Marca del destino - Capítulo 100
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100: ¿Tú también, Bruto?
100: ¿Tú también, Bruto?
Al día siguiente,
—¡¡¡AHHH!!!
Si llego tarde, mamá me va a sermonear…
¡¿Zapatos?!
¿Dónde estáis?
Prometo que no os volveré a tirar por ahí la próxima vez.
—Calzando una zapatilla roja, Suyin saltaba a la pata coja por su habitación, buscando el otro par—.
Todo esto está pasando por tu culpa.
El acusado…
—¿Quién te dijo que actuaras por tu cuenta?
Todo iba perfectamente, ¡¡¡PERO NO!!!
Tenías que meter tus narices en mi vida y joderlo todo.
Arrastró sus párpados hinchados y miró al techo.
—¡Mira esto!
¡Mis preciosos ojos!
Apenas pedí repetir un beso, pero tú hiciste que se confesara.
¡¿Hablas en serio?!
¿Por qué no te buscas a otro para calmar tu aburrimiento?
O quizá te vas de vacaciones a las Bahamas.
¡¡¡¡Pero a mí déjame en paz!!!!
Eres malo, no volveré a hablarte…
*Toc, toc*
James llamó a la puerta, interrumpiendo su conversación.
—¿Susu, con quién hablas?
Suyin miró debajo de la cama, todavía hablándole a cierto alguien.
—Está preguntando por ti.
No voy a responder en tu nombre.
Dios…
Dios podría jurar que ella le había resoplado.
Dejó escapar un suspiro exasperado.
«Argh…
Siento lástima por ese pobre hombre con el que he destinado tu vida.
¡¡¡Pobre hijo mío!!!».
Después de arreglarse en tiempo récord, Suyin abrió la puerta y vio a James entrar tropezando.
…
James se enderezó de un salto y se arregló el pelo.
—Solo tenía curiosidad por saber con quién hablabas —dijo, mientras sus ojos se asomaban al interior de la habitación.
—El Señor Todopoderoso.
James: …
—¿Está en tu habitación?
¿Cuándo entró?
¿Por qué no lo vi?
—Cállate, Jamie.
Vámonos.
—P-pero ¿y el Señor Todopoderoso?
¿Vas a encerrarlo?
—Sí.
—P-pero…
Suspiró.
—¿Es que te has olvidado el cerebro en casa?
¡Estoy hablando de Dios!
…
********
En el aparcamiento,
Cuando el ascensor se detuvo y Suyin salió, fue recibida por la hermosa visión de su Pequeña Hada sosteniendo dos cajas de muñecas Barbie.
Eran tan grandes que le resultaba difícil sujetarlas con sus pequeñas manos.
—Jammie, saca el coche, estaré allí en un minuto.
—De acuerdo —respondió James.
Caminando de puntillas, se acercó por detrás de él.
—¡Bú!
A Honey le temblaron los hombros, pero el pequeño diablo fingió indiferencia mientras se giraba para mirarla.
—¡Has fallado!
—No mientas, lo he visto.
Él le sacó la lengua.
—¡En tus sueños!
Suyin se arrodilló y le pellizcó las mejillas regordetas hasta que se pusieron rojas.
—En mis sueños, no hago otra cosa que besar estas mejillas tan monas.
—Frunció los labios para besarlo, pero en lugar de eso, él le empujó la caja de muñecas Barbie hacia ella.
—¡¡Nada de besos!!
—¡Qué chasco!
—resopló y acercó la mejilla—.
¿Necesito recordártelo?
¡¡Quedan 99!!
…
—Como sea —frunció los labios y le dio un beso, pero al instante siguiente arrugó el ceño—.
¡Espera!
¿Qué haces tú aquí?
¡¿Me estás acosando?!
¡¿Por besos?!
¡Eres una acosadora!
…
Como si le hubieran crecido dos cuernos de diablo a cada lado de la cabeza, le apretó las mejillas hasta que sus labios se pusieron como los de un pez.
—Somos vecinos, colega.
Ahora tienes que besarme a diario.
Una noticia maravillosa, ¿a que sí?
Honey: …
—¡¡¡NOOOO!!!
¡¿Me estás tomando el pelo, Dios?!
Las cejas de Suyin se dispararon cuando algo familiar le vino a la mente y miró hacia arriba de forma significativa.
—Bueno…
últimamente está de un humor…
Las dos cajas que sujetaba como si le fuera la vida en ello se cayeron.
