Mami Villana - Capítulo 56
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56: La decisión de un padre 56: La decisión de un padre —Lady Prescott y capitán Kiho, seré honesta con ustedes.
Tilly se puso nerviosa por lo que dijo la doctora Montero, la médica que la examinó.
La doctora tenía el pelo rubio oscuro, los ojos azules y la tez bronceada.
Debía de rondar la cuarentena, pero su rostro amable la hacía parecer más joven.
Además, su voz era tranquilizadora.
Era el tipo de doctora que podía hacer que sus pacientes se sintieran a gusto.
Pero aun así, cuando se trataba de su hijo, le era imposible no estar nerviosa.
Pareció que Kiho se percató de su nerviosismo, porque le tomó la mano y se la apretó con fuerza.
Cuando se giró hacia él, le dedicó una sonrisa de agradecimiento antes de volver a mirar a la doctora.
—Solo está de cuatro semanas, pero el corazón de su bebé ya está casi completamente desarrollado —dijo la doctora Montero—.
Sucede cuando el niño es bendecido con un Mana muy poderoso.
A Tilly no le sorprendió oír aquello.
«Incluso en mi vida pasada, mi médico dijo que Winter tenía un Mana muy poderoso, digno del niño de la profecía».
Ahora que lo pensaba, en aquel entonces fue la Princesa Nia quien le había asignado a su médico.
«Esta vez no.
Encontraré un médico en el que pueda confiar».
—El problema es su cuerpo, Lady Prescott —continuó la doctora Montero—.
Su Mana es débil, por lo que tendrá un embarazo difícil.
Eso también ocurrió en su vida pasada.
—Doctora Montero, ¿qué podemos hacer para asegurarnos de que tanto Lady Prescott como nuestro bebé estén a salvo?
—preguntó Kiho con cautela.
Se refirió a ella formalmente porque estaban hablando con alguien que no conocían—.
¿Puedo hacer algo por mi esposa y mi hijo?
La doctora sonrió antes de responder a las preguntas de Kiho.
—Lady Prescott solo está en la primera etapa del embarazo.
Puede seguir trabajando como de costumbre, pero, por supuesto, tiene que tener mucho más cuidado.
También es importante que coma sano y que descanse lo suficiente.
Puede apoyar a su esposa dándole apoyo moral y físico, capitán Kiho.
Esta vez, la doctora Montero se dirigió directamente a ella.
—Lady Prescott, sé que es usted una mujer de negocios.
No le impediré que dirija sus empresas, pero le aconsejaré que reduzca sus horas de trabajo.
Si quiere, también puedo recetarle algunas vitaminas para fortalecer su cuerpo.
—Gracias, doctora —dijo Tilly con una sonrisa—.
Tendré que rechazar las vitaminas.
Intentaré fortalecer mi cuerpo de forma natural.
No podía confiar en los demás fácilmente ahora que sabía que había gente que quería su corazón.
Una vez que encontrara un médico de confianza, tomaría vitaminas si lo necesitaba.
Pero por ahora, no aceptaría ninguna medicación de nadie en quien aún no confiara.
—Tilly, ¿estás segura de que no quieres tomar vitaminas?
—preguntó Kiho, preocupado—.
Necesitamos toda la ayuda posible para asegurarnos de que tengas un embarazo seguro.
—Estaré bien, Kiho —le aseguró con una sonrisa—.
Quiero estar más sana por medios naturales.
No es que no confíe en los médicos o en las vitaminas.
Solo quiero que sea una opción en lugar de una necesidad.
—Lady Prescott tiene razón —le aseguró la doctora Montero a Kiho con una sonrisa amable—.
No queremos que el cuerpo de su esposa dependa de los medicamentos.
Aunque está demostrado que las vitaminas mejoran la salud, cada caso es diferente.
Puede que las vitaminas le sienten bien a Lady Prescott o puede que no.
Así que, por supuesto, fortalecer el cuerpo por medios naturales sigue siendo la mejor opción.
Una alimentación sana y un descanso adecuado serán suficientes para su esposa, capitán Kiho.
Kiho pareció aliviado por aquello.
—Gracias, doctora Montero —dijo.
