Nia Moonchester —dijo Elis Ripperton con voz amenazante—. No me importa para qué has venido, pero quiero que te vayas ahora.
—Y no vuelvas —le gruñó «Stella»—. No puedo matarte, pero puedo atormentarte hasta que me supliques que te quite la vida, Guardián.
—Si eres Yumi la Serpiente Blanca y te enfada tanto que haya intentado destruir el Palacio Real, entonces mi visita no ha sido en vano —dijo Wong con una sonrisita socarrona mientras su cuerpo era engullido por su llama naranja. Era su hechizo de teletransporte, que lo llevaría a salvo a la finca de los Nystrom, donde Kelsi y el niño Flint lo esperaban—. He confirmado que el verdadero cuerpo del Dios de la Luna está, en efecto, en algún lugar del Palacio Real.
***
A TILLY se le rompió el corazón cuando vio a Thaddeus Nystrom volver a su cuerpo original después de que el hielo que congelaba su cadáver finalmente se derritiera.
Por supuesto, no había olvidado que él fue quien mató a su padre.
Pero como la Suprema, no podía culpar de todo a un solo individuo. Si Aku Moonchester no hubiera maldecido a sus descendientes, y si su hermano Wixx hubiera encontrado una manera de romper la maldición en lugar de perseguir al clan Nystrom, nada de esto habría sucedido.
—Kiho, me duele tener el deber de ver el panorama general —dijo Tilly con las manos apretadas—. Como hija de Lord Maverick Prescott, quiero estar enfadada y culpar de mi dolor a Thaddeus Nystrom. Pero como la Suprema, tengo que reconocer que también tenemos la culpa. Lo arruinamos todo en las vidas anteriores que tuvimos antes de esta.
Si no hubiera recuperado los recuerdos de su vida pasada, se habría dejado llevar por su ira y habría castigado a Thaddeus Nystrom sin reconocer la raíz del problema.
—Tenemos que asumir la responsabilidad esta vez —dijo Kiho, y luego le puso una mano en el hombro con delicadeza—. Seamos más fuertes juntos, Tilly.
—Lo siento.
Ella y su marido se sorprendieron cuando Thaddeus Nystrom pronunció esas palabras.
—Realmente no entiendo por qué hice las cosas que hice cuando me convertí en una marioneta de hielo —dijo Thaddeus Nystrom con voz quebrada, su rostro lleno de remordimiento—. Siento haber hecho daño a nuestra familia. Siento haber matado a esa gente.
Como hija de Lord Maverick Prescott, sabía que una disculpa no era suficiente porque no le devolvería a su padre.
Pero en el fondo de su corazón, era consciente de que una parte de ella ya había dejado ir su ira.
—Mi padre vivió una vida buena y honrada con la gente a la que amaba y que le correspondía —dijo en voz baja. Recordar a su padre siempre, siempre la hacía sentirse vulnerable y fuerte al mismo tiempo—. Tuve la oportunidad de presentarle a mi familia antes de que nos despidiéramos. Aunque el dolor de perder a mi padre nunca sanará, sigo agradecida de que dejara este mundo rodeado de su familia. —Abrió la puerta de la prisión y entró, seguida en silencio por su marido—. Por otro lado, tú viviste una vida lamentable en un lugar frío y aislado como este. No puedo culparte por perder la cordura y la humanidad. —Se arrodilló frente a su pobre descendiente, luego lo abrazó mientras le daba palmaditas en la espalda—. Si en el más allá tienes la oportunidad de conocer a mi padre y a Lord Morgan Denver, y a la gente que atormentaste durante tu larga vida, suplícales su perdón. Y si te dan la oportunidad de reencarnar, quiero que vivas una vida honrada. Rezo para que la próxima vez renazcas en un hogar cálido con una familia que te quiera. Y entonces, expía tus pecados pasados por toda la eternidad.
Thaddeus Nystrom solo pudo sollozar como respuesta.
Tilly cerró los ojos; el calor de su cuerpo empezó a convertirse en la llama que reduciría a cenizas a su lamentable descendiente.
Sí, ese sería también el caso de Garnet Nystrom y el resto de las marionetas de hielo más tarde.
***
—LO SIENTO, Lord Denver —le dijo Kiho en voz baja al excapitán de los Caballeros del Fénix Rojo. Cuando salió de la prisión para darle a Tilly algo de privacidad mientras lloraba sobre las cenizas de su pobre descendiente, encontró a Lord Denver apoyado en la pared con los brazos cruzados sobre el pecho. No podía leer sus pensamientos porque su rostro era indescifrable, pero sabía que tenían que tener esa conversación ahora—. Thaddeus Nystrom también mató a su padre. Deberíamos haberle consultado antes de imponerle nuestro castigo.
Tilly sentía lo mismo.
Pero sabía que su esposa ya tenía demasiadas cosas en la cabeza, así que decidió hablar él con Lord Denver.
—No, lo entiendo, Duque Nystrom —dijo Lord Denver en voz baja—. Y confío en la decisión de la Suprema. Me alivia ver que el asesino de mi padre se arrepiente de verdad de lo que hizo. No me devolverá a mi padre, pero al menos, sé que sintió haberles quitado la vida a otras personas.
—Gracias por entenderlo, Lord Denver —dijo Kiho, y luego le puso una mano en el hombro—. Y siento que nos haya llevado tanto tiempo conseguir la justicia que nuestros padres merecían.
***
—¿ESTÁS LOCA? —le gruñó Elis Ripperton a Stella tan pronto como regresaron a la cámara que ella usaba en el palacio del emperador—. ¿Por qué tenías que decirle esas cosas a Wong? Es listo… ¡seguro que se dará cuenta de quién eres en realidad!
—No estoy intentando ocultar mi identidad —dijo Stella con orgullo, sentada en el reposabrazos del sofá—. Y si la Suprema descubre quién soy en realidad, ¿no crees que querrá tenerme a su lado?
—Es demasiado pronto para revelar tu identidad.
—Piénsalo, Elis Ripperton —dijo la «bruja», y luego se cruzó de brazos—. Si me acerco a la Suprema, ¿no crees que tú también tendrás la oportunidad de acercarte a ella?
Frunció el ceño, confundido. —¿Qué estás tramando, Stella?
—No me llames así cuando la otra persona que hay dentro de mí está durmiendo —lo regañó Stella—. Llámame por mi nombre, Elis Ripperton. Quiero oír mi verdadero nombre de vez en cuando.
—Eres una lunática, pero entiendo a qué te refieres —dijo Elis Ripperton mientras negaba con la cabeza—. ¿Qué estás tramando ahora, Elaine Moonchester?
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