Su cerebro no formuló ningún otro pensamiento aparte del hecho de que su vida estaba jodida.
¡¿Quién sabe cuántas veces se aprovecharía de él?!
¡Lo besaría!
¡Lo abrazaría!
Satisfecha con su reacción, Suyin le besó la naricita.
—Mucha suerte, Pequeña Hada.
Gracias por las muñecas, adiós…
Miró a la mujer que había recogido las muñecas del suelo y ahora se iba en la otra dirección.
…
—¡Oye, mis muñecas!
—corrió detrás de Suyin, pero ella las abrazó con fuerza para protegerlas.
—Primero dime qué significaba tu mensaje.
¿Por qué te disculpaste?
¿Y qué hay del emoticono de burla?
Honey alternaba la mirada entre las muñecas y la mujer que tenía sus garras sobre ellas.
Con el ceño fruncido, sopesó si debía contarle que le había robado las ideas del teléfono o comprar otro juego de muñecas para Yuyu y Lan.
¡Nah!
¿Y si aumenta el número de besos?
¡¿O pide algo peor?!
¡La segunda opción parece mejor!
«Pero papá dijo que lo que hice fue robar y que debería disculparme con ella».
Juntó las yemas de los dedos.
—Y-yo copié los trucos de «Go» de tu teléfono.
¡Lo siento, Tía Suyin!
…
Ahora le tocaba a Suyin quedarse de piedra.
Se le cayó la mandíbula y las muñecas se le cayeron de las manos.
Sacudió la cabeza, como si quisiera limpiarse los oídos.
—¿Cómo me has llamado ahora mismo?
—¿Qué está pasando aquí?
Suyin dio un respingo y enderezó la postura al oír la voz familiar.
Bajó la mirada, con las mejillas sonrojadas, mientras la visión de Wang Shi le hacía recordar sus besos.
¡Oh!
¡Qué increíbles fueron esos besos!
¡¡Es todo un profesional!!
Su corazón tartamudeó al verlo caminar hacia ella con vaqueros y una camisa.
¡¡¡DIOOOOS!!!
—gritó en su mente.
—Papá, no me da mis muñecas.
—¡Mentirosillo!
—Suyin le metió las muñecas en las manos a Honey—.
Se te cayeron a ti, yo solo las recogí por ti.
—¡Yo no soy un mentiroso, lo eres tú!
—¿Y qué me dices de que me robaste mis preciosos y atesorados trucos del móvil?
—A cambio, he dejado que me beses y te he llamado Tía Suyin.
¿No es suficiente?
—Nop.
Wang Shi miró a los dos, uno pequeño y una grande, señalándose con el dedo, discutiendo como siempre.
Maldita sea, ¡este par de Tom y Jerry ya están otra vez!
—Está bien, vosotros dos.
¡Basta ya!
—¡No quiero!
—protestó Honey—.
Me ha acosado hasta aquí y se ha convertido en mi vecina.
Ahora se aprovechará de mí a diario.
Suyin sonrió con suficiencia.
—Para que lo sepas, fue tu padre quien me ayudó con la casa.
Honey le lanzó una mirada acusadora a Wang Shi.
—¿Tú también, Bruto?
—¡SU…
YIN!
—dijo Wang Shi.
—¡Shakespeare!
Me gusta leer sus obras.
Esta es una de mis favoritas —dijo Suyin, que todavía estaba maravillándose con William Shakespeare cuando James tocó el claxon, salvándola de Wang Shi—.
Tengo que irme.
Adiós.
—Espera.
Ella se quedó helada.
Su corazón latía con fuerza al verlo acercarse.
La idea de que no diría ni haría nada delante de Honey la ayudó a calmarse.
—¡Espero conocer a tu madre!
Preséntamela la próxima vez.
¡¡¡Dios!!!
¿Cómo sabía que iba al aeropuerto?
¿Por qué iba a presentársela?
*Piii, piii*
—Vamos, Susu, que llegamos tarde —dijo James, asomándose por la ventanilla—.
Hola, Dr.
Wang Shi.
—Hola.
Conduce con cuidado.
—Lo haré, la persona a la que acompaño es importante.
—Lo es.
Suyin: …
«Jammie, estás muerto».
Antes, cuando Suyin se estaba arreglando, el teléfono fijo sonó varias veces y James contestó.
Seguro que no había podido mantener la boca cerrada.
¡Traidor!
Y, sin duda, una de las llamadas era de Wang Shi, ya que ella había apagado el móvil para tomarse un respiro.
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