Luego, se volvió hacia ella—.
No te preocupes, Tilly.
Me aseguraré de que tanto tú como nuestro bebé estén sanos y a salvo.
Tilly sonrió y apretó la mano de Kiho.
—Confío en ti, cariño.
***
—Cariño, ¿quieres que te lleve en brazos?
A Tilly le sorprendió la pregunta de Kiho cuando salió del cuarto de baño.
«Cielos, está exagerando».
Se giró hacia Leni y Lani, que estaban de pie detrás de ella.
Las dos le habían dado un baño, como de costumbre.
—Ya pueden retirarse.
Las doncellas gemelas les hicieron una reverencia a ella y al capitán antes de marcharse.
Cuando se quedó a solas con su marido, puso las manos en la cintura y lo fulminó con la mirada en broma.
—Kiho, puedo caminar sola.
—Pero no quiero que te canses —replicó Kiho, haciendo un puchero.
Parecía un niño que usaba su encanto para conseguir lo que quería—.
El baño está un poco lejos de la habitación.
Eso no era verdad.
El cuarto de baño estaba a solo unos pasos de su habitación.
Tenían un retrete dentro de sus aposentos, pero el baño estaba construido fuera.
—Estoy bien, cariño —le aseguró.
Luego, enlazó su brazo con el de él mientras caminaban hacia su habitación—.
No estoy enferma.
—¿Deberíamos reformar nuestra habitación?
—preguntó él—.
Hagámosla más grande y construyamos un baño dentro.
Ella se rio tontamente ante eso.
—De acuerdo, hagámoslo.
La idea no sonaba mal, después de todo.
En su segunda vida, tenía un baño contiguo en su dormitorio.
Además, una vez que el embarazo avanzara y ganara peso, sería más cómodo si el baño estuviera dentro de sus aposentos.
—Mañana me pondré en contacto con el arquitecto que conozco —dijo el capitán—.
Quiero una habitación que sea más segura y en la que te sea más fácil moverte.
Ay, ¿no era de lo más atento?
Cuando se acomodaron en la cama, lo besó en los labios para hacerle sentir cuánto apreciaba su preocupación por ella.
Kiho le devolvió el beso de inmediato.
Apenas unos instantes después, ya estaba encima de ella.
Estaba segurísima de que, como de costumbre, iban a llegar hasta el final esa noche.
Pero, de repente, él rompió el beso y se dio la vuelta.
Luego, se sentó en la cama con el rostro sonrojado.
—Lo siento, cariño —dijo el capitán a modo de disculpa—.
No era mi intención aplastarlos a ti y a nuestro bebé.
¿Estás bien?
¿«Aplastarla» a ella y a Winter?
Casi se rio ante eso.
—Kiho, no nos «aplastaste».
No soy tan frágil.
Además, no pesas tanto.
Bueno, Kiho medía más de un metro ochenta de puro músculo (y sensualidad).
Pero incluso antes, siempre tenía cuidado de no aplastarla accidentalmente con su peso.
Parecía que esta vez estaba empezando a volverse paranoico.
—¿Es verdad?
—preguntó él, preocupado—.
¿No voy a hacerles daño ni a ti ni a Winter?
Oír a Kiho decir el nombre de su bebé la hizo sonreír.
—No vas a hacernos daño.
Sus mejillas se sonrojaron.
—Entonces… ¿aún podemos hacerlo?
Su sonrisa se ensanchó ante la pregunta.
—Sí, cariño.
Aún podemos hacerlo.
—Oh —dijo él, obviamente complacido por la noticia—.
Pero seamos extremadamente cuidadosos.
—Por supuesto.
El hambre en sus ojos regresó.
Kiho gateó hacia ella, se montó sobre sus caderas con sumo cuidado y la besó con ferocidad.
«Después de un día largo y agotador, nos merecemos esto».
Tilly rodeó el cuello de Kiho con los brazos y le devolvió el beso con el mismo fervor.
«Winter, esta vez, vas a nacer en una familia que te quiere».
***
—La Suprema ha despertado, duque Prescott —le dijo Mikhail Denver al duque Prescott mientras estaban en la Torre Roja del Gremio de Manipuladores de Fuego.
