Mami Villana - Capítulo 7
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7: Presente 7: Presente —He preparado un pequeño regalo para ti, Kiho —le dijo Tilly al capitán mientras estaban sentados uno al lado del otro en el banco.
Aunque acababan de prometerse, él seguía siendo muy consciente de su espacio personal.
Ni siquiera dejaba que sus brazos se rozaran.
Pero a ella le parecía bien.
—Toma.
Le entregó la caja con un gran lazo.
Él pareció dudar al tomar el regalo, pero lo aceptó porque ella insistió.
Por alguna razón, parecía estar en conflicto.
—Tilly, me alegra que me hayas traído un regalo, pero al mismo tiempo, me siento avergonzado —dijo Kiho—.
No he preparado ningún regalo para ti.
Claro que no iba a prepararle un regalo a una mujer a la que se suponía que debía dejar.
Puede que no le hubiera preparado un regalo material, pero desde luego, ella había recibido un bonito presente de su parte hacía un rato.
—Eso no es verdad, Kiho —dijo ella con una sonrisa juguetona—.
Me has hecho un regalo.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Me diste un título encantador —respondió ella—.
Me llamaste diosa.
—De los cangrejos —le recordó él—.
Y me golpeaste por ello.
Ella se rio de buena gana por lo ligera y divertida que era su conversación.
Era muy diferente de las conversaciones formales que tenían en su vida anterior.
Además, el Kiho de ahora hablaba mucho.
En el pasado, se le daba fatal comunicarse.
«Me alegro de que nuestro primer encuentro haya resultado ser muy diferente al que tuvimos en mi vida anterior».
—Puede que haya reaccionado de forma exagerada, pero me gusta cómo suena.
De verdad —dijo con sinceridad—.
Si no me hubieras visto pasándolo mal intentando abrir las pinzas de los cangrejos, no te habrías acercado a mí.
Así que estoy agradecida a los cangrejos por permitirnos hablar esa noche.
—Ah, es verdad.
—Tu confesión también me gustó —añadió ella—.
Estabas dispuesto a arriesgar tu vida solo para estar conmigo.
Eso ya es un regalo de valor incalculable, Kiho.
Él parpadeó, sorprendido.
—No esperaba que la hija de un duque fuera tan fácil de complacer.
Ella soltó una risita ante su franqueza.
—Parece que tienes prejuicios contra la alta nobleza.
—¿Te he ofendido?
—No.
De todas formas, es posible que la mayoría de tus malas impresiones sobre la alta nobleza sean ciertas —admitió ella.
Antes de renacer, solía ser una dama de gustos caros.
Le encantaban la ropa glamurosa y las joyas caras.
Bueno, seguía disfrutando del lujo, pero ahora también había aprendido el valor de las cosas no materiales—.
En fin, puedes abrir tu regalo.
Es un obsequio sencillo, así que no esperes demasiado.
—Eso será imposible, porque cualquier cosa que reciba de ti la trataré como si fuera lo más preciado del mundo —dijo él mientras abría la caja con un movimiento rápido.
Gracias a Dios que estaba ocupado «desempaquetando» su regalo, porque no pudo verla sonrojarse.
«No sabía que Kiho podía ser tan galante».
—Oh.
No pudo evitar sonreír cuando vio que la cara de Kiho se iluminaba en cuanto vio el contenido de la caja.
Entonces, se giró hacia ella con un brillo infantil en sus ojos dorados.
Parecía un niño pequeño que acababa de recibir un regalo de Santa Claus.
—Me has regalado utensilios para el marisco —dijo con un tono ligeramente más alegre que su habitual voz monótona—.
Estoy encantado.
—Y yo estoy feliz de que te haya gustado mi sencillo regalo.
Le había regalado a Kiho un juego de tenazas para cangrejo, un par de calentadores de mantequilla (un pequeño cuenco de cerámica sobre un portavelas y una vela), y unas tijeras de marisco personalizadas.
