Marca del destino - Capítulo 141
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141: A eso es a lo que más le temo 141: A eso es a lo que más le temo Sin otra opción, Wang Shi tuvo que guiar el camino hacia su despacho.
Antes de irse, no se olvidó de apretar los dientes en dirección al vejestorio de Li Han, que le dedicó un pulgar hacia arriba en son de burla.
Los tres entraron en el ascensor.
El corazón de Wang Shi se aceleró al ver los números parpadear en el panel de control, sabiendo que no había escapatoria.
Salieron y giraron para un corto paseo hasta su despacho.
Los ojos de Wang Shi se clavaron al final del pasillo, esperando que Suyin saliera de su despacho en su busca.
¡Maldición!
Las probabilidades eran nulas.
Los medicamentos que había tomado la mantendrían en un sueño profundo.
Por el rabillo del ojo, vio el rostro confuso, receloso y ceñudo de Si Han.
Incluso James caminaba a distancia, temeroso de la paliza que podría recibir.
—Esto no parece la sala de un paciente.
—El suelo de mármol y el techo de madera transmitían el aura del despacho de un poderoso CEO o Presidente, mientras que los lujosos muebles y la intrincada cristalería desentonaban con los otros lugares que había visto en el hospital.
Wang Shi se aclaró la garganta.
—Es mi despacho.
Si Han se detuvo y miró a Wang Shi, entrecerrando los ojos.
—Esté tranquila, solo está durmiendo aquí.
Nada más.
Si Han torció la boca y desvió su mirada escrutadora hacia James, quien forzó una sonrisa descarada.
—Solo durmiendo.
Nada más.
Esta impactante información la incomodó, pero conocía muy bien a su hija y confiaba en ella.
Wang Shi escaneó su pulgar en la puerta y los llevó directamente a su salón.
Sin embargo, justo al entrar, fue recibido por la visión de las hermosas piernas de Suyin, que asomaban por debajo de la manta a la altura de los muslos.
Ella dormía de espaldas a él.
¡Maldita sea!
Había vuelto a quitarse la manta de una patada.
¡Esta mujer!
Para colmo, su propia ropa estaba tirada en el sofá, mientras ella dormía con una de las camisas de Wang Shi.
Se dio la vuelta apresuradamente para detenerlos, pero ya habían entrado.
Si Han 🤨
James 😳🤯
Wang Shi se apresuró a cubrirla…
—¡ALTO!
—¡ALTO!
La mano de Wang Shi se detuvo.
—No toques a mi hija y retrocede —gruñó Si Han y se movió para cubrir las piernas de Suyin con una manta—.
Esta niña, ¿cuándo aprenderá a dormir?
¡Ya verá cuando llegue a casa…!
—.
Sus ojos se posaron en el niño que tenía en brazos, del que solo asomaba su pequeña cabeza.
Suyin lo había estrujado literalmente en sus brazos, mientras ambos dormían plácidamente.
Eso le recordó a Si Han algo doloroso.
Se inclinó para acariciarles el rostro…
—Yo…, yo…
No hemos hecho nada.
Créame, ella solo estaba…
—tartamudeó Wang Shi.
—¿Es tu hijo?
—preguntó ella.
Las otras cosas ya no importaban.
—Sí.
—El hombre con el que está saliendo eres tú.
—S-sí.
Hubo un terrible y prolongado silencio.
Si Han agarró a Wang Shi del brazo y tiró de él hacia el despacho.
—¿Qué le estás haciendo a mi hija?
Habla claro.
—Como ya he dicho, ella solo está durmien…
—¡Por el amor de Dios, no estoy hablando de eso!
—espetó ella—.
¡Confío en mi hija!
No necesito tus palabras ni las de nadie para que me den un certificado sobre su carácter.
—Tía…
—empezó James.
Las palabras se le atascaron en la garganta cuando Si Han levantó la palma de la mano.
—No me importa lo influyente o poderoso que seas.
A mi hija no le faltan ni talento ni oportunidades profesionales.
Pero sí me importa que esté saliendo con un hombre que ya tiene un hijo.
Lo único que hacía vulnerable a Suyin y nublaba su juicio era su amor por los niños.
Si Han temía que Suyin hubiera tomado esta decisión bajo la influencia de su afecto por el hijo de Wang Shi.
Si en algún momento se separaban, superar lo de Wang Shi sería posible y le dolería menos.
Pero lo de su hijo…
IMPOSIBLE.
Tenía miedo de que Suyin se apegara emocionalmente tanto al niño que su frágil ser emocional no pudiera soportar otra separación, empujándola de vuelta al oscuro abismo en el que una vez estuvo.
—Solo porque tenga un hijo no me hace menos apto para estar con Suyin.
De hecho, mi hijo es la conexión más fuerte entre nosotros.
Él nos une y nos mantendrá unidos.
—La voz de Wang Shi sonaba como si estuviera escrito en su destino y él lo hubiera vislumbrado.
Su voz era sumamente contenida y poderosa.
—Créame, no tengo segundas intenciones con Suyin.
Sé que no le llego ni a la suela de los zapatos.
Ella es mucho más increíble y es la mejor.
Pero sí sé que tengo algo especial que hizo que su hija me diera el sí.
Si no, ¿por qué no ha salido con nadie en los últimos años?
No me creo que nadie se le haya declarado nunca.
Si Han se quedó sin palabras.
Lo que decía era verdad.
De hecho, Suyin nunca se había planteado iniciar una relación antes de aquella noche en que hablaron.
Había recibido propuestas de muchos hombres, pero aparte de Wang Shi, nunca había considerado la propuesta de nadie ni por un solo minuto.
¡No puede ser solo por su hijo!
Entonces, ¿qué es?
—Mi hija perdió un hijo una vez.
¡Estoy segura de que lo sabes!
¿Tienes idea de qué será de ella si se apega a tu hijo y en cualquier momento decides terminar esta relación?
Soltó una risa seca, confundiendo a Si Han y a James.
—Eso es lo que más temo.
¿Y si ella decide dejarme en algún momento?
¿Cómo lo superaríamos mi hijo y yo?
Mire, nos está atando a ella.
No mentía.
Sinceramente, ese era su mayor temor.
Sus palabras conmocionaron a Si Han.
Se le quedó mirando, tratando de ver si solo estaba inventando cosas, pero su corazón le decía que estaba siendo sincero.
—Entonces, ¿nunca la dejarás?
¿Y si tu esposa regresa?
¿O crea algún problema?
¿O tu familia se niega a aceptar vuestra relación?
—No…, no tengo esposa.
¡Nunca la he tenido!
Algo pasó hace años de lo que solo hablaré con Suyin —explicó con calma—.
Sin embargo, la mujer que dio a luz a mi hijo sigue por ahí, pero no dejaré que se acerque a él.
La custodia legal de Honey es mía.
En lo que respecta a mi familia, es la decisión de MI VIDA.
No les voy a dar la opción de opinar.
—Mamá, James…
¿Qué hacéis aquí?
—fueron interrumpidos por Suyin, que llegó descalza, sujetándose la espalda dolorida.
Es normal que duela más al despertar—.
Os he oído hablar —dijo con voz pesada.
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