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Marca del destino - Capítulo 115

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115: Tú tienes suerte 115: Tú tienes suerte Al día siguiente, Honey se despertó y se encontró enterrado en algo suave de lo que emanaba una delicada fragancia floral.

Le encantó el aroma y se restregó contra lo que supuso que era una almohada.

Sin embargo, el constante subir y bajar de la «almohada» y el leve sonido de una respiración que no era la suya hicieron que abriera los ojos de par en par, hasta que cada orbe fue un círculo perfecto.

Un segundo después, se desinfló como un globo y puso cara de querer llorar.

«¿Por qué?».

«¿Cómo?».

«¿Cuándo?».

—Buenos días, hijo —dijo Wang Shi mientras se secaba el pelo mojado con una toalla.

Miró por el espejo y le sonrió a Honey, que sopesaba profundamente su próximo movimiento.

¿Gritar o escabullirse?

¡Caray!

Las manchas de baba en la ropa de Suyin lo habían puesto en una situación difícil.

—Papá, necesito… —miró a Suyin con recelo y bajó la voz—.

Necesito una explicación.

—Yo también necesito una explicación —Wang Shi se aplicó la colonia en los puntos de pulso y cogió el reloj de la mesa antes de acercarse a Honey—.

¿Puedes decirme qué tiene de especial Suyin para que te encante dormir abrazado a ella?

—…
—No me robes mi frase.

—Honey se revolvió, buscando una posición cómoda entre las garras de Suyin—.

¿Cómo he acabado así?

¿Qué hace ella en mi cama?

Recordó que quienes dormían antes en la cama eran Yuyu y Lan.

¿Cómo es que ahora estaba Suyin?

¿Dónde estaban sus hermanas?

—Se lo preguntas al que se giró y abrazó a Suyin en cuanto ella se metió en la cama.

Mira, hasta le has babeado la ropa.

No me culpes cuando el culpable eres tú.

—…
A Honey le dio vueltas la cabeza y se cubrió la cara de vergüenza.

—Esto no puede ser verdad.

Debe de ser ella la que ha hecho algo.

Soy un hombre… ¿qué he hecho?

—…
«¡Suena mal!».

—Ejem… Me ha ayudado toda la noche con un caso y se ha dormido hace solo dos horas.

Déjala dormir, ¿vale?

—…
—¡Espera!

¿Así nada más?

Por lo menos, sácame de esta trampa.

Mira, me está abrazando como si fuera un osito de peluche.

—Honey entró en pánico e intentó escurrir su pequeño cuerpo por el más mínimo resquicio, pero Suyin murmuró algo y lo abrazó con más fuerza.

Padre e hijo se quedaron quietos un minuto, respirando aliviados al ver que ella volvía a dormirse.

Por extraño que pareciera, ambos tenían razones distintas para no despertarla.

—Así te ves bien.

—Ignorando la súplica de Honey, cogió la botella de agua y unos bombones de la mesa—.

Esto es para ti mientras estés «atrapado».

El móvil de Suyin también está ahí, aprende algunos trucos más de Go.

Tengo que ver a un paciente.

—Papá, ¿de verdad soy tu hijo?

¿Vas a dejarme así?

—puso un pucherito con una adorable cara de cachorrito para derretir el corazón de Wang Shi y celebró al verle detenerse—.

«¡Sí!

Nadie puede vencerme».

—Como eres mi HIJO, un consejo de amigo: nunca despiertes a un bebé ni a una mujer dormida.

Las consecuencias son dolorosas.

Y sin más, se fue…
Honey: …
—Eh, vuelve.

Podemos negociar.

¿Papá?

PA… —recordó el consejo y bajó la voz hasta hacerla casi inaudible—.

Papá… ¿Hay alguien ahí?

Que alguien me salve, ¿por favor?

Estoy atrapado en los brazos de una mujer… Dios, al menos ayúdame tú, por favor.

Dios: «Jamás».

