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Marca del destino - Capítulo 153

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153: El título es un spoiler* 153: El título es un spoiler* —Ah, mi Pequeña Hada, no me mires así.

Podría abalanzarme sobre ti en cualquier momento.

Para diversión de Suyin, Honey retrocedió unos pasos con una mirada de horror y, como de costumbre, se llevó las manos para cubrir su inexistente pecho.

—Pórtate bien, estoy hablando de algo serio.

Suyin asintió como un pollo picoteando, hipnotizada por lo adorable que se veía.

¡El joven Wang Shi!

¡Regañándola con su voz infantil!

¿Acaso se le podía llamar regaño?

Estaba a punto de dejar el cuenco de ñoquis cuando él la detuvo.

—¿Ya terminaste de comer?

Ella miró su cuenco.

—Mmm…
—Esperaré, termínalo primero.

—De repente, se dio cuenta de algo—.

¿Dónde está el tenedor?

Desde atrás, Wang Shi levantó el tenedor y sonrió con malicia, para gran fastidio de Suyin.

Por suerte, la atención de Honey estaba en ella.

—…
—Mmm…

E-estaba comiendo con las manos.

—Puaj…

—La idea de comer pasta con las manos no le sentó nada bien y se giró para mirar a Wang Shi, pero lo sorprendió exhibiendo un tenedor en el aire—.

Papá, ¿qué estás haciendo?

¿Dónde está tu cuenco?

—…
Fue el turno de Suyin de sonreír con sorna.

—¿Sí, dónde está el cuenco?

—Ejem, ese era mi cuenco —señaló el de Suyin—.

Después de lamer toda la sartén, también se llevó mi parte.

Debe de estar famélica.

¡AY!

Recibió un codazo en las costillas de Honey.

—Papá, comentar sobre el apetito de una mujer es un tema delicado.

Mírale la cara, está lista para darte una paliza.

—…
—Grrr…

—Suyin dejó de comer y puso el cuenco sobre la mesa, casi rompiéndolo en el proceso—.

Quieres decir que mi apetito es enorme.

¡Que soy una glotona y que ni siquiera me corto en comerme tu parte!

¡Pues bien, no quiero tu comida!

¡Tómala!

Wang Shi: —…
—No, no quise decir eso.

—Evitando la mirada de Honey que se alternaba entre ellos, Wang Shi le suplicó con los ojos, se tocó las orejas y articuló un «lo siento» para contentar a la fiera.

Honey: —De eso estaba hablando.

Yuyu y Lan me contaron que una vez el tío Jianyu cometió el mismo error y al día siguiente iba cojeando.

—…
—Hijo, me salvarás, ¿verdad?

—susurró Wang Shi.

—No —susurró él de vuelta—.

Ya estoy pagando el precio de cien besos por tu culpa.

¿Y si lo aumenta a toda una vida?

Suyin le lanzó una mirada asesina a Wang Shi y articuló sin sonido: «Nos vemos a solas».

Tragó en seco.

—Por favor, hijo.

Soy tu pobre padre.

—¡Agh!

¡Está bien!

Solo una vez.

—Te quiero, muchas gracias.

—Ejem…

Bueno, ya basta, ustedes dos.

Dejen de pelear.

No me desvíen del tema.

—Honey les quitó el tenedor y el cuenco de las manos y los puso en la encimera de la cocina.

Suyin: —¿Qué tema?

Metiendo la mano derecha en el bolsillo de su pantalón azul, imitando el estilo de Wang Shi, Honey señaló a Suyin con la otra mano.

—Papá, no hay disciplina en tu hospital.

Se supone que los pacientes deben descansar en sus habitaciones y hacer caso a sus médicos, pero algunos testarudos como ELLA…

se tomaron la libertad de salir.

Miró el reloj de la pared.

—Son más de las tres de la madrugada, y sin embargo está aquí en vez de descansar.

¿Puedes aclararme, por favor, cómo se va a curar si esto continúa?

¿O es que como es tu socia y conoce a los dueños del hospital se está aprovechando de nosotros?

¿Lo estás haciendo?

Suyin: —…
—Pequeña Ha—
—Shh…

¡no discutas!

Nadie me saca de quicio tanto como tú.

¿Tienes idea de que ni siquiera terminé mis deberes y te estuve esperando todo el día?

Suyin se quedó atónita y confundida cuando él dio dos zancadas rápidas y posó su pequeña mano en la cintura de ella con la mayor suavidad posible.

¿Por qué percibía un atisbo de cuidado, preocupación y ternura en los ojos del pequeño cuando preguntó: —¿Todavía te duele?

¿Te tomaste las medicinas?

Wang Shi lanzó una mirada incrédula.

¡¿Era ese el raro episodio en el que Tom y Jerry a veces actúan de forma cariñosa el uno con el otro?!

Sin embargo, se demostró que estaba equivocado…

Ella extendió la mano para comprobar la frente de Honey y escudriñó su rostro, bajándose las gafas hasta la punta de la nariz.

—Cariño, ¿tienes fiebre?

¿Qué comiste?

Tú no puedes ser mi hada.

¿Quién eres?

Él le subió las gafas por la nariz con un empujoncito, reprimiendo una sonrisa.

Las gafas le daban un aspecto de tierno animalito de ojos grandes, como si fuera el más dulce de los personajes de anime.

—No delires.

Por supuesto que soy Honey.

Es mi forma de vengarme.

No olvides que no pude ir al colegio porque a TI se te olvidó hablar con papá.

Ahora es mi turno.

Me aseguraré de mantenerte en el hospital y de que pruebes tu propia medicina.

—¡AHHHH!

Pato pegajoso, ¿qué haces?

¡SUÉLTAME!

Suyin se abalanzó sobre Honey y lo encerró en sus brazos con la ternura de una madre.

Decir que estaba conmovida y emocionada no bastaría para describir sus sentimientos.

—¡Mentiroso, mentiroso!

Sé que estabas preocupado por mí.

Se te nota en la cara.

¡Qué mono, te quiero, te quiero, eres al que más quiero!

Él luchó por zafarse de su abrazo con las mejillas hinchadas, pero ella no lo soltó y continuó acribillándolo a besos.

En el colegio, había oído a profesores y alumnos hablar de Suyin y su misión de rescate en la fábrica.

Decir que ella era el tema del día sería quedarse corto.

Por curiosidad y para saber más de ella, echó un vistazo al periódico.

Estaba lleno de Suyin, su trabajo y sus obras pasadas.

Cuanto más leía, más orgulloso y feliz se sentía.

No era de extrañar que muchos niños se le acercaran a preguntarle por ella.

Habían visto a Suyin ayudarle cuando le abofetearon.

El chico que había sido etiquetado como el matón del colegio por su comportamiento indiferente y su frialdad, del que los demás estudiantes solían mantener la distancia, de repente fue visto con otros ojos.

—Qiang, vimos a Zhao Suyin ayudándote y llamándote cariñosamente ese día.

¿La conoces en persona?

—Se puso furiosa cuando la profesora te abofeteó.

He oído que incluso le dio varias bofetadas para darle una lección.

¿Es verdad?

—Parecía que Zhao Suyin incluso conocía a tus hermanas y te quiere mucho.

Esa profesora y el director han sido expulsados.

¿No es increíble?

Dale las gracias de nuestra parte por librarnos de esa profesora.

Por una vez, Honey respondió con una sonrisa sutil y el corazón henchido de orgullo: —Es mi tía Suyin.

Título: «Es mi tía Suyin»

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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