Ella misma había dibujado el diseño de las tijeras y había encargado a un gran herrero que las fabricara.
Se parecían más a las tijeras de marisco que tenía en el mundo moderno que a las que había disponibles en el imperio.
«Con razón el capitán parece tan impresionado».
—Incluso me has regalado un calentador de mantequilla —dijo, y luego se giró hacia ella con una chispa de curiosidad en los ojos—.
¿Sabías que me gusta mojar la langosta y las gambas en mantequilla derretida?
Por supuesto que lo sabía.
Estuvieron casados durante diez años en su vida anterior.
Aunque, por desgracia, a su yo del pasado no le gustaba el marisco, así que no crearon un vínculo a través de eso.
«En ese entonces sí que era una arpía».
—A mí me gusta la mantequilla derretida, así que pensé que tendríamos los mismos gustos como amantes del marisco —dijo a modo de excusa—.
Me alegro de que mi instinto acertara.
—Nunca pensé que llegaría el día en que diría esto, pero estoy deseando casarme contigo.
Ella solo se rio suavemente mientras intentaba ignorar las mariposas en el estómago.
«¡Ya soy una adulta, pero él me hace sentir joven de nuevo!».
—Gracias, Tilly —dijo él con un tono suave—.
¿Qué puedo darte a cambio?
—No esperaba nada a cambio cuando te preparé el regalo.
—Lo sé.
Pero aun así insisto —dijo con voz firme—.
Puede que no sea tan rico como tu familia, pero tengo lo suficiente para mimarte.
Eso ya lo sabía, puesto que en el pasado ella se encargaba de las finanzas de la familia.
Kiho, como capitán de los Caballeros de la Serpiente Negra, había ganado una fortuna.
Cada vez que su tropa conquistaba un país o un reino para expandir el territorio del imperio, el Emperador Aku le daba una parte de la riqueza de la tierra caída.
Aparte de eso, el emperador también le pagaba a Kiho una enorme cantidad de dinero por cada persona que mataba bajo las órdenes de Su Majestad.
Pero Kiho era frugal.
No gastaba dinero en sí mismo.
Pero la dejaba a ella gastar en lujos el dinero que tanto le había costado ganar.
«Sí, fui una esposa horrible».
—Está bien, lo entiendo —dijo ella al ver la determinación en su rostro; la determinación de consentirla.
Era tan adorable por su parte—.
Capitán, por favor, consígueme un bonito anillo de compromiso.
Él jadeó sonoramente.
Esa fue la reacción más vívida que había obtenido de él hasta el momento.
—Te propuse matrimonio sin un anillo.
—Por eso tienes que compensarlo dándome un anillo que pueda presumir ante las otras damas.
Él asintió como si le estuviera diciendo que no la decepcionaría.
—Encontraré el anillo perfecto para ti.
—Lo esperaré con ansias.
—Tilly, ¿estás segura de que quieres casarte conmigo?
—Sí —respondió ella—.
¿Por qué?
—Solo quiero que sepas que cuando me comprometo con algo, no me detengo a mitad de camino —dijo a modo de leve advertencia—.
Te estoy dando esta única oportunidad para que huyas.
—No huiré —dijo ella con firmeza.
Pero entonces, sintió curiosidad—.
Pero ¿qué pasará si huyo de ti después de que nos casemos?
—Te perseguiré —respondió Kiho casi de inmediato—.
Y no me detendré hasta que te encuentre de nuevo.
Apenas se dio cuenta de la amenaza en sus palabras porque su voz sonaba realmente sexi.
Además, su rostro era tan apuesto que mirarlo fijamente durante mucho tiempo le hacía olvidar cómo pensar con claridad.
Pero tendría cuidado, ¿de acuerdo?
Sabía que Kiho no la lastimaría físicamente.
Pero también se aseguraría de que no se volviera demasiado obsesivo.
Puede que se hubiera reencarnado en ese mundo, pero su mente y su corazón aún recordaban a la mujer moderna que una vez fue.
«Sigo siendo esa mujer fuerte e independiente».