*****
Mientras aprendía a jugar al Go en el móvil de Suyin, Honey dio un respingo cuando sonó el teléfono.

Giró la cabeza bruscamente hacia Suyin, que se había despertado de su letargo y ahora palpaba la cama con la mano, buscando el móvil.

Con cautela, puso el móvil a su alcance y fingió hacerse el muerto.

—¿Diga?

—respondió Suyin con voz ronca, sujetando a cierto duendecillo con la otra mano.

—Mocosa.

¿Es la hora de comer y estás durmiendo?

No me digas que también te has saltado el desayuno.

¿Te dejé sola en compañía de ese vago de James y ya se te han pegado sus costumbres?

Ven a casa de una vez, te mereces una paliza —la regañó Si Han.

—Mamá… eres cruel.

Sabes que estuve trabajando toda la noche en un caso muy importante y, aun así, lo primero que has hecho ha sido regañarme.

Vete.

No te hablo.

Si Han dejó escapar un suspiro.

—Vale, vale, deja de llorar.

No te pega.

¿Qué tal va todo?

¿Encontraste la pista?

—Sí, ahora tenemos una pista; he enviado las muestras de los tampones a analizar.

Sin embargo, el estado de Sarah no era bueno la última vez que la vi.

Me preocupa.

Y sus padres también… —Bajó la vista hacia Honey y le apartó el flequillo de los ojos.

Si no fuera por este pequeño duendecillo, no habría dormido tan plácidamente.

Si Han no dijo ni una palabra.

Años atrás, ella y Suyin habían pasado por esto.

Había visto el estado de Suyin cuando su bebé murió.

El propósito por el que había llamado a Suyin era para comprobar si se encontraba bien.

Oírla hablar con normalidad la había calmado mucho.

—Gira a la izquierda aquí —oyó Suyin decir a su madre.

—Mamá, ¿adónde vas?

—¡Adivina qué!

Me ha llamado el agente inmobiliario; han encontrado una propiedad que se ajusta a nuestros requisitos.

Déjame que lo compruebe y, si está bien, abriremos nuestra boutique a finales de mes.

—¡Oh, no!

Me preocupa la gente que vaya a comprar tu ropa.

Tus diseños son muy anticuados, como tú.

¿Estás segura de que tu público objetivo no son los viejos?

—¡REPÍTELO!

¡TRAVIESA!

Vas a comer melón amargo toda la semana.

Suyin apartó el móvil.

—Problemas de cobertura… problemas de cobertura… el melón amargo es para viejos.

Adiós…
Sonriendo para sí misma, dejó el móvil.

«Eres tan adorable, mamá.

No puedo resistirme a meterme contigo».

Honey la miró con sus grandes ojos de flor de durazno.

—¿Era tu mamá?

¿Siempre habláis así?

Todo este tiempo había estado durmiendo sobre su pecho y había sentido cada emoción…

regaños, enfado, cariño, amor, bromas y una felicidad inigualable.

—Hola, mi lindo duendecillo.

Buenos dí… buenas tardes.

¿Puedo cobrar mi beso primero?

—Sin esperar, le dio dos besitos—.

Sí.

No solo es mi madre, sino mi primera amiga.

Siempre hablamos como dos mejores amigas, excepto cuando de repente se convierte en mi madre y me mangonea.

Honey apoyó la cabeza en su pecho y desvió la mirada.

—Pero aun así te quiere.

Incluso Mamá quiere mucho a Yuyu y a Lan, a pesar de que a veces les da unas nalgadas por ser traviesas.

—¡Mmm!

Toda madre quiere a su hijo.

También hay amor escondido en sus regaños.

Suyin sintió que algo iba mal cuando Honey no se apartó de ella de un salto como siempre, sino que se quedó tumbado en su pecho.

—No todas.

Tú tienes suerte.

A Suyin le dio un vuelco el corazón.

Su voz mansa y autocrítica fue como una puñalada en el suyo.

Lo obligó a mirarla.

—Honey.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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