En ese momento, se encontraban en el sótano de la torre, donde nadie más podía verlos u oírlos, en especial los enemigos—.
Lady Prescott se lo ha tomado mejor de lo que esperaba.
El duque Prescott dejó escapar un suspiro de frustración.
—Nunca quise que Tilly despertara como la Suprema, capitán Denver.
Solo quiero que viva como una persona normal.
—Estaba fuera de nuestro control —replicó él—.
Tampoco esperábamos que la réplica del Fénix Rojo fuera elegida como la Bestia Antigua de este año.
Parece que el fragmento del corazón de la Suprema que había dentro de la réplica resonó con Tilly cuando su vida corrió peligro.
—¿De qué hablaste con mi hija?
—Quería saberlo todo sobre su corazón y su conexión con la primera Maga Suprema de Fuego —respondió él—.
Y quería confesarle su verdadera identidad al capitán Kiho.
Los ojos del duque se abrieron de par en par por la conmoción.
Al final, asintió lentamente con la cabeza, con calma.
—Acepté casar a mi hija con el capitán porque no quería que el emperador dudara de mi lealtad al trono.
Para ser sincero, no quiero que mi familia traicione al emperador.
Pero tampoco quiero que mi hija sea castigada solo por haber nacido con un corazón especial.
Así que, al final, elegí inclinar la cabeza ante la familia real.
La familia de Mikhail respetaba la decisión del duque Prescott de vivir discretamente.
Por eso fingían no tener ninguna conexión con ellos.
Puede que su clan no estuviera de acuerdo con la resolución del duque de inclinar la cabeza ante la familia real, pero entendían que quisiera proteger a su hija.
«Sobre todo después de lo que le ocurrió a la difunta Lady Marianne Prescott».
Pero ahora las cosas habían cambiado.
—He observado al capitán Kiho estas últimas semanas —continuó el duque—.
Puedo ver el amor que siente por mi hija.
Si Tilly confía en él, entonces yo también confiaré en el capitán.
Sé que si estalla una guerra entre los Magos de Fuego y la familia real, Kiho protegerá a Tilly.
Creo que elegirá a mi hija por encima del emperador.
Mikhail suspiró y negó con la cabeza, decepcionado.
—¿Duque Prescott, está diciendo que también deberíamos contarle nuestro secreto al capitán Kiho?
—El capitán Kiho no es un extraño —lo regañó ligeramente el duque Prescott—.
Kiho es ahora mi hijo, capitán Denver.
***
KIHO se quedó mirando a Tilly toda la noche.
Habían tenido una «actividad vigorosa» la noche anterior y temía haberla agotado demasiado.
Se odiaba a sí mismo por tener la libido alta.
¿Por qué no podía quitarle las manos de encima a su esposa?
«Tengo que contenerme a partir de ahora».
Sería difícil, pero si significaba proteger a Tilly y a Winter, soportaría cualquier cosa.
—¿Estás despierto?
—preguntó Tilly al abrir los ojos y verlo mirándola.
Luego, le sonrió—.
Buenos días, cariño.
Kiho la besó en los labios.
—Buenos días, cariño.
Lo miró a la cara y luego frunció el ceño.
—Tienes ojeras, Kiho.
¿Te has quedado despierto toda la noche?
—Estaba pensando.
—¿Pensando en qué?
«En lo mucho que te quiero».
Pero no quería abrumar a Tilly con sus sentimientos.
Sabía que era importante para ella, pero aún no le había dicho verbalmente que lo amaba.
Sin embargo, podía sentirlo.
Por eso no la presionaba para que dijera las palabras que más anhelaba oír.
«Puedo esperar».
—Ya sé cómo puedo protegerlos a ti y a Winter durante tu embarazo, Tilly.
—¿En serio?
—Sí —respondió Kiho con seriedad.
Luego, le acarició suavemente el rostro con el dorso de la mano—.
Renunciaré a mi puesto como capitán de los Caballeros de la Serpiente Negra, Tilly.
Como era de esperar, los ojos de Tilly se abrieron de par en par por la sorpresa.
—¿Kiho, lo dices en serio?
***
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