—De acuerdo —dijo Tilly al cabo de un rato—.
Permanezcamos juntos todo el tiempo que podamos.
***
—¿QUÉ?
—preguntó el Emperador Aku a Kiho con una ceja levantada—.
¿Quieres repetir lo que acabas de decir, Kiho?
—Quiero darle a Lady Prescott un anillo de compromiso, Su Majestad —le dijo Kiho al emperador.
Llamó a Tilly formalmente porque estaba hablando con el emperador.
No quería que el Emperador Aku conociera el adorable apodo de Tilly y lo usara a la ligera—.
Quiero darle un anillo de perlas como símbolo de mis sentimientos.
En ese momento, cabalgaban uno al lado del otro.
El emperador había ido de caza y él estaba a cargo de la seguridad de Su Majestad.
Mientras regresaban a la villa donde el emperador pasaba su breve descanso, le preguntó por su compromiso con Tilly.
—¿Estás loco?
—preguntó el emperador mientras negaba suavemente con la cabeza—.
Claro, un anillo de perlas es bonito.
Pero un anillo de compromiso tiene que ser de diamantes… —Hizo una pausa de unos segundos antes de volverse hacia él con una expresión de horror en el rostro—.
Kiho, ¿acaso no te pago lo suficiente como para que no puedas permitirte un anillo de diamantes?
—Su Majestad, tengo suficiente dinero para comprarle a Lady Prescott joyas caras —le aseguró al emperador—.
Pero pensé que un anillo de perlas sería más especial porque a ambos nos encanta el marisco.
—No consigo ver la conexión entre ambas cosas —dijo el emperador con un tono grave—.
Kiho, hay una razón por la que las perlas no son populares como anillos de compromiso.
Según Nia, las perlas se rayan con facilidad.
Si Lady Prescott lo usa con regularidad, hay una alta posibilidad de que dañe el anillo incluso antes de que se casen.
Pero, sobre todo, los anillos de perlas se consideran baratos en comparación con los de diamantes.
¿Quieres que los nobles tengan otra razón para menospreciarte?
—Su Majestad, he oído que hay un tipo especial de perla en el Gran Mar del Este.
Los ojos de Su Majestad se abrieron de par en par por la conmoción.
—¿Estás loco, Kiho?
¡El Gran Mar del Este es una guarida de monstruos marinos!
¿Estás pensando en desafiar el Gran Mar solo para conseguir una perla para Lady Prescott?
—He oído que la perla está escondida en una almeja gigante —dijo, ignorando las quejas del emperador—.
Las perlas suelen encontrarse en las ostras, pero esta se encuentra en una almeja.
Eso ya es raro de por sí.
—La almeja gigante de la que hablas está en el nido de unos monstruos marinos gigantes.
—Su Majestad, no me he tomado unas vacaciones largas desde que me convertí en capitán —dijo Kiho mientras miraba al emperador—.
Por favor, apruebe mi permiso de vacaciones lo antes posible.
—Estás loco —dijo el Emperador Aku con frustración, negando con la cabeza—.
No conviertas a Lady Prescott en una joven viuda, idiota.
***
«LLEGÓ».
En realidad, Tilly estaba esperando a Kiho.
Hoy era el día en que el capitán visitaría su casa para pedirle formalmente a su padre la mano en matrimonio.
Pero esa mañana, un mensajero del palacio real le entregó una carta especial.
El sello del sobre tenía el blasón de la familia real: un león blanco y una luna llena.
Para ser exactos, era una carta de Su Alteza Real la Princesa Nia Moonchester.
Tal como esperaba, la princesa le había enviado una invitación para una fiesta de té solo para ellas dos.
«Si acepto la invitación, es inevitable que descubra su “secreto”.
Bueno, no tengo ningún plan de usarlo en contra de la familia real.
Pero aun así no quiero tener que lidiar con ello de nuevo en esta vida».
Pero ¿cómo podría Tilly evitar a la Princesa Nia?
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